Jaime – Alepo

nada, transición, piso de estudiantes. El piso, en un principio era de “chicas” ahora viven las parejas también, y un número no contabilizado de personas que entran y salen. Unas para un par de días, otras puede que sea un trimestre. Gentes de paso, gentes que se han peleado con los de su piso, con su familia o … no sé sabe muy bien, pero están allí.

Luego están las visitas, quien viene con un motivo concreto, apuntes, una dirección en Londres, en los Pirineos, en Lisboa. Recoger panfletos. También está quien viene a ver que puede comer, el frigo es Libre e Independiente. De tal manera que, en cualquier momento, te puedes encontrar a alguien haciéndose una tortilla, con una cervecita en la mano y enmierdando toda la cocina.

Y por fin está Jaime. No se llama así, pero los vecinos y vecinas de su bloque, que le tienen aprecio, lo denominan de tal guisa, ya que Hikmet es algo más difícil de pronunciar, es más, no tenemos muy claro si es la transcripción exacta de su nombre al alfabeto occidental.

Jaime viene, como él mismo se encarga de aclarar, a “ver la vida”. Pues vive solo, no se relaciona mucho con sus paisanos. No quiere. Se relaciona con poca gente, la facultad, la biblioteca y cuando se entera que hay alguna fiesta de barrio, allí va a beber vino de Málaga y bailar. Le encanta que lo inviten a paella de conejo. Y el ajedrez, es un jugador monstruoso, he conocido jugadores buenos de ajedrez, pero Jaime era muy bueno y además, jamás había leído un libro sobre el asunto. Hubo una temporada que descubrió que en el bar de la Escuela de Aparejadores, un día a la semana, el equipo de ajedrez de dicha escuela organizaba partidas “eliminatorias” para formar el equipo del Trofeo Rector. Mientras se jugaban dichas partidas, él cogió la costumbre de jugar con algunos de los que por allí pululaban. Le propusieron que entrara en el equipo, sin ningún tipo de eliminatoria, los había vencido a todos. Se rió, les respondió que no estaba en el equipo de su facultad, Farmacia, no era cuestión de estar en otro. Nunca logré ganarle al ajedrez, como mucho alguna tabla.

Jaime se sienta en el sofá, una cama con muchos cojines que hay en el “cuarto de estar” y allí se dedica a ver entrar y salir a unos y otras. Está totalmente impresionado, para él es una vida de la que no tenía ni idea. Los oye, se ríe de unas cosas, con otras se queda pensativo. Eso si, cuando llega tienes que hacerle un te. Pero bien hecho, nada de una bolsita en un vaso de agua caliente. Un buen te negro en una buena tetera, con la cantidad precisa, el agua en su momento y la cantidad necesaria de te. Sin azúcar, sin leche. Agradece que te quedes con él, así puede aclarar alguna duda que le surja en algunas de las peleas que se precipitan sala arriba, pasillo abajo. Pero no es imprescindible tu presencia, si tienes algo que hacer, hazlo.

Cuando tu vas a su casa, te sientas en el cuarto de estar y solo te deja mover para ir al baño a tus asuntos privados, no es que no deje que le registres el piso, no es eso. Un invitado, según su educación y tradición, no tiene que hacer nada, tu eres quien tiene que estar dedicado a satisfacer las necesidades del mismo. Así actúa en su casa y el mismo trato hay que darle. Es un excelente cocinero y hace un surtido de pastelería típica de su ciudad, dignos del comensal más exigente. Una de las paredes del cuarto de estar la tiene empapelada con postales de la misma, Alepo. Nunca había pensado que pudiera ser tan bonita, por supuesto que las postales son de zonas preciosas. ¿Se me ocurriría a mi poner postales del Camino de Ronda, o del Zaidín, o la Chana, o el Polígono? No, pondría postales del Albaicín, Realejo, Alhambra.

No le gusta el Gobierno de su país, pero tampoco hace bandera de ello. Lo ve más bien como un asunto “privado”, y no se junta con sus compatriotas porque sabe que hay “espías” del gobierno, que reciben beca solo por informar de la vida y milagros de sus compatriotas en España. Uno de esos individuos llegó a ser bastante temido y tenía una conducta muy sospechosa. En la época que cuento, tres estudiantes Sirios murieron de forma extraña en tres ciudades españolas diferentes, Madrid, Barcelona y Granada, todos estaban estudiando y eran opositores al régimen. Cuando sucedió lo de Madrid y lo de Barcelona, el individuo en cuestión No estaba en Granada, cuando sucedió lo de Granada, Si estaba en Granada. Fue un elemento que, más adelante, cuando el propio gobierno lo despidió por estar más visto que el TBO, se dedicó a la venta de drogas, de exámenes de su facultad, Medicina, llegó a ser expulsado de la misma.

Jaime le temía y hacía todo lo posible por Ni encontrárselo por la calle.

Cuando Jaime terminó su carrera, estuvo una temporada viendo si quedarse por aquí, no sería ni el primero, ni el último, pero al final se volvió para Alepo. Desde allí las noticias ya fueron esporádicas, él nos había dejado algunos sobres con su dirección en árabe, pero los perdimos (un piso de estudiantes – de aquellas características – no era el lugar más adecuado para tener las cosas organizadas). Teníamos noticias de él cuando nos encontrábamos con alguno de sus paisanos, que supiéramos que lo conocía, y que no fuera del régimen.

Un buen día alguien me dijo que había muerto. No pude confirmarlo. Pero no lo quise creer. Para mi tenía que estar en su farmacia, en Alepo, por supuesto, muy cerca de una tetaría, a ser posible al lado o enfrente, donde se pasaría el día en una mesa con la tetera y el tablero, esperando que alguien tuviera el valor de jugar una partida con él.

saadallah_after_the_explosion

Ahora, espero que si, que este muerto, pues el dolor que puede haber pasado con todo lo que está sucediendo. Pero tenía una enorme familia ¿Donde estarán? Algunos sobreviviendo en Alepo, otros en los campos fronterizos con Turquía, otros en alguna isla de la Hélade, y ¿Cuántos en el fondo del Mediterráneo?

free_syrian_army_soldier_walking_among_rubble_in_aleppo

¿Tenemos los europeos vergüenza?

Eulalio

licenciacc4

Todas las fotos han sido bajadas de la Wikipedia, a la cual agradezco esa posibilidad, todas tienen su autor/a que ha cedido los derechos a dicha enciclopedia.

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