Paisaje después de la derrota. Hacia la reconfiguración de nuestro esquema conceptual y operativo

Paisaje después de la derrota. Hacia la reconfiguración de nuestro esquema conceptual y operativo

Por Equipo Kollontai

Hace ya veinte años, Frederic Jameson nos urgía a que, si se pretendía relanzar el desafío a la “Comunidad del Capital”, reelaboráramos las claves de lectura de la materialidad de los fenómenos sociales, apuntando a que esto pasaba por reconstruir un aparato interpretativo totalizante, que integrase el mayor número posible de modelos interpretativos y que fuese más allá de la tradición marxista. Dando preeminencia a los conceptos redefinidos frente a la pura tradición, la teoría de la historia y de los modos de producción podría erigirse como el “meta comentario último” que puede “envolver” al conjunto de “comentarios y relatos” alternativos, que tienen validez local.

 

En el trabajo que sigue estamos intentando, con la necesaria humildad, poner en práctica esas recomendaciones.

1 LOS DETERMINANTES ECONÓMICOS (o el meta comentario último)

La historia no se había acabado. Crisis del Capital, ¿Colapso de civilización?

“Lo más notable de esto es que todos los afectados, el conjunto de la sociedad, consideran y tratan a la crisis como algo fuera de la esfera de la voluntad y el control humanos, un golpe fuerte propinado por un poder invisible y mayor, una prueba enviada desde el cielo, parecida a una gran tormenta eléctrica, un terremoto, una inundación”. (Rosa Luxemburg)

No es motivo de este artículo tratar en profundidad la genealogía y las causas de la gran crisis capitalista actual, sin embargo es pertinente esbozar un diagnóstico descriptivo esquemático, para poder plantear, después, con cierto criterio y alguna probabilidad de éxito, posibles respuestas dirigidas a encontrar salidas e identificar el bloque de fuerzas capaz de conseguirlo. Sin teleologías, a lo sumo, ambicionando lo que Althusser llamó “materialismo aleatorio”.

Con la presente situación, muchos se obstinan en llamar “mundialización neoliberal” al sistema socioeconómico dominante, como si se tratara de una sorprendente enfermedad pasajera y curable del capitalismo. Sin embargo, la nueva gran crisis general del capitalismo, como bien sabemos las que tenemos cierta formación materialista y llevamos una cuantas décadas trabajando en el campo de la solidaridad internacional, ya ha sido propuesta por los sectores más avanzados y conscientes del anti capitalismo revolucionario, así como por intelectuales y economistas como Arrighi, Gunder Frank, Sweezy, O`Connor, Wallerstein y Samir Amin, con mayor antelación de la que se le adjudica a Nouriel Roubini (el mediático gurú estadounidense de la prensa financiera).

El naufragio de este sistema estaba ya escrito desde los años 70 del pasado siglo XX, cuando las tasas de crecimiento de las economías centrales disminuyeron a la mitad en comparación a las medias record de la posguerra: en Europa del 5 al 2,5% y en Estados Unidos del 4 al 2%. En esa década, en Occidente incluso hubo una seria sensación de que la URSS estaba ganando la competición entre los dos sistemas. Entonces aparece la percepción de que había que aumentar considerablemente el tamaño de la clase “media” y que la única manera de hacerlo consistía en proporcionar crédito financiero a los consumidores (Khazin, 2013).

Las condiciones objetivas de tal crisis sistémica se han ido labrando paso a paso y con una cierta coherencia. Y las razones de la crisis no son puramente financieras, como la desregulación de los mercados y las diferentes burbujas en las que de forma fenomenológica se ha manifestado.

Los responsables no son sólo los bancos y las instituciones financieras, sino también el conjunto del sector monopolista o de los oligopolios. De hecho, ha sido la soberanía indiscutible de estos la que ha situado la economía en una crisis de acumulación que, ahora, es al mismo tiempo una crisis de beneficios, de superproducción de capitales y mercancías y, como resultante, de sub-consumo. Sólo los monopolios dominantes han podido restablecer en las últimas décadas su elevada tasa de beneficio, destruyendo, sin embargo, los beneficios y la rentabilidad de las inversiones productivas, de las inversiones en la economía real.

Nota: Dada la extensión del texto se ha colgado completo en el siguiente PDF, para facilitar la lectura en pantalla o su impresión. Continúa en la página 2 del PDF.

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