🇻🇳Las promesas rotas de Vietnam👎🏽

Una crítica anarquista vietnamita al llamado “socialismo” de Vietnam.

Traducido de  “The Broken Promises of Vietnam” por Grupo Anarquista Aurora.

vvlacomuneVietnam, año 2021, el ambiente parece ser de optimismo. La incesante búsqueda del gobierno de una estrategia de “cero-COVID” le ha valido la aprobación generalizada tanto a nivel nacional como internacional. La economía ha logrado un crecimiento positivo, mientras que muchos de sus vecinos han sufrido el declive de la pandemia. Sin embargo, debajo de toda esta bravuconería, se puede percibir que algo falla. Hay una sensación persistente que nadie parece ser capaz de identificar. Casi como si hubiera un fantasma rondando Vietnam, el fantasma del comunismo, el verdadero, sin campanas ni silbatos.

Como observó astutamente Emma Goldman, en la URSS no había comunismo. Lo mismo puede decirse del Vietnam actual. El partido en el poder –el Partido Comunista de Vietnam (PCV)– se ha desviado durante mucho tiempo de la senda del comunismo.

Antes de que el actual líder del partido asuma su tercer mandato (2020-2025), formuló una ambiciosa hoja de ruta, en la que para 2045 Vietnam se convertiría en un país “desarrollado”, a la altura de Japón, Corea del Sur y Singapur. Para nosotros, los radicales, esto es una traición a la clase obrera, a los pueblos indígenas y a los grupos marginados que tanto sacrificaron por la revolución de Vietnam. Pero como dirían los marxistas-leninistas de ojos brillantes y convicción inflexible, todo eso forma parte del plan™ y 2045 será el tan esperado año en que Vietnam avance finalmente hacia un país sin clases, sin dinero y sin Estado.

Sin embargo, una mirada más atenta a la sociedad vietnamita actual mostraría que el plan no es más que una ilusión, y las promesas son una mera justificación para que la clase dominante y la clase capitalista sigan chupando la vida de Vietnam durante un tiempo más. La diferencia entre lo que predican las élites del partido y lo que permiten que ocurra en la realidad es la que existe entre el día y la noche.

millonariodelpuebloA medida que la economía de Vietnam crece a pasos agigantados, también lo hace el abismo entre los ricos y los pobres. Y ninguna cantidad de bienestar y regulación puede detener la acumulación de capital o invertir el flujo de riqueza de las manos de muchos a las de unos pocos. En ningún lugar se manifiesta esta acumulación de forma más generalizada que en el sistema de propiedad de la tierra. Este sistema permite arrebatar el control de la tierra a los campesinos y a la gente común a cambio de una escasa compensación y entregarla a los capitalistas, que a menudo obtienen muchos más beneficios. Por todo el país surgieron lujosos edificios residenciales, pero pocos de los desplazados por ellos pueden permitirse mudarse. El multimillonario Phạm Nhật Vượng, cuya familia posee tanta riqueza como 800.000 vietnamitas, no podría haber construido su imperio sin que las propiedades públicas le llegaran al bolsillo de esta manera.

El ya precario ecosistema de Vietnam y las comunidades indígenas también pagan un alto precio por este rápido desarrollo económico. El plan para el sector eléctrico hasta 2045 daba alguna concesión a las energías renovables mientras apoyaba la construcción de muchas nuevas centrales de carbón, ignorando su enorme huella de CO2 y las numerosas advertencias sobre la relación entre la energía del carbón y la niebla de PM2,5 que cubre las grandes ciudades, amenazando el bienestar de millones de personas.

A mediados de la década de 2010, cientos de pequeñas centrales hidroeléctricas surgieron en la zona montañosa que rodea el país para saciar a las ciudades y fábricas ávidas de energía. Estas centrales no sólo perturbaron la red fluvial y privaron de sedimentos esenciales a las tierras agrícolas situadas aguas abajo, sino que también causaron daños incalculables a las comunidades indígenas durante su construcción y funcionamiento. Las plantas de energía solar en Ninh Thuận despojaron a los indígenas Chăm de sus tierras de cultivo. El delta del Mekong, principal zona de cultivo de arroz de Vietnam, se enfrenta a una amenaza existencial por las numerosas presas que se están construyendo aguas arriba en Tailandia y China. Y al mismo tiempo que se ratifica un proyecto nacional para plantar mil millones de árboles, se conceden numerosas autorizaciones a los capitalistas para que puedan transformar miles de hectáreas de tierras agrícolas y forestales en complejos turísticos y campos de golf.

