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Desarrollo de un intento por justificar lo injustificable.

El Estado, intrínsecamente, se constituye para ejercer el poder, y para ejercer el poder (pues el poder se ejerce y, como la historia no para de demostrar, tiene su propia lógica) es tarea obligada mantener el orden, con lo que el Estado se convierte en el garante de un orden; el orden, impuesto por el poder, el orden, necesario para que el poder exista. Hay diversas formas de mantener el orden pero las más eficientes suelen ser aquellas basadas en el palo y la zanahoria. Según esta filosofía para que la persona gobernada se porte bien, es decir se pliegue a los designios del poder y mantenga el orden, se le promete algo (generalmente material) que por supuesto nunca o muy pocas veces alcanzará, y cuando se porta mal se le castiga. Pero en las formas más sofisticadas de ejercicio del poder (y cabe recordar de nuevo que el poder se ejerce principalmente y de manera más elaborada y eficaz mediante la constitución de un estado), es decir, en los autodenominados estados de derecho: las democracias, pero también en muchas dictaduras, no sólo se mantiene el orden mediante un palo (con su zanahoria) sino que también se justifica el garrotazo al desobediente. Esto ocurre porque en estas formas algo más sofisticadas, el Estado se presenta a sí mismo como un simple arbitro y garante de la convivencia, pues como decía Madison, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica, los gobernantes frente a los gobernados sólo tienen en última instancia de su parte la opinión. Por este motivo el estado siempre tratará de justificar de alguna manera o de otra sus castigos, cual padre benévolo que azota a sus hijos, por su bien, para conducirles por el camino de la rectitud y que cuando les castiga sufre más dolor que los castigados por tener que recurrir a tan extrema medida. Se puede decir sin ambages que, a día de hoy (y esto es algo que se puede rastrear desde el pasado más reciente hasta nuestros días) el garrote más grueso que tiene el Estado, su látigo más acerado y mortífero es la ley antiterrorista. Pero ¿de dónde sale esta ley?

Tradicionalmente, desde los albores de la constitución de los primeros estados (de forma embrionaria, eso sí) hace más de siete mil años, el poder, instituido en aparato estatal para regir la sociedad, ha tenido y tiene dos tipos de enemigos: el enemigo externo, al que siempre trató como “bárbaros” o “invasores” y el enemigo interno, al que siempre etiquetó de “bandoleros”. En el siglo XIX el Estado se ha convertido ya en un estado liberal­burgués, democrático y representativo en lo político y plenamente capitalista en lo económico y a resultas de la industrialización, la misma que permitió impulsar y moldear el capitalismo liberal, el poder de la época hubo de enfrentarse a diversas revueltas y revoluciones obreras y al nacimiento de las grandes ideas revolucionarias y libertadoras del momento (y que más o menos aún perduran): el marxismo y el anarquismo. Para enfrentarse de manera más eficaz y sin que el mantenimiento del status quo supusiera una fractura muy grande de los principios humanistas y liberales que el establishment decía sostener e impulsar, se creó una legislación especial para tratar el tipo de delitos que podrían quebrar el orden y traer la pretendida emancipación y liberación de la humanidad de la explotación y opresión y de sus explotadores y opresores. Esa legislación daba un tratamiento especial a quienes la vulneraban, tanto jurídicamente como ante la opinión de las oprimidas, con un especial ahínco (más que en otras épocas) de denostación moral hacia el refractario. Pese a este tratamiento especial el estado seguía golpeando con su vara a quien violase la ley sin importarle el motivo de tal violación (generalmente la desigualdad material y la supervivencia) pero con una preocupación a parte y un seguimiento mayor hacia quienes combatían al Estado de manera clara y por motivos políticos. Al fin y al cabo un ladrón sólo pretendía sobrevivir mientras que un revolucionario o revolucionaria quería derrocar al régimen y a sus regentes. Surgen pues hace dos siglos las leyes especiales sistemáticas (siempre hubo alguna ley especial para afrontar problemas temporales concretos, en eso se basa la legislación) acompañadas del linchamiento mediático que van a suponer la referencia y guía de las posteriores y muy modernas leyes antiterroristas. Las primeras que podemos rastrear en el tiempo son las leyes contra los ludditas, un movimiento organizado muy heterogéneo que basaba su actividad en la destrucción de la maquinaría industrial de los capitalistas y en un rechazo de éste sistema económico, aunque por diversas motivaciones (ni todos eran revolucionarios ni todos estaban politizados). A partir de aquí y aun sin una etiqueta concreta para los refractarios, más allá de un manido “bandoleros” no siempre aplicable, entramos en el siglo XX donde la evolución es cualitativa y cuantitativamente mucho mayor.

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En el siglo pasado lo que el poder pretende para combatir a sus opositores, en especial a los enemigos interiores, es desgajarlos del cuerpo social para tratar de aislarlos con el fin de que nadie se identifique con los refractarios y pueda simpatizar con ellos o emularlos. Para este fin les demoniza. El problema entonces pasa de ser “los obreros” o “el pueblo” a un grupúsculo sedicioso, misterioso y cruel que desde las últimas décadas decimonónicas empieza a ser catalogado como “los terroristas”. Este paso se da en especial a raíz de la derrota del movimiento obrero en la Comuna de París en 1871, cuando dicho movimiento revolucionario se da cuenta de que militarmente es derrotado una y otra vez, abriéndose paso poco a poco a una nueva etapa que, aunque con grandes convulsiones sociales, ya no es la de las grandes revoluciones (con la excepción histórica del periodo de entreguerras: la rusa en 1917, la alemana en 1918-1919, la coreana en 1929,… o la rara y tardía española de 1936) sino la de las acciones aisladas de la masa social con el fin de volver a conseguir despertarla para el intento definitivo.

A partir de entonces y ya durante todo el siglo XX el Estado aplica la categoría de terrorista y toda una legislación de excepción a sus enemigos internos. Claro que las y los revolucionarios o el movimiento obrero no son para el Estado sus únicos enemigos. Según en qué épocas opositores de todo tipo, incluso los afectos al poder pero no al gobierno de turno, han sido y son perseguidos, catalogados de la nueva etiqueta. En el mismo siglo XX, el término terrorista tiene que convivir con el de subversivo o el de “banda armada” según el tipo de aparato estatal que tenga que enfrentarse a la subversión en ciernes. Generalmente las dictaduras, menos fashion, eran más partidarias de términos como “sediciosos” o “subversivos” y en sus legislaciones los delitos eran estos mismos o bien la pertenencia a “banda armada”. Las democracias, siempre con un toque más glam (no la española, por cierto, casposa y cazurra como pocas), se decantan más por “terrorista” y en su legislación vienen bien claras las palabras “terrorismo” u “organización terrorista”. En pleno siglo XXI esta tendencia ya está consolidada, en especial a partir de los atentados de 2001 en Estados Unidos, pues según las democracias ­ amparándose en auténticos actos de brutalidad indiscriminados contra la población cometidos por aprendices de Maquiavelo del autoritarismo religioso o revolucionario, o por orquestación estatal (cómo saberlo) ­, los nuevos enemigos internos del presente buscan sólo aterrorizar a la población pues en su delirio se oponen a la democracia (¿cómo osan?) la más perfecta de las formas de convivencia civilizada y no una simple y cutre forma de articular el Estado. La democracia convierte al Estado, aún más, en un ente totalitario envuelto en un ropaje de presunta libertad, pues no permite que nadie la cuestione, y para ello no sólo produce una animadversión total en la población hacia las refractarias y rebeldes con todo el enorme aparato mediático del que dispone, sino que elabora la correspondiente legislación especial.

A día de hoy, todo enemigo del Estado es un terrorista y esa es la legislación que se le aplica. Veamos cómo evoluciona. Por acotar un poco el asunto, vamos a ceñirnos al estado denominado España. Nos encontramos con que aquí existen diversas leyes antiterroristas desde finales del siglo XIX cuya diferencia más sustanciosa respecto de la legislación ordinaria residía en la especial dureza de las penas (que en la legislación general no eran ligeras, por cierto) y en que al “terrorista” le juzga un tribunal militar. En la segunda república es derogada esta disposición y abolida la pena de muerte pero se crea un tribunal de orden público para juzgar los delitos políticos y la huelgas y revueltas. Este tribunal es derogado por el frente popular en 1936 pero poco después estalla la guerra.

Las leyes de guerra rigen entre 1936 y 1953 (y rigen con toda la dureza que implica el término) y es en este año cuando se elabora la primera ley antiterrorista moderna en España. Franco siempre tan innovador. En esta ley no existía delito de terrorismo per se sino que existía el de “pertenencia a banda armada”. Para poder ser aplicado los requisitos eran, ser una banda (es decir, más de dos personas) y tener armas; como vemos los militares y las dictaduras van al grano. Pero el ligero toque oficioso para su aplicación (una banda de atracadores puede tener armas pero un atraco no necesariamente es una subversión del orden politico­social) era el contenido político que dicha banda tuviera. Si en esta época un grupo de 4 ” jóvenes rojos” repartía propaganda contra el régimen o lanzaba un cocktail molotov contra una comisaría de policía, por poner un ejemplo, y eran detenidas, además de la somanta de hostias que iban a recibir en el calabozo y de ser juzgadas por el renacido tribunal de orden público franquista (1962), no siempre iban a sufrir totalmente la ley antiterrorista y a ser condenados por el delito de “banda armada”. Esta ley es la que se mantendrá vigente, con modificaciones en los años setenta y en la democracia, hasta el año 1995, en que se creará el llamado código penal de la democracia (que hasta ahora se basaba en una reforma del código penal del año 1973).

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Éste entra en vigor en 1996 y en él se añade al delito de “pertenencia a banda armada” el de “organización terrorista”, es decir que ya no hace falta que haya armas para que sea aplicada la ley antiterrorista, que por cierto, en plena democracia, es esencialmente más dura en general, salvo en el caso específico de que ya no hay pena de muerte, que la de la dictadura. Además este código admite por primera vez el delito de terrorismo individual, aunque al carecer de banda las penas son menores.

En 2001 esta ley es endurecida tras los atentados de las torres gemelas. Son los años en los que se aplica la doctrina, aun hoy vigente y perfectamente extrapolable y extrapolada, del “todo es ETA” y lo mismo se es terrorista por secuestrar a un industrial que por quemar un banco, romper los cristales de una ETT o editar un periódico que justifique o incluso no condene los actos anteriores. Lógicamente toda esta batería respondía algo tardíamente a las necesidades del Estado, algunas de las cuales eran frenar los últimos rescoldos de luchas obreras, cada vez más violentas (sobre todo en el periodo 1987­1994) en los últimos coletazos de la reconversión industrial (1981­1997) y desactivar el conflicto vasco.

En 2010 asistiríamos a un nuevo código penal, aplicado en 2011, en el que la ley antiterrorista se aplica a quienes “alteraren de forma grave y reiterada la paz pública y buscaren subvertir el orden constitucional”, suponiendo una nueva vuelta de tuerca en cuanto a la aplicación y endurecimiento de las penas. Esto sucede en un contexto de cierta convulsión social como el periodo 2010­2014.

Este periodo ha visto nacer el fenómeno 15 M y derivados con todas sus particularidades y consecuencias, para lo bueno (más bien poco) y para lo malo (más bien bastante, en todos los sentidos), enmarcado en una crisis y que se ha caracterizado por episodios de cierta violencia en la calle pero también de protestas pacíficas masivas, algunas tremendamente molestas. Ha sido también (y por ello) de un enorme descrédito democrático y económico y ha visto el decaimiento y cese de la actividad de ETA (lo que ha abierto nuevos escenarios). Es en estos momentos cuando surge un nuevo código penal que intenta enfrentarse a esos nuevos desafíos.

El código penal de 2015 es el de la ley mordaza pero también el de la nueva ley antiterrorista y el del pacto anti-yihadista (aplicable, claro está, a muchas otras realidades). Es una legislación en la que el policía es a la vez juez, jurado y verdugo para delitos no muy graves pero de claros tintes reivindicativos y políticos y en el que la ley antiterrorista contempla por primera vez que no sea necesaria la violencia para subvertir el orden constitucional y/o alterar reiterada y gravemente la paz pública, y en el que a una sola persona se le puede condenar como si en sí misma fuera toda una organización terrorista. Vemos claramente cómo, partiendo de un mismo concepto, la defensa del orden, el Estado a lo largo de la historia ha ido defendiéndose de sus enemigos, en especial de los internos, en especial de los rebeldes y revolucionarios, para seguir adelante sin oposición con su proyecto de dominación. Para ello adecua a los tiempos que corren todo su aparato punitivo y mediático porque ante todo ha de mantener el statu quo.

