DI (‘Defensa Interior’) y la resistencia libertaria contra el franquismo. (2)

LA RESISTENCIA DE LOS AÑOS SESENTA Y EL DI

di2Cuando en 1960 Sabater decide volver a España han caído las dictaduras de Pérez Jiménez, en Venezuela, y la de Batista, en Cuba, despertando nuevas esperanzas en el seno de la oposición antifranquista, del interior y del exilio. En España se ha creado el Frente de Liberación Popular (FLP), que se presenta como “frente antifranquista y organización revolucionaria”. En México, los jóvenes comunistas, socialistas, republicanos y libertarios crean el Movimiento Español 59 (ME 59) y algunos cenetistas, socialistas y republicanos fundan, al margen de sus organizaciones, la Acción de Liberación Española (ALE), exigiendo la unión y la acción. En Francia, los exiliados también despiertan de su letargo y, principalmente, entre los libertarios comienzan a replantearse proyectos de acción. Fruto de estas preocupaciones surge el Movimiento Popular de Resistencia (MPR), con posiciones y propósitos unitarios y combativos.

Apenas transcurrido poco más de un mes de la muerte de Sabater, el 18 de febrero, estallan en Madrid dos bombas y otras tres son encontradas sin estallar. El recientemente creado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) reivindica estas acciones. La policía detiene y acusa a Antonio Abad Donoso de ser uno de sus miembros. Abad es ejecutado en la madrugada del 8 de marzo de 1960.

Han pasado ya más de veinte años desde que el franquismo celebró su victoria, y si bien la sociedad española ha cambiado sociológicamente, políticamente no ha habido ningún cambio substancial. Se habla mucho de “liberalización”; pero el Régimen sigue impermeable a toda idea de apertura —por mínima que ésta sea— en el terreno político y en el social. Sólo se “liberaliza” la economía, y por ello las protestas populares resurgen a partir de 1960. Para desalentar toda veleidad de resistencia, Franco hace promulgar, el 26 de septiembre de 1960, un decreto endureciendo aún más la represión.

satamA principios de 1961, en la noche del 21 al 22 de enero, el DRIL despierta una inmensa oleada de entusiasmo al apoderarse del trasatlántico portugués Santa María y recordar al mundo la existencia de una resistencia activa contra las dictaduras de España y Portugal. Esta acción tiene una gran repercusión internacional. La hazaña impacta la conciencia del antifranquismo, particularmente en el seno del movimiento libertario por formar parte del comando varios cenetistas. Pasados unos meses, en julio, los jóvenes nacionalistas vascos fundan el movimiento Euskadi Ta Askatasuna (ETA) e intentan sabotear la vía férrea cerca de San Sebastián. El 8 de agosto, El Campesino (el célebre comandante comunista de la Guerra civil) inicia una acción guerrillera, atacando con 13 hombres armados la central eléctrica de Irabia, en Orbaiceta.

Estas acciones confirman el resurgir de tendencias activistas hasta en los medios nacionalistas vascos y en los comunistas. Ante este panorama, el antifranquismo clásico comienza a tomar conciencia de su responsabilidad y de la urgencia de reaccionar. Comienzan a proliferar grupos que denuncian el derrotismo del antifranquismo “oficial” y propugnan actitudes más combativas y unitarias. En el seno del Movimiento libertario exiliado comienzan también a oírse voces con propósitos unitarios y combativos. La militancia critica las posiciones inmovilistas de los comités y acaba poniendo en marcha una dinámica imparable en pro de la unidad confederal. Una dinámica que se concretiza en 1960, en el Primer Congreso intercontinental de Federaciones Locales de la CNT de España en el exilio, a través de una moción que permite dar un paso decisivo hacia la solución del cisma interno: “para no forzar la voluntad de nadie” y “con vistas a dar facilidades” se da “a cada Federación Local la autonomía de procedimientos para su liquidación”.

Así, apoyándose en esta moción, los partidarios de la unidad confederal comienzan a hacerla efectiva en todas las Federaciones Locales en donde la corriente unitaria es mayoritaria y a concertarse para hacerla definitiva en los próximos comicios. La dinámica “pro unidad” se extiende rápidamente a toda la organización, y, aunque aún subsisten antagonismos en otras Federaciones Locales, esta voluntad de unión y de acción se afirma definitivamente en el congreso de la CNT que se celebra en la ciudad de Limoges del 26 de agosto al  3 de septiembre de 1961. A este congreso asiste una delegación directa del Comité nacional de la CNT del Interior ya reunificada.

