6.- El siglo XI en primera persona (Adaptación).

VI. Venida de los Almorávides a España y campañas de Sagrajas y Aledo.

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1. Antecedentes de la intervención de los Almorávides

La caída de Toledo en manos de los castellanos llenó de estupor a al-Andalus. El rey castellano había debilitado a dicha taifa a golpe de tributos, y cuando la tenía totalmente estrangulada, calló en sus manos. Sin lucha, sin necesidad de tomar fortalezas o arrasar ciudades. Esto sobrecogió al resto de al Andalus, pues muchas de las taifas eran tributarias del castellano, y el camino emprendido por este, estaba claro. La presión comenzó con Almutamid, le exigió la entrega de ciertas fortalezas, este, lleno de terror no vio ota salida que solicitar la ayuda de los Almorávides. Pensaba que estos se estrellarían contra los castellanos, se destrozarían mutuamente, lo cual repercutiría en su tranquilidad.

Ya anteriormente el sultán de Málaga, había solicitado la ayuda de los Almorávides en su lucha contra su hermano, el sultán de Granada. Pero estos no habían acudido. Parecía que el Emir de los Musulmanes esperaba otra ocasión más oportuna.

2. Embajada andaluza a Marruecos

Siege_of_AledoCon anterioridad a que se le complicara la situación, al-Mutamid había enviado embajadores a Marruecos solicitando la ayuda del Emir de los Creyentes, animándole a ocupar Ceuta y a esperar que él evacuara Algeciras para que en ella se ubicaran los Almorávides. Este punto les resultó sospechoso a los asesores del Emir y pensaron en una celada, con lo que le aconsejaron que tomara Algeciras sin más. En cuanto se fueron los embajadores de al-Mutamid, el Emir envió a una tropa de caballería tras sus pasos que desembarcaron en las Atarazanas. En días sucesivos fueron llegando más tropas. Hasta que todo el ejército Almorávide se concentró en los alrededores de Algeciras al mando de Dawud ibn Aisa. Este envío un mensaje al gobernador de la plaza al-Radi, hijo de Al-Mutamid: “Nos prometisteis Algeciras. Nosotros no hemos venido para apoderarnos del territorio de nadie ni para hacer daño a ningún príncipe, sino para hacer la guerra santa. Por tanto, o evacúas la plaza hoy mismo, desde ahora al mediodía, o si no, mira lo que puedes hacer y hazlo”.(Cap VII Ibid)

Mientras tanto, el Emir de los musulmanes le dirigió a Ibn Abbad con el siguiente mensaje: “Te perdono el aprovisionamiento de mis galeras y el envío de víveres para mis soldados, que me habías prometido.”(Cap VII Ibid).

Almutamid no tuvo más remedio que pedir a su hijo que evacuara la plaza a favor de los Almorávides. El Emir se presentó en Algeciras, la inspeccionó y regresó a Ceuta, ordenando a Dawud que se encaminara a Sevilla, de modo que todo el ejército se dirigió a dicha ciudad.

El acuerdo firmado con el Emir, en el cual también participaba Ibn Abbad estipulaba que todos unirían sus fuerzas para realizar la campaña contra los cristianos, y que los Almorávides no hostigarían a ninguno de los príncipes andaluces, ni tampoco prestarían oídos a los súbditos respectivos que quisieran sembrar cizaña.

3. Concentración de la alianza y comienzo de la guerra

Una vez instalado en Sevilla el Emir, lo primero que hizo fue mandar recado a todos los soberanos para que se presentaran. Ibn Sumadih se negó, quería esperar acontecimientos. Puso como excusa su edad, y mandó a su hijo en su representación. El de Granada se apresuró a obedecer la orden, presentándose con todos los hombres y dinero que pudo.

Pensaba al granadino que la llegada del Emir de los creyentes era un beneficio divino. Opinaba que los Almorávides eran “gente de bien, que venían para asegurarse el paraíso en la otra vida, y que eran justos en sus sentencias.”.. “Era maravilloso en aquella expedición ver el acuerdo de nuestras intenciones.. y la pureza de nuestros sentimientos, como si todos nuestros corazones se hubieran unido para tender a un solo fin”.(Cap VII Ibid).

El encuentro de Ibn Abbad con el Emir fue en Jerez de los Caballeros, camino de Badajoz, allí se encontró también con el sultán de Badajoz al-Mutawakkil ibn al-Aftas.

En cuanto el rey castellano tuvo informes de la venida del ejército musulmán, juntó al suyo y se encaminó a su encuentro. Los musulmanes le esperaron cerca de Badajoz, así en caso de derrota, tenían las murallas como punto defensivo. Y en caso de derrota de los castellanos, estos tenían la retirada bastante difícil.

Alfonso mandó un mensaje al Emir, que decía: “Aquí me tienes, que he venido para encontrarme contigo, y tú, en cambio, te estás quedo y te escondes en las cercanías de la ciudad.” (Cap VII Ibid). El Emir se vio en la obligación de adelantar el ejército. De modo que ambos campamentos se montaron a una distancia de 3 millas.

