Dos libros, two books, две книги

Ya que entramos en el solsticio de invierno, que menos que hablar de dos libros, dos. Es muy pobre hacerlo de uno solo.

portada_web_rusos_1Como introducción decir que siempre es interesante, a mi me lo parece, ir a una librería o biblioteca y visitar las secciones que no frecuentamos mucho. Teniendo a dos pasos la biblioteca de Granada, planta alta y la de Andalucía, planta baja. Más de una vez paso la tarde visitando estanterías. Hace algunos años que dejé de visitar las de escritores españoles, franceses e ingleses. Ahora ando por los eslavos y helenos (están en el mismo área geográfico de la biblioteca). En el de los rusos ya he descubierto unos cuantos autores (de los que he mencionado algunos y otros me los reservo) de ahora y de los últimos años de la URSS,. Lecturas interesantes y, como dice Enrique López Viejo, en su magnífico libro “Tres rusos muy rusos“, todos ellos son “rusos muy rusos”.

Pero no me voy a referir a este entretenido libro. Empezaré por mi admirado Piotr Kropotkin. Persona bastante multidisciplinar (se dice ahora), polifacética (de hace algunos años) o renacentista (es la que me gusta), filósofo, geógrafo, teórico del anarcocomunismo, redactor de la Enciclopedia Británica, fugado de la fortaleza Pedro y Pablo, expresidiario, buena persona… y príncipe. Lo he leído mucho, sus libros “principales” forman parte de mi biblioteca de cabecera (durante algún tiempo creí que tenía todos sus libros, ingenuo), con el tiempo fue descubriendo que es imposible tener sus completas, y para mi sorpresa, el otro día descubrí una faceta que me era totalmente desconocida, la crítica literaria (por llamarla de alguna manera).

literaturaPiotr Kropotkin.
Editorial: La Linterna Sorda Ediciones. Colección Guardianes de Sueño.
384 páginas. Madrid, 2017

La edición en cuestión es del año 2014, reeditado en 2017 y es una preciosa edición de la editorial “la linterna sorda“, edición a la antigua usanza, es decir, el libro se puede abrir perfectamente y leer con comodidad, los grabados tienen un sabor a viejo, magníficos. La traducción es buena, hay algunos errores, pero creo que son más bien erratas de edición.

Comienza con una presentación, donde nos cuentan algo sobre Kropotkin, una carta inédita del mismo en la que habla de literatura. Siguen dos artículos introductorios sobre la literatura rusa, dos prefacios y por fin entramos en materia. Desde el primer capítulo introductorio, el autor intentan que comprendamos la historia de dicha literatura,  que, por cuestiones represivas, es más tardía que la del resto de Europa. Nos habla del folclore que da origen a la literatura. La lucha entre la literatura rusa cien por cien y la literatura con fuertes influencias extranjeras. Y para poder entender todo el proceso de creación, nos presenta a los diferentes movimientos que hicieron posible la aparición de la misma: los masones y los decembristas.

Por sus páginas desfilan –a través de un magnífico estudio en que se alían la historia, la biografía y la crítica literaria– la vida y las obras de las grandes figuras de las letras rusas: Pushkin y Gógol, creadores de la literatura moderna, Lérmontov, Turguénev, Tolstói, Dostoievski, Goncharov, Nekrásov, Bakunin, Korolenko, Herzen, la triste ironía de Chéjov, la airada rebelión de Gorki, la importancia de las primeras novelistas del pueblo: Khvoshchinskaia y Marko Vovchók, el satírico Shchedrin, los grandes críticos: Chernishevski, Belinski, Dobroliúbóv y Pisarev… la vida de cada uno de los escritores aquí relatada, encierra, por sí sola, una emocionante experiencia vital y humana.

A lo largo de la lectura vamos a ir comprendiendo la razón que hace que no tengan mucha literatura humorística, irónica, graciosa… Se suele hablar del “alma rusa”, él más bien lo adjudica al sistema polìtico feudal y muy represivo. Es una lectura que aconsejo vivamente, por supuesto a los kropotkianos no hace falta dicha recomendación, pero a los que no tengan nada que ver con el mundo libertario, también se lo aconsejo, es más, doblemente. Pues es una excelente historia de dicha literatura y permite un alto nivel de comprensión de porque es, o ha sido.

El libro nació como fruto de la compilación de una serie de conferencias sobre la Edad de Oro (siglo XIX) de la literatura rusa, pronunciadas por Kropotkin en el Instituto Lowell de Boston, en 1901

Cambio de tercio (detesto la tauromaquia pero me encanta su terminología para el lenguaje cotidiano) y de estilo. Nos vamos a Londres y a conocer algo sobre Geoff Emerick, que fuera ingeniero de sonido de EMI en Abbey Road y, por extensión, ingeniero de sonido en varios discos de los Beatles, entre ellos Revolver y Sgt Peppers y Abbey Road.

sonidob

Geoff Emerick & Howard Massey

Editorial: Indicios

412 páginas Barcelona 2011.