El poder ha de perpetuarse (regenerándose si es preciso o mordiendo hasta matar si fuera menester) y para ello si es necesario justifica lo injustificable. Así está el patio, amigos y amigas, pero eso sí, todo por nuestro bien y por la seguridad y armonía de nuestra pacífica y armoniosa convivencia, todo ello bien atadito, justificando, como hemos dicho más arriba, lo injustificable. Pero lo injustificable no son sus mentiras, ni su rigor en el castigo, ni siquiera la opresión, cuyo castigo a su rechazo tratan de excusar. Lo injustificable es que día tras día pocas levanten la voz y el puño contra tan infame entramado de explotación y engaño. Lo injustificable es que todo siga igual. Porque pese a que el garrote sea grueso y la zanahoria magra, pese a que existan un garrote y una zanahoria y una mano que las sostenga y nos marque el camino que hemos de seguir, obligados o engañados, la lucha sigue siendo el único camino. Y como decían los clásicos anarquistas “lo que la fuerza y la astucia han levantado, la fuerza y la astucia lo pueden destruir”.

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Carta de Durruti desde la cárcel (1933)

durruti_fotomontajeEl domingo 2 de abril de 1933, Durruti, Ascaso y “Combina” habían sido detenidos en Sevilla, a la salida del Congreso Regional de Andalucía y Extremadura. El argumento esgrimido para justificar la actuación policial era éste: “como responsables de los conceptos delictivos que emitieron en el mitin de clausura[1], esto es, un delito de opinión, que atentaba contra la más elemental libertad de expresión de las personas.

El domingo 9 de abril, en Barcelona, los más destacados dirigentes de Estat Català (EC) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), reunidos en el homenaje al fascista Josep Dencás, entonces Consejero de Sanidad, consideraban que las detenciones de Sevilla habían descabezado a la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y que esta organización podía darse como extinguida. Tales declaraciones tomaban los deseos por realidades, como suele ser habitual entre los mandos del aparato represivo burgués, cuando pretenden reducir complejas y profundas cuestiones sociales y políticas a puntuales o habituales problemas de “terrorismo” y orden público, individualizadas además en algunos líderes o cabezas de turco. Josep Dencás había sido uno de los principales fundadores y promotores, con los hermanos Badía, de los escamots fascistas e independentistas de las JEREC (Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Català).

Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Vicente Pérez “Combina[2] fueron encarcelados en el penal de Santa María (Cádiz), tras pasar algunos días en la cárcel de Sevilla.

En ese penal Durruti escribió una carta a su familia en la que destaca su definición de patria como “conjunto de propiedades” y la oposición que hace entre guerra imperialista y guerra social, entendida como sinónimo de lucha de clases. La mayor parte de la carta está dirigida a su hermano Pedro, en un intento de ayudarle a profundizar en el análisis de la guerra, puesto que Buenaventura consideraba que Pedro no lo había enfocado adecuadamente en un artículo publicado recientemente en la prensa.

En la carta cabe destacar algunos puntos que inciden en la biografía de Durruti:

1.- Su permanencia durante un año en París durante la Gran Guerra.

2.- Su relación con Pío Baroja, que lo visitó en prisión, posiblemente interesado en el contacto y conocimiento directo de un hombre de acción como Durruti.

3.- El trato discriminatorio y vejatorio de las autoridades republicanas respecto a los militantes anarquistas, que impedía la menor colaboración o entendimiento del movimiento anarcosindicalista con las autoridades de la Segunda República.

A continuación, reproducimos íntegramente esa carta:

Puerto de Santa María, 3 de junio de 1933[3].

Querida madre y hermanos.

He recibido vuestra carta, fechada del día 1, en la que me decís que tenéis los pases en vuestro poder, y me preguntáis que hacéis con ellos.

Los pases os los guardáis hasta que yo salga y una vez en Barcelona me los mandáis. Lo que lamento es que será fácil que no me pueda servir de ellos, pues si hace dos meses que los tenéis en vuestro poder; nada más hace falta uno para que caduquen; mes que será muy fácil que pase aquí: pues está visto, que el Gobierno está dispuesto a que pase el verano a la sombra.

Hace unos días confiaba en salir, pues los compañeros de Madrid me habían escrito diciéndome que Quiroga[4] había dado órdenes para que nos pusieran en libertad. Pero de repente, sin que nadie lo esperara, se nos presentó el juez de este pueblecito, con un telegrama del juzgado que instruye el proceso por el mitin de clausura del Congreso; proceso por el cual estábamos en libertad, bajo la fianza personal de mil pesetas; y nos comunicó que había recibido un telegrama de Sevilla en el cual nos tenía que notificar, que el proceso estaba reformado; y se nos retiraba la fianza; por lo tanto quedábamos a disposición del juzgado de Sevilla, procesados y sin fianza.

431px-Romance_de_Durruti_IIYo le pregunté al juez; a que obedecía esta modificación en un proceso sin importancia como éste: no supo qué contestarme; y se ciñó a comunicarme mi prisión sin fianza. Este caso es la primera vez que se ve, pues todos los procesos por delito de imprenta o palabra son con fianza, y sin prisión. No sé con que intención habrán modificado esta fianza. Hemos escrito a los compañeros de Sevilla para que nos aclarasen esta incógnita; unas vez éstos nos contesten; veremos a ver que intenciones abrigan estos tíos.

De aquí; que queréis que os cuente; esta es una cárcel terrible, donde uno entra y no sabe cuando sale; esto es peor que el infierno de Dante. Estamos completamente incomunicados; han venido compañeros a vernos y no se les ha autorizado la comunicación. Está visto que el Ministerio de la Gobernación está dispuesto a que nadie nos vea. Ahora que nosotros vamos a protestar de esta medida excepcional que se emplea con nosotros, pues todos los presos que hay en las cárceles de España pueden hablar con sus familias y amigos; y a nosotros, que somos presos políticos, no nos deja comunicar con nadie: y luego nos critican porque atacamos al régimen republicano. Que quieren que digamos cuando cometen estas barbaridades con nosotros.

Pío Baroja[5], cuando vino a verme a la cárcel de Sevilla me decía: es terrible lo que hacen con ustedes; y yo le pregunté qué posición cree Don Pío que debemos adoptar nosotros frente a estas arbitrariedades. No supo qué contestar. Luego he leído un artículo de él en Ahora, que es la contestación que no se atrevía a darme a través de las rejas[6].

Bueno, no quiero hablaros más de estas cosas porque me pongo de mal humor.

Al viejo Germinal[7], que le habían puesto en libertad, le han detenido, y está en las mismas condiciones que Combina y yo. Procesado por el mitin y sin fianza.

Hace unos días he recibido La Mañana, que me lo manda Perico[8], he visto y leído el artículo que ha escrito con el titulo “Mensaje de los niños ingleses”, el artículo está muy bien; pero Perico no enfoca bien el problema de la guerra; y no te enfades por esto, hermano. Días antes de la deportación os recordaréis que hicimos un gran mitin en Barcelona contra la guerra; en el cual tomó parte un gran pacifista francés: el príncipe de la paz como le llaman en París. “Pioch[9], éste es el nombre de esta gran figura internacional. Pioch hizo mucho por nosotros cuando estábamos presos en París. Pioch hizo un discurso grandioso; expuso los crímenes de la guerra de una forma majestuosa. Mimi[10] tomó su discurso taquigráfico; yo hablé detrás de Pioch; después de saludarle y presentarle al público español; traté los dos aspectos de la guerra. Guerra imperialista y guerra social. Sin herir la susceptibilidad de Pioch, le pregunté el porqué habían esperado los pacifistas el peligro de guerra para encararse contra la monstruosidad de la guerra. Los pacifistas de hoy, han tenido necesidad de inspirarse en los crímenes cometidos, para hacer artículos en la prensa y discursos en los tribunales; como si los crímenes cometidos del 14 al 18 fueran los únicos crímenes cometidos por el capitalismo. Yo he visto, hermano Perico, muchos seres humanos mutilados en esa terrible guerra; por otro lado, tú sabes que viví un año en París, en plena guerra. Pues bien, hermano, yo no tuve necesidad de esa terrible tragedia para levantarme contra toda la clase de crímenes. Si la guerra mutiló a miles de hombres, también la guerra social ha mutilado a miles de trabajadores. ¿Qué diferencia hay entre el hombre que pierde un brazo defendiendo la patria al que lo pierde trabajando? ¿Qué es la patria? Según la academia es el suelo donde uno ha nacido. ¿Pero qué derechos le concede la Patria al trabajador? El de trabajar cuando encuentra quien le explote. Es decir, la Patria es el conjunto de propiedades; y en cuanto hay algún otro país que quiere usurpar parte de esa propiedad; entonces los propietarios se amparan en las leyes que ellos mismo han creado; y con las armas nos obligan a morir en el campo de batalla defendiendo la propiedad sagrada. En estas luchas los hombres se asesinan los unos a los otros, y cuando la tragedia ha terminado, los únicos beneficiados son los propietarios.

¿Qué es la guerra social? La lucha de dos clases sociales. La una, la de los propietarios, que por obtener un máximo de beneficios, les importa un comino que sus operarios dejen entre las máquinas algunas partes de sus miembros; el caso es ganar dinero. Por otro lado esta clase de propietarios; ve que la otra clase pone en peligro sus propiedades; también apelan a las leyes que ellos han creado, y asesinan aquellos que no se someten a la propiedad sagrada. En esta lucha, también hermano hay muchos hombres mutilados, muchos más que en las guerras imperialistas.

¿Cómo evitaremos la guerra? Sólo hay una forma, Perico. Aconsejando a las juventudes para que no construyan las armas con las cuales se han de matar; y que no defiendan los intereses de nadie. Quien tenga propiedades, que las defienda él mismo.

Me vas a decir, Perico, que esto está bien; pero que la guerra la tenemos encima, y hay que evitarla, de acuerdo hermano: hay que evitar la guerra. Solo los trabajadores organizados son capaces de impedir la matanza que se avecina. Cuando Herriot[11] regresó a París de un viaje por España, hizo unas declaraciones muy interesantes en la prensa parisina. España, dijo Herriot, es un país muy interesante y que mañana se debe tener en cuenta; pues en cuanto los jóvenes republicanos consigan fortalecer la República, será un país muy útil para la seguridad de la paz.

Hay que tener en cuenta, hermano, que cuando estos hombres hablan de la paz, es la guerra, y cuando habla de fortalecer la República, es anular la organización, que en momentos de guerra podría paralizar la vida industrial de la nación. Herriot no se atrevió a decir públicamente que en España no es posible una movilización mientras exista la Confederación.

Así mismo, hay que evitar la guerra, pero hay que prepararse para que ésta no se lleve a cabo. Si se hace inevitable, tienes que dar soluciones para que fracasen los partidarios de ésta. Lo mismo que piensa uno de hacerse en el otoño un abrigo para salvarse del frío del invierno. Hay que organizarse; pero si llega el momento fatal de la guerra, sepamos paralizar la industria nacional; arma contundente para hacer fracasar los planes maquiavélicos de una clase sin escrúpulo, que por conservar sus privilegios son capaces de hacer asesinar a media humanidad.

Perico, continúa escribiendo; tus dos artículos me han gustado mucho; lo que tienes que hacer es leer; si necesitas detalles para documentarte referente a la guerra; yo te los mandaré, pues en París hay un comité integrado por hombres muy capaces, que escriben mucho y bien referente a la guerra,

Tú que lees el francés, te serán muy útiles, en Barcelona yo tengo algunos periódicos; si los necesitas escribes a Mimi que te los manda, y si quisieras la [le] puedes decir que te ponga en relación con este comité, y te suscribes a la prensa; es cuestión de una peseta por semana. Esta prensa te será muy útil. Si yo saliera pronto, hablaríamos esto, y te proporcionaría revistas francesas que son verdaderas joyas literarias y científicas.

Tú anímate Perico, y adelante; pero sin hacer demagogia. Se triunfa cuando se es valiente.

Mimi me ha escrito que su madre se marcha para París, la mujer[12] está triste porque se queda sola, y tiene que dar a guardar la nena[13].

Rosa[14]: mándame si la tienes, la carta que has leído en la prensa, y que está firmada por mí, pues no la he leído.

