LIBROS, LIBROS, LIBROS

ImagenTítulo: La ética del hacker y el espíritu de la era de la información

Autor: Pekka Himanen

Introducción de Linus Torvalds

En la introducción, Linus Torvald, nos habla de la “Ley de Linus”. Esta establece que todas nuestras motivaciones se pueden agrupar en tres categorías básicas. Las categorías son, por este orden, “supervivencia“, “vida social” y “entretenimiento“. La primera fase, la supervivencia, salta a la vista. La prioridad de cualquier ser vivo es sobrevivir. En la segunda, afirma que hay quien es capaz de matar-morir por “vivir en sociedad”, suena un poco bruto, “morir por la propia familia/patria/religión” refleja con claridad que los vínculos sociales pueden llegar a ser más importantes que la vida de uno mismo. En cuanto a la tercera, el entretenimiento, la usa de manera muy amplia, no es solo la consola o las canicas, es el ajedrez, la música, la pintura, el ejercicio mental. Alguien pensará y “¿el dinero? No es esa la gran motivación”. Pues para Linus no es así. Es sin duda algo útil, pero la mayoría estará de acuerdo en que el dinero per se no es lo que motiva en última instancia a las personas. El dinero motiva por lo que comporta. Eso sin menospreciar el poder del mismo.

Según Torvalds para el hacker, “el ordenador mismo es entretenimiento”, queriendo decir con ello que el hacker programa porque encuentra la actividad de programación intrínsecamente interesante, emocionante y gozosa.

Se trata de un espíritu general: los hackers programan porque para ellos los desafíos de la programación tienen un interés intrínseco. Los problemas relacionados con la programación despiertan una curiosidad genuina en el hacker y suscitan su deseo de continuar aprendiendo.

Necesitas jugar. Tienes que querer explorar. Al resumir el espíritu de la actividad del hacker, Raymond no duda en utilizar la palabra pasión, que corresponde a lo que Torvalds llama entretenimiento, tal como lo define en el Prólogo.

La dedicación a una actividad que es, en esencia, interesante, fuente de inspiración y dicha. Esta relación apasionada con el trabajo no es una actitud que se encuentre sólo entre los hackers informáticos. Platón, el fundador de la Academia, dijo de la filosofía que, “como la luz que desprende el fuego cuando se enciende, nace en el alma y en lo sucesivo, procura su alimento“. Hay quien aplica la actitud del hacker a otras cosas además del software, como la electrónica y la música; en realidad, cualquiera de las ciencias y de las artes muestra esta actitud en su máxima expresión”. Si se les considera a este nivel, los hackers informáticos constituyen un ejemplo excelente de una ética del trabajo más general, a la que da el nombre de la ética hacker del trabajo,

En contraposición a la ética protestante del trabajo, que desde hace tanto tiempo viene rigiendo nuestras vidas.

Se puede hacer casi de todo y ser un hacker. Se puede ser un carpintero hacker. No es preciso disponer de elevada tecnología, tiene que ver con la artesanía y con el hecho de dar importancia a lo que uno hace”. Raymond señala en su guía “Cómo convertirse en un hacker” que “hay quien aplica la actitud del hacker a otras cosas además del software, como la electrónica y la música.

La expresión “ética protestante del trabajo” tiene su origen un ensayo de Max Weber La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904 – 1905).

Refiriéndose al trabajo como una “vocación”, lo cual expresa muy bien las tres actitudes centrales de la ética protestante del trabajo:

      1.  El trabajo ha de considerarse un fin en sí mismo
      2. En el trabajo uno ha realizar su parte lo mejor posible

      3. El trabajo ha de considerarse como un deber. Se lleva a cabo porque ha de ser realizado

A diferencia de la ética hacker del trabajo, cuyo precedente se halla en la Academia de Platón, para Weber el de la ética protestante se halla en el monasterio y no hay duda de que, si analizamos la comparación de Weber, podemos percibir muchas semejanzas.

Weber hace luego hincapié en que, si bien el espíritu del capitalismo encontró en la ética protestante su justificación esencialmente religiosa, pronto llegaría a emanciparse de la religión y empezaría a actuar conforme a sus propias leyes.

