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Anarcofeminismo en la Argentina del siglo XIX – 1896 -1897.

El anarcofeminismo surge en Buenos Aires en la década de 1890 en un contexto marcado por tres factores que distinguían a la Argentina del resto de los estados latinoamericanos del siglo XIX:

  1. un crecimiento económico rápido,
  2. el flujo de grandes números de inmigrantes europeos, y
  3. la formación de un movimiento obrero activo y radical.

ddurante la segunda mitad del siglo XIX, la economía argentina estaba pasando por un momento de expansión espectacular. En el período comprendido entre 1860 y 1914, las tasas de crecimiento real del PBI estaban entre las más altas del mundo, lo que otorgaba a la Argentina un liderazgo sobre el resto de Latinoamérica, que iba a ser retenido hasta los años sesenta. La base de esta expansión era la explotación de las fértiles pampas, las infinitas llanuras del interior, las cuales producían trigo y carne baratos para los mercados europeos. Como la demanda de estos productos creció, y la capacidad productiva argentina se incrementó, el área de tierra cultivada se elevó de aproximadamente 80.000 ha en 1862 a 24 millones en 1914 (Ferns, 1960).

El crecimiento de la economía incrementó la demanda de trabajo, y ésta fue satisfecha por la inmigración en gran escala. Desde la década de 1870 en adelante, se abrieron oficinas especiales en Italia, España, Francia y Alemania para atraer a los inmigrantes a la Argentina, con la promesa de tierras baratas, pasajes y préstamos. La respuesta en las áreas deprimidas de Europa fue extraordinariamente positiva, y la tasa de inmigración alcanzada no tuvo comparación con la de ningún otro lugar en el subcontinente.

rynEl mayor grupo de inmigrantes estaba compuesto por italianos, quienes en 1895 representaban el 52% del número total de inmigrantes. Los españoles conformaban el segundo grupo más grande, con el 23,2% del total, y los franceses representaban el 9,6%. Pequeños porcentajes de alemanes, británicos, austríacos, uruguayos, árabes, suizos y europeos del este integraban el resto. Fue entre estas  comunidades de inmigrantes que el grupo que produjo La Voz de la Mujer surgió y desplegó su actividad. El anarquismo como ideología política fue originalmente importado por los inmigrantes provenientes de los países europeos en los cuales el movimiento anarquista era fuerte -Italia, España y Francia-. Los grupos y las publicaciones anarquistas, muchos de los cuales fueron fundados por refugiados políticos de Europa, emergieron por primera vez en las décadas de 1860 y 1870.

photo_2022-04-15_12-29-44A pesar de los orígenes foráneos del anarquismo, no hay duda de que las condiciones materiales que encontraron los inmigrantes en la Argentina proveyeron un terreno fértil para el mismo. Tras su llegada a Buenos Aires, aproximadamente la mitad de los inmigrantes buscaban inicialmente su fortuna en la tierra, mientras que el resto encontraba trabajo en la economía portuaria en expansión y en otros centros urbanos tales como Rosario y La Plata. Se convirtieron en jornaleros, obreros, empleados domésticos y empleados públicos en los proyectos de construcción financiados por el estado. La mayoría eran miembros de la clase trabajadora rural o urbana, que habían venido a la Argentina para escapar de las privaciones de sus propios países y lograr fortuna.

Las comunidades inmigrantes, que integraban la naciente clase trabajadora, tuviron un papel predominante en la formación de sus ideologías y del carácter de sus luchas. Trajeron de Europa una cultura política que emergió a partir de su experiencia con las organizaciones y las formas de acción de la clase trabajadora, trasladando los debates sobre el anarquismo, el socialismo y la organización de los sindicatos a las tiendas, los conventillos y los cafés de Buenos Aires, Rosario y La Plata. La primera huelga, en 1878, fue organizada por el Sindicato de Prensa, establecido 20 años antes por cooperativistas españoles. En la década de 1880 se habían extendido las formas de organización y de resistencia de la clase trabajadora, y este crecimiento se aceleró por el inicio de una recesión severa, conocida como la crisis Baring, que azotó a la Argentina entre 1889 y 1891. El colapso económico precipitó una crisis gubernamental, un levantamiento por parte de los militantes del naciente partido radical, y la primera ola extendida de acción huelguista, al final de la cual había pocas ramas del empleo que hubieran escapado a los efectos del descontento de los trabajadores.

