4.- El siglo XI en primera persona (Adaptación).

 

mapa-granadap

4. Reinado de Abd Allah ibn Buluggin

1. Exigencias rechazadas de Alfonso VI.

Habiendo tenido noticias el rey castellano, Alfonso VI, de las disensiones internas existentes en el reino zirí, llegó a la conclusión de que era una ocasión inmejorable para exprimirlo. En vista de ello, envió a su embajador. Siendo esta la primera vez que el sultán Abd Allah entraba en negociaciones con dicho rey castellano.

El embajador era Pedro Ansúrez (primero educador y luego consejero del rey castellano), que llegó exigiendo la entrega de tributos. Aba Allah se negó, creíatoledo que la cosa no llegaría a más. Ya que entre el sultanato de Granada y el reino castellano había uno intermedio, eran las tierras de Ibn-Di-l-Nun (emir de Toledo). No podía imaginarse que alguien de su misma religión se aliase, con los cristianos contra un musulmán.

Pero esta era la coyuntura que hacía tiempo que estaba esperando Ibn Ammar (visir de Sevilla). Este se entrevistó con el embajador castellano, en Priego, para saber el resultado de las negociaciones. Al ver que no se había llegado a ningún acuerdo, se puso inmediatamente a disposición del embajador: “Si él rehúsa darte 20.000 dinares (tributo que había pedido), yo te daré 50.000, a cambio de un pacto común contra Granada, en virtud del cual la capital será mía y tuyos los tesoros que hay en ella.”

Llegados a este acuerdo, decidieron que había que construir una fortaleza que amenazara y hostilizara a Granada, hasta su caída. A esta conjura se unió Ibd Adha y les mostró los puntos flacos de las defensas de la ciudad, señalando el lugar en el cual una fortaleza podría hostigar y apremiar a la ciudad con más acierto. En dicho lugar, fue donde se edificó el castillo de Belillos.

Para acelerar su construcción Ibn Ammar alquiló los servicios de un ejército de Alfonso, aunque hizo todo lo que posible por retrasa los pagos de alquiler. El mismísimo al-Mutamid visitó las obras y durante todo el tiempo que allí estuvo, no dejaron de hacer demostraciones y paradas militares por las cercanías de Granada para provocar la sublevación de los ciudadanos a su favor.

Terminada la obra, quedó en ella una guarnición avituallada con todos los víveres necesarios, y con la orden precisa de no cejar en el hostigamiento de la ciudad. La presión causada fue tal que el emir de Granada tuvo que dejar al margen otros negocios (Entiendase guerras) que tenía entre manos.

Cuando se retiraron de Belillos Almutamid y los mercenarios cristianos. Abd Allah puso en pié de guerra un ejército para tratar de apoderarse de la fortaleza, pero no lo consiguió. Esto aumentó el descontento de sus súbditos. Que veían como los enemigos internos de su emir se ponían de acuerdo con el enemigo externos para acelerar su destrucción.

El sultán granadino tenía muy claro que no tenía fuerzas suficientes para realizar el sitio y tomar dicha fortaleza, pues estaban muy equilibradas. Con lo que, el único recurso que tenía cada uno de los soberanos, era alquilar un ejército para destruir al otro, y había que pagar más.puerto sevilla

De modo, que el sultán no tuvo más remedio que acceder a las exigencias del castellano y pagar los tributos exigidos. Teniendo claro que, lo más seguro era, que el cristiano subiera las exigencias. Ibn Di-l-Nun actuó de mediador en estas negociaciones, se había convertido en el conseguidor del castellano y trataba de buscar dinero para Alfonso, con el que tenerlo contento. Y si las cosas no eran del agrado del castellano e invadía el sultanato granadino, siempre algún despojo del mismo quedaría para que él pudiera agregar a Toledo.

Di-l-Nun no cesaba de meter sus narices en los asuntos de Córdoba y de intentar quedarse con ella, y al fin lo consiguió. Lo hizo por sorpresa con la complicidad de algunos de sus habitantes, en los combates murieron el hijo de Mutamid, Abbad y el general sevillano Ib Martín (que era el que le había entregado la ciudad a Mutamid cinco años antes).

Al llegar esta noticia a Belillos, sus ocupantes se vieron rodeados y abandonaron la plaza que, sin demora, fue ocupada por las tropas granadinas. De modo que cuando menos esperaba el sultán granadino, se deshizo de un gran peligro. La ocupación de esta fortaleza le dio la posibilidad de estudiar las últimas tendencias sobre fortificaciones y tomando buena nota, las aplicó en al alcazaba de Granada.