Sirviéndonos de una metáfora de Weber, se convirtió en una cárcel de acero, neutra desde un punto de vista religioso.

De este modo el trabajo se realiza con las mandíbulas prietas y con una actitud de atormentada responsabilidad, al punto de que la mala conciencia aflora cuando no se puede cumplir con el trabajo debido a un problema de salud.

En la naturaleza del patrón, que es la dominante:

El trabajo es, y será en un futuro previsible, el núcleo de la vida de la gente“. La sociedad red, que es en la que nos encontramos actualmente, no pone en tela de juicio la ética protestante.

En este contexto más amplio, la naturaleza radical del hackerismo consiste en su propuesta de un espíritu alternativo para la sociedad red, un espíritu que cuestiona a la ética protestante. Y sólo en este sentido cabe afirmar que todos los hackers son realmente crakers: porque intentan romper el cerrojo de la jaula de acero.

¿Estar ocupado significa tener una vocación, un oficio, una tarea especial y particular a realizar”.

Situada en este amplio contexto, resulta sencillo considerar que la ética hacker, entendida no sólo como la ética del programador informático sino como un desafío social de carácter genérico, se asemeja mucho más a la ética preprotestante que a la ética protestante.

Para los hackers la palabra pasión describe bien la tendencia general de su actividad, aunque su cumplimiento no sea en todos sus aspectos un puro juego gozoso. En este sentido, Linus Torvalds ha descrito su trabajo con Linux como una combinación de afición agradable y trabajo serio: “Linux

ha sido en gran medida una afición: (aunque del mejor tipo: una afición seria)”

¿EL TIEMPO ES DINERO?

Los rápidos cambios tecnológicos hacen imperativo llegar rápidamente a los consumidores con la nueva tecnología, antes que la competencia. Ir despacio equivale a quedarse con productos obsoletos o, lo que aún es peor, dar una respuesta tardía a cambios tecnológicos fundamentales.

La “ley de aceleración continua” de Clark obliga a lanzar los productos tecnológicos cada vez más deprisa. El capital de los empresarios que alcanzan el éxito en este campo tiene que desplazarse también mucho más deprisa que antes.

Al mismo tiempo, dentro del ámbito económico nadie se contenta ya con enriquecerse aguardando el futuro, razón por la cual las compañías de Internet consiguen dividendos asombrosos de forma tan fulgurante, mucho antes de la realización de sus expectativas de futuro.

Las empresas red se concentran en sus habilidades nucleares y establecen redes, según sus necesidades cambiantes, con subcontratistas y consultores en organización y gestión de empresas.

Adaptarse a la nueva economía no sólo significa añadir una página de Internet al proceso, sino repensarlo por entero.

Incluso la industria de alta tecnología precisa aún de la producción material, pero en ella a los seres humanos se les asignan las menores tareas posibles, y se les enseña el modo de realizarlas de modo que ahorren el máximo de tiempo.

Por ejemplo, sólo un neófito se relaja sin haber tomado clases de técnicas de relajación. Ser un simple aficionado en las propias aficiones se considera algo embarazoso. Primero, lo lúdico fue eliminado del trabajo y, luego, lo fue del propio juego, y lo que queda es tiempo de ocio optimizado. En su libro, Waiting for the Weekend, Witold Rybczynski ofrece un buen ejemplo de este cambio: “La gente solía “jugar” al tenis; ahora “trabajan” la volea de revés.

Dentro de esta mentalidad otro modo de pasar el tiempo libre consiste en dedicarse a la práctica de habilidades importantes para trabajar o, si no, en desvincularse al máximo del trabajo a fin de poder continuar realizándolo de la mejor forma posible. En una vida optimizada, el tiempo libre asume los modelos del tiempo de trabajo. El tiempo de ocio se programa y planea de una forma tan ajustada como el tiempo de trabajo:

llevar al niño a hacer deporte, 17:30-17:45 h.

Gimnasio, 17:45-18:30 h.

Sesión de terapia, 18:30-19:20 h.

Recoger al niño del entreno, 19:20- 19;35 h.

Preparar la cena y cenar, l9:30-20:00.

Mirar la tele con la familia, 20-23 h.

