Libro: Vivir la Anarquía. (Chris Healham)

vivir.jpgTradicionalmente los hispanistas británicos siempre se han significado por la calidad de sus trabajos, pero la cosecha de los historiadores nacidos en los años 60 es sorprendente, y entre ellos, las añadas que pone en el mercado Chris Ealham, son extraordinarias, he tenido el placer de leer “El mito de la muchedumbre enloquecida…” y este delicioso “Vivir la Anarquía”, en el que narra y analiza la vida de José Peirats y del movimiento libertario español en el corto siglo XX con objetividad, rigor y una catarata de fuentes, documentos y referencias historiográficas incontestables. Para mí la figura de Peirats, como la muestra Ealham, ha crecido políticamente, pero como persona/personaje, ya es imprescindible.

Es de agradecer la oportunidad con que aparece este texto, en unos momentos como los actuales, donde se revisan las actitudes de los poderes en los años de la transición, y se estudia con interés histórico el movimiento libertario. Peirats, “Estaba preocupado por la memoria colectiva… Criticó el pacto del olvido que dio forma a la democracia posfranquista, argumentando que una de las aberraciones de la humanidad contemporánea es su falta de memoria histórica, incluso a nivel de pretendidos historiográficos” (pag 252). Sabía de lo que hablaba, y los años posteriores confirmaron sus temores cuando durante las dos décadas siguientes, se echó más olvido sobre las fosas de las cunetas, y desdén sobre los grupos que reivindican la recuperación de la memoria, ridiculizándoles como dijo aquél diputado del PP “solo se acuerdan de los desaparecidos cuando hay subvenciones”.

José Peirats, a pesar de vivir una vida humilde, incluso miserable, de sufrir una enfermedad crónica, de encontrarse confinado en campos de concentración, del exilio, de la marginación por parte de sus mismos compañeros, y de mil vicisitudes más, se sentía afortunado, orgulloso de sus orígenes, dueño de una ética revolucionaria, y entregado a una organización cuya lucha era la de los desheredados.

Nacido en 1908 fue un joven rebelde viviendo los años de la revolución. Para un hombre de treinta y pocos años, cuando sale al exilio, y mira para atrás en su vida, comprueba que ha pasado por la revolución y se le ha escapado entre los dedos, que siempre supo que el proceso no tendría una conclusión, pero lo ha vivido polemizando continuamente con la organización anarquista, tratando de mantener la unidad. Puede decirse que la lucha le ha hecho feliz. En el exilio y la vuelta a España en los 70/80, desarrolla su trabajo de escritor sobre el movimiento libertario, convirtiéndose en el Herodoto de la anarquía.

Siendo muy niño, su familia deja La Val d’Uixo para emigrar a Barcelona, su madre Teresa Valls, es la que con el coraje de las mujeres del pueblo, empuja para que su familia tuviera un futuro mejor en la gran ciudad. Se instalan, como siempre ha hecho la emigración, en un entorno de paisanos originarios de su comarca, que trabajan de alpargateros, gentes que han llegado a Barcelona por vía marítima (el camino más fácil) desde Castellón. Se instalan en El Poble Sec y posteriormente en Collblanc. El joven José siempre hizo una vida muy apegada a su barrio, participaba en cualquier tipo de actividades deportivas y culturales, y fue de los que promovieron la creación del ateneo libertario con el grupo Afinidad. Barcelona es la cuna del movimiento anarcosindicalista industrial. Las duras condiciones de la patronal, que no permitían la sindicación en las empresa, obliga a la organización anarquista a mantener un pulso constante con los empresarios, que a veces se resuelve a tiros por parte de los grupos de acción sindical, o de los pistoleros pagados por la patronal, o aplicando el lock-out.

La familia del joven José hace los esfuerzos económicos necesarios para que reciba educación y lo matricula en el Ateneo Obrero Racionalista, que basaba su practica en los principios de la Escuela Moderna de Ferrer i Guárdia. La familia aprecia el cambio; en la escuela en la que había estado anteriormente se practicaba el castigo físico, en el ateneo por el contrario estaba prohibido, y se promocionaba el teatro y el canto, actividades que marcarían al niño, y las practicaría ya hasta el ultimo de sus días. Peirats ponía en escena y escribía teatro siempre que podía, además era un buen cantor, heredó la voz de su padre y el gusto por la zarzuela.

Con 15 años trabaja de ladrillero y realiza acciones sindicales en su bobila, el conflicto se desencadena para reivindicar la supresión de los destajos y mantener un sistema de salarios estables. La huelga se radicaliza y se prolonga con incidentes violentos durante meses. El sindicato autoriza a trabajar en industrias de fuera de Barcelona, donde no hay conflicto, y José es uno de los que lo hacen, comparte su salario con la familia y la caja de resistencia. La huelga termina cuando en Septiembre se produce el golpe de Estado de Primo de Rivera. La CNT pasa a la clandestinidad.