Detrás de todo esto hay un fuerte sentimiento de nacionalismo, una herramienta eficaz para silenciar cualquier crítica significativa contra el Estado, un valor que puede utilizarse para socavar la lucha de otras personas en nombre de un abstracto bien mayor. El nacionalismo se ha convertido en el valor que determina la valía de un ciudadano vietnamita.

Fue el nacionalismo lo que catapultó al Việt Minh al poder durante la década de 1940. Fue el nacionalismo lo que motivó a millones de jóvenes vietnamitas a poner el interés de la nación por encima del suyo propio al lanzarse contra el imperialismo extranjero. Desde los primeros días del Partido, se ha hecho un esfuerzo constante por cultivar un fuerte sentimiento de nacionalismo en todas partes.

El nacionalismo está en el plan de estudios de los niños vietnamitas, en nuestras canciones, poemas, arte y en todos los medios de comunicación. Uno de los mayores éxitos del Partido ha sido la fusión de la identidad nacional y la lealtad al partido. Los capitalistas vietnamitas modernos, como VinGroup o BKAV, han seguido el ejemplo de la maquinaria de propaganda estatal y han incorporado elementos nacionalistas en la comercialización de sus productos.

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Irónicamente, son los nacionalistas los que se declaran herederos de la revolución “comunista” de Vietnam, y sin embargo son el grupo que más se manifiesta en contra de todos y cada uno de los ideales radicales, como la liberación de los animales, la liberación del género y la sexualidad, la autonomía indígena, la despenalización del trabajo sexual y la solidaridad con las luchas internacionales, como las de Hong Kong o Myanmar. La persuasión nacionalista se transformó, como era de esperar, en una fuerza contrarrevolucionaria y reaccionaria que se vestía de rojo.

Las víctimas vulnerables del nacionalismo vietnamita son, entre otras, las siguientes:

  • Las personas queer, que siguen sufriendo un alto grado de discriminación en Vietnam. Los recientes avances en la liberación del género y la sexualidad han venido en gran medida de la mano de elementos liberales, como el movimiento del Orgullo, que no es más que una estratagema de marketing para empresas extranjeras y locales. Cambios sustanciales, como el reconocimiento de las familias homosexuales y de las necesidades médicas de los transexuales como derechos, se han retrasado una y otra vez para dar prioridad a “asuntos más urgentes”.
  • Las trabajadoras del sexo, estigmatizadas y señaladas por la policía. A ojos de la sociedad patriarcal vietnamita, el trabajo sexual no se reconoce como un trabajo, sino como una mera dolencia inmoral que hay que eliminar. En consecuencia, se culpa al trabajo sexual de la propagación de enfermedades de transmisión sexual como el VIH, y los trabajadores del sexo, especialmente los queer, son arrojados al margen de la sociedad.
  • Las comunidades indígenas, que han sido el blanco de las políticas expansionistas de Kinh (o Việt) desde la época del feudalismo, no encuentran ninguna seguridad bajo el gobierno “antiimperialista” del Estado actual. Y lo que es peor, la opresión a la que se enfrentan se ha intensificado, ya que el Estado dispone de nuevas y más eficaces herramientas para neutralizar cualquier resistencia, así como para patrullar proactivamente a la población indígena.

“La revolución de las ratas” — Diều Hâu.En el extranjero, muchos defensores del “socialismo” vietnamita han sido testigos de estas evidentes señales de alarma y las han ignorado, ya que todo se justifica en nombre del desarrollo de su Estado “socialista” favorito. Esto demuestra una apatía e ignorancia hacia la continua lucha del pueblo vietnamita por una sociedad justa, por no hablar del abrazo al capitalismo, siempre que se cubra con una bandera roja y se diga que está en contra de las ambiciones imperialistas de “Occidente”, especialmente de Estados Unidos, incluso cuando todos los indicios muestran que el comunismo no está ni estuvo nunca en la agenda.