Llevar al niño a la cama. Conversar con el cónyuge, 22-22:35 h.

Mirar un espectáculo por la noche, 23:35-0:35 h.

Otras atenciones dispensadas al cónyuge (ocasionalmente) 0:35-0:45 h.

El día se divide en función del modelo empresarial en segmentos de tiempo claramente definidos, y esa división queda reforzada sin duda por la programación televisiva. El tiempo que se pasa en casa a menudo se vive de un modo similar a como se vive el tiempo en el trabajo: apresurándose de una cita a otra para realizarlo todo en su justo tiempo. “Después de cenar, algunas familias se sientan juntas, mudas pero cómodas, mirando telecomedias en que madres, padres e hijos hablan entre sí con brío“.

De hecho, el desarrollo dominante de la economía de la información parece consistir más bien en que la flexibilidad conduce a fortalecer el trabajo centrismo, la organización de la vida en función del trabajo.

Los hackers optimizan el tiempo a fin de que haya más espacio para el ocio: el modo de pensar de Torvalds es que, en medio del trabajo duro y serio que supuso el desarrollo de Linux, siempre debe haber tiempo para ir a la piscina o llevar a cabo algunos experimentos de programación que no responden a metas inmediatas.

Un hacker puede reunirse con sus amigos al mediodía para ir a comer y pasarse horas, o salir con ellos a tomar una cerveza más tarde, y luego retomar el trabajo a última hora o al día siguiente. A veces decide de forma espontánea pasar todo el día fuera para hacer algo por completo distinto.

Desde un punto de vista histórico, esta libertad para auto organizar el tiempo encuentra de nuevo un precursor en la academia. Pero skhole no significa sólo “tener tiempo“, sino asimismo cierta relación con el tiempo: aquel que vive la vida académica podía organizar por sí mismo su propio tiempo, podía combinar trabajo y ocio del modo en que quisiera.

En la vida anterior a la ética protestante, incluso fuera de la academia, el ser humano estaba más al cargo de su propio tiempo de lo que estaría después de la Reforma protestante.

Sólo en los monasterios la actividad se hallaba vinculada al reloj; por tanto, una vez más, el antecedente histórico de la ética protestante debe buscarse en las comunidades monacales. De hecho, cuando se leen las reglas que regían la vida monástica, a menudo se tiene la sensación de estar leyendo una descripción de las prácticas dominantes en las empresas contemporáneas.

Bajo la regla de san Benito, cualquier desvío respecto al horario establecido para el conjunto de la vida era castigable.

La ética protestante sacó el reloj del monasterio y lo llevó a la vida cotidiana, dando a luz al concepto de trabajador moderno y a las nociones de lugar de trabajo y horario relacionadas con esta nueva identidad.

Lo interesante de la nueva tecnología de la información reside en la posibilidad de ofrecer una nueva forma de trabajo orientado a una meta, aunque es importante recordar que no es algo que pueda producirse de forma automática. “Hay que intentar considerar a las personas no por la cantidad de tiempo desperdiciado, sino por lo conseguido durante períodos de tiempo bastante largos, como medio año o un año“.

La mentalidad de la supervisión del horario laboral trata a las personas adultas como si fueran inmaduras para hacerse cargo de sus propias vidas. Se supone que sólo unas pocas personas en una empresa dada, o un organismo gubernamental, son las que han alcanzado un grado de madurez suficiente para asumir la responsabilidad por sí mismas, y que la mayoría de los adultos son incapaces de hacerlo sin la guía continua de un reducido grupo con autoridad.

Los hackers siempre han respetado al individuo, siempre han sido antiautoritarios. Raymond define así la posición del hacker: “Hay que combatir la actitud autoritaria allí donde se muestre, no sea que os asfixie a vosotros y a otros hackers“. En medio de toda la eliminación de la dignidad y la libertad individual que se hace en nombre del “trabajo”, la ética del hacker nos recuerda que nuestra vida se vive aquí y ahora. El trabajo forma parte del fluir continuo de nuestra vida, en la cual debe haber espacio, también, para otras pasiones.