La presencia de esta delegación, que se pronuncia firmemente por la continuación “de la acción revolucionaria”, no es sólo decisiva para oficializar la reunificación del movimiento libertario en el congreso sino también para que se apruebe —en sesión reservada y por unanimidad— el dictamen sobre “defensa interior”. Este dictamen, elaborado por Germinal Esgleas, Vicente Llansola y Miguel Celma, propone la constitución de un organismo secreto para relanzar la lucha contra el régimen franquista y afirmar la presencia libertaria en España.

La “reunificación” y la aprobación de este Dictamen despiertan muchas expectativas en el seno de la militancia libertaria. Una buena parte de ella espera que ahora sí se dinamice la lucha contra el franquismo, y, desde finales de 1961, se crean comisiones para recoger fondos para el DI en las Federaciones Locales ya reunificadas. En cambio, el sector opuesto a la reunificación persiste en mantener vivos los conflictos personales que han impedido la reunificación en otras Federaciones Locales: sobre todo en las de Marsella y Venezuela.

A pesar de ello, y tras la aprobación del dictamen de Defensa Interior por la FAI y la FIJL, a principios del mes de enero de 1962 se reúne la Comisión de Defensa del MLE (integrada por los secretarios de la CNT, de la FAI y de la FIJL, más el secretario de coordinación de la CNT) para nombrar a los integrantes del DI. Cada organización presenta una lista y finalmente son nombrados los conocidos cenetistas Germinal Esgleas, Vicente Llansola, Cipriano Mera, Juan García Oliver, Acracio Ruiz, Juan Jimeno y Octavio Alberola en representación de las Juventudes Libertarias.

Los nombres de los miembros del DI sólo debían ser conocidos, en principio, por los integrantes de la Comisión de Defensa; pero, dada la situación conflictiva en el movimiento libertario, sus nombres comenzaron a circular entre la base, comprometiendo su situación personal e inclusive las tareas que el DI debía realizar. Es verdad que, dadas las circunstancias por las que atravesaba el movimiento libertario, era fundamental que el DI estuviese integrado por militantes de sólido historial: no sólo porque era muy importante consolidar la unidad del Movimiento, sino también porque de poco podía servir el criterio de capacidad “técnica” después de más de veinte años de exilio.

Por eso, aunque a la base se le dijo que se les había nombrado porque “por su pasado revolucionario constituían una sólida garantía en cuanto a la seriedad de las tareas específicas que el DI debía realizar”, la realidad es que habían sido nombrados más bien en tanto que representaban a las principales tendencias del movimiento libertario y para que estuviesen “representadas” las tres principales zonas del exilio: tres (Esgleas, Llansola y Mera) por los libertarios exilados en Francia, uno (García Oliver) por los de América, uno (Jimeno) por los de África del Norte y otro (Ruiz) por los de Inglaterra, puesto que yo representaba a la FIJL.

di6Dos meses después de haber sido nombrados, los miembros del DI se reúnen con la Comisión de Defensa en un pueblito de los alrededores de Toulouse. A esta reunión sólo ha faltado García Oliver, que ha enviado por escrito (a través de mí) su punto de vista sobre la estrategia a seguir para alcanzar los objetivos que al DI se le fijaron. La mañana y la tarde son dedicadas a analizar la situación del movimiento libertario en el exilio y en el interior de España, así como el contexto político y social nacional e internacional. Esgleas plantea algunas divergencias de tipo ideológico y táctico, mas se aprueba la visión estratégica desarrollada por García Oliver en su escrito. En esta reunión, la Comisión de Defensa queda responsabilizada de aportar, a través de su secretario (el secretario de coordinación de la CNT), los fondos necesarios para sufragar las actividades del DI, que el Dictamen Defensa Interior había evaluado, para una primera fase, a diez millones de Francos (viejos). Unos días después se reúnen de nuevo los seis miembros del DI, presentes en la primera reunión, para decidir —en función de lo estipulado en el Dictamen Defensa Interior— el modo de funcionamiento del DI y evaluar las posibilidades humanas y materiales que el movimiento libertario podía ofrecer para aplicar el plan de acción aprobado. En esa reunión, Germinal Esgleas se propone para asumir la responsabilidad de la sección de propaganda y Vicente Llansola para preparar un atentado contra Franco. Los cuatro restantes quedamos encargados de preparar los grupos de acción, y yo, además, debo asegurar la coordinación entre los miembros del DI, así como entre las diferentes actividades. Esgleas recibe 100.000 francos (viejos) para comenzar a preparar las actividades de propaganda, y Llansola recibe un millón de francos (viejos) para organizar el atentado contra Franco. A los cinco miembros restantes se nos atribuyen, en principio, cinco millones de francos (viejos) para comenzar a preparar las actividades que se nos han encomendado; pero, de esta cantidad, el secretario de la Comisión de Defensa (Angel Carballeira) sólo nos entrega 500.000, en dos ocasiones. La razón argüida es que ha entregado todos los fondos a los “compañeros de España”. Pero la verdadera razón es que Esgleas, al constatar la voluntad y empeño de los otros cinco miembros de cumplir los acuerdos y que el DI se le escapa de las manos, ha decidido impedir su puesta en marcha y, para ello, se vale de Carballeira. A esta labor obstruccionista se suma también Llansola y todo el sector opuesto a la reunificación de la CNT.