Al final, existir es en sí mismo una victoria, por lo que se manifiesta un papel, un papel para representar las voces de los radicales vietnamitas. Nos dirigimos a la futura clase obrera, a la juventud, que está perpetuando y a la vez oprimida por el capitalismo y el Estado, para que pueda romper sus cadenas opresivas.

🐷La industria transporta a millones de animales de granja que recorren enormes distancias cada año en condiciones deplorables para acabar siendo sacrificadas al llegar a su destino.

👁Technopolice – One year of activism against surveillance technologies

🎸Manifiesto:🎵 El rock grita ahora y siempre ¡Fascismo no!🥁

Se ha difundido un manifiesto en el que gran parte de la escena del rock se manifiesta contra el fascismo. Sus promotores son Fernando Madina (Reincidentes) y Óscar Sancho (Lujuria), y a él se han adherido multitud de bandas tanto nacionales como de países de América Latina….

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E0Ohky2XEAsCUcdPertenecemos a un colectivo que sabe que el futuro será feminista o no será porque la palabra que nos une, que nos define, es la música, en femenino: somos música.

Pertenecemos a un colectivo que lo está pasando mal en esta pandemia. Nos hemos sentido personas abandonadas a un destino incierto para nuestro modo de vida e incierto también para ganarnos, en muchos casos, la vida. Hemos aprendido que la unidad y el compromiso de unas personas hacia otras es más necesario ahora que nunca. Que somos una voz única que representa al pueblo y que solamente el pueblo está salvando al pueblo.

Pertenecemos a un colectivo que ha aprendido a distinguir las promesas huecas de las verdades necesarias.

Necesitamos distinguir a quien promete, por su propio interés, lo que no cumplirá de quien de verdad ayudará a la gente.

Pertenecemos a un colectivo que ha sido criticado, repudiado y marginado desde que nació porque vinimos a decir verdades, a denunciar privilegios que generan desigualdad. Vinimos a buscar igualdad, equidad, libertad, hermandad. Denunciamos a esas personas que, en palabras de Metallica, son los “Master of Puppets“, es decir, los “dueños de las marionetas” y, a los que, por eso, no les gustamos.

No somos una moda, no somos una “movida” ni una corriente, ni siquiera una contra-corriente, no estamos “organizados“. Aprendimos a vivir como una tribu, somos una tribu (una comunidad hermanada)

Aprendimos a vivir con el desdén de los que no nos importan porque no les importan los demás y estamos y somos personas orgullosas de ello.

Somos indios en una película de vaqueros, somos los de las pintas y las pinturas, los de los pelos raros, los que amamos la madre tierra… Somos ingobernables, imposibles de domar… Salvajes contra la adversidad, la injusticia y el desprecio… Somos todas las tribus: cheyenes, lakotas, apaches, arapajoes, seminolas, cherokees, sioux, comanches… Somos todas las tribus diferentes, pero nos une la misma lucha. Esta lucha que hace que seamos una sola voz contra el fascismo en todas sus formas. No solo levantamos la voz contra el fascismo de los “bigotitos“, de las manos alzadas y rígidas, ese fascismo que utilizó cámaras de gas, campos de concentración o exterminios de todo tipo… Alzamos la voz contra el fascismo que se encubre, ese fascismo que se disfraza como el “lobo con piel de cordero“, ese fascismo que asoma la pezuña por debajo de la puerta de cada uno de nuestros hogares. Ese fascismo en el que una mujer niega que la violencia machista exista mientras proclama que la violencia no tiene género. Ese fascismo en el que vemos a una persona cuya piel es negra gritando que no hay racismo. Vemos que no se habla de igualdad, esa igualdad necesaria para que podamos ser libres como personas. Solo siendo iguales y libres podremos ser igual de libres.