Para los hackers no es “el tiempo es dinero“, sino “el tiempo es mi vida“. Para la ética protestante tanto el trabajo como el dinero son considerados fines en sí mismos. La “novedad” de la “nueva economía” no consiste en rechazar la antigua meta de hacer dinero. El frugal puritano del siglo XVII del que habla Weber ha sido sustituido por el consumidor omnívoro del siglo XX, que sólo se mueve por el impulso de la búsqueda irrefrenable de gratificación.

En el viejo capitalismo, este conflicto se resolvía colocando el trabajo por encima del dinero en la escala de valores, lo cual tiene su reflejo, por ejemplo, en que casi todo tienden a entender el término ética protestante como ética protestante del trabajo.

Pero, de forma gradual, el equilibrio entre trabajo y dinero se inclina en favor del último, atraído por el modo en que la riqueza se acumula en la nueva economía. Los resultados financieros del trabajo producido por una empresa (sus dividendos) han pasado a ser algo menos importante que el crecimiento de su capital, el aumento de su valor en acciones. La relación entre trabajo (sueldo) y capital está cambiando en favor del capital, a resultas de fenómenos como las stock-options (opciones sobre acciones), el arranque de nuevos negocios, las acciones de la empresa como forma de compensación, y del hecho que los individuos depositan menos dinero en las entidades bancarias y los destinan a invertir en los mercados financieros.

En la economía de la información, las empresas consiguen su meta de hacer dinero intentando ser propietarias de información a través de patentes, marcas registradas, copyrights, derechos de autoría, contratos de no revelación y otros medios similares.

En abierto contraste con esta revitalizada ética protestante del dinero, la ética originaria del hacker programador de ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso. Tal como se dijo, de acuerdo con los usos y el argot de los programadores, la ética hacker incluye la creencia de que “información constituye un extraordinario bien, y que además para ellos es un deber de naturaleza ética compartir su competencia y pericia elaborando software gratuito“.

El precedente histórico del control de la libre circulación de la información es el monasterio. En cambio, el precedente histórico de la ética del hacker es la ética académica o científica (cuando el sociólogo de la ciencia Robert Merton expuso su célebre teoría sobre el desarrollo de la ética científica en el Renacimiento, hizo hincapié en que una de las piedras angulares era el “comunismo”, es decir, la idea de que el conocimiento científico tenía que ser público).

En una época en que la motivación del dinero ha pasado a ser tan poderosa que lleva a impedir cada vez más el acceso a la información, sorprende ver cómo estos hackers explican la razón por la cual emprendieron un proyecto tan descomunal como Linux, cuya fuerza rectora no es el dinero, ya que sus frutos son compartidos con terceros. Al principio de este libro, Torvalds presentaba su “Ley de Linus” a fin de situar esta forma de hackerismo en el contexto de las motivaciones generales humanas. Aun a sabiendas de que se trata de una simplificación, habla de tres motivaciones últimas.

Cada uno de nosotros necesita pertenecer a un grupo en cuyo interior se sienta aprobado. Pero no basta con la mera aprobación. Necesitamos también ser reconocidos en lo que hacemos, y tenemos necesidad de una experiencia aún más profunda, la de sentirnos amados y amar a alguien. En el nivel base, se hallan las necesidades psicológicas, la necesidad de sobrevivir, estrechamente relacionada con el segundo nivel, definido por la necesidad de sentirse seguro. El tercer nivel, que recoge la pertenencia social y el amor, se halla en íntima relación con el cuarto nivel, la necesidad de reconocimiento social. El nivel superior recoge la realización personal.

Sobrevivir” o “hacer algo para ganarse la vida” es la primera respuesta que obtendríamos de muchos a la pregunta de por qué trabajan (respuesta a menudo acompañada de una expresión de perplejidad).

Un ejemplo extremo de ello se halla en el plan protestante de una sociedad ideal elaborado por Henri Saint-Simon, filósofo francés del siglo XIX: sólo quienes trabajan son considerados ciudadanos, en absoluto contraste con las sociedades ideales de la Antigüedad, como la presentada por Aristóteles en el libro de la Política, donde sólo los que están exentos de trabajo son considerados ciudadanos de pleno derecho.