2. Baza cambia de bando. De nuevo aparece el castellano.

La ciudad de Baza tenía un caíd que había sido nombrado, en sustitución de su padre, por al-Muzaffar. Este caíd era chantajeado por todos los visires. Le exigían dinero, regalos y todo ello aprovechándose de la poca edad que tenía el emir Abd Allah. Dicho caíd no encontró otra forma de defenderse que echándose en brazos de Ibn Sumadih de Almería, que lo acogió con los brazos abiertos y se hizo cargo de la plaza, nadie le molestaría mientras durasen las hostilidades entre Abd Allah e Ibn-Abbad. Incluso llegó a apoderase, por sorpresa, del castillo de Siles. No pudiendo enfrentarse con él, el emir de Granada optó por el cambio. Le cambió la fortaleza de Siles por la de Sant Aflay, que el granadino había conquistado al almeriense anteriormente, y firmó una tregua, en espera de tiempos mejores.baza moneda

Como ya he dicho, Ibn Ammar, visir de al-Mutamid, le había pedido gran cantidad de dinero y favores al rey castellano incluyendo el alquiler de un ejército para la guerra contra Granada. Con lo que se encontraba empeñado con el mismo. Estos eran los motivos fundamentales por los que no dejaba en paz a su emir, Ibn-Abbad, y no había un instante en que no lo estuviera azuzando contra el emir granadino. Siempre que al-Mutamid intentaba aplacar la situación o que el granadino hacía llamadas para la paz o cuando surgía una tregua. Ibn Ammar no descansaba hasta que la había anulado o atizado la hoguera de la discordia.

De nuevo fue a visitar al rey Alfonso y otra vez le vendió lo fácil que era el asunto granadino. Haciendo un cuadro bastante negativo de su sultán. Le garantizó una fácil toma de Granada y la existencia de unos tesoros incontables, con lo cual se haría un reparto justo, Alfonso se quedaría con los tesoros y Abn Ammar se convertiría en el emir de Granada. Pero además de prometerle todo el oro que pudo, le entregó considerables cantidades de oro y le prometió que, además, le daría cincuenta mil meticales, añadidos a lo que pudiera llevarse de la ciudad.

Tales proposiciones excitaron la codicia del cristiano. “Es un negocio – se decía – en el que de todos modos he de sacar ventaja, incluso si no se toma la ciudad, porque ¿qué ganaré yo con quitársela a uno para entregársela a otro, sino dar a éste último refuerzos contra mí mismo? Cuantos más revoltosos haya y cuanta más rivalidad exista entre ellos, tanto mejor para mi.” (Cap V “Memorias” de Abd Allah).

3. Alfonso VI acude a Granada

De modo que optó por exprimir a ambas partes y enfrentarlos aún más. Pero no tenía planeado aumentar sus territorios: “Yo no soy de su religión – se decía echando sus cuentas – y todos me detestan. ¿Qué razón hay para que desee tomar Granada? Que se someta sin combatir es cosa imposible, y, si ha de ser por guerra, teniendo en cuenta aquellos de mis hombres que han de morir.. y el dinero que he de gastar, las pérdidas serán mucho mayores que lo que pudiera obtener, caso de ganarla. Por otra parte, si la ganase, no podría conservarla más que contando con la fidelidad de sus pobladores, que no habrían de prestármela, como tampoco sería hacedero que yo matase a todos los habitantes de la ciudad para poblarla con gentes de mi religión. Por consiguiente, no hay en absoluto otra línea de conducta que encizañar unos contra otros a los príncipes musulmanes y sacarles continuamente dinero, para que se queden sin recursos y se debiliten. Cuando a eso lleguemos, Granada, incapaz de resistir, se me entregará espontáneamente y se someterá de grado, como está pasando con Toledo, que, a causa de la miseria y desmigamiento de su población y de la huida de su rey se me viene a las manos sin el menor esfuerzo.(Cap V Ibid).

Yo sabía que tales eran sus propósitos, por lo que contaban sus ministros y por lo que me dijo Sisnando, con ocasión de este viaje: “Al-Andalus ha de ser de religión cristiana y de los reyes de Castilla y lo lograremos debilitando a las taifas y con el transcurso del tiempo, cuándo no tengáis dinero ni soldados, nos apoderaremos del país sin ningún esfuerzo.” Pero todos los príncipes musulmanes capeaban las circunstancias y venían correr los días, diciéndose: “De aquí a que se nos termine el dinero y que nuestros súbditos perezcan, como pretenden los cristianos, Dios nos hará salir del paso y vendrá en socorro de los musulmanes”.(Cap V Ibid).

