11.- El siglo XI en primera persona (Adaptación). FIN

Termino la adaptación de dicho libro con un resumen, un tanto confuso, de la Introducción, hecha por  E. Levi-Provençal y Emilio García Gómez. Con esto, ya está todo dicho.

Introducción

No ha habido muchos destinos en la Historia tan extraños como el de “Abd Allah”, el último zirí granadino. Era un príncipe incapaz, criado en el serrallo y al que encaramaron, todavía muy mozo, a un trono bamboleante, para recoger una herencia política confusa y hacerlo soberano de un Estado de indecisas fronteras. La población de este Estado no podía ser más abigarrada: andaluces, árabes y muladíes; beréberes, tanto Sinhaya, que eran de su misma tribu, como Zanata, o sea, los del clan adverso; muchos mozárabes; judíos en gran número. El reyezuelo, grotesco y vacilante, iba a sufrir la estrecha tutela de su madre y a vivir en perpetua tirantez con su hermano mayor, el principillo de Málaga, a quien de buena o de mala gana, había tenido que entregar, al subir al trono, una parte de los estados del sultán difunto.

CAM00259… Era un fantoche siempre alerta, luchando sin tregua… por escapar entre las apretadas mallas de las mil redes de intriga que se tejían en su propio palacio; un tiranuelo impopular…

No era menos extraña la corte de que se rodeaba el sultán granadino…. mezcolanza, tanto visires y señores bereberes… como eunucos eslavos y alfaquíes andaluces… Sus mismas mujeres, para remate, metían su cucharada en todos los negocios turbios.

Este castillo de naipes, este microcosmos podrido, se hallaba condenado a caer por tierra al primer soplo un poco recio. La ola puritana que venía del Marruecos almorávid, al romper en España ….. lo barrió sin esfuerzo, como tanteo preliminar para su inmediata labor de ir derribando uno por uno los apuntalados edificios que formaban la disminuida herencia del Califato de Córdoba. … zirí granadino … tendrá que expatriarse … si bien Abd Allah no hubo de sufrir, como Boabdil, los reproches de la suya, ni dejó escapar – que sepamos al menos – ningún último “suspiro del Moro”.

Aturdido por los imprevistos sucesos … el destronado monarca … lejos de sus perdidos estados… bajo la protección de quien lo ha derribado.. acabará por conformarse pronto con su nueva y mediocre condición. Desde luego no va a usar su tiempo como Mutamid – aunque, por otra parte, está a mil leguas de poder hacerlo – en componer largos y patéticos poemas con que llorar su infortunio y las mudanzas de la suerte. Pero, poco a poco, en la tranquilidad recobrada y en la casi certidumbre de un futuro apacible y sin sobresaltos, irá precisándose en su pensamiento la necesidad de reaccionar contra la opinión de sus contemporáneos, que hasta entonces lo han tenido por un mentecato y un traidor al Islam, que sólo a la magnanimidad del vencedor del momento debe el haber podido escapar a la última pena….

A esta razón psicológica obedece, sin duda, el hecho de que, al cabo de algunos años de destierro, con la cabeza un tantico más turbia, pero siempre con esa mezcla de candidez y de truhanería que hacen de él un personaje tan curioso, se resuelva a escribir sus “memorias”, como una alegato, más que nada, en pro de su causa, como una intentona de disculparse frente a sus émulos y ante la posterioridad….sin olvidar .. los respetos y los halagos al monarca almorávid, que sigue siendo arbitro de su destino.

….. a no dudarlo, constituye, con mucho, en el terreno de las historias por tan estrecho modo unidas de la España musulmana y cristiana del siglo XI, el documento más completo y más lleno de vida de que disponemos hasta ahora.

En bastantes parajes insiste en que es un “memorial”, en el cual él será centro y eje. Nos da a conocer los datos previos de la dinastía para una mejor comprensión del lector de todo lo sucedido. Ampliándose cuando llega a su abuelo, que es su predecesor, con lo cual no deja de poder usar sus propios recuerdos o los de la camarilla en la que se crió. No deja de ser una amplia introducción a su reinado. Él es el personaje central de la historia.

Parece que este tipo de memorias tuvo su implantación en el occidente musulmán en la Edad Media, así nos podemos encontrar, siglos después, con las autobiografías Ibn-al-Jatib o Ibn-Jalún. Pero no deja de ser único el caso de Abd Allah, al ser un príncipe musulmán de Occidente, destronado, y narra por si mismo su propio reinado, tras haber hablado de los de sus predecesores, proporcionando una fuente histórica de primerísimo orden, a pesar de todo.

… No es imposible que el manuscrito de al-Qarawiyyín, utilizado por nosotros, sea el mismo exactamente que Ibn al-Jatib se trajo de ese viaje a Agmat, a donde fue, como él mismo dice, el año 761=1359-60, a visitar la tumba del rey poeta Mutamid de Sevilla. En efecto, cuando el visir granadino fue más tarde asesinado en Fez, dicho manuscrito pudo ser confiscado con los restantes libros del difunto y venir a parar, por orden del príncipe mariní de la época, a la biblioteca que en la Mezquita mayor había fundado el sultán Abu Inán a mediados del siglo XIV. … el manuscrito no sea con exactitud, el “original”, sí podría ser una copia en limpio del mismo y con él colacionada, ya que en ocasiones se lee en sus márgenes la indicación sahha o aslun,como confirmación de una grafía dudosa o de la adición de un miembro de frase omitido en el texto…..

CAM00251Los grandes protagonistas de la historia española a fines del siglo XI son dos, quiéralo o no Abd Allah: Yusuf ibn Tasufin y Alfonso VI…. desarrolló un complicado juego de intrigas, enzarzando unos contra otros a los reyes de taifas y enriqueciéndose con hacerse pagar carísima su asistencia efectiva o moral, al soberano (en realidad todos le importaban lo mismo) que le pagase mayor tributo. La táctica era la extorsión debilitadora, más que la guerra, que no estaba dispuesto a hacer sin seguridades de éxito. Los discursos que le atribuye Abd Allah (y los demás reyezuelos musulmanes pensarían lo mismo), muestran que éste no se engañaba respecto a las promesas cristianas y que conocía bien lo que pensaba a fondo Alfonso VI, el cual, aparte incidentes toledanos en los que quizás no tuvo toda la culpa, se pasó de raya y provocó la intervención almorávid. Vencido en Sagrajas-Zallaqa, gran victoria que Yusuf ibn Tasufin no supo explotar bien, vio con tristes ojos que la toma de Granada y Sevilla por los africanos truncaba su carrera, antes siempre ascendente, de magnificus triumphator, y que su estrella empezaba a declinar, como lo mostró el desastre de Uclés y la evacuación de la Valencia cidiana. …. Las “Memorias” de éste serán para el sucesor de Menéndez Pidal que quiera seguir profundizando en la psicología de Alfonso VI un documento contemporáneo sin igual. …..

E. Lévi-Provençal

Emilio García Gómez

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