Así, incluso en el caso de que el trabajo en sí mismo no implique interacción social, la aceptación social más allá del mero sustento continúa siendo una importante motivación social para trabajar.

Para hackers como Torvalds, el factor organizador básico de la vida no es el trabajo o el dinero, sino la pasión y el deseo de crear algo que sea, desde un punto de vista social, valioso.

Lo que hago sin sentirme verdaderamente interesado en ello con toda probabilidad carecerá también de interés para los demás, y para vendérselo tendré que persuadirles de que ese algo intrínsecamente sin interés es algo, al fin y al cabo, interesante (la tarea a la que se dedica en su mayor parte la publicidad).

No hay que ver en la actitud de la mayoría de los hackers con respecto al dinero ni un utopismo edénico ni una especie de aversión esencial hacia él. La ética originaria del hacker trató ante todo de resolver qué lugar debía asignar al dinero como motivación y qué aspectos de su influencia sobre otras motivaciones había que evitar.

Wozniak es un buen ejempo. Cuando, a sus veintinueve años, dejó Apple seis años después de haber fundado la compañía, era propietario de acciones valoradas en cien millones de dólares (incluso después de vender un paquete considerable de acciones a un precio extraordinariamente bajo a sus compañeros de trabajo, porque quería redistribuir la riqueza de una forma más justa en el seno de su antigua empresa). Gracias a su independencia financiera, Wozniak ha podido escoger desde entonces libremente su actividad. Así describe la vida que emprendió después de dejar Apple: “Tenía contables y secretarias que se ocupaban de todo, de modo que pude dedicar todo el tiempo a hacer aquello que me gusta, que no es más que trabajar con ordenadores, visitar las escuelas y dedicar el tiempo a los niños“. Tras dejar Apple, Wozniak decidió volver a la universidad y cumplir con los requisitos formales para realizar su sueño de enseñar a las nuevas generaciones de hackers. (Actualmente enseña a los niños cómo utilizar los ordenadores en las escuelas de su localidad y en su casa.)

Los significados originarios de los términos capitalismo y hacker tiran de su contenido semántico en direcciones diferentes. En sintonía con la atención opuesta a la ética hacker nos encontramos con Mr. Gates: “Si no te gusta trabajar duro, tomártelo en serio y dar lo mejor de ti mismo, no es en esta empresa donde debes trabajar“.

A la vista de los problemas que comporta combinar el hackerismo y la forma actual de capitalismo, un grupo de hackers está yendo en una nueva dirección y defiende un nuevo tipo de economía basada en las empresas llamadas “open-source” (código fuente de libre acceso) que desarrollan software según el modelo abierto y gratuito. En este modelo, ilustrado por compañías tan prósperas como Red Hat, cualquiera tiene libertad para aprender con el estudio del código fuente de estos programas y llegar a desarrollarlos hasta convertirlos a su vez en productos abiertos y gratuitos propios. El padre espiritual de estas compañías es el controvertido Richard Stallman, de ideas tan radicales que muchas de las compañías “open-source” prefieren mantenerse a distancia de su persona (no es el caso del autor de este pastiche).

La versión dada por Stallman de la ética hacker del dinero no se opone a la ambición de hacer dinero, sino a hacerlo privando de la información a los demás. En realidad, propone una nueva modalidad de economía de libre mercado: una economía de libre mercado en un sentido mucho más profundo que en el léxico capitalista habitual, pero sin dejar de ser economía capitalista. Esta idea radical es precisamente la más difícil de asumir para muchas de las empresas “open-source”, que prefieren basar su modelo abierto en un argumento puramente pragmático: el modelo “código de libre acceso” se escoge para aquellos proyectos en que resulta mejor desde un punto de vista técnico o económico; en el resto, se prefiere optar por el modelo codificado.

En el enfoque ético de Stallman, la apuesta es mucho más alta. La pregunta central de su pensamiento es si la práctica empresarial presente, basada en restringir el acceso a la información, es realmente sostenible desde un punto de vista ético. El hecho de que sea el modelo actual no la hace ser correcta ni implica que deba defenderse a ultranza.

Recibir la información producida por otra persona al tiempo que se oculta toda la información producida por uno mismo comporta un dilema ético.

