2.- El siglo XI en primera persona (Adaptación).

2. Reinado de Badis ibn Habus

1. Comienzo

arco-de-las-pesasAl morir Habús, le sucede Badis, que en principio, tuvo que enfrentarse a la hostilidad de los Sinhaya; estos, impulsados por Yaddayr querían deponerlo. Al mismo tiempo, los otros sultanes de al-Andalús vieron la oportunidad de hacerse con el territorio. Así las cosas, Badis dio lo mejor que tenía.

Es en este momento de turbulencia cuando nombra secretario a Abu Ibrahim, de religión judía, en detrimento del hijo del anterior secretario Abú-l-Abbas. Dicho nombramiento parece que se debió a los siguientes hechos: Los enemigos y aliados de Yaddayr habían visto en Ibrahim un buen aliado para terminar con el Sultán, Así que concertaron en su casa una reunión para ultimar la conspiración contra Badis y designar a Yaddayr como heredero. Ibrahim preparó la reunión y a continuación informó a Badis de la misma y le invitó a oír la reunión desde un lugar discreto, para así hacerse una idea fiel de la conjura.

Badís quedó muy agradecido a Ibrahim, y tuvo con esto seguridad de su fidelidad y lealtad. Con lo que lo tomó a su servicio, nombrándolo su secretario. Consultándole, a partir de entonces, sobre todos los asuntos de importancia del emirato.

Ibrahim era un hombre inteligente. Badis le tomó confianza total, desconfiando del resto de su entorno. Al ser Ibrahim un tributario, no tenía derecho a ocupar ningún puesto oficial de gobierno y al no ser tampoco andaluz, no le traicionaría con los otros sultanes andaluces. A esto se añadía la necesidad de Badis de dinero, para tranquilizar a sus desleales Sinhaya y arreglar los deteriorados negocios del reino. Ibrahim estaba totalmente dotado para conseguir el dinero necesario, y esto sin molestar para nada a los musulmanes. Una gran parte de la población y la totalidad de los agentes fiscales (ummal) eran judíos, a los que podía exprimir con impuestos, con lo cual podía llenar los tesoros y hacer frente a las necesidades del emirato.

2. La conjura de Yaddayr

La conjura había alcanzado tal grado de perfeccionamiento y era talbib elvira la confianza que los conjurados tenían en el triunfo, que se habían repartido los cargos y los feudos entre ellos, con reparto de diplomas que acreditaban la propiedad de dichos feudos.

Llegado el día de la conjura. El Sultán tenía la costumbre de acercarse a la Rambla, en concreto a una Almunia, que era donde su padre solía celebrar los consejos de gobierno. Era el lugar que los conjurados habían elegido para darle muerte. Pero uno de ellos, un jeque llamado Firqan pensó que tendría más beneficio denunciando la conjura que si tenía éxito, de modo que simulando una desbandada de su caballo entro en la Almunia y le dijo al Sultán que lo esperaban en la puerta para asesinarlo. Este se fue por la otra puerta y se dirigió a la alcazaba.

Los conjurados que lo esperaban en lugar de ver aparecer al Sultán, se encontraron con Ali ibn al-Qarawi acompañado de los visires de Badis y de otros hombres de confianza. Esto le comunicaron que: “El Sultán ha recibido de una de las provincias cierta noticia inquietante que hace necesaria su partida. Excusadle, pues, si no viene a reunirse con vosotros. Por lo demás, ninguna cosa se le oculta”.

Escuchar esta frase por los conjurados y darse a la fuga fue una misma cosa. El primer en salir huyendo fue el cabeza de la conjura, Yaddayr ibn Hubasa.

La fuga de Yaddayr hizo que muchos de los conjurados se volviesen hacia el Sultán y le ofreciesen su lealtad. Su propio hermano Buluggin fue a palacio y le pidió perdón por haberse dejado arrastrar a la conjura. A partir de ese momento, Yaddayr estuvo siempre traicionando al sultán con los enemigos que rodeaban al sultanato, se vendió a todos.

A pesar de su traición, los Sinhaya seguían en relación con el Yaddayr. Y de ello tenía noticias el sultán por unas cartas que habían caído en sus manos. Como consecuencia de las mismas, Badis los quiso castigar, pero Abu Ibrahjim le aconsejó prudencia. Ya que los Sinhaya eran el núcleo de sus tropas. Badis vio prudente el consejo y lo siguió. En su lugar, lo que hizo fue apoyarse en unos contra otros, derramar sus dádivas y provocar los enfrentamientos entre ellos.

Yaddayr en ningún momento cejó en su afán de destruir a su primo y de conspirar con todos los vecinos. Hasta que fue detenido y enviado a prisión. Algunos dicen que murió de muerte natural, otros dicen que fue envenenado. Con su desaparición mejoró mucho la situación interna del sultanato.

3. Victoria de Badis

La primera victoria de Badis en el exterior fue contra el príncipe de Almería. El eunuco Zuhayr. Este quiso, a la muerte Habus ibn Maksan, apoderarse del emirato granadino, de modo que lo invadió con su ejército y asentó sus reales en un lugar llamado al-Funt. Badis, previa consulta a un interprete de sueños, puso al ejército granadino camino de dicho lugar, comandado por su hermano Buluggin, hombre de lo más valiente. Este marchó al encuentro de los almerienses los y destrozó y puso en fuga. Zuhayr desapareción en la batalla y no se le encontró, ni vivo ni muerto. Como consecuencia de esta batalla, el territorio de Zuhayr quedó anexionado al emirato granadino. Esto consolidó el mandato de Badis.

