Lecturas inquietas Louise Michel La Comuna de París, Heinrich Koechlin, Arthur Arnould, José Stalin y Robert Tombs

Lecturas inquietas, en el sentido de que no me dejan quieto si no expongo lo que provocan en mí. Y tengo una decena de libros importantes, a mi parecer, en ámbitos que conozco. Me falta el tiempo para reseñarlos debidamente. Pero, sí, puedo comunicar impresiones sobre aspectos que creo esenciales, para que cada persona pueda ver el enfoque de la obra.

libro
Las evocaciones de Louise Michel por Federica Montseny por Dolors Marin Silvestre se complementan porque corresponden a dos momentos históricos en que la figura de Louise Michel sigue siendo un foco de luz.

michelDos asertos íntimamente vinculados sostienen el texto de Louise Michel: la proximidad del advenimiento de la nueva sociedad por la que luchamos que, frente a la magnitud de la masacre1 perpetrada por el ejército y todas las fuerzas oscurantistas de Francia, constituye una superación: “La hora de la humanidad justa y libre ha llegado, ha crecido demasiado para volver ya a su ensangrentada cuna” (p. 312).

El relato de Louise Michel es escrupuloso, habla de “las mujeres”, no dice “revolucionarias” ni insiste en la sindicalista Nathalie Lemel (pp. 117,181); habla de Blanqui, sin destacar su extraordinaria influencia, ni dice que ella
misma era blanquista; habla de las matanzas, y evoca escuetamente (cuando fue un acto de sadismo colectivo de “gente de bien”) el degollamiento de Eugène Varlin (p.224), sin precisar que era internacionalista y bakuninista. Esta sobriedad de Louise Michel, creo que se explica no solamente por su creencia en la cercanía de la nueva  sociedad redentora, sino por el seísmo que fue la Comuna de París que provocaba una multitud de grietas2 .

Antes de evocar dicho seísmo, algo sobre el papel de Auguste Blanqui que ha sido mezquinamente reducido a la obsesión de la toma del poder por las armas, y por eso estuvo en total encarcelado más de treintaiséis años (según el historiador Maurice Dommanget).

pieSiempre hubo en sus textos una denuncia de la explotación económica y el análisis social (si bien someros en comparación a la obra de Pierre-Joseph Proudhon) de las clases dirigentes que había que erradicar. Por eso Blanqui tenía a tanta gente con él y tanta influencia sobre militantes socialistas decididos como Louise Michel y sus amigos durante la Comuna de París. Poco antes de este evento, en 1869-1870, Auguste Blanqui escribía: « Millares de gente de élite [sumamente conciente] languidece en los barrizales de la miseria. Constituyen el horror y el temor del capital. No se equivoca el Capital en su odio. Aquellos desclasados, arma invisible del progreso, son hoy por hoy el  secreto fermento que va inflando sordamente a la masa e impide que esta se hunda en el marasmo. El día de mañana, serán la reserva de la revolución 3 ».

blanquilibro2Es un acierto que la editorial Utopía Libertaria haya republicado la obra de Heinrich 4 Koechlin Ideologías y tendencias en la Comuna de París . El autor propone un estudio clarísimo y casi estricto, por ejemplo, con el federalista revolucionario Arthur Arnould (pp. 138 y ss) Y lo vuelve a exponer casi al final del libro (pp. 282-283). Y Koechlin termina evocando a Marx y al pacifista Ferdinand Gambon5, que voy a comentar después de Arnould.

Hay dos datos inseparables de Arnould su obra L’État et la révolution, El Estado y la Revolución (Lenin retomó el título en una obra del todo opuesta) de 1877 y Histoire populaire et parlementaire de la Commune de Paris6, de 1878. En los dos libros, se repite la misma idea:

Así son en pocas palabras, algunas de las infinitas consecuencias del principio ostentado por la Comuna.

Tales son las principales directrices.
Tal era el alcance inmenso de estas sencillas palabras:

  • ¡Autonomía comunal!
  • ¡Agrupación gremial!
  • ¡Federaciones de las comunas y de los grupos productores!
    O sea, en definitiva, formación libre de grupos naturales y unión de estos grupos, es decir: supresión del Estado centralizador, del poder fuerte, restitución a los pueblos de sus derechos y medios de usarlos (Tomo III, p. 156).

pie3

stalinJosé Stalin, en su folleto de 1906 ¿Anarquismo o socialismo?, cita al final a Arthur Arnould [pongo en bastardilla y en rojo lo que Stalin se dejó en el tintero]:

  • « Somos –declararon los miembros del «Comité Central»– órganos oscuros, instrumentos humildes del pueblo atacado y que nos entregó la organización de su defensa. No somos un poder político, ni queremos serlo. Servidores de la voluntad popular, estamos aquí para ser su eco, para hacerla triunfar. El pueblo quiere la Comuna y permaneceremos en nuestros puestos para proceder a las elecciones de la Comuna. Ni más ni menos. Estos dictadores no se colocan ni por encima de la muchedumbre ni al margen de ella. Se veía que vivían con ella, en ella, por ella, que la consultaban a cada instante, que la escuchaban y que transmitían lo que habían escuchado, encargándose solamente de expresar en unas cuantas palabras concisas… las resoluciones de trescientos mil hombres.”
  • Evitan cuidadosamente zanjar algunas cuestiones, se esfuerzan por mantener la situación intacta, por dejar las cosas en el estado en que están hasta el día en que el pueblo, mediante elecciones libres y regulares, haya nombrado un poder investido […, tomo II, pp. 32-33]»
  • Así se condujo la Comuna de París en su primer período de existencia. Así fue la Comuna de París. Así es la dictadura del proletariado.
  • Pasemos ahora al segundo período de la Comuna, cuando en lugar del « Comité Central » actuó la Comuna. Hablando de estos dos períodos, que duraron dos meses, Arnould exclama con entusiasmo que fueron la dictadura auténtica del pueblo.

Oíd:

  • «El grandioso espectáculo que ofreció este pueblo durante dos meses, nos da fuerza y esperanza… para mirar al futuro sin desánimo… Durante estos dos meses hubo en París una verdadera dictadura, la más completa y la menos discutida; no la dictadura de un hombre solo, sino la dictadura del pueblo, ú n i c o d u e ñ o d e l a situación… Esta dictadura se prolongó más de dos meses, sin interrupción, desde el 18 de marzo hasta el 22 de mayo (de 1871) He dicho dictadura. Me he equivocado. La palabra es mala y recuerda ideas de violencia, tiranía, supresión de las leyes, de la vida sencilla, libre y regular, que no se ajustan al caso. En efecto, el espectáculo que presentó París, durante aquellas setenta y dos días, no se parece para nada a lo que se suele ver, cuando la vida depende de los caprichos de un amo único y todopoderoso [III, pp. 44-45…]. En sí misma «…la Comuna no era más que un Poder moral y no tenía otra fuerza material que el asenso [universal, que la buena voluntad] de todos [añadido] los ciudadanos, el pueblo era el soberano, el único soberano; él mismo se creó su propia policía y su propia magistratura [III, p. 47].» (v. obra citada, págs. 242, 244).
  • José Stalin, que nunca acabó el folleto, dio esta conclusión: “una dictadura dirigida contra todo género de opresores [que los] marxistas apoyan [….] con todo entusiasmo”.

comunaEs característico del concepto de dictadura marxista, inherente a un supuesto socialismo científico, censurar, cercenar el análisis de Arthur Arnould que destruye la identificación subyacente de Stalin (con Marx y Lenin) entre voluntad del Comité Central y entre voluntad del pueblo.

Al contrario de Marx y en armonía con Proudhon, Arnould afirma: El Estado, sea cual fuere el nombre que se le dé, dictadura de un solo hombre o de una asamblea, República o monarquía, absoluta o constitucional, no puede ser ni democrático, ni revolucionario, ni siquiera liberal, puesto que representa el PODER, que es despótico y reaccionario por necesidad, por esencia, ni tampoco personificar la libertad, la igualdad, dado que personifica la AUTORIDAD, algo que domina, que rige, que conduce la sociedad, y por consiguiente, que la oprime y la exprime, sustituyendo su voluntad a la suya propia7 (Tomo III, p. 120).

Para volver a Marx y a Gambon, les reúne la idea de un partido social demócrata que alcanzaría el socialismo a través de las urnas. Tal esperanza, tras la derrota de la Comuna de París con la masacre y la represión de unas setenta mil personas (las estimaciones vienen luego), es una cuestión de fe antes que de estrategia social. O era suponer que el gobierno de Thiers tenía una índole distinta a otro gobierno, cuando justamente tomaron juntos los gobiernos europeos medidas para que no aconteciera otra Comuna.

La esterilidad de esta estrategia aplicada por la social democracia alemana, moldeada por Marx y Engels, para su propio proletariado en 1917-1920 primero, y luego en 1930-1934 (esta vez con el molde leninista) se origina en la primacía- panacea de la lucha electoral.