La pregunta que esta forma extrema de ética hacker trae a colación es, si puede existir una economía de libre mercado en la que la competición no esté basada en el control de la información sino en otros factores, es decir, si puede existir una economía en la que la competencia se dirima en un nivel diferente (y no sólo en cuanto a programación informática).

Seguro que algún mal pensando/a ya está pensando en el comunismo, but ….. el comunismo comporta un modelo de autoridad centralizada – o dicho de otro modo, el comunismo es una forma de economía de Estado por completo ajena a los hackers.

La ética hacker del trabajo se opone tanto al trabajo-centrismo no sólo del capitalismo, sino también del comunismo. Hay que recordar que pese a algunas diferencias, tanto el capitalismo como el comunismo se basan históricamente en la ética protestante. Como dice el sociólogo Peter Anthony en su Ideology of Work: “Todos estos elementos de la ética protestante [que subyace al capitalismo] – trabajo, medida, racionalismo, materialismo – se hallan presentes [en el comunismo] no como alternativas confusas a otras nociones más aceptadas, sino como puntales que anulan cualquier otro“.

Podemos decir, que el empresario con las mangas de la camisa arremangadas no difiere mucho del héroe estajanovista soviético segando con la hoz los campos: uno y otro son paladines del trabajo. Capitalismo, comunismo y la nueva economía de la información hasta el momento presente no han hecho más que difundir y propagar la ética protestante que cada uno de ellos cree expresar en su forma más pura.

La ética hacker supone un desafío a estos sistemas. La actitud que rige en la economía, del beneficio a cualquier precio (válido en nuestro tiempo), se enfrenta al modelo de libre acceso en el que el hacker pone a libre disposición de los demás su creación para que la utilicen, pongan a prueba y la desarrollen ulteriormente. Para los primeros hackers del MIT, consideraban esta idea un elemento aún más definitorio de su ética que su relación con el trabajo, aunque hoy en día el “jargon file” afirma que este ideal ético de transparencia y accesibilidad es el aceptado entre los hackers “ampliamente aunque no de forma universal”.

Vamos a examinar la idea de transparencia y libre acceso de los hackers. El desarrollo de Internet es un formidable ejemplo, pero el proyecto Linux es el que probablemente ha llevado más lejos la idea de la accesibilidad y el código abierto, resulta aún mejor.

Una vez entendido este modelo que ha posibilitado la existencia de Internet y Linux, puede pensarse en la aplicación del modelo abierto a otras áreas de la vida además de la programación de software.

Miles de programadores han participado y participan en el desarrollo de Linux, y su número no ha dejado de crecer.

Para la coordinación de su trabajo, los hackers de Linux utilizan las herramientas disponibles en lnternet: correo electrónico, listas de correo, grupos de noticias, servidores de archivos y páginas de Internet.

En el ensayo “La catedral y el bazar“, publicado inicialmente en Internet, Raymond define la diferencia entre el modelo abierto de Linux y el modelo cerrado, preferido por la mayoría de las compañías comparándolos al bazar y la catedral. La real innovación de Linux no era de índole técnica sino social: la nueva forma social, completamente abierta, en la cual estaba siendo desarrollado. Raymond define la catedral como un modelo en el cual una persona o un grupo muy reducido de gente planea todo por adelantado y, luego, lleva a cabo el plan bajo su propio poder. En el modelo del bazar, en cambio, la creación está abierta a todos y las ideas se confían a otros para ser puestas a prueba desde un principio. En el sistema abierto, un receptor tiene el derecho a utilizar, probar y desarrollar esta solución libremente. En el modelo de libre acceso al código fuente, la diseminación de estos derechos comporta dos obligaciones: estos mismos derechos deben ser transmitidos cuando la solución inicial o su versión refinada (0.1.2) ha de ser compartida, y los participantes siempre tienen que ser citados cuando se comparta cualquiera de sus versiones. Todo es un proceso compartido.

La academia y el monasterio. Otra de las alegorías posibles para describir el modelo abierto de código fuente es de nuevo la academia, la que se asemeja de una forma más directa al modelo que la metáfora de la catedral. Los científicos, asimismo, hacen público su trabajo. Robert Merton hizo hincapié en que esta idea de la autodepuración de errores era otra de las piedras angulares de la ética científica, con una importancia idéntica a la del libre acceso o la transparencia de la información. Es una prolongación de la synusia de la Academia de Platón.