Dar recuerdos a los amigos, y Manolín[15] que me escriba.

Recibir un abrazo de éste que os quiere, Pepé[16].”

[Firmado Pepé]

***

Las fotos de Durruti, Díez, Ascaso, Combina y Lorda fueron utilizadas en un fotomontaje que les mostraba tras unas rejas, en la cárcel del Penal del Puerto de Santa María en agosto de 1933. Fue una postal muy difundida en la época, enviada por Durruti a su familia y a compañeros de lucha con dos hermosas dedicatorias alternativas al dorso de la foto. La primera dedicatoria decía: No habrá paz en la tierra mientras existan las cárceles. Que no olviden los idealistas que ellos son los encargados de destruirlas”. La segunda dedicatoria: “La única solución que han dado los republicanos es encarcelar a los que no piensan como ellos”.

El 13 de septiembre Durruti, Ascaso y Combina, junto a varios compañeros, fueron trasladados a Sevilla para ser juzgados en aplicación de la Ley de vagos y maleantes de la Segunda República, con gran indignación de todos ellos, que consideraban como un insulto ser juzgados por vagos, porque toda su vida habían vivido del fruto de su trabajo. Se declararon en huelga de hambre. Finalmente Combina y Durruti fueron liberados de la cárcel el 7 de octubre de 1933, llegando a Barcelona el día 10. Sin embargo Francisco Ascaso y otros tres compañeros (Díez, Valiente y Paniza) fueron retenidos en la cárcel hasta el 3 de noviembre, acusados por el juez de un nuevo delito de “desobediencia”, por negarse a firmar la sentencia que les regalaba el título de vagos.

El 22 de octubre de 1933 ocho mil miembros uniformados de los escamots de las JEREC desfilaron militarmente en Montjuic, imitando el modelo nazi-fascista. Vestidos con camisa militar verde, pantalones oscuros de pana, correajes de cuero y botas, vitorearon los discursos de Miguel Badía, de Josep Dencás (según la “Soli” ridículo imitador de Hitler) y del tan manipulado como ambicioso presidente Macià.

Tal desfile provocó al día siguiente un encendido debate en el Parlamento catalán, que rechazaba en su mayoría tales manifestaciones totalitarias, aunque todo quedó en mera palabrería y en la mayor pasividad.

El 24 de octubre un grupo de escamots asaltaron a punta de pistola la imprenta donde se imprimía el semanario humorístico catalanista y liberal El Be Negre, provocando algunos desperfectos, al tiempo que destruían y secuestraban los cinco o seis mil ejemplares del número de esa publicación en curso de impresión. No se detuvo a nadie, el redactor que había ofendido a algunos dirigentes de ERC y Estat Català huyó prudentemente a un lejano país y el propietario de la imprenta presentó cargos por destrucción de algunos enseres y deterioro de maquinaria contra el confeso participante en el asalto, el señorito Jaume Aiguader (hijo del alcalde de Barcelona y dirigente de ERC del mismo nombre), que estuvo al mando, con su tío Artemi, del escamot de los 15 asaltantes del semanario. La “Soli” advirtió que si los escamots les atacaban se defenderían adecuadamente, muy lejos de la pasividad mostrada por El Be Negre.

En los meses siguientes la emulación fascista de los escamots incluyó también reventar huelgas y boicotear los mítines de los partidos rivales, al mismo tiempo que Badía y Dencás se hacían con los resortes efectivos de Gobernación y Orden Público, torturando sistemáticamente a los cenetistas detenidos por la huelga de tranvías en Barcelona. Mientras tanto, Durruti, Ascaso y Combina intervinieron en los masivos mítines de la campaña abstencionista de la CNT. La guerra social seguía su curso.

Agustín Guillamón.

Publicado (en catalán) en noviembre de 2017

en el número 197 de la revista Catalunya, órgano de la CGT

 

Notas

[1] La Vanguardia (5 de abril de 1933).

[2] Vicente Pérez Viche, “Combina”. Nacido en Barcelona el 28 de junio de 1900. Barnizador. Exiliado en Francia durante la Dictadura de Primo de Rivera, Abandonó el Congreso de Marsella de 1926, junto a García Oliver, cuando no se aceptaron las tesis colaboracionistas con los políticos. Participó en numerosos congresos, conferencias y mítines por toda la geografía española. Intervino con Durruti y García Oliver en la campaña de agitación de enero de 1932, iniciada en Sallent, que culminó en la insurrección del Alto Llobregat. Detenido en Sevilla el 2 de abril de 1933, después de pronunciar el discurso de clausura del Congreso Regional andaluz. Preso en el penal del Puerto de Santa María hasta octubre. El 16 de noviembre de 1933 intervino en el mitin organizado por la FAI celebrado en el Palacio de Artes Decorativas de Montjuic, con Francisco Ascaso, Domingo Germinal, Alejandro Gilabert, Dolores Iturbe, Sébastien Faure y Buenaventura Durruti. En los años siguientes compartió cartel con los más destacados oradores confederales, en los principales mítines anarcosindicalistas. Asistió al Congreso de mayo de 1936. Durante la guerra fue uno de los nueve ediles cenetistas en el Consejo Municipal de Barcelona, Fue presidente del Sindicato de Transportes de Barcelona. Se adhirió al mitin de Los Amigos de Durruti celebrado en el Teatro Poliorama. En agosto de 1938 fue nombrado secretario de la Federación Nacional de Transportes de la CNT. Al final de la guerra se exilió en Venezuela y luego en México.

[3] En el encabezado de la carta se escribe una fecha errónea: 3-6-1926.

[4] Santiago Casares Quiroga (1884 – 1950) fue abogado y político republicano. Ocupó diversos ministerios durante la Segunda República. En junio de 1933, fecha de la carta de Durruti, era Ministro de Gobernación, cargo que ocupó durante el bienio socialista-republicano (1931-1933). Era amigo personal de Azaña. Tras el acceso de Azaña a la presidencia de la República fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra (mayo de 1936), cargo que desempeñó hasta el 18 de julio de 1936, cuando dimitió, desbordado por el golpe de estado militar al que no había sabido enfrentarse.

[5] La descripción de Durruti la dejó plasmada en su obra El cabo de las tormentas.

[6] Artículo de Pío Baroja publicado en Ahora (23 de abril de 1933), titulado “Latifundio y comunismo”.

[7] Domingo Miguel González (1880-1936), conocido por su seudónimo de Domingo Germinal, o Germinal. Su juventud transcurrió en Vizcaya. Hacia 1905 ingresó en la marina mercante. Residió en Cuba y México durante los años veinte. En 1929 regresó a España. Entre 1929 y 1930 vivió en Blanes y Barcelona, colaborando en La Revista Blanca. El 15 de septiembre de 1930 participó en un mitin a favor de los presos celebrado en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, donde exigió al Estado la amnistía para los presos por delitos políticos y sociales. El 16 de octubre, una conferencia que tenía que dar en el teatro Apolo de Vilanova i la Geltrú fue suspendida por orden del gobierno. En los años treinta mitineó por todo el país. Era un excelente orador, en varias lenguas, que atraía mucho público. Detenido en Sevilla el 2 de abril de 1933, hasta octubre estuvo preso en el penal del Puerto de Santa María. El 5 de noviembre de 1933 intervino con Josep Corbella, Francesc Isgleas, Valeriano Orobón, Benito Pabón y Buenaventura Durruti, en el gran mitin de la plaza de toros Monumental de Barcelona contra las elecciones, organizado por la CNT, la FAI. Y el día 16 en el mitin organizado por la FAI, celebrado en el Palacio de Artes Decorativas de Montjuic, con Francisco Ascaso, Vicente Pérez Viche (Combina), Alejandro Gilabert, Dolores Iturbe, Sébastien Faure y Buenaventura Durruti. Huyendo de la represión republicana, vivió escondido en diversas localidades valencianas y más tarde, buscando un clima benigno para su enfermedad, se instaló en Palma de Mallorca (y ocasionalmente en Ibiza), donde entre 1935 y 1936 dirigió el periódico Cultura Obrera. Murió en Elche en marzo de 1936.

[8] Perico, diminutivo de Pedro, era hermano de Durruti: Marciano Pedro Durruti Domingo (1911-1937). Tras militar en el anarquismo, se afilió a Falange en 1936 y llegó a tratar con José Antonio Primo de Rivera, con quien había coincidido en la Cárcel Modelo madrileña, y que avaló su ingreso en Falange. Murió nueve meses después que su hermano. Fue fusilado el 22 de agosto de 1937, en un pueblecito de León, por miembros de su mismo bando que le consideraban un radical, tras un juicio de guerra sumarísimo algo chapucero.

[9] Georges Pioch (1873- 1953) fue un periodista y destacado militante pacifista francés. A finales de 1930 creó y presidió la Liga Internacional de los combatientes de la paz, de la que Romain Rolland era el presidente de honor y Victor Méric su secretario general. En el comité de honor figuraban Albert Einstein, Stefan Sweig, Upton Sinclair, Paul Langevin, Georges Duhamel, Charles Vildrac y Jules Romains. Georges Pioch dimitió en 1937 porque creía que no se condenaba con suficiente firmeza y eficacia los procesos de Moscú. Firmó junto a Jean Giono, Victor Margueritte, Marcel Martinet y Simone Weil una petición que exigía la no intervención en las cuestiones españolas, acompañada por una petición de mediación entre las partes en conflicto. Se retiró de toda actividad pública en 1943 Murió en Niza el 27 de marzo de 1953.

[10] Mimi era la compañera de Durruti: Émilienne Morin (1901-1991).

[11] Édouard Herriot (1872-1957), político, hombre de Estado y escritor francés. Miembro del Partido radical republicano y figura destacada de la Tercera y de la Cuarta República. Estudió en la Escuela Normal Superior y ejerció el profesorado en Nantes y desde 1902 en Lyon, cuya alcaldía ocupó desde 1905 a 1925 y, tras la II Guerra Mundial, hasta su muerte. A partir de 1910 su labor política en el ámbito local fue dando paso al nacional, llegando a participar en nueve gabinetes de gobierno y a ser primer ministro en tres ocasiones. Fueron sus principales cargos políticos el de Ministro de Transportes y Obras Públicas, en 1916–1917; Ministro de Educación, en 1926–1928; Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores en 1924–1925, julio de 1926 y de junio a diciembre de 1932; Ministro de Estado, en 1934–1936. En 1946 fue elegido miembro de la Academia Francesa. Presidente de la Asamblea Nacional desde 1947 hasta 1954.

[12] Emilienne Morin.

[13] Colette Durruti, nacida en diciembre de 1931, hija única de Buenaventura y Emilienne.

[14] Rosa Durruti, su hermana.

[15] Manuel Durruti, hermano de Buenaventura de simpatías socialistas. En la revolución de octubre de 1934 murió de un disparo, cerca del puente de San Marcos, en la ciudad de León.

[16] Durruti, en la correspondencia con su familia, firmaba Pepé. Recordemos que su nombre era José Buenaventura.

romance

Mujeres Libres:

las anarquistas que revolucionaron la clase obrera.

ml1Se dice de la historia que la escriben los vencedores, pero lo que no se dice es que los vencedores, casi en su totalidad, son hombres. Y, tampoco se dice, que estos suelen olvidarse de las mujeres: si echamos una mirada hacia atrás y pensamos en los grandes momentos de cambio de la humanidad, o en las grandes revoluciones, ningún o casi ningún nombre de mujer nos viene a la cabeza.

La historia de España no ha sido menos dura con las mujeres, enterrando durante muchos años el papel que tuvieron durante la época más revuelta del país, la Guerra Civil. Sin embargo, organizaciones sociales intentan constantemente hacer un hueco en nuestra memoria colectiva y enfrentar el olvido. Como ejemplo, CGT y Mujeres Anarquistas con la Agrupación de Mujeres Libres, que en el año que se acaba de terminar, 2017 hizo 80 años de su fundación. Una organización que se conformó entonces como el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular y precursor en la lucha por reivindicaciones que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.