Buluggin, vencedor de la batalla, murió poco después de la misma, sin tenerse muy claro el motivo.

4. José ibn Nagrela

Al morir Abú Ibrahim, secretario de Badis, dejó un hijo que llegó a ser visir. Heredó del padre una gran fortuna. Y sabios consejos para mantenerse en el poder. Era su nombre José ibn Nagrela.

muralla ziriEste, por su juventud, no quiso el Sultán que ocupara un cargo de responsabilidad. Pero encontró apoyo en Ali ibn al-Qarabi, al que le prometió fidelidad eterna. Este convenció al Sultán de la capacidad de José. Con el paso del tiempo, la influencia de José frente al Sultán iba en aumento, mientras que el Sultan se iba separando más y más de Qarabi. Nagrela, al ser judío, no podía hacer acusaciones directas contra un musulmán, con lo que las hacía por medio de subterfugios y comprando a testigos.

Por aquel entonces la familia de Ali ibn al -Qarabi tenía en feudo a Guadix, que era gobernado por uno de sus hermanos. Nagrela incordió todo lo que pudo ante el Sultán para que desposeyera de dicha ciudad a esta familia. En un principio encontró resistencia por parte del mismo. Al final, logró convencerlo, encontrado como motivo la cesión de la misma al heredero Sayf al-dawla, que necesitaba una fuente de ingreso para sus gastos. Sayf nombró a Nagrela administrador, a condición de entregarle sus rentas.

La relación tan íntima que existía entre Nagrela y el Sultán y su hijo no gustaba nada a los visires y tampoco gustaba a Alí y su hermano. Así que planearon su muerte, pero pretendían que fuera Sayf el que lo matara, así el Sultán no se enfadaría. Con estas pretensiones comenzaron una campaña de desprestigio de Nagrela ante Sayf. Al mismo tiempo hacían lo mismo con Nagrela y le contaban intrigas de Sayf. El resultado fue el enfrentamiento entre ambos.

Sayf pensó en matar a Nagrela, pero temía la reacción de su padre. Nagrela reunión a los jeques de los judíos de Granada y les contó el problema surgido entre ambos. Uno de los cuales le aconsejó que envenenara a Sayf y que intentara llegar a un acuerdo con Maksan, hermano de Sayf, sí le aseguraba la sucesión al trono,  este tendría que estarle agradecido.

Como ambos tenían la costumbre de juntarse a beber. Un día Nagrela lo envenenó. Sayf murió después de dos días de agonía.

La extraña muerte del príncipe provocó una serie de disturbios por parte del pueblo, que temían el poder de Nagrela. Pero este, contando con el apoyo del Sultán, se sobrepuso a los mismos, y continuando en su empeño de hacerse con el poder absoluto. Siguió su particular persecución a los Awlad al-Qarawi, hasta que fueron desterrados y  sus bienes confiscados.

El Sultán, entre la edad que tenía y la pena por la muerte del hijo, cada vez dejaba más los asuntos en manos del visir.

El único asunto que le excitaba era la conquista de Málaga, dicho sultanato estaba en plena decadencia, de modo que si lo tomaba, reforzaría su poder, mientras que si era otro vecino el que lo hacía, el suyo se vería mermado. Años le costó la conquista, pero no cejó ni un momento, y al final lo consiguió.

Fue tras su conquista cuando edificó la alcazaba, que quedó abastecida de todo lo necesario para resistir un largo asedio, ya que quería convertirla en fortaleza inexpugnable para caso de peligro, tanto para encerrarse a esperar ayuda o para usarla como trampolín para volver a Berbería. La conquista de Málaga no resultó ser un plato dulce, pues tuvo constantes sublevaciones de la población, y si no se perdió fue debió a su prudencia al edificar al alcazaba.

Siguieron unos años de paz. Con lo cual se enriqueció el reino, y el tesoro real. Cuando estaban las cosas más tranquilas Nagrela le traicionó entregando la ciudad de Guadix a Ibn Sumadih a lo que siguieron una invasiones de los vecinos y sublevación de las ciudades. Quedando solo fieles al emirato Granada, Almuñécar, Priego y Cabra. Había corrido la voz de la muerte de Badis, lo que ocasionó que las tropas abandonaran las fortalezas, que fueron ocupadas por los habitantes del país.

5. Llegada de al-Naya

Patio mezquitaEra  el periodo más floreciente y pacífico del reino cuando llego a Granada al-Naya, que vino a cogerse bajo la protección de al-Muzaffar,  era un antiguo esclavo de al-Mutadid ibn Abbad al que había traicionado, formando parte de un grupo de conjurados, presididos por un hijo. Encontrándose, así en situación difícil, pidió asilo al soberano, y, al ser validado por un grupo de Abid,  Sayf accedió a la petición.

En un principio, al-Naya fue muy bien acogido, llegando a ser oficial en el ejército del Sultán.  Se destacó en la guerra de Málaga, ganándose la simpatía de algunas unidades del ejército regular, era tan estimado por los jefes del ejército que Sayf lo nombró, junto a Muqatil, gobernador militar de Málaga. Esto hizo que tuviera frecuentes encuentros con el Sultan, los que aprovechaba para denigrar a Nagrela, tan frecuentes e indiscretas eran las tertulias, que llegaron a oídos de Nagrela. El cual tuvo claro que su caída en desgracia estaba cerca.

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