El encallamiento del buque Citadel en el Guadalquivir

El encallamiento del buque Citadel en el Guadalquivir

El encallamiento de barco Citadel en el río Guadalquivir debe resolverse con todas las garantías para el río y la atmósfera.

Se ha de investigar si ha sido un accidente debido a la niebla o una actuación temeraria por parte del buque y de la Autoridad Portuaria de Sevilla.

El buque Citadel, de bandera holandesa, que se encuentra encallado desde el domingo 12 de enero en las proximidades de Trebujena, es un buque de 111 metros de eslora y de 6,25 metros de calado, y lleva una carga de 5.600 toneladas de fertilizante.

El rio Guadalquivir tiene actualmente un calado de 6,50 metros en su canal de navegación, que a su vez presenta curvas y meandros y tiene una anchura de unos 30 metros.

Se ha dicho que el buque ha encallado por dificultades en la navegación debido a la niebla existente el día del accidente, pero hay que tener en cuenta que, como indican fuentes del sector portuario, la navegación sólo ofrece garantías si por debajo de la quilla queda, al menos, un metro de agua hecho que es imposible en el río Guadalquivir para este barco.

El barco lleva ya 5 días encallado, con lo que irá acumulando sedimentos al estar atravesado a la corriente fluvial. Se han hecho dos intentos de reflotación con remolcadores de Sevilla y han sido infructuosos y se está a la espera de la llegada del remolcador holandés contratado a la empresa Svitzer; además se va a dragar el contorno del buque y así se espera devolverlo al canal de navegación.

Si esta operación no resultase exitosa habría que vaciar al buque de parte de su carga de fertilizantes. No son productos tóxicos ni especialmente contaminantes, pero si escapasen a la atmósfera o al río habría efectos no deseables: en la atmósfera se produciría una contaminación de partículas sólidas con posibles afecciones pulmonares, y en el río una eutrofización de sus aguas que acabaría con la vida aguas abajo por falta de oxígeno y además adquirirían una enorme pestilencia a podrido.

No se trata de anunciar catástrofes donde no las hay, y Ecologistas en Acción de Andalucía espera que no las haya, pero si exigimos diligencia, eficacia y exquisitos cuidados en el reflote del buque.

Estamos ante un accidente que en todo caso pone en cuestión la seguridad de la navegación por el Guadalquivir, que está al límite en cuanto a su uso portuario y que cualquier intento de meter barcos de mayor calado no hace más que incrementar las posibilidades de desastre ambiental, forzando el elemental principio de precaución. Es por esto que pedimos a la Dirección General de la Marina Mercante que investigue la posible temeridad o la ignorancia de las características del Guadalquivir por parte del buque Citadel.

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