El mito se ha reciclado hoy por hoy en una “adhesión crítica al neoliberalismo”, o sea una “complicidad al 90% con el capitalismo”; y hablando seriamente: eso puede ser muy positivo para algunas ayudas aisladas y eficaces otorgadas individualmente. Pero es absurdo nivel nacional para un grupo político.

¿Existen otras vías?

Sí, todas las que excluyen la democracia cloacal y el poder-popular-que-castra-la-discusión-con-la-calumnia, o sea un 90% de las organizaciones sindicales y políticas. Pero es preciso unirse en torno a acciones concretas y limitadas, por supuesto; ir a más es muchas demasiadas veces perder tiempo en cuestiones irrisorias.

Es interesante que este enfoque reúne gran parte de la experiencia proletaria del día día y del pasado.

Robert Tombs es un historiador académico británico, recién traducido al francés, « Paris, bivouac des révolutions, la Commune de Paris », París, Libertalia, 2014, 472 pp. De hecho, es el mismo abordaje que el de Heinrich Koechlin, pero 30 años después y con más documentación.

Para el problema candente de las masacres impuestas por el Gobierno republicano de Adolfo Thiers, tenemos lo siguiente: «entre 5.700 y 7.400 personas matadas durante los combates [Pongamos 6.000…] 17.000 fusilados […] millares de gente abatida durante inmediatamente después de los combates, dado que, es preciso recordarlo, la ley no autorizaba la pena capital por delitos políticos. [La frase de «millares de gente» es comprensible universitariamente hablando, para no pasar por un «rojo». Dados los testimonios, yo diría como mínimo 5.000 comuneros, o confundidos con ellos, abatidos como fieras] aproximadamente 40.000 personas fueron agrupadas, llevadas a Versalles guardadas en campos […] » (pp. 361-364).

siete

Ttombsotal mínimo admisible de muertos: 28.000; víctimas de represalias, por lo menos, 40.000, incluyendo a los detenidos en provincia.

Otro aspecto, el papel de las mujeres en la lucha también durante la Comuna de París, en protestas femeninas de unas 2.000 (con la bandera roja) para exigir la liberación de algunos párrocos, y no miembros del clero (p. 294).

Una satisfacción es comprobar el uso de las iglesias como sedes de clubes y lugares de reuniones (p. 205); la exhibición de cadáveres encontrados en iglesias como pruebas de abusos sexuales o crímenes de curas (p. 2068). Los proletarios franceses, y “los que estaban en varias partes de la península ibérica”9 , ostentaban su anti catolicismo en cuanto había protestas duras y hondas.

La parte dedicada al marxismo es importante porque Tombs subraya las diferentes apreciaciones de Marx, desde gobierno obrero a ausencia de sensatez al no pactar con el gobierno de Thiers (p. 400). La reivindicación de la dictadura del proletariado (que Marx no aplicó) a la Comuna de París fue abandonada por la mayoría de los socialistas europeas en el siglo XIX. Lenin retomó el eslogan acompañándolo de la necesaria represión, “el exterminio implacable” (p. 402) y Trotski fue repitiendo el mismo estribillo (p. 403). Tombs no parece haber captado la síntesis del marxismo leninismo, bien aplicada por numerosos intelectuales 10en muchos países, “el buen comunista es al mismo tiempo un buen chekista 10 ”. Tampoco cita a Stalin ni se preocupa por el punto de vista de Arnould.

El autor estudia también, pero de modo muy superficial la visión de los propios comuneros y de sus enemigos. Extrañamente, tampoco aporta gran cosa sobre las tendencias actuales.

Un tema, subrayado por los participantes en la Comuna de París, fue la diversidad ideológica y la capacidad de llevar a cabo una labor común en múltiples ámbitos. Inclusive en plena batalla militar, una parte de la dirigencia de la masonería propuso intervenir para dirigir una propuesta de paz a los beligerantes; y se concibió en el seno de la Comuna de la Comuna.

Es notable la ausencia de receptividad de Tombs al rechazo por parte de la enorme mayoría de los comuneros (excepto durante la última semana en la que eran ya insoportables las fechorías del ejército) de las represalias, la ley del Talión. Actitudes propias del totalitarismo velado o público -nazismo y leninismo en sus fases de expansión-, ampliamente visibles en los atentados y acciones actuales de los ejércitos israelí, norteamericano, republicano islamista, etc.

La actitud democrática, en el sentido real de la palabra, de aunar en la práctica militantes de varias escuelas socialistas y no caer en el sadismo de combatir al enemigo con el objetivo de matar por matar ya es tan ajena a la vida social que un intelectual británico (supuestamente culto) la ignora totalmente.

Frank, 20.09.15.

ntasultimas

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