¿Cómo nacieron? A finales de la II República en una dinámica política y cultural que abría nuevas posibilidades para la participación de las mujeres en la lucha social. CNT, la Confederación Nacional del Trabajo, era desde 1910 la central sindical principal orientada por el anarquismo, de la que después derivó la CGT. Un sindicato que contaba con una presencia alta de mujeres y que reconocían los derechos laborales básicos como la libertad económica o la igualdad de salario, pero en el que poco se ideaban iniciativas de luchas específicas.

cabezaAnte esto, las mujeres necesitaron marcar su propio camino. En Barcelona, núcleo principal del movimiento anarquista, se fundó en 1934 el Grupo Cultural Femenino, pionero de las articulaciones de mujeres dentro del sindicato. Pero el estallido de la guerra civil cambió el ritmo de las formaciones, avanzaron y decidieron entonces crear su propia organización. El 2 de mayo de 1936 varias mujeres publicaron el primer número de la revista Mujeres Libres que, como relata Paula Ruíz Roa, responsable de la secretaría de la mujer de CGT “sirvió de base para la constitución del grupo libertario y la organización de su primer primer – y único – congreso que pudieron realizar en agosto de 1937“. En poco tiempo, pasaron a contar con 147 agrupaciones locales y 21.000 mujeres afiliadas.

El primer grupo autónomo de mujeres

Desde sus inicios, Mujeres Libres se formaron como un grupo totalmente autónomo. La mayoría de las militantes ya formaban parte de otras organizaciones del movimiento libertario – CNT, FAI, Juventudes Libertarias -, sin embargo, no se subordinaron a ninguna de las estructuras previas.

Esta fue una batalla de las anarquistas por el rechazo que generó dentro del movimiento libertario una organización sólo de mujeres: “Fueron ellas quienes hicieron ver que era necesario separar las organizaciones de toda la clase trabajadora de las organizaciones de las mujeres para diferenciar las reivindicaciones de ambos, porque dentro de la lucha de la clase obrera no se le daba la importancia que tenían“, explica a Público el actual secretario de CGT, José Manuel Muñoz Póliz.

La escritora e historiadora estadounidense Martha Ackelsberg señala que el mayor logro de la organización fue ser las “pioneras de las organizaciones feministas” y “unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal“. Así fue, Mujeres Libres seguía la línea ideológica de CNT, pero desarrolló su propio objetivo: emancipar a la mujer de la triple esclavitud, “esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora“. Con el inicio de la guerra, se marcaron otra meta, “aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de la República“.

Reivindicaciones aún presentes en la actualidad

Lo que más llama de atención de este grupo es cómo plantean la problemática de la mujer. Sobre todo en aquella época, con temas que abarcan desde la abolición de la prostitución, la educación mixta, comedores o guarderías populares o el amor libre. Reivindicaciones que llegan a la mayoría de izquierda mucho después, en la década de los 70“, cuenta el historiador brasileño Thiago Lemos Silva, que ha estudiado durante más de diez años la historia de esta agrupación.

Desde sus inicios reclamaron la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado, realizando múltiples trabajos, además de las actividades de retaguardia: desde la alfabetización hasta la capacitación en el trabajo en todas los sectores laborales. Y, para que esta incorporación no fuera una doble carga para las mujeres, reclamaban – igual que en la actualidad- y pusieron en marcha comedores y guarderías populares en los lugares de trabajo.

cabeza2Rompieron con la idea de que el hogar y las relaciones de pareja eran privadas: denunciaban con fervor el control dentro de la propia pareja y desde el propio estado e Iglesia católica. Proclamaban el amor libre y denunciaban que el modelo tradicional de familia fomenta las desigualdades. Por un lado, porque mantiene las dependencias económicas en la que se sustenta el patriarcado. Por otro, porque ampara la sumisión de las mujeres a los hombres dentro de la familia por lo que carecían de todo derecho de expresarse en ella.

Otro de los temas que más destacaron fue la educación infantil. Aseguraban que en las escuelas se adquiere una mentalidad encasillada por los valores burgueses por lo que era esencial que la educación diese un giro total potenciando una escuela para la libertad. Dentro de la educación, además, reclamaban la necesidad de la educación sexual, planteando temas hasta entonces tabúes como los métodos anticonceptivos o el aborto.

La represión contra las anarquistas

Como con casi todos los grupos revolucionarios la represión durante la guerra por parte de las tropas franquistas fueron colosales. Más con los grupos de mujeres como éste que suponían un doble peligro al no luchar sólo por la emancipación de la clase obrera, sino también por la emancipación de la mujer.

Parece una tarea imposible documentar el número exacto de mujeres que pasaron por el calvilcio de la tortura, de los asesinatos, de las desapariciones y de la violencia sexual. Pero sí sabemos que al igual que, como la mayoría de milicianas y militantes, las integrantes de Mujeres Libres acabaron en la cárcel, en el exilio, o, en el mejor de los casos, sometidas a un silencio absoluto negando haber participado en esta organización. Ni desde el extranjero consiguieron mantener estructuras organizadas en la clandestinidad, por lo que a los tres años, en 1939, Mujeres Libres acabó disolviéndose. Aunque sí han mantenido un legado: “crearon un gran deseo en las mujeres de libertad en todas nosotras“, afirma Ruíz Roa. Y es que, como también señala Thiago, “hay que conocer la historia de estas mujeres para poder cuestionar el achismo“.

 

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Confederalismo ibérico

una propuesta actual hacia la autogestión

Tras los sucesos ocurridos recientemente en Catalunya, el problema territorial en el Estado Español ha pasado a convertirse en una de las más candentes cuestiones de la actualidad. El procés catalán, masivamente apoyado en las calles por un parte muy importante de la ciudadanía, junto a los históricos reclamos de autonomía e independencia en las nacionalidades históricas, conforman los hitos principales de una situación explosiva que puede conducir a una quiebra desordenada del Régimen del 78, tanto como a su restauración autoritaria sobre la excusa de la unidad nacional.

Para quienes venimos del mundo de los movimientos sociales, el municipalismo y el movimiento obrero, los procesos soberanistas, así como las ansias unitarias, de distintos sectores de la clase política, están repletos de contradicciones y ambivalencias.

El independentismo se alimenta de un interclasismo dirigido por sectores importantes de las burguesías locales con intereses muy ligados a la búsqueda de la continuidad de los regímenes de acumulación del capital en sus espacios territoriales, que se considera estarían mejor salvaguardados por una relación directa con la Unión Europea que eliminase la “parasitaria” intervención de las élites madrileñas que, con la excusa, más o menos venal, de la redistribución, vehiculan parte del excedente a la supervivencia de sus redes de corrupción.

Este independentismo burgués se ve acompañado, también, por amplios sectores de los movimientos populares periféricos, que ven en el proceso de ruptura unilateral una ocasión a la medida para la apertura de procesos constituyentes de profundización democrática, tanto a nivel local, como en el conjunto del Estado (o lo que quede del Estado tras la fractura). Una estrategia que muestra sus límites en la ausencia de articulaciones mutuas y en la imposibilidad, en ese contexto, de construir una izquierda antagonista, a nivel peninsular, que vaya más allá de lo mediático, así como un discurso compartido que supere el nivel de la máxima abstracción, expresada en conceptos como “la plurinacionalidad de España”, que siendo fundamentalmente acertados, nunca arriesgan a descender a lo concreto para diseñar una propuesta articulada y coherente. La ruptura creciente de las izquierdas, tanto estatales como locales, es una muestra palmaria de que no es la voluntad de transformación social la que está determinando la agenda o las discusiones públicas en los últimos tiempos, sino un nacionalismo estrecho, y muchas veces abiertamente neoliberal, compartido por los centralistas, pseudo federalistas e independentistas mayoritarios.

El unitarismo, por su parte, se repliega sobre la mítica narración de la salvaguarda de España como unidad de destino por medio del Estado centralizado, sólo sostenible desde un repliegue autoritario y autocrático, o sobre un brindis al constitucionalismo ligado a la supervivencia del Régimen del 78 como único horizonte, sin haber desarrollado nunca (en los últimos 40 años) un pensamiento federalista a la altura de las circunstancias. Y ello tanto si el unitarismo se declara de izquierdas o de derechas.

El análisis de la situación parece bascular entre los extremos. Por un lado tenemos el jacobinismo centralista, herencia del franquismo y su imaginería patriotera, del PP y Ciudadanos, que sólo podría sostenerse desde el autismo democrático y la negación obtusa de la realidad, construyendo un proceso de recentralización autoritario y, en última instancia, profundamente desestabilizador del propio Régimen.

Por el otro lado, tenemos las tensiones centrífugas del independentismo, ambivalente y contradictorio a nivel social, que, si siguen siendo encauzadas por las burguesías locales, podrían iniciar un proceso de fragmentación y voladura controlada (por las instancias del capital) del Régimen del 78, dejando inermes a los pueblos ibéricos frente a las oligarquías globales y a los flujos financieros transnacionales , convirtiéndolos en una suerte de protectorados “de facto” de las instituciones europeas, hegemonizadas por fuerzas neoliberales.

Entremedias, PSOE y Podemos, pese a hablar tímidamente de federalismo o plurinacionalidad, no pasan de propuestas genéricas y poco claras, respetuosas en esencia con el statu quo que ha conducido a esta situación. Colaboración con el régimen que, en el caso del PSOE, se ha vuelto palmaria al participar en la voladura de la autonomía de Catalunya por el gobierno central. Esa indefinición histórica, marcada por la apuesta decidida por el Régimen y la Constitución del 78, realizada en la Transición por los partidos socialista y comunista, es la que ha llevado a que el federalismo se vea, por los movimientos populares de las naciones periféricas, como una opción vacía de significado y sobrepasada por la realidad.

¿Caben alternativas a la recentralización autoritaria o a la fragmentación en manos de las burguesías locales? Los movimientos populares de la Península Ibérica, podrían perfectamente, bucear en su historia en su búsqueda.

Para el republicanismo federal, uno de las principales vertientes del republicanismo histórico anterior a la Guerra Civil, de tendencias fuertemente municipalistas y socializantes, la pluralidad de España, que había dado lugar a tensiones crecientes, sólo se podía solucionar desde la perspectiva federal.

El federalismo era, en todo caso, lo que se llamaba un “federalismo sinalagmático”, basado en el libre pacto, con una fundamentación mucho más profunda que el federalismo limitado del que suelen hablar los aficionados a las constituciones neoliberales.

Se basaba en las autonomías municipales, y en su asociación, más que en la conformación de fuertes Estados federados centralizados. La cadena federal iba desde el individuo a la Confederación, pero tenía su centro en el municipio como lugar de expresión de la más profunda democracia local, donde las oligarquías podían ser sometidas a un control más estricto por las masas populares. La idea era que los distintos niveles de actuación del principio federativo (municipio, Estado federado, Federación o Confederación) se construían sobre la base del derecho a decidir, en base a competencias que se mantenían, en su mayor parte, en los escalones inferiores, donde el ejercicio del poder estaba más apegado a la voluntad y participación del ciudadano. Esto justificaba el recurso a las autonomías municipales durante la Primera República española, como sustrato democrático esencial.

Esta perspectiva contrasta fuertemente con la situación actual, en la cual la autonomía de los municipios ha sido limitada hasta el extremo con una legislación punitiva que los mantiene inermes al dictado del gobierno, convirtiéndolos en instrumentos pasivos de una política económica destinada al pago de una deuda ilegítima, por contraída únicamente para salvaguardar los intereses de las élites. Nos estamos refiriendo a la llamada Ley Montoro y las últimas modificaciones de la Ley de Bases de Régimen Local.

El federalismo fue incluso más creativo desde el punto de vista del análisis territorial: muchas de sus corrientes lanzaron o siguieron también las ideas del “latinismo” y del “iberismo”, como alternativas a un Estado Español débil, sometido, ya entonces, a las intereses geopolíticos de las potencias del Norte, y convertido en el paria conservador y reaccionario de Europa.

La Unión Ibérica, propuesta ya por Abate Marchena, imbuido de los aires liberalizadores de la Revolución Francesa, fue un ideal compartido por muchos intelectuales del siglo XIX español y portugués. Pero, pese al fracaso de la Primera República española, el iberismo no fue nunca abandonado por los federales. Podemos reencontrarlo en las tentativas organizativas llevadas a cabo por el republicanismo más radical y filo-libertario de la Segunda República: el Partido Social Ibérico, de Salvador Cánovas Cervantes, en Madrid, o el Partido Republicano Federal Ibérico, que organizará Eduardo Barriobero en Cataluña, al hilo de la Guerra Civil, o el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. También lo encontramos en las perspectivas de auténticos fundadores del nacionalismo de izquierdas de algunos de los pueblos del Estado Español, como el andalucista Blas Infante.