Peirats se entrega a la labor cultural que desarrolla en el grupo de afinidad, convocan veladas artísticas en las hay teatro con obras sociales que tras la representación eran glosadas, lecturas poéticas seguidas de debate, etc. Estos años intenta reorganizar el sindicato entre los ladrilleros y edita “El Boletín del Ladrillero”, en cuyo número 1 ya está gran parte de la estricta moral de Peirats, se expresa contra las apuestas, la bebida y el uso de la prostitución entre los jóvenes ladrilleros. Con el tiempo escribiría contra el comunismo tabernario, y el anarquismo de testículos. En su grupo de afinidad se critican estas actitudes y las de los compañeros que tenían como actividad los atracos, secuestros y extorsiones, como el de “Nosotros”, formado por Durruti, García Oliver, y Ascaso.

En 1927 se forma la FAI para conservar la pureza ideológica del movimiento anarquista en un contexto en que los sindicatos sufrían restricciones por su ilegalidad, los grupos que componían la FAI como “Nosotros” eran partidarios de la propaganda por los hechos y el camino de la revolución por la acción directa. En los sectores sindicales más implantados en la industria se tenía otra sensibilidad, les preocupaba las mejoras económicas que se pudieran arrancar del capitalismo gradualmente, antes de luchar por los objetivos revolucionarios. Esta corriente tomó forma en el manifiesto de los treinta del año 31, que vieron en el advenimiento de la república un campo abonado para que la CNT se fortaleciera. Peirats, como hombre de acción que había empuñado las armas en conflictos con la patronal y esquiroles, tenía el alma dividida, también era un hombre de cultura ateneística y de militancia sindicalista.

Esta dicotomía le lleva a mantener una relación de todos los colores con ambas facciones, pero siempre peleando por mantener la unidad de la CNT en tiempos en los que las posiciones ideológicas evolucionaban rápidamente, como en la huelga general de 1934, que en Cataluña es convocada por la Generalitat en contra del gobierno de Madrid donde aumentaba la influencia de la CEDA. Cuando tras unas semanas, el ejército toma el control de Barcelona, Ascaso hace un llamamiento por radio para que se volviese a casa, mientras en Asturias nos encontramos en plena Revolución de Octubre desactivándose por las tropas de Franco. El anarcosindicalismo astur le leyó la cartilla a Ascaso, que sólo con la muerte en los primeros días del golpe militar, quedo rehabilitado en la memoria anarcosindicalista. Curiosamente, Peirats no volvió a tener buena relación con Garcia Oliver, que caminaba por la senda del reformismo hasta el ministerio de Justicia.

La crisis económica es brutal en los años de la república. En el 36, sin trabajo y sin ingresos, decide bajar a Castellón para buscar trabajo en la naranja. Ealham nos describe esta época con el mismo ambiente y las mismas imágenes que el cine nos ha trasladado de la Gran Depresión. José viaja en los topes de los trenes, ocultándose entre las ruedas para no ser localizado por los guardias de seguridad. Son muchas las personas en la misma situación con las que se encuentra en este viaje, perseguidos por una ley de vagos y maleantes puesta en vigor por el gobierno en 1933, durmiendo al raso y sin poder trabajar, decide pedir ayuda en el ateneo libertario y en el local de la confederación de Castellon. En ambos sitios es expulsado por mendigo, y eso que intentó explicar que era un compañero, y que escribía en alguno de los periódicos que había en esos locales. Se sube de nuevo a los topes y regresa a Barcelona.

Suenan las sirenas de las fábricas y se produce la revolución: se levantan barricadas, se organiza una federación de barricadas que es la organización que controla la ciudad. Ealham la compara con la estructura original de la comuna. Ni se duerme, la revolución no espera.

Ante lo inconmensurablemente desconocido que se les viene encima, Companys hace de encantador de serpientes, reconoce el poder del anarcosindicalismo y ofrece la estructura del Comité Central de Milicias Antifascistas bajo la dirección de la CNT, pero esta estructura mantiene el huevo del estado, y es la piedra de toque de los siguientes acontecimientos. Tras la euforia inicial, Peirats se enfrenta con la dirección libertaria, no está de acuerdo con la fórmula del frente popular de que los comités revolucionarios incluyeran representantes de todas las fuerzas políticas, incluso de las que durante años se habían mostrado contrarias al anarcosindicalismo.

La guerra Civil devoró la revolución”. Peirats se convierte en un disidente ante la dirección de la CNT, que no supo crear una comunidad antifascista de arraigo libertario, ni extraer conclusiones de los acontecimientos de la revolución de Asturias del 34.

Tal era la pérdida de papeles de los dirigentes libertarios, que leído hoy lo que publica Solidaridad Obrera el día que cuatro anarquistas entran en el gobierno de Madrid, suena ingenuo e irónico. ”El gobierno (…) ha dejado de ser una fuerza de opresión contra la clase trabajadora, así como el estado no representa ya el organismo que separa la sociedad en clases y ambos dejarán aún más de oprimir al pueblo con la intervención en ellos de la CNT (…) El gobierno no tendrá otra preocupación que la de dirigir bien la guerra”. Cualquiera diría que se había publicado en Pravda. Como dijo Ricardo Sanz con amargura, que durante la guerra, el movimiento libertario “renunció a todo, absolutamente a todo”.

