9.- El siglo XI en primera persona (Adaptación).

IX Nuevo paso a España de Yúsuf ibn Tasufin y ruptura de hostilidades con Abd Allah.

1. Nueva llegada de Yusuf ibn Tasufin.

cp9_105521El Emir se reunió en Córdoba con al-Mutamid y le preguntó sobre los rumores que corrían de los supuestos tratos el sultán granadino con los crisitanos, al-Mutamid, que estaba muy disgustado con este, lo confirmó. A continuación el Emir envió una carta a Abd Allah que decía: “Ven a mi encuentro sin retrasarte ni un instante.” (Cap X Ibid)

Como es de imaginar el mensaje llenó de incertidumbre al granadino. Su primea idea fue no acudir, y mandó un mensaje excusándose por medio de dos embajadores, uno de ellos su cuñado. Apenas hubieron llegados ante la presencia del Emir, este ordenó su detención, dejando que regresaran a Granada algunos de los jinetes que les habían acompañados, pero aún así volvieron apaleados y lastimados. Llevaban el mensaje de que el Emir no soltaría a los embajadores hasta que el granadino no liberara a Muammad y los suyos.

Al mismo tiempo, el Emir envió emisarios a Lucena y a todos los castillos de la parte occidental, el mensaje decía: “A continuación os digo que ya “ya vino de verdad y se disipa el error, porque el error está destinado a disiparse”… Por tanto, si no os sometéis a mi “preparaos a la guerra de parte de Dios y de Su Enviado”.”  Cuando el mensaje llegaba a  un castillo, este se pasaba al Emir y expulsaban al Caid que los mandaba. De esa manera se fueron pasando uno a uno.

El sultán, una vez más, no sabía qué hacer: “no puedo contar para nada con los habitantes de Granada; pero, si me traicionan y rechazan mi autoridad, ¿con quién mantener mi capital? No Hay entre los granadinos quien sea de distinta casta que las gentes de los castillos, y “no hay tienda de campaña que se tenga de pie sin estacas”. (Cap X Ibid)

Sabía que no tenía ninguna puerta a la que llamar pidiendo ayuda. Los musulmanes estaban de parte del Emir y si recurría a los cristianos, era segura la sublevación de los granadinos. Se encontraba entre la espada y la pared.

Al mismo tiempo que las ciudades y castillos se iban pasando al Emir, mandó un ejercito a la misma ciudad. Este se aposentó en las afueras de la ciudad y mandaron mensajeros al sultán solicitando víveres y piensos para los caballos, a lo que Abd Allah accedió, no tenía otra posibilidad. El sultán envió unos alfaquíes con dinero al Emir con un mensaje de amistad, le llamaba padre y se sometía a su mandato. En respuesta, por medio de otro alfaquí, le mandó el siguiente mensaje: “!Nada de sumisión ni de paz, mientras tú no te presentes ante él¡ Aquí tienes el amán que te concede en documentos firmados de su puño y letra, el cual te garantiza la seguridad de tu persona y de tu familia; pero no la de tus bienes.”(Cap IX Ibid) Terminaba diciendo: “Y, si te repugna salir a presentarte delante de mí, elige entre tus estados un lugar en que vivir, con tal que no sea Granada, y eso en el plazo más breve posible, para que podamos disponer de la ciudad cuanto antes.”(Cap IX Ibid)

Tras mucho pensarlo, decidió ir y presentarse ante el Emir, no tenía otra solución. En Granada se estaba produciendo un cambio en la actitud de los ciudadanos:

– Los soldados bereberes del ejército regular estaban contentos con la intervención de los Almorávides, hasta enviaron mensajes de sumisión, a los que respondió el Emir con promesa de respetar sus cargos y lugares: “Que los que viven en la ciudad alta – les respondía – se trasladen a la baja con sus familias y bienes. Así, el rey se quedará solo y preparado en cualquier caso a pasarlo mal, lo mismo si se decide a rebelarse, que si se entrega a mi y renuncia a sus derechos en favor mío.”(Cap IX Ibid).

– Los comerciantes y el resto de la población, que nada tenían que ver en dicho debate, estaban preparados a aplaudir al que ganara. Eran gentes que no podían hacer la guerra y no tenían nada de soldados. Muchos habían abandonado la ciudad, pues no querían sufrir la posibilidad de una asedio. Los súbditos estaban cansados de los sobre impuestos y “ávidos de libertad y de no verse sujetos a otras contribuciones que no fueran el azaque y el diezmo”.Cap IX Ibid)

– Los infantes de la milicia magribí, base de la defensa de la capital y soporte principal del sultán, fueron los primeros en pasarse a los Almorávides.

– Los mercenarios esclavos y los esclavos blancos, compitieron con los infantes magrebies en ser los primeros en pasarse a los almorávides, cosa que también sucedió con las esclavas y eunucos del harén.

No hay que olvidar que Ya’far y Labib los eunucos, eran de los jefes de la intriga. “En resumen, por todas partes se estaba de acuerdo en contra mía.(Cap IX Ibid)

2. Abd Allan se rinde

cp9_105558Con el ejército del Emir acampando a las puertas de Granada, sus ciudadanos más influyentes se fueron trasladando desde la capital al campo, dejando el sultán abandonado a su suerte. Cuando llegó el Emir y avanzó hacia las puertas de la ciudad en vanguardia de su ejército, el pánico cundió por la misma. Los consejeros “aconsejaron” al sultán que se entregara, así el Emir podría comprobar su inocencia y buena voluntad. Quedando abiertas dos alternativas, o le devolvía sus estados, o los expulsaba de los mismos. Abd Allah había sopesado con mucho cuidado la posibilidad de pedir ayuda al cristiano, pero no parecía ser una buena solución, simplemente era dar vueltas y vueltas, como un asno en una noria.