Es más, desde el republicanismo federal el iberismo se filtrará en los medios obreros libertarios como una especie de música recurrente, íntimamente relacionada con la idea del internacionalismo proletario, pero partiendo de lo cercano. No en vano encontramos referencias claras en los nombres de las organizaciones libertarias como la Federación Anarquista Ibérica (FAI) o la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), o en obras importantes de militantes anarcosindicalistas decididamente iberistas, como el libro “Hacia una federación de autonomías ibéricas” de Felipe Alaiz, director del principal periódico de la CNT, “Solidaridad Obrera” y, previamente miembro del grupo aragonés de intelectuales “Talión”, junto a Angel Samblancat, Gil Bel, Ramon Acín, Joaquín Maurín o Ramón J. Sender.

Después, el iberismo sería continuado por autores de la talla de José Saramago que en su libro “La balsa de piedra” reivindicaba la esencial afición a la protesta de los pueblos peninsulares.

¿Es el federalismo municipalista y socializante una propuesta a la altura de las necesidades populares del día de hoy? En el contexto de la recuperación, en el seno de los movimientos sociales no institucionales, del pensamiento municipalista y ecologista de autores como Murray Bookchin y Janet Biehl, parece que sí. Incluso, los experimentos sociales de Chiapas (los municipios autónomos zapatistas) o Rojava (el confederalismo democrático kurdo, que se ha extendido como proyecto a otros lugares como Sri Lanka) parecen presentar el federalismo y el municipalismo, sobre la base del protagonismo popular y el recurso a la democracia económica y la autogestión, como las alternativas esenciales al concepto dominante del Estado neoliberal, ante la casi segura imposibilidad de recuperar el Estado keynesiano como horizonte real en esta fase del capitalismo senil. Alternativas más o menos cercanas a esta perspectiva se han ensayado también en base al concepto de plurinacionalidad en Ecuador y Bolivia, y otros lugares de América Latina.

¿Tiene algún sentido el iberismo en este escenario? Despojados de todo esencialismo nacionalista, que ve en abstracciones y linajes reales el origen de los pueblos, para mejor entregarlos rendidos ante las oligarquías locales, la perspectiva de una Federación o Confederación, basada en el derecho a decidir, de los pueblos de Iberia, es la única que puede ahuyentar al tiempo los fantasmas del autoritarismo centralista y de la fragmentación autista, conformando un espacio practicable para la plurinacionalidad de base democrática.

Municipalismo, federalismo y autogestión, se plantean así como la única alternativa viable a la fragmentación acelerada sin ruptura con el orden socioeconómico neoliberal, que ha pasado a basarse en la gestión descentralizada de las decisiones que se toman a nivel supranacional, o incluso en los despachos ignotos de los fondos de inversión globales y empresas transnacionales.

No negamos la existencia de España. No negamos la existencia de Catalunya. No negamos la existencia de Portugal. Sólo decimos que, en un mundo de tiburones globales y oligarquías transnacionales que pueden derribar a los gobiernos moviendo sus capitales en fracciones de segundo, o imponerles rescates y recortes antisociales, sólo la solidaridad y el apoyo mutuo entre los pueblos de Iberia, y entre sus movimientos populares, puede construir una alternativa creíble.

La plurinacionalidad es una realidad. Los vínculos en común, también. El principio federativo y la escala ibérica, necesidades de los tiempos para construir un espacio realmente democrático en nuestra sociedad.

Confederalismo ibérico, pues, y municipalismo democrático, también en lo económico, como primeros puntos de apoyo para conformar una Europa radicalmente diferente y un Mediterráneo distinto. Un camino de apertura para la transición a una sociedad de lo cercano, la sostenibilidad y la participación popular.

Firmantes:

José Luis Carretero Miramar, Víctor López Núñez, Marta Hernangómez Vázquez, Jorge Moas Arribi y Antonio Lozano Grande (militantes de los movimientos sociales y del movimiento libertario).

Rusia 1917

JOSE PEIRATS

Emma Goldman: Una mujer en la tormenta del siglo.

Puesta en marcha de la expedición,— Rivalidad entre el Norte y el Sur.-— El virus antisemita.— El movimiento makhnovista,— Makjtto entre los generales blancos y rojos.—Los guerrilleros makhnovistas en la derrota de Wrahgel.—Un pacto convertido en ratonera.—Continúa la excursión por la región de Arcángel.— La muerte de Kropotkin.— La sinfonía patética.— Los presos anarquistas en la prisión del socialismo.—El Museo Kropotkin.— Termina la guerra civil y arrecia la batalla ideológica.—L a revolución, de asediada, pasa a asediante.

rev1

En Karkov la gente, aunque pésimamente vestida, parecía bien alimentada. Los tipos eran morenos, bien proporcionados y bellos. Su contraste con el norte era chocante. Quizá más que en otras partes observábase la forma absurda de reaccionar contra la especulación. Extraer de la ciudad, aparentemente próspera, una mínima cantidad de alimento era exponerse a severas sanciones, incluso a la pena de muerte. Más que medidas contra la especulación, parecía aquello rivalidad aldeana.

El trabajo propio de la expedición se llevaba con dificultad. Berkman trataba de averiguar en los medios revolucionarios, las cooperativas y los sindicatos; Emma en los centros docentes e instituciones sociales. La actitud de las autoridades era reticente. Poco a poco iban comprendiendo que gran parte de la reticencia era debida a una suerte de resentimiento histórico entre el norte y el sur. Se les sospechaba emisarios del centralismo absorbente y eran pocas sus astucias con vistas a un clima de confianza. Hacerse pasar por americanos en misión informativa por el sur de Rusia se reveló un talismán.

Las tristes secuelas de la revolución habían estimulado el virus antisemita. Entre las muchas maneras de expresar el odio a los hombres fuertes de Moscú había la de acusarles de judaismo. Pero el nacionalismo ukraniano, de todos modos, no excluía caer en las mismas aberraciones, raciales, absolutistas u otras, que entre los mandarines del norte. El nacionalismo de vía estrecha no aportaba ni asomo de rectificación fundamental al llamado centralismo absorbente. Los secesionistas en potencia tenían bien repletos cárceles y campos de concentración de presuntos saboteadores y contrarrevolucionarios. Toda pretensión de ver y dialogar con ios prisioneros políticos era quimérica. Presos amontonados en especies de pocilgas eran mayormente machnovistas. Sus esbirros se habían aprendido la letanía: «En régimen revolucionario, el sentimentalismo es una debilidad burguesas

Al producirse la revolución el Partido Comunista no contaba con el grado de organización que en la gran Rusia. A causa de este inconveniente no había conseguido imponerse con facilidad. Había en Ukrania una alergia visceral contra el centralismo de control remoto, lo que daba en consecuencia una impregnación popular de autonomía rayana con la independencia. De ahí que, a partir del período revolucionario se ignorase en Ukrania al Gobierno de coalición, y la misma autoridad comunista, en beneficio de un cierto autonomismo revolucionario. El precio pagado por los comunistas por el tratado de Brest-Litovsk fue abrir de par en par las puertas de Ukrania a las potencias centrales, las cuales entraron como manadas de lobos hambrientos en sus granjas y trigales. Aquel saqueo consentido por Moscú no apaciguaría los odios tradicionales entre la Rusia pequeña y la grande. Las tropas austrogermanas, al tomar posesión de aquella región, habían reinstalado las autoridades y terratenientes que el pueblo había barrido. Lo que avivó la oposición de los campesinos pobres, que ya tuvo ocasión de manifestarse contra la opresión comunista. Esta oposición tuvo un sesgo insurreccional contra las depredaciones de los nuevos invasores, los cuales reaccionaron con matanzas bestiales indiscriminadas. Una forma eficacísima de resistencia fue la guerrilla armada a base de destacamentos móviles, quienes con una rapidez impresionante propinaban golpes tremendos al enemigo y sus colaboradores, antes de desvanecerse como el humo. Esta terrible fuerza de guerrilla, dispersa a la vez que coordinada, tenía como plataforma de lanzamiento una aldeucha ukraniana llamada Guliai-Polé, y por alma catalizante a su hijo nativo, Néstor Ivanovitch Makhno. Este había nacido allí el 27 de octubre de 1889, de familia campesina pobre. Huérfano de padre desde los once meses, tuvo una infancia desventurada. La revolución de 1905 fue su primera sacudida política. Sus primeras actividades revolucionarias se sitúan a partir de aquella época. Habiendo escogido la línea radical dura, en 1908 fue condenado a muerte por actos terroristas. Conmutada la funesta condena por prisión a perpetuidad, en la cárcel Butirky le sorprendería la revolución de febrero de 1917. Allí, entre anarquistas, se hizo anarquista. Allí también, adquirió una crónica enfermedad pulmonar. El 7 de marzo de aquel mismo año, .al ser puesto en libertad, voló hacia su tierra natal, donde sería un guía para sus paisanos, al mismo tiempo que un maestro. Al producirse la invasión austro-germana, los grandes y medianos propietarios no le perdonarían sus insolencias revolucionarias. En Guliai-Polé incendiarían su casa, y un hermano suyo, cogido como rehén, fue fusilado. Makhno llegó hasta Moscú en junio de aquel mismo año para traerse algunos colaboradores. Kropockin le recomendaría prudencia. El movimiento anarquista no estaba sobrante de hombres de su valía. En julio ya se estaba prefigurando la victoria de la Entente sobre los imperios centrales en la gran guerra. La derrota de Alemania y sus aliados dejaría sin efecto el pacto de Brest-Litovk. Los co­munistas, que sabían a Makhno dispuesto a partir para el sur, propusiéronle actuar en su nombre. Pero aquél estaba dispuesto a poner en práctica su propio programa:

a) Hacer una labor de propaganda y organizadora muy firme entre los campesinos;

b) Hacer una guerra despiadada contra sus enemigos. Como base de la acción guerrillera estaba el principio, según el cual, todo propietario que hubiese perseguido a los campesinos, todo componente de la guardia nacional, todo oficial ruso o alemán, los peores adversarios de los campesinos y de su libertad, debían ser fusilados. Por otra parte, de acuerdo con los principios de la lucha guerrillera, era condenado a muerte quien hubiera participado en la explotación de los campesinos pobres y de los trabajadores en general, o que hubiese menospreciado sus derechos, usufructuando su trabajo y arrebatado sus bienes.

rev2

En el plazo de dos o tres semanas se convirtió en el terror, no sólo de la burguesía, sino también de las autoridades austrogermánicas. El campo de acción militar revolucionaria de Makhno era muy vasto, desdé Losova a Berdiansk-Mariupol-Tanganrog, desde Lugansk Griscino a Ekaterinoslav-Aleksandrivk-Melitopol. La celeridad de sus movimientos era su característica táctica. Merced a lo vasto del territorio y a la velocidad de los movimientos aparecía siempre de improviso donde menos se le esperaba, y en breve tiempo encerraba en un círculo de hierro y fuego a la burguesía de la región. Todos cuantos en los dos o tres meses de régimen del hetmán se había apresurado a proceder de acuerdo a sus viejas maneras, los que habían abusado de la falta de derechos de los campesinos, explotando su trabajo, robándoles la tierra; quienes se habían hecho la justicia a su manera, encontráronse de súbito bajo la inexorable mano de Makhno y sus partidarios. Veloz como el viento, sin miedo y sin compasión, los guerrilleros caían sobre la mansión de un propietario, copaban totalmente a los enemigos de los campesinos que tenían señalados y desaparecían rápidamente. Al día siguiente irrumpían en un pueblo importante a más de cien verstas de distancia, suprimían a la guardia nacional, a los oficiales y propietarios y se retiraban sin dar tiempo a que las fuerzas alemanas avecinadas comprendieran lo acontecido y pudieran orientarse. A la mañana siguiente, a una distancia de más de cien verstas de aquel pueblo, daban cuenta de un destacamento de caballería magiar que había castigado a los campesinos o bien ahorcaban a los milicianos de la guardia nacional» (Pedro Archinof; Historia del movimiento maknovista, Tusquets. Barcelona,. 1971).

