🇪🇺💔🇬🇧La saga del Brexit⛓

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Leyendo la prensa del pasado lunes, recordé que las negociaciones con Bruselas son siempre como una obra de teatro de segunda categoría. Los ultimátums los emiten los negociadores de la UE frente a un gobierno británico que habla con entusiasmo de las líneas rojas y la soberanía. Pero ahora, si hay que creer al Telegraph, es Boris Johnson quien le ha dado a la UE 38 días para proponer un acuerdo post-Brexit – o si no. Aunque la historia no está del lado de Johnson, hay una diferencia entre él y otros premiers que se han doblado: no es un farol. Parece que le gustaría un acuerdo, pero no está desesperado por uno. Veremos cómo la UE trata esto en octubre, cuando se supone que concluirán las conversaciones comerciales. Dejando de lado este último episodio de la saga del Brexit, he comenzado a preparar un debate en el parlamento griego sobre la gestión del Covid-19 por parte de nuestro gobierno. Nuestro partido, MeRA25, no ha sido el único en criticar al gobierno por no contratar más médicos y personal sanitario, dejando nuestro servicio nacional de salud en un estado ruinoso después de una década de austeridad. Sin embargo, he sido el único portavoz parlamentario en absolver al gobierno por incompetente y en su lugar afirmé que era su objetivo político concreto entregar la sanidad pública en brazos de una oligarquía parasitaria que busca privatizarla (🤔¿De qué me suena esto?).

Triste y enojado

Dos días después, me desperté con la noticia de que el campo de refugiados de Moria en Lesbos había ardido durante la noche. Montado en 2015, cuando casi un millón de personas pasaron por la isla, se convirtió finalmente en un campo de prisioneros autorizado por la UE, con 13.000 personas hacinadas en un espacio diseñado para 1.800. Si bien al principio podían entrar y salir libremente del campamento, más recientemente las puertas se cerraron con llave. En respuesta a los informes de que los refugiados habían iniciado los incendios con la intención de quemar el horrible campamento, gritos xenófobos llenaron las ondas de radio. Políticos, burócratas y comentaristas compitieron para encontrar formas de condenar a los migrantes “ingratos“. Un ministro dijo que no se debe chantajear al Estado para que ofrezca mejores condiciones, y que se debe dar una lección a los refugiados al dejarlos sufrir en tiendas de campaña improvisadas durante meses. Entristecido y enojado por esta cacofonía, publiqué lo siguiente en mi blog: ¿Qué harías si tú, tu familia y otras 13.000 personas fueran encarceladas en un campo de prisioneros construido para 1.800 personas, sin agua corriente, sin calefacción, sin saber cuándo se te concederá una audiencia para decidir entre la deportación y el asilo (algunas personas llevan allí  cuatro años) y, para colmo, te enteraras de que 35 pruebas positivas de Covid-19 fueron devueltas en un entorno donde es imposible autoaislarse y donde no hay ningún médico para cuidarte? ¿No intentarías encontrar una manera de romper las puertas para poder escapar del infierno? ¿Estaría mal empezar a pensar que tal vez iniciar un incendio es la respuesta? No, tendrías razón. De hecho, ¡sería tu deber iniciar ese fuego! Pronto, los medios griegos informaron que el líder del MeRA25 se ponía del lado de los extranjeros violentos contra su propia gente. Curiosamente, me sentí honrado de estar en el extremo receptor de su veneno.

Los primeros actores desaparecidos

Sintonizando Radio 4, me saludaron con la noticia de que Boris Johnson había introducido su “regla de los seis”. Cambiando a las estaciones griegas, escuché que hordas de oficiales y policías antidisturbios habían desembarcado en Lesbos con la intención de “apretarle las tuercas a los refugiados“. Deseaba tanto que la regla de los seis se aplicara aquí también. Tratando de cambiar mi pensamiento a otro lugar, recordé que era el 10 de septiembre, el día en que mi nuevo libro (Another Now: Dispatches from an Alternative Present) ha sido publicado en el Reino Unido. Los lectores pronto estaran diseccionando mi primera novela de ciencia política-ficción. El uso de este medio ha resultado ser la única manera para poder hacer lo que había evitado durante décadas: esbozar una alternativa plausible al capitalismo. Me preguntaba qué pensaría la gente de Iris, Eva y Costa, los tres personajes que conjuré para contar la historia de cómo, tras la crisis financiera de 2008, la humanidad construyó una especie de socialismo democrático, personajes de los que acabé aprendiendo mucho y que ahora echo mucho de menos.

El peso del pasado

El 11 de septiembre se conmemoran dos aniversarios terribles; las imágenes de la caída de las torres gemelas se mezclan con los ecos del golpe de Estado de 1973 que mató a Salvador Allende y llevó al carnicero de Chile a la presidencia. Conocí a amigos refugiados chilenos en la Universidad de Essex en 1979, y recuerdo el coraje con el que escondieron su dolor. En nuestros extraños tiempos, los comentaristas del Reino Unido se ensañaban con la maniobra de Johnson para amenazar la inviolabilidad de su Acuerdo de Retirada. ¿Se ha vuelto la política insoportablemente aburrida? ¿O el peso de estos dos aniversarios lo hace parecer así? En poco tiempo, el primer ministro griego me obliga a reenfocarme. Con nuestro sistema de salud pública y la economía en ruinas, lanza un discurso para avivar las llamas del nacionalismo. Grecia, declaró, compraría aviones de combate y fragatas de Francia por miles de millones, aumentando nuestra ya impagable deuda. Ahí lo tenemos: una nueva carrera armamentista con Turquía, que Grecia sólo puede perder, está en marcha – y traerá más austeridad y hundirá a nuestro pueblo más profundamente en la servidumbre de la deuda.

Entrando en el post-capitalismo

El 12 de agosto se informó de que la economía de Gran Bretaña estaba en su peor caída desde que se iniciaron los registros, ya que el PIB cayó más de un 20% durante el primer semestre del año. Media hora después, la Bolsa de Valores de Londres se disparó, el FTSE100 subió más de un 2%. El mundo del dinero finalmente se había desvinculado del capitalismo. Los mercados de dinero estaban divorciados de las ganancias. Lo que tenemos ahora es una variedad distópica del post-capitalismo. Tal vez mi libro vio la luz del día en el momento oportuno. Por otra parte, tal vez no.

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😖 Puig Antich y los últimos cinco ejecutados por Franco quedarán excluidos de la Ley de Memoria Democrática que prepara el Gobierno

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