🏐El fútbol rompe con las barreras del capitalismo.🤾🏽

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Europa ha descubierto su Rubicón moral, la frontera más allá de la cual la mercantilización se vuelve intolerable. La línea en la arena que los europeos se niegan a cruzar, pase lo que pase, acaba de ser trazada.

nos sometemos a los banqueros que casi hacen reventar el capitalismo, rescatándolos a costa de nuestros ciudadanos más débiles. Hicimos la vista gorda ante la evasión fiscal masiva de las empresas y la venta de activos públicos. Aceptamos como algo natural el empobrecimiento de los sistemas públicos de sanidad y educación, la desesperación de los trabajadores con contratos de cero horas, los comedores sociales, los desahucios de viviendas y los niveles de desigualdad alucinantes. Asistimos al secuestro de nuestras democracias y al despojo de nuestra privacidad por parte de las grandes empresas tecnológicas. Todo esto lo podíamos soportar.

¿Pero un plan que acabara con el fútbol tal y como lo conocemos? Nunca.

La semana pasada, los europeos mostraron la tarjeta roja a los magnates -y a sus financieros- que intentaron robar el deporte rey. Una potente coalición de conservadores, izquierdistas y nacionalistas, que abraza de norte a sur Europa, se levantó en oposición a un acuerdo secreto de los propietarios de muchos de los clubes de fútbol más ricos del continente para formar la llamada Superliga. Para los propietarios -entre los que se encuentran un oligarca ruso, un miembro de la realeza árabe, un magnate chino de la venta al por menor y tres potentados del deporte estadounidense- la medida tenía un evidente sentido financiero. Pero desde la perspectiva del público europeo, fue la gota que colmó el vaso.

LLa temporada pasada, se clasificaron 32 clubes para jugar en la Liga de Campeones europea, repartiéndose 2.000 millones de euros en ingresos por derechos de televisión. Pero la mitad de los clubes, equipos como el Real Madrid y el Liverpool, atrajeron la mayor parte de las audiencias televisivas europeas. Sus propietarios veían que el pastel aumentaría sustancialmente si se programaban más derbis entre equipos como el Liverpool y el Real Madrid, en lugar de partidos protagonizados por equipos humildes de Grecia, Suiza y Eslovaquia.

Y así fue como se gestó la propuesta de la Superliga. En lugar de repartirse 2.000 millones de euros entre 32 clubes, los 15 primeros calcularon que podrían repartirse 4.000 millones entre ellos. Además, al crear una tienda cerrada, con los mismos clubes todos los años, independientemente de sus resultados en sus campeonatos nacionales, la Superliga eliminaría el colosal riesgo financiero al que se enfrentan todos los clubes en la actualidad: no clasificarse para la Liga de Campeones del año siguiente.

golDesde el punto de vista financiero, expulsar a los rezagados y formar un cártel cerrado era el siguiente paso lógico en un proceso de mercantilización que comenzó hace tiempo. Se trataba de un acuerdo que cuadruplicaría los flujos de ingresos futuros y eliminaría el riesgo al convertir esos flujos en un activo titulizado. ¿Resulta extraño que JPMorgan Chase se apresurara a financiar el acuerdo con una oferta de 300 millones de euros a cada uno de los 15 clubes que aceptaran dejar la Liga de Campeones?

mientras que el culebrón del Brexit ha durado, y dura, años, este particular intento de ruptura se ha derrumbado en dos días. Cualquiera que sea la lógica financiera detrás de la Superliga, sus conspiradores no tuvieron en cuenta una fuerza intangible pero irresistible: la convicción generalizada entre los aficionados, los jugadores, los entrenadores, las comunidades y sociedades enteras de que ellos, y no los magnates, eran los verdaderos propietarios del Liverpool, la Juventus, el Barcelona y el resto.

¿Y quién podría culpar a los propietarios por no haberlo visto venir? Nadie protestó cuando sacaron a bolsa las acciones de sus clubes junto a McDonald’s y Barclays. Durante años, los aficionados observaron pasivamente cómo los oligarcas invertían miles de millones en unos pocos clubes punteros, acabando con toda la competencia real al llenar sus plantillas con los mejores jugadores del mundo.

Pero mientras el público europeo podía tolerar que la probabilidad de que un rezagado ganara alguna vez algo se había reducido casi a cero, la Superliga arrojaba dicha probabilidad a la basura. Maximizar los beneficios significaría ahora la extinción formal de la posibilidad incluso de soñar que un equipo humilde como el Stoke City o el Panionios de Atenas pudiera ganar algún día la Liga de Campeones. La eliminación total de la esperanza, por muy lejana que la haya hecho el capitalismo, supuso la chispa que detuvo a la oligarquía del fútbol en su camino.

aAl mismo tiempo, en los Estados Unidos, incluso los cínicos magnates del deporte entienden que el capitalismo de libre mercado ahoga la competencia. La Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) es un dechado de competitividad agresiva, y no sólo porque los supermusculosos jugadores sacrifiquen su salud por riqueza, fama y posibilidad de alcanzar la gloria en la Super Bowl. La NFL es competitiva porque impone a sus equipos un estricto límite salarial, mientras que los más débiles tienen garantizada la elección de los mejores jugadores novatos. El capitalismo estadounidense sacrificó el libre mercado para salvar la competencia, minimizar la previsibilidad y maximizar la emoción. La planificación centralizada convive en pecado con la competencia desenfrenada, directamente bajo los focos del mundo del espectáculo estadounidense.

Si el objetivo es una liga de fútbol emocionante y financieramente sostenible, el modelo americano es lo que Europa necesita. Pero si los europeos se toman en serio su reivindicación de que los clubes deben pertenecer a los aficionados, a los jugadores y a las comunidades de las que se nutren, deberían exigir que las acciones de los clubes se retiren de la bolsa y que se consagre en la ley el principio de un socio-una acción-un voto.

La cuestión crucial de si la oligarquía debe ser regulada o desmantelada va mucho más allá del deporte. ¿Bastará el programa de gasto y regulación del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para frenar el poder desenfrenado de unos pocos para destruir las perspectivas de la mayoría? ¿O la verdadera reforma exige un replanteamiento radical de quién es dueño de qué?

Ahora que los europeos han descubierto su Rubicón moral, puede haber llegado el momento de una rebelión más amplia que reivindique a Bill Shankly, el legendario entrenador del Liverpool y socialista acérrimo. “Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte“, dijo Shankly. “Puedo asegurar que es mucho, mucho más importante que eso“.

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