DE IDEAS…

¿Qué es una idea? Algunos amigos se hacen esta pregunta a principios del tercer milenio del calendario cristiano. Se puede acudir al Diccionario de la Real Academia de la Lengua y leer las diversas acepciones de esta palabra, a los pensadores que más nos gustan y que en algunos de sus textos hacen referencia a la idea, e incluso podemos separar la paja del grano, las ideas de la ideología y de los ideales. En mi caso prefiero acudir a la memoria.

Año 1960. Con ocho añitos mi mejor amigo se llamaba Morente; íbamos juntos al colegio, vivíamos en el mismo barrio y nuestras madres eran compañeras de trabajo en un almacén de aceitunas del pueblo. Jugábamos en un pequeño bosque de pinos piñoneros, frontera entre el barrio y el campo, y merendábamos junto a sus hermanos. Hablaban constantemente de su tío Ramón, el hermano mayor de su padre al que no conocían, pues vivía, desde antes que nacieran en Francia y no podía venir a visitarlos. La ilusión de mi amigo era viajar a Toulouse para ver a su tío, constantemente hacíamos planes de viajes para conocer a Ramón Morente.

Un día le conté a mi madre si conocía a Ramón el tío de Morente y por qué no podía venir desde Francia. Bajando la voz me contestó:

–No debes hablar con nadie de esto, Ramón era de ideas y eso es peligroso, por eso no puede volver, ya que lo encerrarían en la cárcel o algo peor.

-¿Que es ser de ideas madre?

– Lo único que sé hijo es que Ramón era un cabecilla del sindicato de panaderos y cuando el “movimiento” fueron por él a matarlo, pero se escapó y se pasó al otro bando. No me hagas más preguntas y te repito, esto es un secreto para no contarlo.

Desde aquel día, el tío de Morente se convirtió en un personaje sin rostro pero con ideas. ¿Qué serían aquellas ideas? Algo misterios que me atraía fuertemente.

Año 1966. Estaba contento con mis catorce años y por la beca que había sacado para estudiar formación profesional en Sevilla, mi amigo Morente también. Nos pasamos todo el verano soñando con los viajes diarios a la Universidad Laboral de la capital, pero a primeros de septiembre algo inesperado sucedió. La madre de mi amigo vino a casa a contarles a mis padres, que su cuñado Ramón había tenido un accidente de tráfico cerca de Córdoba. Viajaba clandestinamente para ver a su familia, con la mala suerte de chocar el coche que lo trasladaba, con un carro cargado de hierba. Una llamada de teléfono y otro automóvil se encargó de quitarlo de la carretera antes de que viniera la Guardia Civil. Ramón no podía andar y la madre de Morente venía a pedir ayuda, ya que el cuñado estaba a punto de llegar al pueblo.

En plena madrugada, el hombre de ideas encontró refugio en la casa de mi tía Carmen, que de jovencita fue rapada al cero y obligada a beber aceite de ricino, por haber sido pretendida por Ramón. De aquellas cosas me fui enterando, a lo largo de la semana que duró la secreta estancia del panadero, que además de ideas ya tenía rostro. Para mirarle la pierna avisamos a Rafael, un practicante que se ganaba la vida poniendo inyecciones, haciendo curas y sacando muelas a domicilio, un hombre que para los niños del barrio era el “tío del saco”. Se conocían y por lo que oía, Ramón y Rafael eran compañeros de ideas. El practicante era un joven médico que después del movimiento se le prohibió ejercer… por sus ideas y ahora estaba allí escayolando la pierna de Ramón.

En aquellos días las visitas a la casa de la tía Carmen eran diarias. No eran sospechosas ya que Morente y yo íbamos a todos los sitios juntos. Ramón nos contó el viaje desde Francia, toda una aventura. Las ganas de volver a ver a su familia, de conocer a sus sobrinos, le motivó para atravesar los Pirineos, acompañado de un guía que se sabía muy bien los pasos clandestinos, y a recorrer la península en coches de amigos, hasta que la fatalidad del accidente le obligó a pasar la noche en una cueva, mientras el acompañante llamaba por teléfono a sus contactos para salir del apuro.

Su sobrino y yo estábamos deseando de hacerle la pregunta:

– Tío Ramón, ¿Qué es ser de ideas?

– Ser de ideas es tenerlas y querer vivir con ellas

– ¿Y como llegaste a ser de ideas? le pregunté yo llamándole también tío

– Siendo muy joven tenía un malestar con la sociedad, conmigo mismo; como si me faltara el aire. Un viejo arriero dijo que mi problema se resolvía viviendo con una idea: la de luchar contra todo lo que te oprime, desde el chaleco estrecho hasta los patrones.

Antes de irse Ramón me regalo un libro de poemas de Miguel Hernández, prohibido en aquellos años. Con las primeras luces del alba, ya metido en el coche, el tío de mi amigo me dijo:

– En ese libro encontrarás ideas y sentimientos.

Año 1969. Con diecisiete años estuve alojado unos meses en el “Hotel” Carabanchel. Allí me junté con unos pocos inquilinos, que decían ser de ideas. Gente mayor con muchos años de obligado hospedaje. Aquella fue mi primera escuela donde aprendí algunas ideas.

Año 2003. Con cincuenta años sobre los hombros, ¿Qué es para mi una idea? Una herramienta para el sabotaje de la vida que nos quieren hacer vivir.

Granada, 4 de febrero de 2003.

Pepe García Rey

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