Cuando se entregó al Emir, este mostró su satisfacción y le garantizó el amán para él y toda su familia. Luego encargó a Garur que lo vigilase hasta que aclarara todo lo que había sucedido.

Al ir a rendirse, había tenido cuidado en dejar los asuntos del alcázar. Se sentía muy tranquilo por lo que pudiera pasar en el mismo, pueslas gentes estaban entre desesperanzadas y ansiosas de mi retorno, y nadie se podría atrever a apropiarse nada de lo que había en mis habitaciones privadas.” (Cap IX Ibid)

Pero quedó en una tienda del campamento almohade vigilado por Garur, con la orden de expulsar a todos los que quisieran entrar o salir, lo separaron de sus esclavos, que fueron interrogados. En nombre del Emir le visitó un alfaquí, Ibn Sa’dun, que le dijo: “Presenta tus riquezas y los inventarios que las consignan, porque Mu’ammal ha informado al Emir de que no posees un solo dirhem que no esté consignado y apuntado en un registro.”(Cap IX Ibid)

Él respondió de forma afirmativa a la pregunta y aclaró que que los papeles habían quedado en sus habitaciones privadas del alcázar. Se ofreció a ir a por ellos, o en su lugar su madre.

Ya que temiendo verse encarcelado al entregarse, se había llevado a su madre con él. Según nos cuenta, estaba muy abrumado por todo lo sucedido, lo cual le impidió tomar otras medidas en su defensa.

No me dejaron ninguna de mis esclavas, sino que las separaron de mí y las registraron para ver si escondían algo en sus cinturones. Garur llegó a decirnos a mi madre y a mí: “Desnudaos delante de mí, porque el sultán sabe que ocultáis las mejores perlas entre vuestras ropas.” Aunque protestamos de nuestra inocencia ante esta acusación, yo tuve que desnudarme ante él. Además, vació la lana de los almohadones, buscando entre ella; volcó los cofres boca abajo, desdobló todos los vestidos en pesquisa jamás conocida, y hasta mandó cavar el suelo sobre el que se alzaba la tienda, por miedo de que hubiéramos enterrado en él alguna cosa. Y, entretanto, me decía: “Si salvas la pelleja,no habrá en toda la tierra nadie más afortunado que tú.” (Cap IX Ibid)

Según nos cuenta, le quitaron todo lo que llevaba encima, incluidas las joyas que llevaba de regalo para el Emir, durante todo el tiempo, estuvo pensando que luego vendría la ejecución. Y se llevaron a la madre al alcázar, para que les indicara donde estaban los tesoros, dicha separación duró varios días, en los cuales se supone que saquearon todo, lo grande y lo chico. Una vez estuvieron seguros que no le quedaba nada, ni en Granada, ni en la tienda, le requirieron para que dijera a quién le había dejado en depósito dinero. Acto que negó. La madre si había escondido y dejado joyas y dinero den depósitos de gentes de su confianza, ante el requerimiento del hijo, le hizo un listado completo, que se las entregó a Garur.. Parece ser que era tal la miseria y codicia de dicho individuo, que con el inventario del palacio de Almuñecar, bastante miserable, se largó para allá para ver que podía llevarse.

3. Destierro

cp9_105643Una vez comprobado por última vez que no tenían nada, solo lo absolutamente indispensable, les dio 300 dinares y tres esclavas que se incorporarían por el camino, y les dio orden de salir hacia Algeciras, donde esperarían al Emir, hicieron el camino escoltados por almorávides.

Abd Allan pensó que durante el camino, la escolta que llevaba, se encargaría de matarlo. Entre miedo y miedo llegaron a Algeciras, allí se encontraron con la orden de que tenían que ir a Ceuta, una vez llegada a la misma, lo llevaron a Miknasa de los Olivos. Allí se alargó la espera mucho tiempo, hasta el punto de que agotó todo el dinero que llevaba y tuvieron que vender vestidos para poder comer. Así continuaron hasta que el Sultán supo de su situación, y mandó el envío de 300 dinares, quien le escribió una carta, en la que le prometía mejor trato. “Mientras viva, no me olvidaré de ti.” (Cap IX Ibid). Frase que le llenó de contento. También le comunicó que cuando volviera a Marrukus, le acompañaría donde quiera que fuese, como prueba de preferencia y de honor que le daba.

4. Destronamiento y destierro del rey de Málaga

cp9_110004A lo largo del viaje le llegó noticias de que su hermano también había sido detenido y encarcelado. Parece que fue Garur el que intrigó al máximo para que también lo depusieran, pues temía que quisiera vengar a su hermano. Este había gozado de la estima y confianza del Emir, y creía estar a salvo, pero un buen día Garur lo detuvo de improviso, para que no tuviera tiempo de ocultar nada. Lo saquearon todo, vendieron lo que no le interesaba, lo cargaron de cadenas y lo enviaron a Sus. Abd Allan lo vió a su paso por Miknasa “Lo encontré muy decaído, no sólo por la pesadez de los grillos, que no le consentían moverse, sino también por las sospechas de que había sido, pues los habitantes de Málaga, al verlo así, le acusaron de acciones criminales y de haberles infligido malos tratos, a lo que decían. Todo coincidió, pues, a gusto del Emir, que no se decidió a prenderlo sino con testimonios de culpabilidad.(Cap IX Ibid)

En sus quedó confinado y a cargo del gobernador de Sus, pero el trato mejoró.

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