馃攳Malas noticias de la UE: El Tribunal Supremo bendice la orden de depuraci贸n global馃敪

mundo

La Uni贸n Europea parece haberse enamorado de la idea de exigir a los proveedores de servicios que editen Internet, con consecuencias predecibles para la libertad de expresi贸n. Hasta hace poco, hab铆a razones para esperar que esas consecuencias pudieran ser contenidas. Por ejemplo, el m谩s alto tribunal de la Uni贸n Europea dictamin贸 recientemente que el derecho al olvido de la Uni贸n Europea no exige que Google elimine de la lista de resultados de b煤squeda a nivel mundial, manteniendo as铆 los resultados a disposici贸n de los usuarios de todo el mundo, incluso si se desindexan del sitio asociado a un determinado Estado de la Uni贸n Europea.

Pero la semana pasada, en un caso de difamaci贸n en Austria, el mismo tribunal sostuvo que los tribunales nacionales de los Estados miembros de la UE pueden ordenar a los intermediarios no s贸lo que eliminen el contenido difamatorio de todos sus servicios, es decir, a nivel mundial, sino tambi茅n que eliminen el material id茅ntico o “equivalente“.

Tal vez no sea sorprendente en este momento pol铆tico, este caso comenz贸 con un pol铆tico de piel fina. La jefa del Partido Verde Austriaco, Eva Glawischnig-Piesczek, demand贸 a Facebook, exigiendo que la empresa retirara un art铆culo publicado por un usuario y los comentarios online relacionados que la llamaban “p茅sima traidora“, “pat谩n corrupta” y miembro de un “partido fascista“. Un tribunal austr铆aco consider贸 que los comentarios eran difamatorios, y orden贸 a Facebook que retirara los comentarios de sus servicios y bloqueara a los usuarios para que no los repitieran.

En la apelaci贸n, el CJEU tuvo que decidir si la decisi贸n del tribunal austriaco era coherente con la ley de intermediaci贸n de la UE. Seg煤n la ley de la UE, los intermediarios pueden ser considerados responsables de contenido il铆cito s贸lo si tienen conocimiento de que el contenido est谩 en su sitio, y no se les puede exigir que vigilen afirmativamente la actividad ilegal. El CJEU determin贸 que, dado que Facebook ten铆a conocimiento tanto de las declaraciones espec铆ficas como de otras declaraciones “equivalentes” a ellas -y por lo tanto no tendr铆a que hacer una evaluaci贸n independiente de la ilegalidad-, la orden del tribunal austr铆aco era compatible con la legislaci贸n de la UE.

Este es un resultado terrible.

En primer lugar, el contenido real en cuesti贸n es claramente l铆cito en muchos pa铆ses, incluidos los Estados Unidos. Todas las declaraciones consideradas difamatorias en virtud de la legislaci贸n austr铆aca se considerar铆an hip茅rboles ret贸ricas no difamatorias en virtud de la legislaci贸n de los Estados Unidos. De hecho, los pol铆ticos y otras figuras p煤blicas pueden ser objeto de una hip茅rbole m谩s severa que “zoquetes corruptos“. Esa es una de las formas en que mantenemos a ellos, y a sus egos, bajo control. Adem谩s, bajo la ley de EE.UU. la difamaci贸n es inherentemente contextual. Las mismas palabras que pueden ser capaces de un significado difamatorio en un contexto, no lo ser谩n en otro. Por lo tanto, incluso si un tribunal decide que una frase espec铆fica es difamatoria y ordena que se elimine la declaraci贸n espec铆fica, no puede ordenar la eliminaci贸n de futuras apariciones de la misma frase. Por lo tanto, es bastante inquietante que otro pa铆s pueda decidir lo contrario y, como cuesti贸n pr谩ctica, impedir que personas que ni siquiera viven all铆 hablen o incluso reciban la informaci贸n. Esa carga ni siquiera fue mencionada por la CJEU.

En segundo lugar, el tribunal llega, efectivamente, a la conclusi贸n de que el requisito de impedir que aparezca un lenguaje similar no es una obligaci贸n de vigilancia afirmativa siempre que la “vigilancia” se haga mediante filtros. Si bien es probable que Facebook pueda desarrollar herramientas que reconozcan cuando alguien dice “Eva Glawischnig-Piesczek es una pat谩n corrupta“, no est谩 nada claro que esas herramientas puedan reconocer autom谩ticamente el equivalente funcional. Una vez m谩s, los robots no nos salvar谩n.

En tercer lugar, esta decisi贸n establece un precedente que puede no s贸lo aplicarse a Facebook. Una compa帽铆a m谩s peque帽a que se enfrentase a una orden similar, probablemente o limitar铆a dr谩sticamente, o eliminar铆a completamente las publicaciones de los usuarios. As铆, una vez m谩s, la UE est谩 ayudando a asegurar que los gigantes de los medios sociales de hoy en d铆a no teman a la competencia, porque nadie m谩s tendr谩 los recursos para cumplir con la creciente red de regulaciones de la palabra.

Esta decisi贸n, que se produce despu茅s de la nueva directiva de la UE sobre los derechos de autor, que tambi茅n requiere un filtro, refuerza el creciente papel de la UE como polic铆a de Internet y su voluntad de desempe帽ar ese papel sin tener en cuenta su impacto en los ciudadanos de fuera de la UE.

Hay un rayo de esperanza. El CJEU explica que toda orden de bloqueo debe tener en cuenta “el marco del derecho internacional pertinente“. Una manera de evaluar esto ser铆a considerar el art铆culo 19 de la Declaraci贸n Universal de Derechos Humanos, que sostiene que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opini贸n y de expresi贸n; este derecho incluye la libertad de no ser molestado a causa de sus opiniones, la de investigar y recibir informaciones y opiniones, y la de difundirlas, sin limitaci贸n de fronteras, por cualquier medio de expresi贸n“. Los tribunales de los Estados miembros deber铆an considerar el impacto de cualquier orden sobre los derechos de libertad de expresi贸n antes de emitir una orden de destituci贸n global.

Facebook ha indicado que desafiar谩 la sentencia. No hay m谩s opciones de apelaci贸n en la UE, pero podr铆a recurrir en los tribunales internacionales o, siguiendo el ejemplo de Google cuando recibi贸 un mandato de retirada de la lista global de un tribunal canadiense, impugnar la aplicabilidad de la orden en los Estados Unidos. Google gan贸 ese desaf铆o, y es probable que Facebook tambi茅n lo haga. Pero de ser as铆, eso seguir谩 siendo un peque帽o consuelo para las plataformas m谩s peque帽as que no pueden permitirse el lujo de litigar estas cuestiones en m煤ltiples pa铆ses.

Para m谩s informaci贸n sobre los problemas de este caso, mira este an谩lisis detallado de Daphne Keller de Stanford.

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