Una apuesta revolucionaria de la Izquierda Libertaria

Una apuesta revolucionaria de la Izquierda Libertaria

Este año 2013 se ha caracterizado por estar marcado por amplias discusiones no sólo entre los sectores comunistas libertarios, sino que en el conjunto de las fuerzas políticas populares y de izquierda. La coyuntura electoral de este año, sumado a la necesidad de leer las lecciones y consecuencias de las movilizaciones que se han desarrollado entre el 2006 y el 2012, así como proyectar políticamente las franjas populares que han protagonizado estas luchas, en un contexto en el que se avizora un cambio de gobierno a favor de la “Nueva Mayoría”, han tensionado y producido todo un reordenamiento entre las organizaciones del sector.

 En ese escenario un sector de los libertarios -que me atrevería a decir que es mayoritario- ha realizado una serie de reflexiones que han ido dando forma a la apuesta política denominada “Ruptura Democrática” en diversos artículos y documentos públicos[1] así como en procesos de discusión internos. A pesar de esto aún existen algunas confusiones respecto a las implicancias de esta apuesta, que buscaremos en cierta medida aclarar con este artículo.

 Esta apuesta política busca generar una respuesta al actual momento político, marcado por el proceso de reconstrucción del movimiento popular a partir del ciclo de luchas abierto el 2006 con las manifestaciones de estudiantes secundarios y subcontratistas. Este período se caracteriza por contar con organizaciones populares de masas que se encuentran viviendo sus primeras experiencias de lucha y debate político, por lo que su fuerza aún es relativa y en numerosos casos se han enfrentado a un muro insalvable para realizar las transformaciones que demandan. En contraposición a esa situación, el bloque en el poder se rearticula de forma acelerada intentando generar un nuevo acuerdo social que asegure la gobernabilidad, tarea para la cual intentan asegurar el respaldo activo del Partido Comunista a esa maniobra al integrarlo a la Nueva Mayoría. Esto, más allá del objetivo que esa organización de izquierda tenga de impulsar desde el interior de un eventual gobierno, las transformaciones necesarias para superar el modelo neoliberal.

 Además, surge ante la necesidad clara de resquebrajar el muro autoritario que es la Constitución de 1980 y su carácter reaccionario y de dique a las demandas populares, lo que se constató de manera clara a partir de las mismas luchas populares de los últimos 6 años. El que el movimiento estudiantil no lograra obtener avances en sus demandas a pesar de las potentes movilizaciones del 2011 no fue solamente un problema de dirección o de radicalismo de los grupos políticos. Estuvo marcado principalmente por la debilidad política de las bases del movimiento -que se negaron a forzar una negociación con el gobierno en posición de fuerza luego del 4 de agosto por prejuicios respecto a esa posibilidad- y de las organizaciones de masas del movimiento popular, que en general aún no superan la lucha sectorial y la reivindicación económica, a pesar de que existen signos alentadores en algunos sectores particulares. Pero también estuvo marcado por una institucionalidad diseñada para blindar el actual modelo económico, político y social, articulada a partir de la Constitución y de herramientas jurídicas como la Ley de Seguridad Interior del Estado, la Ley Penal Juvenil y la Ley Antiterrorista, así como disposiciones que restringen de manera manifiesta la posibilidad de que organizaciones como las juntas vecinales tengan voz e influencia en los consejos municipales, cambiar el actual Código Laboral etc.

 En este sentido, que el paro del 24 y 25 de agosto de ese año demostrara que la CUT era incapaz de realizar un amago de huelga general fue la constatación práctica de todo el camino que nos falta recorrer para poder transformar estas luchas -y las lecciones que vamos sacando- en un avance real que permita tener un escenario diferente, así como la necesidad manifiesta de impulsar transformaciones políticas que permitan generar condiciones más proclives a las luchas populares, así como colocar al bloque en el poder en una posición de repliegue.

 En ese contexto lo que se busca es desarrollar 3 elementos que a nuestros ojos resultan centrales para el desarrollo de nuestro proyecto político como una alternativa real -y no virtual o limitado a la mera consigna- de cara a los pueblos de Chile, y que son ejes centrales de la estrategia de Ruptura Democràtica para el actual período. Estos son la Acción Directa de Masas, el fortalecimiento de las organizaciones de masas -orgánica y políticamente- que permitan avanzar en la multisectorialidad, y la incorporación de lo institucional, que comprende el componente electoral.

 Estos elementos se encuentran cruzados por la necesidad de desarrollar espacios de unidad programática entre las organizaciones de la izquierda revolucionaria, que nos permitan en un primer momento acumular parte de la fuerza política y social desarrollada en estos años, servir de dique de contención ante el desarrollo de la Nueva Mayoría y ante un futuro gobierno en donde el eje DC-PS se ve más fuerte que la capacidad de maniobra del PC, y visibilizar una alternativa política que plantee un programa coherente que surja desde las demandas y problemáticas del campo popular. En este sentido, la actual plataforma  de “Todos a la Moneda” nos parece un antecedente importante en el desarrollo de estos espacios. Es decir, un primer germen y experiencia práctica de un futuro Frente de Izquierda.

 La disgregación orgánica de la izquierda, y la desorientación que aún existe en sus principales referentes -que de todas maneras siguen siendo pequeños, con un mínimo número de militantes, una inserción social limitada y una experiencia de lucha que se remite a los conflictos sociales de la última década- hace urgente el avanzar en espacios de convergencia. La utilidad de tales experiencias está en que nos permiten contraponer tesis, experimentar en la elaboración programática conjunta que alimente la superación de la lucha reivindicativa sectorial o económica, y explorar la posibilidad de trabajos conjuntos a nivel social al vernos forzados a superar el sectarismo.