Los científicos escogieron este modelo no sólo por razones de tipo ético, sino porque, además, demostró ser el modo más satisfactorio de generar conocimiento científico. Todo nuestro conocimiento de la naturaleza se basa en este modelo académico o científico.

No obstante, la ética científica no comporta sólo derechos, incluye también las mismas dos obligaciones fundamentales: las fuentes deben ser siempre citadas (plagiar es repugnante desde un punto de vista ético – siempre que no sea en la U. de Gr.) y la nueva solución no debe mantenerse en secreto, sino que debe ser publicada de nuevo en beneficio de la comunidad científica. No se exige el cumplimiento de estas dos obligaciones en función de una ley positiva, sino mediante poderosas sanciones morales e internas de la comunidad científica.

Podemos llamar modelo cerrado al opuesto del modelo abierto, propugnado por los hackers y la academia. Cerrado, no sólo porque clausure la información, sino porque, además, es autoritario. El modelo cerrado no admite, ni tener iniciativa, ni el ejercicio de la crítica, que permiten a una actividad ser más creativa y autocorrectora.

Hackers y científicos empiezan sólo dedicándose a su pasión y, luego, pasan a trabajar en la red con otros individuos que la comparten.

Si bien Torvalds es un programador autodidacta, en el sentido de que ha adquirido sus conocimientos básicos sin asistir a clases, no lo aprendió todo por si mismo. Desde un principio, como hacker genuino, no vaciló nunca en pedir ayuda para que aclarar las dudas que tuviera. Una fuerza primordial de este modelo de aprendizaje estriba en que un hacker, al aprender, enseña a los demás. O al enseñar, aprende. Podría darse el nombre de “Academia red” a este modelo de aprendizaje abierto, ya que se trata de un entorno de aprendizaje en continuo estado de evolución que es creado por los propios hackers. Una vez más, el modelo hacker se asemeja a la Academia de Platón, donde los estudiantes no eran considerados puros receptores del conocimiento transmitido, sino que eran tratados como compañeros en el aprendizaje (synetheis). La Academia red, el espíritu de la academia griega y el modelo hacker, sintetizan la idea de Platón de que “ninguna persona libre debe aprender nada como un esclavo“, y difiere completamente del espíritu del monasterio (escuela), resumido en la regla monástica de san Benito: “Al maestro corresponde hablar y enseñar; al discípulo estar callado y escuchar“.

La ironía ha querido que actualmente la academia modele su estructura de aprendizaje tomando como base el modelo monástico del emisor – receptor. Ironía que, por lo demás, no hace sino ampliarse cuando la academia empieza a construir una “universidad virtual” y el resultado es una escuela monástica informatizada.

La revolución científica tuvo lugar hace cuatro siglos, pero no encontró ni encuentra su reflejo adecuado en las universidades como base para un aprendizaje basado en la investigación.

Una lectura al estilo hacker del material con vistas a criticarlo y mejorarlo (es decir, con la perspectiva de hacer algo, y motivarse uno mismo, con ese material) sería mucho más propicia al aprendizaje que la actual tendencia a una lectura sin más.

En la Academia red, cada hito de aprendizaje enriquecería de forma permanente a los demás. En solitario o en compañía de otros, el aprendiz añadiría algo al material compartido. Un aspecto central del hackerismo es recordarnos lo mucho que se puede lograr a través del modelo abierto gracias a la cooperación directa entre los individuos.

Hemos visto cómo el modelo hacker puede dar grandes frutos en el ciberespacio sin que intervengan como mediadores ni los gobiernos ni las empresas. Queda por ver qué frutos conseguirá la cooperación directa entre los individuos en la realidad de las personas concretas.

Por ejemplo, puedo anunciar en Internet mi disponibilidad ocasional para echar una mano a una persona mayor en sus tareas domésticas. Puedo anunciar que ofrezco mi casa para que los niños vengan a jugar después de la escuela.

Continuará…

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