El asesinato de Patrice Lumumba

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PABLO ARCONADA

Este 17 de enero se cumplen 56 años del asesinato de Patrice Lumumba, Primer Ministro elegido por los congoleños de la historia de la República Democrática del Congo. Su asesinato, perpetrado por los intereses occidentales, entre otros, condenó al joven país independiente a una dictadura de hierro durante más de tres décadas.

El primer ministro fue nombrado héroe nacional en 1966 por orden de Mobutu Sese Seko, el mismo que llegado el momento no dudó en traicionarle. Patrice Émery Lumumba se ganó el respeto de su pueblo por su incesante lucha contra el colonialismo y sus exigencias de libertad, independencia e igualdad. Primero como periodista crítico con la situación del Congo y más tarde como activista por la independencia de su país. La batalla por estos principios dio sus frutos en 1960 cuando, inesperadamente, Bélgica entregaba la independencia al antiguo Congo Belga.

Al poco tiempo el pueblo congoleño reconoció los esfuerzos de Lumumba en las elecciones de ese mismo año, cuando fue elegido Primer Ministro. Sin embargo a su llegada al poder le esperaba un annus horribilis de dimensiones catastróficas. Por un lado, el regalo que Bélgica entregó meses antes era un caramelo envenenado: las condiciones de la independencia se basaron en que la República Democrática del Congo debía asumir la deuda belga en su territorio, por lo que el nuevo estado nacía endeudado. Esto provocó un naufragio de la economía congoleña producto del abandono belga, que retiró todos sus efectivos en los sectores de la sanidad, la educación o la administración (entre otros) sin dar tiempo a su reemplazo.

Fue traicionado en varias ocasiones y sus ideas políticas le costaron la muerte con el consentimiento de las potencias occidentales. Además, Bélgica a pesar de abandonar el Congo, no dudó un segundo en apoyar a los secesionistas de Katanga a fin de controlar las importantes fuentes minerales que allí se encontraban y de hecho llegaron a desplegar efectivos en la zona. Lumumba reclamó ante la ONU los derechos de soberanía e inviolabilidad de su territorio y exigió la expulsión inmediata de las tropas belgas. No obstante tanto la ONU como Estados Unidos dieron la espalda al gobierno congoleño, de forma que el primer ministro, en la lógica bipolar de la Guerra Fría, buscó el apoyo de la URSS. Este acto puso en pie de guerra a sectores rebeldes en el interior del país y puso en funcionamiento a las agencias secretas de Bélgica, y sobre todo, de Estados Unidos, que no tenía ningún interés en que el corazón de África se convirtiera en un hervidero marxista que pudiera contagiar a todo un continente. A pesar de que Patrice Lumumba no comulgó con los ideales marxistas, y fue una pieza clave en el Movimiento de Países no Alineados, tuvo que tomar una decisión en una situación insostenible y donde el único aliado posible residía en Moscú.La lista de enemigos de Patrice Lumumba no dejó de crecer desde su llegada al poder. Muchas de sus políticas no gustaron ni dentro ni fuera del país y acabaron por traicionarle. La primera de esas traiciones tuvo lugar pocos meses después de su llegada al poder, cuando el Presidente Joseph Kasa-Vubu, a través de una medida de dudosa legalidad, destituye al primer ministro y a su Gobierno.

Tras su destitución Lumumba sufrió una segunda traición: fue detenido por orden de Joseph-Désiré Mobutu, siguiendo las indicaciones de las agencias secretas de Estados Unidos y Bélgica. Sin embargo, y a pesar de que la implicación de la CIA estadounidense es evidente, el papel de algunos sectores congoleños es también innegable. Patrice Lumumba pasó sus últimos días secuestrado en algún lugar de la llanura Katangueña, sufriendo continuas torturas por parte de sus captores congoleños y europeos. Existen diferentes versiones sobre su asesinato, pero sea como fuere, el ex primer ministro fue acribillado a balazos por compatriotas congoleños el 17 de Enero de 1961 por orden de agentes europeos.

Finalmente, Patrice Émery Lumumba fue nombrado héroe nacional en 1966 por uno de aquellos que acabaron por traicionarle. Lo que Mobutu Sese Seko ignoraba es que los congoleños ya le habían reconocido ese honor muchos años antes, al convertirle en el primer ministro electo de la República Democrática del Congo, reconociendo sus esfuerzos de convertir a la RDC y a sus ciudadanos en un pueblo independiente y libre.

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