 En este sentido, el objetivo de la Ruptura Democrática es generar condiciones para superar tanto la institucionalidad autoritaria que bloquea las demandas populares, realizando transformaciones que permitan avanzar hacia una democracia de masas[2], como aportar al proceso de rearticulación del campo popular y de la izquierda en su conjunto. De esta forma, no es una propuesta a corto plazo sino que de manera clara apunta a ser una orientación para los próximos años, ni tampoco decanta necesariamente avanzar hacia un “gobierno popular” como el configurado en países como Venezuela o Bolivia[3], sino que su centro está sobre todo en el fortalecimiento orgánico y político del movimiento popular.

 Llegados a este punto, es necesario aclarar algunas cosas.

 En esta propuesta de Ruptura Democrática, de los 3 elementos mencionados es la Acción Directa de Masas la que constituye la columna vertebral como palanca de transformación de la realidad, en el entendido de que es sólo la actuación colectiva la que puede abrir el camino a la construcción de una perspectiva socialista. Su aplicación práctica ya es clara con la presencia militante de nuestro sector en innumerables organizaciones sociales de base y de masas, en las que han protagonizado, junto a compañeros de otras orgánicas de izquierda, diversos procesos de movilización. Sin embargo, este elemento por sí sólo es incapaz hoy de dar el “ancho” para el desafío que tenemos enfrente por las limitantes que mencionábamos antes, por lo que es necesario combinarlo con el fortalecimiento de las organizaciones de masas -política y orgánicamente hablando-, apelando a la amplitud del abanico táctico, con el componente electoral a nivel táctico.

 El fortalecimiento de las organizaciones de masas tiene que ver fundamentalmente con la politización de las organizaciones y con la capacidad que tengan nuestros militantes de ir superando el carácter sectorial de las discusiones, posicionamientos y movilizaciones de estos organismos hacia espacios de unidad programático y de acción de nuestra clase; en otras palabras, de avanzar en la multisectorialidad. Al mismo tiempo, es necesario expandirlas hacia los vastos sectores de nuestro pueblo que hoy en día se encuentran desorganizados. Pero es el tercer elemento mencionado el que más polémica ha generado, de forma indudable, y aquí es necesario ser claros.

 La apuesta de participación de un sector del comunismo libertario en el interior de “Todos a la Moneda” nunca ha pretendido ni ganar la presidencia ni reunir en torno a Marcel Claude al conjunto de la izquierda. Como decíamos, el objetivo tiene que ver con apoyar una estrategia de ruptura democrática tal como la delineaba un poco más arriba y no se juega en la disputa por el control o el carácter del Estado, o en la cantidad de votos que saque el referente de TALM (lo que es sólo un indicador entre varios), sino que en la visibilidad de una alternativa programática que logre proyectar lo generado en las movilizaciones del último tiempo, instalando esas demandas y posiciones a nivel nacional y el ir sentando las bases para la generación de un Movimiento Político Social Amplio que reúna a los sectores sociales y políticos más avanzados de la clase trabajadora. Es por eso mismo que tampoco se juega el futuro de la Ruptura Democrática en esta apuesta táctica, sino que es sólo una de las múltiples formas de ir materializándola.

 De esta forma, esta apuesta política táctica no es electoralista como algunos han insinuado, sino que se hace presente en una coyuntura electoral, en la medida en que como decíamos antes, su efectividad no se juega en la cantidad de votos conseguidos ni en la elección de un candidato presidencial o parlamentario.

 A partir de todos los criterios mencionados, es posible establecer que el componente electoral -a diferencia de lo institucional[4]– no es ni central ni tampoco puede cumplir el rol de palanca para avanzar en los procesos de transformación política que busca el campo popular en recomposición. Esta palanca central, como ya decíamos, es la Acción Directa de Masas, sustentada en la multisectorialidad, en el fortalecimiento de las estructuras de base y de masas y en un proceso de politización, unidad de la izquierda y desarrollo programático.

 Para nosotros la propuesta de Ruptura Democrática permite generar una orientación política que permita avanzar en los objetivos mencionados, fundamentalmente políticos, y generar las condiciones para realizar transformaciones democráticas para avanzar hacia un nuevo estadio en la lucha de clases, más proclive a las necesidades populares. De lo que se trata finalmente, es buscar la forma de construir una correlación de fuerzas que permita triunfar. No se trata, como algunos han mencionado, de un avance de posturas “reformistas”[5] o incluso de un “colaboracionismo de clase”, todo lo contrario, se trata de generar una política nacional que afirme los avances del campo popular y una política de alianzas en donde el centro de la política se encuentre en la clase trabajadora, constituyendo así no una “etapa previa” a la lucha por el socialismo, sino el primer paso de su construcción.


[1] Análisis de Coyuntura, Organización Comunista Libertaria de Chile, febrero 2013. http://www.elciudadano.cl/2013/02/18/63619/organizacion-comunista-libertaria-chile-analisis-de-coyuntura-febrero-2013/

[2] “Democracia de masas: una apuesta libertaria para el actual período” http://cel-arg.org/blog/2013/08/02/la-democracia-de-masas-una-apuesta-libertaria-para-el-actual-periodo/

[3] Gobiernos levantados a punta de fuertes luchas sociales, y sustentados por algunos de los movimientos populares más potentes y políticos del continente.

[4] Con “lo institucional” no solamente nos referimos a lo electoral, sino que también al trabajo de tensar las instituciones y el entramado legal actual en pos de un reforzamiento de las posiciones del pueblo y en desmedro del bloque en el poder, develando de paso, el carácter limitado de la democracia existente y la necesidad de su reemplazo por una verdadera democracia de masas.

[5] “Los libertarios y la problemática electoral”, de Daniel Pérez. http://www.perspectivadiagonal.org/los-libertarios-y-la-problematica-electoral/

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