La traducción del título es un poco despropósito, seguramente buscando ventas y se transforma el británico: Here, There and Everywhere en un “El sonido de los Beatles“, con la escusa de que su autor fue ingeniero de sonido de dicho grupo entre 1966 y 1969 (incorrecto, no lo fue, era ingeniero de la EMI y está se los asignó). Motivo por el que vivió el giro copernicano que fue Revolver, la consagración del Pepper, y como corolario el desastre del Long and Winding Road junto a las disputas del Album Blanco y la rúbrica del Abbey Road, siendo un observador de todo lo que se estaba pergeñando a las larguísimas sesiones de grabación.

Pero el libro no es un anecdotario, sólo, de los Beatles en el estudio. Es una historia de las técnicas de grabación.  La mirada de Emerick es nostálgica, como si quisiera reflejar un tiempo perdido que nunca volverá. Cuando el autor ingresó en EMI todos sus empleados debían vestir acorde con los requisitos de la cadena laboral. Camisa blanca y pantalón negro para perpetuar un orden de falso comunismo en la pirámide capitalista de la música. Los discos se vendían con otra intencionalidad. Los artistas eran estrellas con limitaciones horarias y profesionales. Los Beatles en 1962 eran unos pipiolos que sólo ostentaban frescura a raudales, sin más. El trato que recibían era el propio de quien es contratado para desarrollar su empeño estipulado en la cadena de producción musical. Tocar, grabar y a casa. Gracias.

Las cosas cambiaron por la dinámica de los acontecimientos. Los Fab Four se transformaron en una máquina de ingresar dinero que merecía privilegios absolutos. Lo aprovecharon para imponer su criterio artístico aliados con George Martin, quien supo ver el talento de los chicos y llevarlo hasta el paroxismo con los métodos de otrora, una verdadera proeza en la que colaboró Geoff Emerick. Lennon pide que su voz suene como mil monjes tibetanos en la cima de una montaña. Primero te quedas en blanco. Luego activas el cerebro y ofreces una solución. Así fue el debut del ingeniero en Tomorrow Never Knows, al que seguirían varios frenesíes heroicos que además le sirvieron para comprender la personalidad de esos extraños individuos que dominaban el mundo con guitarras, bajos y baterías, pregonando paz y amor mientras en su fuero interno luchaban por asimilar la vorágine, mediática y creativa. Sin ese combate no se entendería el porqué desde Revolver al Album Blanco se va del éxtasis del primero a los reproches, peleas y Yoko Ono, culpable de la ruptura hasta cierto punto, que es el Blanco.

Los Beatles eran una familia forjada en la adolescencia, donde los sueños compartidos son un acicate que el progresar de la existencia reforzó y diluyó. Harrison se interesó por la cultura india. La fama les llevó a encerrarse cada uno en su propio yo. Doscientas canciones no pasan en balde. Nadie, absolutamente nadie había generado tanto dinero en tan breve período cronológico, lo que significa transcurrir muchos días con las mismas caras al lado, sin tener otra opción por confianza en la alquimia y la inercia de saberse en el paraíso. Hasta decir basta, lo que Emerick anticipó en el doble blanco al no soportar la tensión existente en el estudio y abandonar la sesiones de grabación para preservar su salud mental y tomarse un respiro ante tanta tensión.

A mediados de 1969 fue nuevamente solicitado para aportar su granito de arena a lo que sería el último disco del conjunto, Abbey Road, título nacido del hastío pero que simbolizaba el fin de una época y la importancia de esas cuatro paredes. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo eran las relaciones entre los dos líderes de la banda? ¿Cuál era la actitud de Harrison en los meses del adiós? El cuadro deparaba síntomas de descomposición que quedaron, en parte, relegados por la entrega de Paul, George y Ringo en completar una obra que se equiparara al resto de sus perlas. Lennon remaba en otra dirección más egocéntrica, preocupándose sólo por sus canciones mientras desquiciaba a los demás con una cama para Yoko y caprichos de divo enloquecido, salvo cuando se hacía su voluntad o las sesiones devenían un juego infantil, como acaeció con The End y su serie de solos de guitarra.

En algún que otro instante parece que el núcleo de la narración sea Paul McCartney. A lo largo de la lectura, podemos apreciar como Emerick se va decantando por Paul. Es un hombre de Paul, y a la hora de hablar de los cuatro tiene un trato de favor  fruto de lo intenso de su relación. El bajista es visto desde los primeros compases con un sutil bastón de mando al ostentar mayores dotes musicales. Lennon era la exuberancia y el descaro, pero quien manejaba los intangibles era el compositor de Eleanor Rigby, siempre atento al detalle melódico, siempre presente en su tesón por mantener al grupo unido y propulsarlo a latitudes desconocidas desde un afán perfeccionista inaudito y que la posteridad valorará en su justa medida, multiplicándose en varios ámbitos, dejándose los dedos con su instrumento y gestionando al monstruo de cuatro cabezas para que no se hundiera. Lo único que podía destruir al acorazado Beatle era su propia grandeza. Así terminó una aventura a la que siguieron carreras en solitario. El ingeniero pasó a ser productor, y gracias a ese progreso decisivo podemos deleitarnos con su relato nigeriano de la grabación de Band on The Run en Lagos, cuando Paul sufrió lo que no está escrito entre desastres sin precedentes, robos de letras y un colapso respiratorio que hizo temer por su aún joven singladura. El pánico cedió a un renacimiento y el disco fue uno de los más celebrados de los setenta, cuando la alegría del decenio anterior era un miraje y la música popular viraba hacia espectros con otras tonalidades.

emrick

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