Más tarde Makhno tuvo que guerrear contra tirios y troyanos, especialmente cuando la guerra civil, al ser invadida Ukrania por los generales blancos, al par que por el norte lo hacía el ejército rojo. Situado entre rojos y blancos, luchaban los makhnovistas ferozmente contra unos y otros. Contra los invasores nostálgicos del zarismo y contra los nuevos dictadores que amenazan su sistema de comunas agrarias libres. En los trances de peligro para el ejército rojo, ante el avance incontenible de las tropas blancas que le había puesto en derrota, solían solicitar el concurso de los veloces corceles makhnovistas, temibles por sus fulgurantes ataques por la retaguardia. Pasada la situación de peligro, Makhno y sus guerrilleros (exaltados la víspera como héroes) volvían a ser acusados de vulgares bandidos por las gacetas moscovitas. A veces, pasada la tregua de compromiso, seguían edictos marciales en que se ponía precio a la cabeza de quienes querían proseguir la guerra por su cuenta, con el fin determinado de proteger sus conquistas revolucionarias.

A la guerrilla de Makhno se habían ido juntando además de los anarquistas ukranianos, también de otras regiones del norte, así como repatriados de América.

Al paso por Karkov de los expedicionarios, Emma y Berkman fueron secretamente entrevistados por embajadores del propio Makhno, que les invitaron a incorporarse a la guerrilla. El dilema era violento. La sugestión, que ponía por delante el valor probatorio de la teoría, era tentadora. Mas no era cuestión de faltar escandalosamente a un compromiso, cuyas graves consecuencias alcanzarían a los otros miembros de la expedición. Salvaron, pues, difícilmente aquella situación embarazosa y prosiguieron su marcha hacia el sur. Aquí, como en todos los confines de Rusia, las estaciones se hallaban atestadas de gente. Había una razón suplementaria para tamaña congestión. La gente se movía de un lado para otro huyendo de los frentes de guerra todavía en erupción, sujetos a vaivenes espectaculares. Si de retroceder se trataba, el éxodo llevaba consigo el hambre, el robo y el tifus. Cerrarle el paso al gentío hacia el vagón expedicionario, que iba almacenando tesoros, era empresa dificilísima.

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En Peltava, el hilo de sus investigaciones llevóles hasta el reducto de la intelectualidad local. Hubo una agitada entrevista con Vladimiro Korolenko, convertido en un Júpiter tonante contra los nuevos zares. ¿Cómo pudieron ser respetadas estas venerables reliquias de la gloriosa literatura rusa? Lenin, sensible a la cotización de su prestigio extramuros, era demasiado astuto para maltraer a las viejas glorias. En su mayoría, estas glorias legendarias debían sus blasones a la brutalidad zarista, y aunque los hubiera vuelto plegadizos (Gorki entre éstos, que sólo tuvo gestos muy tímidos), un ultimo asomo de «prejuicio burgués» en las alturas seguía protegiéndoles.

Fastov, terriblemente maltrecha por las tropas de Denikin, era una ciudad muerta. Aquí la comunidad judía, y las mujeres hebreas de no importa qué edad, habían sido pasto de la soldadesca.

Apenas quedaban hombres vivientes y sólo un puñado de ancianas se salvaron de la violación.

Kiev, capital de Ukrania, no era la ruina humeante prometida por la propaganda antipolaca. Aquí nuevo contacto con una embajada makhnovista. La propia esposa de Makhno se introdujo secretamente. El mensaje que traía variaba poco. Las fuerzas guerrilleras estaban prestas en las cercanías para un simulacro de secuestro. El tren sería asaltado en un lugar del trayecto, y los «presos» serían conducidos a presencia de Makhno. Después de ser informados del verdadero significado de la campaña guerrillera, se les pondría en libertad. El mundo revolucionario debía ser puesto al corriente de la calumniosa versión comunista a su respecto.

Emma y Berkman insistieron en que la tentadora aventura no valía el riesgo. En las altas esferas del Gobierno se creería siempre en un golpe montado de antemano, por lo que su riesgo llevaría aparejado el de sus confiados colaboradores. Por otra parte, no creían conveniente todavía una ruptura de puentes. Confiaban aún en una resurrección revolucionaria.

Los incidentes se amontonaron en la ruta de Odesa. Uno de sus acompañantes fue detenido por falta de una pieza en su colección de salvoconductos. El verdadero motivo fue la firma de un documento por todos los expedicionarios en protesta por la detención en Moscú de un compañero. En el Kremlin se había creído prudente limitar el correctivo.

Odesa era un ballet de chekistas y burócratas. El rostro más inefable era sospechoso de inteligencia con el enemigo. En las oficinas, las ventanillas se cerraban contra las narices de quienes desesperaban en la «cola». Por lo contrario, oficinistas parsimoniosos se arreglaban las uñas y pintaban los labios. La moneda zarista se cotizaba la más alta en la bolsa negra. Otra muestra de especulación era el secuestro sistemático de la gente rica. Los familiares tenían que pagar una fuerte suma por el rescate, A veces lo rescatado era un cadáver. Quienes protestaban después de haber hecho efectivo el rescate, eran acusados de intento de corrupción. La pena de muerte era la sanción corriente. Las ejecuciones tenían lugar en serie al apuntar del alba. Afrontando el peligro de las razzias militares, los campesinos escondían sus cosechas. Descubiertos, eran conducidos a pie hacia los almacenes del Estado a cuestas con sus tributos.

De vuelta a Moscú tuvieron la noticia satisfactoria de que las tropas irregulares de Makhno habían propinado a Wrangel un serio revés. Los makhnovistas, previamente, habían consentido un pacto ofensivo solicitado por el ejército rojo, visto el avance de los blancos. Este avance enemigo había impedido a los excursionistas su prospección hacia el Cáucaso.

En aquel verano de 1920, las fuerzas makhnonistas se opusieron a Wrangel por dos veces, «pero ambas veces las tropas rojas les atacaron por la espalda», de modo que. cogidos entre dos fuegos,

los guerrilleros tuvieron que retirarse (P. A.: op. cit., p. 178). Al mismo tiempo los bolcheviques publicaban en su prensa y mediante declaraciones oficiales una supuesta alianza entre Makhno y Wrangel. Tanto persistía esta campaña que el mismo Wrangel creyó pertinente enviar al primero un parlamentario provisto de un documento por el cual ofrecía a los guerrilleros una paz por separado a base de promesas grandilocuentes. Entre otras cosas declaraba el documento: «El ejército ruso marcha solamente contra los comunistas para ayudar al pueblo a liberarse de la comuna y de los comisarios y asegurar a la masa de los trabajadores del campo la posesión de las tierras de los grandes terratenientes y otros poseedores. ( …) El alto mando os proporcionará armas y abastecimientos abundantement e .. .» (P. A .: op. cit., p. 180.). La respuesta a este mensaje fue el fusilamiento del mensajero. La ejecución se hizo en público y, además, fue publicada en la prensa de los insurgentes.

Visto el fracaso de este tanteo, Wrangel llevó a cabo un avance de envergadura combinado con la ofensiva de las fuerzas polacas, La amenaza para la revolución «crecía de forma siniestra». En aquel momento una coordinación de todas las fuerzas revolucionarias hubiera sido necesaria. Mas en cuanto a los comunistas, «su dictadura era tan enemiga de la libertad de los trabajadores como la de Wrangel» ( P. A.: op, cit., p. 180.).

De todas maneras, vista la gravedad de los acontecimientos, el consejo revolucionario makhnovista decidió en julio-agosto el envío de telegramas a Karkov y Moscú, en los que se proponía a las autoridades bolcheviques una acción común contra las fuerzas contrarrevolucionarias de ocupación. No se obtuvo respuesta. «Los comunistas continuaban combatiendo a los makhnovistas sin interrrumpir contra éstos su insólita campaña de calumnias y mentiras.» Pero en septiembre, cuando Wrangel ocupó varias poblaciones estratégicas, los comunistas propusieron a los makhnovistas, por medio del comandante Ivanov en persona, una acción concertada contra el enemigo común. Las conversaciones tuvieron lugar en Starabelsk, «donde fueron elaboradas las condiciones preliminares al acuerdo político y militar entre los makhnovistas y las autoridades soviéticas». Entre el 10 y 15 de octubre de 1920, el acuerdo fue definitivamente establecido. En su parte política el acuerdo establecía:

1. Liberación inmediata de los presos makhnovistas y de los anarquistas en todo el territorio de la república soviética, así como cese de su persecución, a excepción de cuantos hayan agredido con las armas en la mano al Gobierno soviético.

2. Plena libertad para los makhnovistas y anarquistas, para la agitación y propaganda oral y escrita de sus ideas y concepciones, siempre que no se invite a la destrucción violenta del Gobierno soviético y se observe la censura militar. En el campo editorial, los makhnovistas y los anarquistas, en tanto que organizaciones revolucionarias, reconocidas por la autoridad soviética, gozarán del aparato técnico del Estado soviético, con tal que observen las reglas de la técnica editorial.

3) Libre participación en las elecciones de ios consejos y su composición para anarquistas y makhnovistas y para los preparativos del quinto congreso del consejo para toda la Ukrania, que tendrá lugar en diciembre.» Firmaban el documento, por parte del Gobierno soviético, Jakovievú, por el ejército insurreccional makhnovista, Kurilenko y Popov.

Un cuarto punto complementario del convenio decía: «En los lugares donde actúe el ejército makhnovista, la población obrera y campesina creará libres órganos de autoadministración económica y política locales. Dichos órganos serán autónomos y ligados federativamente (contractualmente) con los organismos estatales de la república soviética» (P. A.: o p . cit.).

En el aspecto militar, el ejército makhnovista pasaba a formar parte del ejército rojo como guerrilla, aunque para los efectos operacionales debíase a aquel alto mando. De todas maneras, a los efectos internos, conservaría las peculiaridades propias. Otra de las bases era el compromiso de no acoger en su seno a los desertores del ejército rojo. Esta base era muy interesante si se tiene en cuenta que el pacto en sí había sido motivado en gran parte por las frecuentes deserciones de soldados del ejército rojo hacia las filas makhnovistas.

Consecuencia de este pacto fue una ofensiva irresistible contra Wrangel. Aunque los makhnovistas, aleccionados por anteriores experiencias se mostraban escépticos en cuanto a la duración del convenio, no por ello dejaron de realizar una intensa propaganda libertaria en su zona de influencia, que tuvo general acogida en la población, lo que preocupaba de forma alarmante al poder central.

Apenas llegó a Gulíai-Polé un telegrama del cuartel general makhnovista avanzado, anunciado que Karetnik, con el ejército insurreccional, estaba ya en Crimea atacando a Simferopoli, el ayudante de Makhno, Grigori Vasilevski, exclamó: “¡Este es el fin del pacto; no hay duda de que dentro de una semana los bolcheviques se arrojarán sobre nosotros!” (P. A.: o p cit. Sin embargo, el monopolio del poder por una élite (que se justificaba por el bloqueo internacional y la agresión de los generales blancos), en suma, la «dictadura del proletariado», no hacía más que empezar. Los zares rojos no encontrarían nunca la oportunidad para devolver al pueblo ruso sus libertades más elementales, ni aún después, mucho después, medio siglo después que Rusia se vio libre de todo peligro interior y exterior.).

Esto ocurría el 15 ó 16 de noviembre, y el 26 los bolcheviques se arrojaron traicioneramente sobre el puesto de mando y sobre las tropas makhnovistas en Crimea y Guliai-Polé, hicieron prisioneros a los representantes makhnovistas de Karkov, dispersaron o arrestaron a los anarquistas y suprimieron sus organizaciones en toda Ukrania. La explicación que daría el Gobierno central fue que los anarquistas estaban preparando una insurrección contrarrevolucionaria. Una conferencia anarquista que debió tener lugar en Karkov, previamente autorizada por el Gobierno, se convertiría en una ratonera.

Al llegar Emma y Berkman a Moscú tuvieron intenciones de regresar a Crimea ya libre de enemigos. Hubo también el proyecto de un viaje a Siberia, también libre de Kolchak, pero todo se redujo a un breve períplo por la región de Arcángel. En esta apartada región subártica, pese a la inclemente temperatura, encontraron un mundo completamente distinto. El pueblo y los afiliados al partido, incluso los altos funcionarios, daban una impresión más humana. Tanto los revolucionarios como quienes habían sido sus encarnizados enemigos, convivían en un régimen de comprensión y de tolerancia. Militares, religiosos y burgueses daban sin complejos su tributo al trabajo. Había allí un sentido racional de Ia organización; es decir, una equidad en la escasez y la abundancia. El clima de tolerancia atenuaba los prejuicios de tipo educativo y desarmaba los odios.