Al constatar tal propósito, el resto de los miembros del DI — respaldados por el secretario del Comité Intercontinental (SI) de la CNT y el de la Comisión de Relaciones de la FIJL— deciden mantener el DI y seguir adelante con los planes de acción aprobados. El tiempo es un factor crucial para el relanzamiento de la lucha contra la dictadura franquista, y, por el momento, no se debe perder éste en denunciar orgánicamente a los que actúan de manera tan irresponsable. Hay que dejarlo para más tarde. Lo primero es “recordar” a la opinión pública nacional e internacional que, en España, hay una dictadura, que la represión continúa y que en las cárceles hay todavía miles de presos políticos. Y, al mismo tiempo que se recuerda esto, hay que tratar de interesar a las otras fuerzas antifranquistas a sumarse a esta acción. Además, y puesto que Llansola se niega a informar sobre el “avance” de su misión, se decide asumir la preparación del atentado contra Franco.

di7La reactivación de las acciones de resistencia comienza el 5 de junio de ese mismo año con la explosión de dos bombas en Madrid, una en la Vicaría general castrense y otra en la Nunciatura. El 8 de junio, también en Madrid, estalla una bomba en el Banco Popular Español (Opus Dei). El l3 de junio estalla en Madrid una bomba en el Instituto de Previsión Social (Falange), y, el 30 de junio, en Barcelona, estallan bombas en la Residencia de Monterolas y en el Instituto Nacional de Previsión Social, así como en la Residencia de Falange. Todas estas acciones son reivindicadas por la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). El 15 de julio estalla una bomba en el balcón de la Casa consistorial de Valencia, desde el que días antes Franco había pronunciado un discurso. El comunicado dice: “te seguimos los pasos”. El 12 de agosto estalla una bomba en la Basílica del Valle de los Caídos, y el comunicado dice: “ni en tu tumba descansarás tranquilo”. Estas dos acciones son reivindicadas por el DI y el MLE. El 19 de agosto, en San Sebastián, explosiona una fuerte carga de plástico cerca de la entrada del Palacio de Ayete, residencia estival de Franco. En la prensa se habla de una tentativa de atentado contra Franco. El comunicado dice: “la próxima ocasión será la buena”. Ese mismo día, en Madrid, estallan bombas en las sedes de los diarios Ya y Pueblo. El 20 de agosto, en Barcelona, estallan bombas en las sedes de los diarios La Vanguardia y ABC. El 23 de septiembre, en Roma, estallan dos bombas incendiarias en la Basílica de San Pedro, poco antes del Concilio Vaticano. El 7 de octubre, en Nueva York, estalla una bomba en la ventana de la residencia del Cardenal Spellman, gran amigo del régimen franquista. Las reivindicaciones enviadas a la prensa recuerdan el apoyo de la Iglesia a Franco. El 29 de septiembre, en Milán, es raptado el vicecónsul Elías para impedir la condena a muerte del estudiante libertario catalán Jorge Conill que había sido detenido unas semanas antes al mismo tiempo que otros jóvenes libertarios de Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valladolid. Entre el 2 y el 3 de diciembre estallan bombas en la residencia del gobernador militar de San Sebastián, en el Palacio de Justicia de Valencia, en el Tribunal de Cuentas del Reino de Madrid y en el Palacio de Justicia de Lisboa, así como en el consulado español de Ámsterdam. Estas acciones son reivindicadas por el Consejo Ibérico de Liberación (CIL).

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