Libros, libros, libros y libros

quijote.jpgAunque parezca extraño, voy a hablar de libros. Pero no de uno sino de los libros que he leído varias veces, unas cuantas, a lo largo de mi vida y me gusta seguir leyendo.

Cuando tomé esa costumbre, que fue con “Vida del Ingenioso Hidalgo”, intentaba leérmelo una vez al año. Pero a medida que he ido incorporando otros, dejé la práctica de “una vez al año”, para sustituirla por “de vez en cuando”. Cada vez voy incorporando más, pues son libros que me resultan imprescindibles.

El primero es, sorpresa, “Vida del Ingenioso Hidalgo”. No recuerdo la edad que tenía cuando lo leí por primera vez, pero si la edición, que aún tengo. Pero puedo decir que además de dicha versión y otras más, en papel. También lo tengo en PDF, cada día leo más en dicho formato, me resulta cómodo para leer en la calle, plazas, parques, o salas de espera. Y también lo tengo en versión de voz, existen páginas de donde te lo puedes bajar y es algo formidable. No lo aconsejo para conducir, pero si para hacer cosas por la casa, huerto ….

El libro que, en seguida, incorporé a dicha costumbre erayuelas “Rayuela”, pero este lo hizo él solo, sin consulta previa, pues al proponernos el autor diversas formas de lectura, las hice y sigo con la costumbre. Pero, también intercambio dicho libro por otros del mismo autor. Depende de una serie de factores no controlados por la lógica. A veces es Un tal Lucas, o de repente pienso que tiene que ser 62 Modelo para armar, o sin motivo aparente, le toca el turno a El libro de Manuel, pero una cosa es segura, se trata de Un tal Cortazar.

Su primer libro que leí, se trataba de un libro de relatos cortos, pero prefiero sus libros. Sin menoscabo de los relatos.

holmesDe joven me aficioné a las “novelas de detectives”, el mundo literario anglo está lleno de autoras del tema en el campo juvenil. Pero fue mi descubrimiento de Sherlock Holmes lo que me llevó al zenit. No voy a constar aquí la forma un tanto “no legal” en como conseguí las completas, en una excelente traducción y con inmejorables introducciones y comentarios, de la ¿Editorial Aguilar? (creo). Cuando llegué a los maduros 18 y a la política lo abandoné, por anglo, burgués y no se cuantas cosas más. El cabo de los años he regresado o regresé a él, pero en su lengua vernácula. Leerme de vez en cuando uno de sus libros o relatos, en este caso prefiero los relatos, es algo que me relaja.

Volví a Holmes, o si se prefiere a Doyle, a través de Chandler y/o Hammett, tanto monta, monta tanto Raymond como Dashiell. Otros a los que acudo a leer de vez en cuando. Los leo en su lengua y en la nuestra, depende del libro que tenga a mano y de las ganas, pues a veces me gusta comparar el original y “la copia”. Actualmente hay una larga lista de escritores y escritoras de este género, pero el exceso de violencia, la nece250px-raymondchandlerpromophotosidad de describir todo al mínimo, hacen que no me resulten agradables, y para crueldad, tengo bastante con la real, que es cotidiana y permanente. Uno de los últimos descubrimientos y que me gustan tanto como novela cual “libro de cocina” son los libros de Dottore Montalvano a través del primero, que me regaló mi hija, me aficioné a dicho comisario y descubrí una cocina siciliana fuera de la “oficial” (por decirlo de alguna manera) cocina a base de mucho verdura y pescado, también pasta, claro. Evidentemente Montalvano, el muy canalla, me llevó a releer a un autor del que el comisario tomaba el nombre, y leer sus libros desde otro punto de vista. Aunque sigo prefiriendo la cocina del comisario siciliano a la descocina del detective barcelonés. De esta especialidad podría seguir parlando, pero eso es lo esencial.

Ahora cambio de tercio y me voy a los libros de Historia, tal cual. Desde que conseguí en una encantadora librería-cafetería de Altea, allá por el año 92 ó 93, una magnífica traducción de la “Historia de la guerra del Peloponeso”, de la editorial Akal, es uno de mis libros de lectura reiterativa. Un buen día me percaté del parecido tan grande que existe entre el discurso fúnebre de Pericles y el de otro político del siglo XIX, ambos se dan en circunstancias muy parecidas, y los discursos son calcados el uno del otro, aunque el segundo es más corto, ¿casualidad? ¿Quien ha copiado a quien?.

Tras el gran Tucídides vienen tres autores de obligado nombramiento, pero ambos tocan el mismo tema y el último se basa en el segundo y el segundo en el primero. Pero son diferentes. El primero es Jules Michelet y su “Historia de la Revolución Francesa”, debo de admitir que este libro no tendría que estar en esta lista, pues lo he incorporado, gracias al kropotkinPDF hace poco y aún estoy en la primera lectura. Pero si están incorporados “La gran Revolución” de Pedro Kropotkine, que se basó bastante para escribirla en la lectura y análisis de Michelet. Y, bastante más tarde, Daniel Guerin publica su “La lucha de clases en el apogeo de la Revolución Francesa 1793 – 1795”, dos libros apasionantes y que me gusta releer de vez en cuando, nunca juntos.

Siguiendo con los libros de Historia, no puedo dejar a Jenofonte de lado, tiene algunos libros inolvidables, básicamente “La anábasis”, pero se pueden leer trozos de otros de sus libros. Otro que he leído con cierta asiduidad es Cesar, todos sus libros, pero la última vez encontré mucha crueldad, y puede que sea la edad, lo he dejado plantado. No me desagrada leer a Toynbee de vez en cuando y con más motivo, me gusta releer a José Peirats y su “La CNT en la Revolución Española”, por no citar a A. Lorenzo y su “Proletariado Militante”, estos dos libros, le pasa como a los buenos vinos, con los años ganan en calidad.

bulldancersOtro apartado que siempre me ha gustado mucho y sigue, es la llamada “Novela Histórica”, pero actualmente no sé si estoy saturado de la misma o los años no perdonan, pero me tiene un poco desalentado. Hace tiempo que eliminé de mi lectura cíclica a Mary Renault, autora que hace unos años me resultaba imprescindible releer permanentemente. Primero eliminé la trilogía de Alejandro, llegó un momento que me resultaba empalagosa, no encuentro otra palabra. Seguí con “El toro del mar” y “El último vino”, pero en los últimos intentos que tuve de relectura, renuncié a la misma.

Afortunadamente no me sucede lo mismo con “El vellocino de Oro” de Robert Graves, sigo gozándolo. Otro que me sigue pareciendo genial es “Pericles el ateniense” de Rex Warner.

Seguiré otro día, pues se me quedan en el tintero muchos estilos y muchos autores y autoras que no deben de ser callados, pues no sería de justicia, por ejemplo J.K. Toole o Harper Lee.

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