Al regresar a Petrogrado hallaron allí una viva agitación. El partido y los sindicatos habían entrado en conflicto. Lenín sostenía su afincada tesis de que los sindicatos estaban destinados a servir los designios del partido. Por lo contrario, la oposición sostenía que la revolución la habían realizado los obreros, y que la dictadura, en tanto que proletaria, les pertenecía verdaderamente. Otra cosa era la realidad. Los trabajadores eran la cenicienta de la revolución, mientras que la parte del león era para los burócratas. Parte de la oposición era acallada mediante dosis de sinecuras.

Los mismos tentáculos burocráticos clavaron sus ventosas en el Museo de la Revolución. El partido comunista quería convertirlo en su propio museo. Empezaban las interferencias. Viendo en peligro la suya propia, Emma y Berkman se propusieron defender en Moscú su querida institución.

Mientras andaban por la capital tuvieron noticias de que Kropotkin se hallaba enfermo de cuidado. Había sido víctima de una pulmonía. Cuando su visita de junio le habían encontrado en perfecto estado, incluso rejuvenecido respecto de la primera entrevista de marzo. Al evocar en junio la calamidad de la dictadura, Pedro se esforzaba aún en creer que no había razón para perder la esperanza. Había que distinguir, según él, entre el régimen y el pueblo. La revolución rusa era equivalente a la francesa de 1789, aunque de irradiación internacional superior. Había penetrado profundamente en las masas y la cosecha prometía mucho más. Los comunistas, con su estrechez dogmática, la estaban malogrando. «Eran los jesuitas del socialismo.» Sin la intervención del pueblo, ninguna conquista podía afianzarse. No obstante, aspectos de la revolución rusa debían aleccionar al movimiento obrero internacional y a los anarquistas en particular, Kropotkin daba un valor muy importante a la acción de los sindicatos.

Vistas las noticias alarmantes que llegaban de Dmitrov, Emma ofrecióse para cuidar al enfermo, ya que era enfermera profesional. Alejandra, la hija del ilustre enfermo, la disuadió al decirle que habían contratado a una enfermera rusa competentísima que había estudiado en Inglaterra. Además, en aquellos momentos no había que producir ninguna emoción al enfermo. Se le prometió tenerla al corriente por teléfono del curso de la enfermedad. Como pasaran algunos días sin alarma, Emma regresó a Petrogrado convencida de que la crisis había pasado. No fue así, desgraciadamente. Tuvo que ponerse en camino hacia Dmitrov nuevamente. Las noticias que de allí le habían llegado eran más que alarmantes. El propio enfermo encarecía la presencia de Emma.

Con Berkman llegaron a Moscú después de diez horas de viaje. El trayecto hasta Dmitrov resultó intransitable a causa de una fuerte tempestad de nieve. Llegarían avanzada la mañana siguiente. demasiado tarde. Kropotkin había muerto. Era el 8 de febrero de 1921. El maestro había expirado a las cuatro de la mañana.

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Por orden del Kremlin se habían despachado hacia la aldea los mejores médicos de la capital. También médicamentos y provisiones de todo orden. Lenin ordenó que se le tuviera al corriente del curso de la agonía. Producido el desenlace, el Gobierno pensó rendirle honores nacionales. Schapiro, Paulov, Berkman y Emma, de acuerdo con la familia, decidieron oponerse a toda especulación oficial. Pedro no había aceptado jamás ningún favor del Gobierno. Mientras se organizaba en Moscú el entierro, Emma quedó al lado de los familiares. Los campesinos de los alrededores rindieron al hombre bueno su homenaje. Asimismo hicieron los niños de las escuelas, hombres y mujeres del vecindario y también soldados sin armas. A la hora prevista, la comitiva fúnebre se puso en marcha para Moscú por vía férrea.

La comisión encargada de organizar el sepelio empezó a chocar con obstáculos. Trató de imprimir breve recordatorio del finado, pero la cheka exigió el sometimiento a su censura. El manifiesto tuvo que ser impreso clandestinamente en una imprenta ya clausurada por la policía. La capilla ardiente había sido instalada en el Palacio del Trabajo, contigua al ex Palacio de la Nobleza. Aquí mismo, de niño, el príncipe Kropotkin había sido presentado al zar disfrazado de príncipe persa. La exposición del cadáver duró dos días, y fue una manifestación popular como no se había visto desde las jornadas gloriosas de octubre. La comisión había solicitado del Gobierno que los presos anarquistas pudieran también asistir al entierro. Sorprendido al principio, el Gobierno dio su consentimiento, pero hizo que la cheka se antepusiera a la orden. Hubo un momento en que parecía transigir bajo la presión popular. Entonces impuso que los organizadores se hicieran responsables de que los excarcelados regresarían a la prisión. Una vez obtenida esta seguridad, que por lo visto no se esperaba, argüyeron entonces que en la cárcel de Moscú no había presos anarquistas. Precisamente en la Butirky, y en la propia cárcel de la cheka estaban los anarquistas detenidos en Karkov cuando la ruptura del pacto con Makhno. La comisión amenazó. De no acceder a la puesta en libertad provisional de los anarquistas, se haría una denuncia pública ante los asistentes al funeral, y se informaría al mismo tiempo a los sectores progresistas del exterior. El prestigio internacional del Gobierno bolchevique sería puesto en causa. En Moscú mismo se encontraban en misión informativa algunos corresponsales de la prensa extranjera. Este peligro hizo reflexionar a Kamenef. Sin duda para ganar tiempo pidió un plazo de reflexión.

La puesta en marcha de la comitiva fue aplazada en una hora. Y cuando el público empezaba a impacientarse, comparecieron sólo siete presos de la cárcel de la cheka. Se dijo que los de la Butirky estaban en camino. Los presos se pusieron en cabeza de la manifestación con grandes pancartas, en las que podía leerse: «Los anarquistas piden ser libertados de las cárceles del socialismo».

El cortejo ha sido cifrado en cien mil almas; iban los representantes de los sindicatos con sus banderas. El coro de la ópera ejecutó el mismo réquiem que cuando el entierro de Tolstoi, mientras que la orquesta atacó por su parte la «Sinfonía patética», de Tchaikowsky y la marcha fúnebre de Chopin. Figuraban en el acompañamiento gentes de la ciudad y del campo, estudiantes y alumnos de los colegios, marinos y soldados sin armas. Tremolaban banderas rojas y negras. La procesión se detuvo un momento ante la cárcel de Butirky, en homenaje a los presos y en protesta por el incumplimiento del Gobierno de su compromiso de libertar provisionalmente a los presos anarquistas Estos, agitando los brazos entre las rejas, daban el último adiós al maestro. El féretro iba destapado, a la manera rusa. Kropotkin, con la barba blanca agitada por el aire, parecía corresponder al saludo. Llegados al cementerio, situado a unos 12 kilómetros, se pronunciaron discursos. Entre los oradores figuraban socialistas revolucionarios, mencheviques, Aarón Barón, en nombre de los anarquistas presos, y la propia Emma Goldman.

Avanzaba el crepúsculo cuando los restos venerados del maestro fueron depositados en el seno de la tierra. Con Kropotkin la revolución yacía enterrada.

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En la noche misma los siete excarcelados llamaron a la puerta de su mazmorra. Casi no se les esperaba. Tal era la cara de sorpresa que pusieron los carceleros. Algunos de estos presos no saldrían vivos de aquellos muros.

El Museo de la Revolución fue malogrado por interferencia del partido comunista. Emma y Berkman se propusieron organizar el Museo Kropotkin. Para este efecto el Gobierno había hecho donación de la casa que había habitado el difunto. El museo persistió hasta la muerte de Sofía Kropotkin. Más tarde fue oficialmente suprimido y sus colecciones esparcidas por los demás establecimientos de su género.

La atención de Emma y Berkman se sintió atraída por los hechos que se barruntaban en Petrogrado. La guerra civil había terminado prácticamente . Las fuerzas militares de intervención, en su mayor parte habían sido barridas de las fronteras de Rusia. El proletariado internacional, profundamente afectado por los acontecimientos revolucionarios de Rusia, había hecho temblar la tierra bajo los pies de los Gobiernos occidentales, más o menos intervencionistas.

Quienes habían ido a Rusia a restaurar el trono caído, para que un nuevo zar hiciera honor a los compromisos financieros de la guerra, por que necesitaban un frente detrás de Alemania, o porque, evidentemente, querían ahogar en sangre a la revolución, al mismo tiempo que amputar a Rusia de parte de sus inmensos territorios, tuvieron que volver grupas desilusionados.

Después del armisticio con Alemania, los soldados occidentales se negaban a seguir muriendo y matando. Hubo motines a bordo de la Marina de guerra aliada, conatos revolucionarios en algunos países, alborotos en los Parlamentos. De asediada, Rusia se convertiría en asediante.

En Moscú se habían celebrado los primeros congresos internacionales, e iban a inaugurarse las primeras sesiones de la Internacional Sindical Roja. Todo ello obligaba a un nuevo planteamiento de la estrategia militarista. Todo hacía prever un ordenamiento económico original y un aumento verdadero del nivel de vida. La guerra había producido la revolución. La revolución volvería a producir la guerra. Ciclo infernal, cada vez más vasto, desde el rugido del hombre de las cavernas.

Elegimos Luchar

Triem Lluitar, el 3 d’octubre totes i tots a la vaga general

Los sindicatos, organizaciones y colectivos aquí firmantes queremos comunicar a las trabajadoras y al conjunto de las clases populares nuestro posicionamiento ante los diferentes acontecimientos que se están produciendo los últimos días en las calles de nuestras ciudades y pueblos.

Els sindicats, organitzacions i col·lectius aquí firmants volem comunicar a les treballadores i al conjunt de les classes populars el nostre posicionament davant els diferents esdeveniments que s’estan produint els darrers dies als carrers de les nostres ciutats i pobles.

Desde hace unos años hemos visto cómo se aprovecha la escalada de tensiones de un conflicto, ya histórico, para ir cortando los derechos fundamentales de la población. Venimos de una tradición sindical y política que históricamente ha defendido los derechos y las libertades de la clase oprimida y que ha tomado las calles cuando ha habido que luchar para arrebatar al poder todo aquello que nos permita ser protagonistas de nuestro presente y futuro.

Des de fa uns anys hem vist com s’aprofita l’escalada de tensions d’un conflicte, ja històric, per anar tallant els drets fonamentals de la població. Venim d’una tradició sindical i política que històricament ha defensat els drets i les llibertats de la classe oprimida i que ha pres els carrers quan ha calgut lluitar per arrabassar al poder tot allò que ens permeti ser protagonistes del nostre present i futur.

Como libertarias y parte activa de los movimientos sindical, popular y asociativo de Cataluña defenderemos siempre el derecho de autodeterminación de los pueblos – empezando por el nuestro. Lo entendemos como un principio básico del confederalismo, para posibilitar la convivencia humana en régimen de igualdad. Tenemos claro que toda emancipación plena será imposible sin el paso previo de eliminación de la estructura económica que la sustenta, el capitalismo. Mientras esto no suceda, las condiciones de vida de la clase trabajadora seguirán siendo chafadas por una oligarquía española y catalana que van siempre del brazo para imponer contrarreformas laborales y recortes de derechos sociales.

Com a llibertàries i part activa dels moviments sindical, popular i associatiu de Catalunya defensarem sempre el dret d’autodeterminació dels pobles – començant pel nostre. Ho entenem com un principi bàsic del confederalisme, per possibilitar la convivència humana en règim d’igualtat. Tenim clar que tota emancipació plena serà impossible sense el pas previ d’eliminació de l’estructura econòmica que la sustenta, el capitalisme. Mentre això no succeeixi, les condicions de vida de la classe treballadora seguiran sent esclafades per una oligarquia espanyola i catalana que van sempre del bracet per imposar contrareformes laborals i retallades de drets socials.

Aun así, queremos denunciar la militarización y la represión que estamos sufriendo por parte del estado español, que mostrando su cara más cruda y autoritaria, quiere imponer su voluntad hasta las últimas consecuencias. Siempre hemos estado en contra de quien ha militarizado Cataluña – y cualquier territorio – para hacer frente a las grandes protestas populares o todo anhelo de emancipación social.

Tanmateix, volem denunciar la militarització i la repressió que estem patint per part de l’estat espanyol, que tot mostrant la seva cara més crua i autoritària, vol imposar la seva voluntat fins a les darreres conseqüències. Sempre hem estat en contra de qui ha militaritzat Catalunya – i qualsevol territori – per fer front a les grans protestes populars o tot anhel d’emancipació social.