La llegada de Alfonso en compañía de Ibn Ammar no gustó nada al sultán granadino “estaba seguro que el segundo no venía más que aspirando a sucederme en el reino, luego de haber obtenido de Alfonso lo estipulado.” (Cap V Ibid).

El rey castellano convocó al sultán granadino en el camino, para renovar el tratado y ponerse de acuerdo con él, para ver que hacer con los demás príncipes. El sultán no dudó ni un momento que su intención era otra muy distinta, más bien cumplir lo acordado con su enemigo.

Sus consejeros lo convencieron de que fuera a la entrevista, pues fuera o no fuera todo estaba perdido, y si no iba la ruptura estaba garantizada. Con lo que tenía que arriesgarse y salir al encuentro de Alfonso, pues si el resultado era la paz, los súbditos lo alabarían y el reino se consolidaría.

En consecuencia el sultán se preparó para el viaje. Fue acompañado de sus hombres de confianza y se rodeo de toda la solemnidad que pudo. Trató al castellano con el máximo respeto y esté se mostró risueño con el granadino, lo trato con benevolencia y le prometió que lo defendería con el mismo empeño con que defendía sus tierras.

Tras el saludo, comenzaron las negociaciones. Ambos bandos usaron embajadores. El castellano le dijo: “Llevo lentamente este asunto y no apresuro mi partida, para saber cuáles son tus intenciones. Si me tratas bien y ves el modo de complacerme, me iré de buena manera; pero, si no, aquí me tienes con mis aliados.”(Cap V Ibid).

Después de esta gracioso saludo le pidió 50.000 meticales. El granadino se quejó de los recursos limitados de su territorio, que la cantidad era muy grande para sus recursos, y que si la pagaba no le quedaría nada. No sin gran esfuerzo acepto el castellano una rebaja de la cantidad fijada , que sería de justo la mitad, 25.000 mesticales. El granadino, para intentar calmar al castellano le regaló gran cantidad de tapices, telas y vasos, pero visto el gesto de desprecio de Alfonso por las telas, le pagó 30.000 mesticales para  calmarlo. Con esto el castellano se sintió agradecido y, de buen talante, y le dijo a Ibn Ammar “Me mentiste al hablar de la debilidad de Granada y de que su señor, a causa de su juventud, es hombre de poco juicio. Todo lo que he visto de la organización y la riqueza de la ciudad casa mal con tus palabras.(Cap V Ibid).

Pantallazo-6Ante la insistencia de Ibn Amar, el granadino cambió Qal at Astali (Alcalá la Real) por Estepa. Y como consecuencia del cambio también entró en la conversación Qastro y Martos, castillos que son las llaves de Jaén, la posesión de dicha ciudad carece de sentido sin estas fortalezas. Ibn Ammar quería Martos, que era del granadino, incluso se ofreció a comprársela al castellano. Este, siempre ávido de dinero obligó al granadino a cedérsela, a cambio del mismo, le ofreció a-Matmar, castillo en la frontera de los dominios de Alfonso con Granada. Dicho castillo estaba en poder de Ibn Di-l-Nun. El sultán granadino aceptó para a posteriori impugnarlo. Pero no le sirvió de nada. Era, una vez más, la imposición del fuerte sobre el débil.

Habiendo llegado a estos acuerdos, el rey castellano decidió y aseguró que ningún príncipe musulmán habría de agredir a su vecino. Y consignó lo que cada uno tenía que pagarle anualmente como tributo, en el caso del granadino eran 10.000 mesticales. Al despedirse del granadino, Alfonso añadió “Ibn Ammar hubiera querido que te tratase de mala fe; pero Dios me libre de que se diga por el mundo que un hombre como yo, grande entre los cristianos, haya venido a ti, que eres grande en tu religión, para luego traicionarte. Quédate, pues, en la seguridad de que no te obligaré a otra cosa que al tributo, que habrás de mandarme todos los años, sin ninguna dilación, pues, caso de retratarse, te enviaré mi embajador a reclamártelo, y esto te obligará a nuevos gastos. Date, pues, prisa en pagarlo.” (Cap V Ibid).

Yo acepté cuanto dijo, pensando en quedar a cubierto de su maldad, aunque fuese pagando diez mil meticales por año, era mejor que el que perecieran los musulmanes y quedara asolado el país, puesto que no podía hacerle frente ni medirme con él, y tampoco encontraba entre los príncipes de al-Andalus quien me ayudase contra él, sino, al revés, quien le impulsaba a venir a mí para perderme.” (Cap V Ibid).