No hubo concertación de fecha u horario para la batalla y los castellanos atacaron por sorpresa, esto, en un principio pareció beneficiar a los atacantes, pero, el camino recorrido y la energía inicial del ataque fue en su contra, pues cuando los musulmanes reaccionaron al ataque, los castellanos se encontraban cansados, con lo cual cundió el pánico entre los atacantes y se dieron a la huida, lo cual dio ocasión a que fueran perseguidos por los musulmanes. Una vez terminada la batalla, el Emir volvió a Sevilla.

4. Primeras desavenencias. Asedio de Aledo.

muralla-almohadeTras la batalla hubo un consejo en el participaron todos los soberanos de al-Andalus junto al Emir, este les prescribió que obraran de común acuerdo y de manera amistosa, y no estuvieran desunidos, pues esa era su debilidad y la aprovechaban los cristianos. Todos estuvieron de acuerdo con el Emir.

Tras este compromiso general, el príncipe de Málaga, hermano del granadino, lo acusó ante el Emir de hostilidad, este le preguntó si había hablando con su hermano sobre el asunto. Al responder negativamente, el Emir le dijo que no podía intervenir sin el consentimiento de Ibn Allah. Esto obligó al granadino a intervenir, pues tenía que dar las gracias al Emir y exponer su posición y punto de vista sobre el problema. Explicó que había sido voluntad del abuelo de ambos, fundador del principado, que Málaga fuera vasalla de Granada. El que había desechado la voluntad de sayj, el abuelo, había sido el malagueño. E ibn Allah, lo único que había intentando en varias ocasiones había sido restablecer la situación, tal como la había dejado el abuelo. Tras la intervención del granadino, el Emir no dijo nada, y el resto de la audiencia permaneció en silencio. El asunto quedó de esa manera.

El Emir volvió a Marruecos y todos los sultanes allí reunidos volvieron a sus respectivas tierras. Estaba claro que el Emir había visto con claridad la desunión que existía entre los príncipes de Al-Andalus.

Tras estos acontecimientos, a pesar de nuestras desavenencias, nos sentimos fuertes y confiados, mientras que los cristianos se sentían totalmente derrotados(Cap VII Ibid).

Es en esta situación cuando al-Mutamid ibn Abbad, con el intento de compensar a su hijo por el pérdida de Algeciras, quiso darle el Gobierno de Murcia. Para lo cual se dirigió al Emir de los musulmanes, cruzó el mar y se entrevistó con él en persona. Le explicó el asunto de Murcia y la importancia de tomar la ciudad de Aledo, fortaleza cristiana que se encontraba en pleno corazón del país musulmán, con lo cual era prioritaria su toma. Logró alcanzar un acuerdo con el Emir, en virtud del cual este vendría en persona a al-Andalus con sus tropas y se juntaría a las de los sultanes andaluces, para tomar la plaza.

Todos los emires de al-Andalus recibieron instrucciones y órdenes escritas del Emir para que se unieran a la campaña. Así lo hicieron y se fueron incorporando al ejército a medida que se pasaba por el respectivo territorio. Sitiaron la fortaleza. Cada soberano participaba en la campaña de acuerdo con sus posibilidades. El castillo se había llenado con todos los cristianos de la comarca y habían tomado todas las disposiciones que pudieron para su defensa, en espera de la llegada de Alfonso con su ejército.

Los musulmanes no cejaron en sus ataques y utilizaron todos los medios técnicos que disponían, construyeron plataformas para emplazar almajaneques y ballestas. Atacaron todos los puntos considerados más débiles.

“Ibn Sumadih vino incluso con un “elefante” (de madera), aparato insólito que quedó instalado, y que incendió un tizón enemigo lanzado desde la plaza. Sin embargo, todo resultó inútil, y los musulmanes no pudieron aprovechar ninguna oportunidad favorable, a causa de desacuerdo en que estaban…(Cap VII Ibid).

5. Campamento de Aledo: conflicto internos y levantamiento del sitio.

Al encontrarse todos los sultanes de al-Andalus reunidos en tan pequeño lugar, y en una situación tan conflictiva hizo que salieran todos los odios y resentimientos que se tenían los unos a los otros. Como si estos conflictos no fueran suficiente, sucedía lo mismo con los respectivos súbditos, pues parecía que se había establecido una feroz competencia entre unos y otros. Para elaborar las quejas, los ofendidos acudían a los alfaquíes, a los que tomaban como mediadores en los conflictos. El que tuvo más éxito de público fue Ibn al-Qualy, convirtiéndose su tienda en un constante ir y venir de gentes.

1024px-Aledo_18Entonces se plantea entre los súbditos de los sultanes una rebelión contra el pago de las contribuciones feudales. Justo en el momento en que hay que mantener a un ejército anual; así como pagar a los Almorávides su soldada. Esto sin olvidar los continuos regalos que había que efectuar a los distintos jefes Almorávides, que de no hacerse, complicaban mucho la situación.