Nos oponemos a la represión del Estado porque la hemos sufrido de forma sistemática y continuada en nuestros propios cuerpos, en la calle y en las empresas. Por eso también queremos denunciar la naturaleza represiva de la misma Generalitat de Catalunya, la cual en los últimos años, ha perseguido, golpeado, detenido y encarcelado a todas aquellas que no han querido mirar hacia otro lado cada vez que los derechos civiles y humanos del pueblo eran pisados. No olvidamos la forma en que los mossos de escuadra nos desalojaban de Plaza Cataluña, encarcelaban y denunciaban a sindicalistas, nos perseguían por participar en la movilización que rodeaba el parlamento los días en que se recortaban nuestros derechos sociales, o en que a través de macro operativos policiales, nos detenían y encarcelaban en las recientes Operaciones Pandora, o muertos y mutilaciones entre otros. Así pues, no permitiremos que nadie nos tome lo que es nuestro, traiga la bandera que traiga.

Ens oposem a la repressió de l’estat perquè l’hem patida de forma sistemàtica i continuada en els nostres propis cossos, al carrer i a les empreses. Per això també volem denunciar la naturalesa repressiva de la mateixa Generalitat de Catalunya, la qual en els darrers anys, ha perseguit, colpejat, detingut i empresonat a totes aquelles que no han volgut mirar cap a una altra banda cada cop que els drets civils i humans del poble eren trepitjats. No oblidem la forma en què els mossos d’esquadra ens desallotjaven de Plaça Catalunya, empresonaven i denunciaven a sindicalistes, ens perseguien per participar a la mobilització que envoltava el parlament els dies en què es retallaven els nostres drets socials, o en què a través de macro operatius policials, ens detenien i empresonaven en les recents Operacions Pandora, o morts i mutilacions entre d’altres. Així doncs, no permetrem que ningú ens prengui el que és nostre, porti la bandera que porti.

Para nosotros, la autodeterminación y emancipación de nuestros pueblos, villas y ciudades no puede quedarse solamente en la decisión de un marco territorial concreto. La libertad colectiva no será posible sin la acción decidida del pueblo y las trabajadoras frente a un Estado y de unas élites políticas que mantienen unas estructuras antisociales, heteropatriarcales y opresoras, que también están defendidas por algunos actores en el llamado soberanismo catalán. La autodeterminación y la emancipación sólo serán posibles a través de la acción insumisa de las oprimidas, que entiendan en este hecho la defensa y mejora de sus condiciones materiales de vida. La socialización de los medios de producción, de la riqueza y la eliminación de todas las formas de opresión, como el heteropatriarcado y sus diferentes estructuras de poder tanto explícitas como implícitas, la más amplia libertad de decisión y participación a través de la acción directa y la autogestión será lo que nos hará realmente libres.

Pera nosaltres, l’autodeterminació i emancipació dels nostres pobles, viles i ciutats no pot quedar-se solament en la decisió d’un marc territorial concret. La llibertat col·lectiva no serà possible sense l’acció decidida del poble i les treballadores enfront d’un Estat i d’unes elits polítiques que mantenen unes estructures antisocials, heteropatriarcals i opressives, que també estan defensades per alguns actors en l’anomenat sobiranisme català. L’autodeterminació i l’emancipació només seran possibles a través de l’acció insubmisa de les oprimides, que entenguin en aquest fet la defensa i millora de les seves condicions materials de vida. La socialització dels mitjans de producció, de la riquesa i l’eliminació de totes les formes d’opressió, com l’heteropatriarcat i les seves diferents estructures de poder tant explícites com implícites, la més àmplia llibertat de decisió i participació a través de l’acció directa i l’autogestió serà el que ens farà realment lliures.

Así pues, pensamos que es el pueblo constituido como sujeto político y de clase, quién tiene que servir de fundamento para cualquier cambio social importante y, por lo tanto, celebramos la extensión de organizaciones populares de base para practicar desobediencia y hacer frente al contexto autoritario existente. Queremos que esta actitud de desobediencia y enfrentamiento a la autoridad vaya más allá de la tesitura actual y se dirija a todas las injusticias a las que estamos sometidas.

Per tot això, fem una crida a les treballadores de Catalunya a participar de les mobilitzacions en defensa dels nostres drets i llibertats, i de forma molt especial a participar de forma massiva de la vaga general convocada pel dia 3 d’octubre. Perquè l’esperit combatiu que recorre històricament aquest indret de la Terra no es doblegarà tan fàcilment, perquè som classe treballadora i volem decidir-ho tot, ara toca sortir al carrer, ara toca lluitar!

Por todo esto, hacemos un llamamiento a las trabajadoras de Cataluña a participar de las movilizaciones en defensa de nuestros derechos y libertades, y de forma muy especial a participar de forma masiva de la huelga general convocada por el día 3 de octubre. Porque el espíritu combativo que recorre históricamente este lugar de la Tierra no se doblará tan fácilmente, porque somos clase trabajadora y queremos decidirlo todo, ahora toca salir a la calle, ahora toca luchar!

vaga

 

19321006

-seguridad y + libertad

Transitamos tiempos de postmodernidad, donde la seguridad es el valor supremo al que deben sacrificarse los placeres de la vida: la libertad a la seguridad ciudadana; el nomadismo a los cimientos de una hipoteca a veinticinco años; la salud a las antenas de telefonía móvil; el buen comer a la seguridad de morir con un buen cuerpo; la mujer libre al sacramento del matrimonio; el follar que el mundo se va acabar, a no seas promiscuo que el que se acabas eres tu; el juego al trabajo, el trabajo en lo que quiero a la obligatoriedad del trabajo precario; el deseo a la sensatez… Teniendo como referencia el acontecimiento del 11 de septiembre de 2001, el Estado-guerra nos impone la seguridad en todos los ámbitos de la vida.

La forma-Estado ha utilizado en los últimos cincuenta años el Plan, la Crisis y la gestión del Riesgo como mecanismos de dominación; hoy es la Guerra preventiva la estrategia que despliega en todo el planeta, las veinticuatro horas del día. Consta de tres fases: en la primera se demoniza al enemigo, en la segunda se atemoriza a la población y en la tercera las fuerzas del Imperio bombardean, invaden, matan, apalean, detienen. Osama Ben Laden, Irak, los grupos terroristas, el movimiento antiglobalización, los inmigrantes, los disidentes, los okupas, los jóvenes en las noches de fin de semana y muchos otros son los objetivos del ejército de los USA y sus aliados, de las unidades antidisturbios, de la policía local y de las empresas seguratas. Los terroristas y el “eje del mal” ya están satanizados, son el mismo diablo; los antiglobalizadores y los inmigrantes sus colaboradores, cuidado con ellos, son gente que también tienen pezuñas; los disidentes, los jóvenes y los okupas caen con facilidad en las tentaciones del maligno. Pero los bíceps que muestra el ejército yanqui acojonan a cualquiera, lo mismo que la toma de ciudades por los antidisturbios y las razias de los municipales contra los botellones de los viernes-noche. Y cuando llega la hora de la intervención rápida, el enemigo es el dragón de siete cabezas del que nos tenemos que defender; pero ya está acobardado, la filosa espada de sanjorge es como la gran lanzada contra el mosquito. A nadie le importa la vida de los insectos, los que sobreviven son enviados a Guantánamo, a centros de internamientos, a cárceles, o se les obliga a vivir en ciudades de un urbanismo carcelario repletas de cámaras de vídeo-vigilancia, de guardianes, de zonas de acceso prohibido, de barreras y rejas, de drogas que ayudan a olvidar, de tríos, bises y onanismos que alivian deseos, de talleres donde trabajan para redimir penas y algún día obtener la libertad para instalarse en lugares… más seguros. Sobre la guerra planeada en Irak los buitres ya hacen negocios con las reservas petrolíferas. Los mismos carroñeros alimentan sus bolsillos con el precio de la vivienda, la precariedad laboral, el trabajo gratis de la mujeres, el nuevo esclavismo de los inmigrantes y el money, money de la industria del entontecimiento.

Andalucía, las muchas andalucías, el territorio singular donde habitamos es un lugar cada vez más seguro, con menos libertad. La mitad de la población está condenada a vivir encadenada por la seguridad matrimonial ¿Que es una mujer sin pareja? una persona con menos posibilidades de maltrato “doméstico”. Los que trabajan, la mayoría están obligados a hacerlo precariamente, en la construcción, la hostelería, los servicios, la agricultura o el turismo y sólo una pequeña minoría tiene asegurado de por vida el puesto de trabajo ¿Quien quiere ir a la misma oficina durante cuarenta años, viendo la misma jeta del jefe, con el mismo horario? Cualquier empleo -fijo o precario- continuado da la seguridad de poder comer todos los días y la posibilidad de conseguir una condena a trabajo forzado de veinte o treinta años si te conceden la hipoteca-vivienda. For Sale, se vende todo el suelo en el litoral y en las grandes ciudades a precios astronómicos impuestos por los especuladores del ladrillo y el cemento, por un mercado inmobiliario global que ofrece sus gangas en Londres y Berlín, en Lyón, Bruselas, Madrid, La Haya o Barcelona, en Malmo y Hamburgo. Mientras tanto, si quieres habitáculo: okupa. Para que las pateras invasoras no lleguen a molestar el descanso playero dedican cantidades millonarias de nuestros impuestos, a construir el muro electrónico que nos separe de la otra orilla. En los montes del litoral están instalados los radares que vigilan atentamente los yacimientos y las instalaciones del gas argelino, la seguridad de las empresas transnacionales que lo comercializan, nuestra seguridad, según Gas Natural. Además soportamos las bases imperiales de Rota, Morón y Jibraltar. Tenemos un sistema de partidos, sindicatos y asociaciones que reclaman más seguridad, que intentan hacerla compatible con más libertad; son vendedores de humo. La mayor demanda de seguridad viene de nosotros mismos, del miedo instalado en nuestros corazones. Somos como aquel jilguero que vivió toda la vida enjaulado. Un día su amo compadeciéndose de él le abrió la puerta de la jaula, pero el pájaro nunca se atrevió a salir fuera de ella, estaba acostumbrado a vivir entre barrotes. Trinaba, se sentía libre y feliz.

Los bosques no son lugares seguros, hay animales peligrosos disfrazados de abuelitas, setas venenosas y resultan ser terreno propicio para la emboscada. Bush, el rey del ingenio, ya dio la solución el pasado verano: talar el bosque. Pero la gentecilla que habita en el bosque está empeñada en lo contrario: hacer que el matorral y el arbolado crezca en cada localidad, que la espesura bosquimana sirva para vivir la libertad, que el apoyo mutuo sea la norma de convivencia entre seres tan diversos en pie de igualdad. En cada espacio, pueblo, barrio o ciudad proclaman que los intercambios de flujos debieran estar desmonetarizados, que las relaciones sociales se construyan en espacios vaciados de orden, politizando la existencia minuto a minuto. Lejos de los focos mediáticos, de la política con mayúsculas y de las instituciones, de los golpes de efectos de las grandes campañas y las brillantes cartas sociales reivindicativas para todo el mundo, la labor es la de elaborar un programa de subversión sobre las cenizas del pensamiento único, la de construir comunidad entre la gente afín, la del querer vivir. Una vez pasada las cumbres, las prisas, las fechas impuestas, el bosque se tiene que llenar de galerías subterráneas, de jóvenes topos que horaden el subsuelo hasta llegar a los cimientos de la metrópoli y -¡booomm!- asistir alegremente a su derrumbe.

Los vendedores de seguridad, empleo, matrimonios, viviendas en propiedad, copyright y ciudades sostenibles con huellas de elefantes, tienen un mercado cautivo de clientes que movilizan sus identidades al ritmo que marcan unos deseos fabricados por la publicidad. Interrumpir dichas movilizaciones es la primera tarea para formar comunidades nómadas en cada localidad. Un nomadismo que busca líneas de fuga de la fortaleza en la que estamos encerrados, que organiza el éxodo de lo sedentario, del páramo en que habitamos. Un nomadismo que identifica el mundo de la seguridad con la muerte en vida. Comunidades nómadas que se encuentran en los oasis del desierto, que pretenden vivir al/margen de las relaciones sociales capitalistas, del dinero, de las dominaciones, ante la imposibilidad de vislumbrar otro mundo en el horizonte. Es importante no dejarse deslumbrar por los espejismos de lo posible, tan frecuentes en territorios asfaltados, en los arenales. No hay espejo que resista una buena pedrada.

En Almuñécar a 29 de septiembre de 2002

Pepe García Rey

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