4. Toma de Toledo

Ibn Di-l-Nun tomó Córdoba, que era el sueño de su vida, cuando se supo, todos los soberanos andaluces se echaron a temblar. Pero, afortunadamente para ellos, falleció poco después de la toma. !Así ocurre con todas las cosas, que decrecen luego de llegadas a la perfección¡(Cap V Ibid). Se supone que los astrólogos le habían predicho que, cuanto tomara Córdoba, acabarían sus días, puesto que todo lo que llega a su apogeo comienza a declinar.220px-Puerta_arabe_Medinaceli

Su sucesor y nieto fue destronado, ya que se habían sublevado contra él los súbditos, se refugió en la corte castellana. Alfonso le hizo una falsa restitución de Toledo, pues la invadió en su nombre, pero le puso unos tributos tan terribles que al final abandonó Toledo, trasladándose a Valencia, por invitación expresa del rey castellano, con toda su familia y riquezas, a excepción del oro y la plata.

Ibn Ammar, ya conocido por nosotros como personaje bastante liante. Convenció a su señor al-Mutamid de que conquistara Murcia, lo cual le acarreó no pocas fatigas y bastantes gastos. En esta campaña cayó prisionero el hijo de al-Mutamid. Ibn Ammar lió la cosa todo lo que pudo y se gastó mucho dinero y, al final, logró su objetivo. Que fue nombrarse señor de dicha ciudad. Su conducta en la ciudad fue un desastre, al ser altanero con las gentes y con una vida licenciosa, esto le llevó a perder el afecto de los habitantes. A Mutamid lo tenía totalmente engañado, pues fingía sumisión y supeditación al mismo, llegó a satirizarlo en público. Fue bajo y ruin. (Cap V Ibid).

El descontento creció en la ciudad, y aprovechando un viaje que hizo a Toledo, para encizañar todo lo que pudiera entre el castellano Alfonso y Ibn Di-l-Nun, fue derrocado por Ibn Rasiq, que ya llevaba un tiempo preparándose el camino. El comportamiento de Ibn Ammar fue bastante descriptivo de su carácter.

Nada más llegar, intentó convencer a los toledanos que rompieran su sometimiento al castellano, que lo había tomado en nombre de Ibn Di-l-Nun. Como esto no le salió y acababa de volver Ibn Di-l-Nun a su antigua capital, intentó acabar con él. Organizó una revuelta, pero enterado un nieto de Di-l-Nun, la sofocó sin mucho problema. Como consecuencia de la misma, se tuvo que ir, y se refugio en Zaragoza, en dicha ciudad consiguió que el señor de la misma lo nombrara embajador entre los Catalanes (Ifrany).

Ibn Hud (señor de Zaragoza) esperaba con este nombramiento contentar a Ibn Ammar, al que consideraba un elemento útil, leal e inteligente. Ya que se adjudicaba todos los hechos de al-Mutamid. Ibn Ammar, para demostrar al zaragozano su capacidad, le convenció de la toma de Segura, que pertenecía a su antiguo señor y estaba gobernada por un antiguo esclavo. Se puso en contacto con el mismo, e intentó convencerlo para que se pasara al aragonés. Esté invitó a Ibn Ammar a la ciudad y una vez en ella, lo empaquetó y lo envió a al-Mutamid, el cual, según Dozy, le hizo dar una muerte espantosa.

5. Paz entre Granada y Sevillatorre del oro

Apenas al-Mutamid tuvo claro que Ibn Ammar le traicionaba, y perdió toda su influencia, su relación con los vecinos cambio totalmente. Fue desaparecer el individuo y con él se fueron las discordias que habían existido entre Granada y Sevilla. Al poco de desaparecer, ambos emires firmaron un nuevo pacto de total conformidad para ambos, se intercambiaron algunas ciudades, y no entraron en las más delicadas para no romper aquella nueva relación. Con la firma del mismo se estabilizo la situación exterior, de no ser por la amenaza cristiana, la paz hubiera sido plena. Pero redundó en los acuerdos que firmaron de mutua ayuda y asesoramiento.

Aunque este libro mío está exclusivamente dedicado a describir, de modo especial, nuestro reino, la verdad es que las cosas se enredan, y a veces no hay más remedio que hacer digresiones, cuando resulta necesario hacerlas, o traer a cuento un refrán que adorne el discurso, o fundamentar un argumento, o dar vueltas en torno a la verdad por medio de perífrasis.(Cap V Ibid).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s