Durante todo este tiempo, el sultán granadino recibió tantas protestas de sus ciudadanos como el resto de los sultanes. Este intentó negarse a cualquier tipo de negociación o acuerdo con los mismos. El citado Ibn al-Qualy encauzó la protesta de los granadinos y les indicaba cómo y cuando actuar. Con lo que dieron comienzo a negativas a pagar impuestos y esto llevaba a que el emir granadino no encontraba la forma de mantener su ejército.

El clima en el campo sitiador llegó a ser muy confuso, caótico y agresivo.

En medio de toda esta confusión apareció Ibn Rasiq. Pretendía anular el acuerdo del Emir con Ibn Abbad, para lo cual no dudó en dar todo el dinero que pudo a los Almorávides y puso toda su confianza en el emir Sir. Para contrarrestar esta acción Ibn Abbad confió en Garur, con lo que también le entregó grandes sumas. Pero como Ibn Rasiq había dado más dinero, a este le correspondió el amán. Este, lleno de satisfacción con el resultado obtenido, trataba con altanería a Ibn Abbad, y mostraba claramente su rebeldía, llegando al punto de disponer que la jutba se pronunciase en Murcia a nombre del Emir de los musulmanes, y no al de Ibn Abbad.

Todo esto irritó mucho a al-Mutamid, que consultó con los alfaquíes y recibió el máximo apoyo del, ya citado, Ibn-al-Qulay, relacionando el caso con el de Ibn Abbad, le decía a al-Mutamid: “Ya verá Ibn Rasiq lo que se le va a venir encima, puesto que se me ha consultado sobre su caso. Y si los alfaquíes nos reunimos en consejo para juzgar a otros príncipes, haríamos con ellos otro tanto.”(Cap VII Ibid)

Palabras que irritaban al granadino. Pero nada podía hacer, pues no se atrevía a presentar una queja ante el Emir, ya que este se enorgullecía de tratar bien a los ulemas.

Finalmente el Emir intentó alcanzar un acuerdo entre las partes. Ya que le interesaba contemporizar con Ibn Abbad, por lo que reprochó con violencia a Ibn Rasiq la actitud pública que mostraba, de rebelión, y le dijo: “No había ninguna necesidad de que abrazaras mi partido para alzarte contra tu soberano, atizando odios entre él y yo.” (Cap VII Ibid).

El Sultán sabía, como todos en el campamento, que Ibn Rasiq avituallaba a los sitiados, tanto en comida como de todo lo necesario para sobrevivir al cerco. Pues creía que mientras los cristianos tuvieran en el castillo, él podría mantenerse en Murcia.

Al-Mutamid pidió a los alfaquíes dictamen sobre todo este tema. Se basaba en que Ibn Rasiq se había rebelado contra él después de haberle jurado fidelidad. Reunidas todas las pruebas contra Ibn Rasiq, se celebró una junta de alfaquíes y estos dictaminaron que el rebelde debía de ser expulsado de la comunidad musulmana y entregado a su sultán. Recurrió Rasiq ante el Emir, pero éste le respondió: “Si tu falta hubiera sido en contra mía, yo te la perdonaría, pero yo no puedo oponerme a la aplicación de los preceptos de la Zuna”. (Cap VII Ibid).

Mandó su detención y entrega a al-Mutamid, que lo cargo de hierros, lo sometió a las mayores afrentas y ordenó a su hijo al-Radi que lo guardara en su campamento. Así desapareció y no volvió a aparecer. Pero cuando el Emir mandó mensajes a Murcia ordenando que se sometieran a su antiguo señor, los murcianos se negaron a ello, Pusieron la ciudad en pie de defensa y no recibieron a los enviados. La situación llegó a un callejón sin salida.

1024px-Castillo_de_AledoCon el cerco sin solución y las disensiones internas de los sitiados, cuando parecía que la cosa no podía empeorar, llegó la noticia de que Alfonso se dirigía a Aledo. Esto produjo una desmoralización total en el ejército. Con lo que el Emir pensó que lo mejor era desistir del asedio y retirarse. Pues se juntaba el cansancio de los sitiadores, la llegada de un fuerte ejército enemigo y la sublevación de Murcia, que no paraba de enviar mensajeros a los cristianos.

En este momento estalla un conflicto entre Al-Mutamid de Sevilla y Al-Mutasin de Almería, a propósito de unos castillos del “distrito de la Sierra” (nazar al-yabal) y el de Sorbas y recurrieron al Emir, pero no hubo acuerdo.

El príncipe de Málaga volvió a presentar al Emir sus quejas contra su hermano por los mismos territorios de los que ya había presentando queja en la campaña de Badajoz. Pero el Emir no le presto atención, ya que le interesaba más la amistad del sultán de Granada que el de Málaga.

De nuevo los ejércitos con sus respectivos sultanes volvieron a sus taifas, nada se había solucionado y todo se había complicado.

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