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En este clima de creciente militancia de la clase trabajadora, en las décadas de 1880 y 1890, había grupos revolucionarios activos que producían panfletos y diarios, organizaban mítines masivos, presentaban obras de teatro y participaban en huelgas y manifestaciones. Hasta la emergencia del Partido Socialista como una fuerza significativa a fin de siglo, gran parte de estas actividades eran llevadas a cabo por anarquistas, muchos de los cuales, como Ettore Mattei y Enrico Malatesta, eran exiliados de Europa. Contaban con un apoyo significativo en la clase trabajadora y controlaban un número significativo de sindicatos poderosos, entre los cuales se encontraba el de los panaderos (organizado por Mattei) y el de los albañiles. En las décadas de 1880 y 1890 llegaron a existir hasta 20 diarios anarquistas simultáneamente en francés, español e italiano; ocasionalmente aparecían artículos en cada uno de esos idiomas en el mismo diario.

El anarquismo en la Argentina alcanzó su pico en las primeras dos décadas del siglo XX, y la historia anterior de este movimiento puede ser vista como un avance lento y muchas veces interrumpido hacia este clímax. La Voz de la Mujer apareció después de medio siglo de continua y tentativa actividad anarquista, y como una de las primeras expresiones de lo que llegaría a ser el anarquismo argentino en su mejor momento.

El comunismo anárquico, un ideario particular en el discurso anarquista, al que adhieren las redactoras de La voz de la mujer, este movimiento se vincula con ideas referidas a la emancipación de la mujer. En este sentido, se propone la búsqueda de puntos de contacto y de analogías entre ambas ideologías, caracterizadas por un discurso fuertemente combativo, que busca construirse a partir de la oposición y la diferenciación.

En este contexto particular surge en enero de 1896 esta publicación hecha por y para mujeres, que participa de los modos de expresión propios de los movimientos reformistas de la época: la clandestinidad y la vida efímera. Que se pone de manifiesto en las apariciones esporádicas y en las dificultades para sostenerse económicamente; en el encabezamiento de la publicación de todos los números reza «Aparece cuando puede y por suscripción voluntaria», lo que evidencia la precariedad de su circulación, que finalizará de forma abrupta con el número 9, de enero de 1897, a un año exacto de su irrupción en el espacio público.

Las temáticas de los artículos se proponen denunciar y rechazar enérgicamente toda forma de opresión de la mujer en su doble condición femenina y trabajadora. En este sentido, la mayoría de los textos aparecidos en los números de La voz de la mujer actúan como proclama y como contradiscurso frente a una hegemonía masculina, identificada con el discurso del poder, en todas sus manifestaciones. La prosa es combativa, busca la polémica, el enfrentamiento, la reacción, por lo que se inscribe en la tradición de los manifiestos, de las proclamas bélicas y de todos los discursos que intentan instalarse en el espacio público a partir de su autodefinición y diferenciación de los otros discursos vigentes.

A lo largo de los números comienzan a manifestarse ciertos desplazamientos discursivos que se apartan progresivamente del feminismo radicalizado de las primeras publicaciones hacia un discurso más político, en el que se reivindica al anarquismo como movimiento político y social, por lo que el tono de los textos apunta más a expresar y reafirmar el ideario anarquista que a postular principios feministas.

La voz de la mujer se presenta como un valioso portador de la voz femenina, que procuró legitimarse en un ámbito hostil, y esto invita también a releer, desde otra perspectiva, esta visión diferente de la historia a partir de la conformación de un grupo con voz propia: las mujeres anarquistas y su búsqueda particular de justicia.

(Doy las gracias a Maxine Molyneux y a la Universidad Nacional de Quilmes a quienes les he podido fusilar ideas y noticias sobre dicha publicación)

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