Aunque en las organizaciones obreras entran montones de arribistas, y de aprovechados que lo único que se plantean es ocupar los lugares de la buena vida burguesa, el quítate tú para ponerme yo, millares de obreros practican el control obrero, la autogestión, ponen en marcha procesos y relaciones sociales revolucionarias, Peirats y muchísima gente seguirán fieles a la tradición ética anarquista, el mayor experimento de control de la economía por parte de los trabajadores estaba en marcha.

Cada vez más desencantado por sus enfrentamientos con la dirección anarquista, Peirats, que no soportaba la colaboración con el estado republicano preconizada por Abad de Santillan y Montseny, decide incorporarse al frente en la 26 división, la que fue la columna Durruti. Tras la batalla del Segre la derrota hace presentir el final, y antes de cruzar la frontera, en un curioso episodio ponen a votación la posibilidad de formar la “Republica del Cadí” en la sierra de su nombre como un cantón entre el Segre, Francia y Andorra. El éxodo de derrotados en retirada abandona su país.

Tras mil penurias, calamidades y privaciones, en 1947 se instala en Burdeos, durante años compone su magna obra: “La CNT en la revolución española”, mantiene la militancia apasionada, pero enfrentada con una burocracia que se había larvado en los años treinta. No se explicaba cómo una organización con tan pocos militantes podía mantener un tan amplio grupo de burócratas que cobraba. Cuando como secretario general de CNT descubrió que el dinero provenía del equipo de falsificadores que lideraba Laureano Cerrada, pide  explicaciones a éste, a Esgleas y Montseny, le responden que lo explicarían cuando la CNT volviese a España. Cada vez se hacen más profundas las divisiones, lo expulsan por inmoral de una organización donde militó cuarenta años, los que la utilizaron para medrar y la  hundieron.

Los años que le quedan en Francia José Peirats se dedica a escribir, vive modestamente con su compañera Gracia Ventura, y sufre alguna detención y proceso de la justicia francesa, pero como todos los exiliados tiene las antenas y los anhelos siempre puestos al otro lado de los Pirineos.

En 1976 viaja a Barcelona, recibido por los amigos y familiares con emoción y sin alharacas, se encuentra una ciudad muy distinta a la que dejó, dice que la gente no lee ni los anuncios, como no sean de futboll o los rótulos de los bares. Le apena ver a la gente invirtiendo sus afanes en adquirir bienes de consumo, y no en el sueño de la revolución. Aunque por otro lado la conflictividad social en esos años era enorme y se desarrollaba al margen de las estructuras sindicales, que son ilegales. Las luchas obreras eran autónomas y en ellas tenía una creciente presencia la organización de comisiones obreras.

Es invitado a participar en varios actos de CNT, aunque no era militante gozaba de un gran prestigio dentro del movimiento libertario. En Montjuit se reúnen trescientas mil personas  en un acto confederal en el que participa junto a Montseny. Al llegar ni se saludan, Peirats toma la palabra “Más de cuarenta años soñando este acto”, y tras los preámbulos ataca uno de los temas que tienen más presencia en la calle con aquel lema de “Llibertad, Amnistia y Statut de Autonomia”, recuerda que ya se sabe lo que es el estatuto, y recuerda que la CNT siempre tubo un carácter federal, y siempre defendió el municipio libre, para terminar con las palabras de Malatesta, “Mi patria es el mundo, mi familia la humanidad”. Claro al día siguiente le cayeron por todas partes.

La CNT, el mundo libertario entra en caída libre en 1978 después de negarse a firmar los pactos de La Moncloa, junto a los empresarios, los partidos de izquierda, y los sindicatos comisiones y UGT. Y a raíz de los sucesos en el sala Scala, donde murieron cuatro trabajadores del sindicato anarquista, a consecuencia del incendio provocado por una manifestación anarquista a sus puertas. La investigación y el juicio deja medianamente claro que fue un hecho propiciado por infiltrados policiales. Estos años era ministro de La Gobernació Martin Villa, también en los días de los sucesos de Vitoria.

A Peirats le horrorizan las polémicas y las rupturas dentro de la CNT, que llegan hasta los tribunales la utilización en exclusiva de las siglas por parte de uno de los grupos que se definían como renovadores unos y ortodoxos los otros, escribe: ”Nosotros solos nos bastamos y sobramos para destruirnos”.

Juntando el dinero que tenia él y Gracia con el de su hermana Asunción, compran una casita en La Vall d’Uixó en 1981, donde vive humildemente y enfermo, no deja de escribir relatos sobre la semana trágica y artículos para publicaciones libertarias, a veces no puede negarse a asistir a algún acto, donde es tratado con respeto y como activista. Él no se considera historiador sino más bien reportero.

José Peirats termina sus días en la playa de Burriana, muriendo de un ataque al corazón, era el verano de 1989.

Según Eric J. Hosbsbawm se había acabado el corto siglo XX.

Había vivido el tiempo de la revolución.

La conclusión no cabe en estas páginas, está en las maravillosas 338 de Chris Ealham de

Vivir la Anarquia, Vivir la Utopia

Valentín Malahora

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