Somos la tribu del rock. Nacimos comprometidas y comprometidos con el ser humano, nunca pasamos de moda. Hoy, os pedimos que meditéis bien. Es mucho lo que está en juego. Hay que hacer que caiga la máscara del fascismo. No te dejes embaucar por los mensajes fáciles que generan desigualdad enarbolando privilegios.

Somos la tribu del rock y hoy queremos decirte, creemos necesario decirte: hay que parar al fascismo. Es urgente parar al fascismo en todas sus formas. Nuestra tribu va a poner sus guitarras y sus voces a gritarlo, alto y claro. Si escuchas lo que cantamos, si estás de acuerdo con nuestro mensaje, te pedimos que hagas lo mismo. Demuestra que una canción no es solo una canción y tú y nosotras y nosotros, nos sentiremos mejor.

Si algo ha sido el ROCK, desde que nació, desde su semilla en el blues de los esclavos, es antifascista.

¡Gracias por leer este manifiesto! ¡Gracias por compartir nuestro mensaje!

¡¡No al fascismo!!

Firmantes

🏴Los Muertos de Cristo – A las Barricadas

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🇸🇮El caso “La red”⛓

De acuerdo con “El Salto“:

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Desgraciadamente, casos como éste no son una novedad en la Federación Rusa. La persecución de la juventud más comprometida políticamente a través de dudosos procesos judiciales, con acusaciones de lo más rocambolescas, pero que acaban en sentencias desproporcionadas, se han venido repitiendo con demasiada frecuencia en los últimos 20 años. Desde las multitudinarias manifestaciones de protesta contra el gobierno de Vladímir Putin que tuvieron lugar entre los años 2011 y 2013, el ritmo y la intensidad de la represión se han incrementado sensiblemente.

Transcripción de una actualización desde:

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Cuando alguien inicie una diatriba sobre lo utópico de nuestras ideas, recuerda lo importante que es darse cuenta de que el amor y el apoyo mutuo se abren paso a través de los muros“.🏴

Ayer, el abogado estuvo con Ilya Shakursky, que ahora cumple una condena de 10 días en el SHIZ. Ilya está bien en lo que respecta al confinamiento. Recibe cartas y agradece a todos los que le envían felicitaciones de cumpleaños.

Y publicamos una carta reciente de Ilya al personal de Anarchist Black Cross y a todas las personas afines que han apoyado y siguen apoyando a los implicados en el caso de la Red:

En el otoño de 2017, fui absorbido por una vorágine de penumbra represiva, con sus rejas, cerraduras y oficinas. Salir de este lugar parece casi imposible. Cuando eres un enemigo de principios, ni el dinero, ni las influencias, ni la ley hipocresía te ayudarán, ya que tu destino no se decide por las normas y reglamentos escritos de la “justicia”, sino por los deseos de quienes te consideran su enemigo.

En tales circunstancias, es bastante difícil mantener las fuerzas y no desvanecerse entre la oscuridad y la frialdad de los muros. Cuando los seres queridos se sienten intimidados y confundidos, y todos los que te rodean en este momento no dejan de susurrarte la necesidad de rendirte y someterte a la voluntad de aquel en cuyo poder estás, la amistad y la camaradería que se abren paso a través de todos los obstáculos pueden convertirse en la salvación.

En esos momentos no sólo te salva la ayuda (financiera, legal), sino también la propia conciencia de que no te olvidan, no te dejan solo con la crueldad y el sadismo del régimen. Los agentes trataron frenéticamente de obtener un documento de que me niego a reunirme con otros defensores para evitar que la verdad se abra paso fuera de los muros de la prisión, y también para evitar que me llegue la propia conciencia de que no estoy solo.

Captura de pantalla de 2021-04-19 22-53-24En febrero de 2018, cuando el abogado llegó a mí en el centro de detención, comenzó la lucha. Una lucha no sólo por la libertad del individuo, de ciertas personas. La lucha conmigo mismo, con mis miedos y dudas, la lucha contra lo absurdo. Una lucha por la oportunidad de seguir siendo fiel a uno mismo y a sus seres queridos. El resultado del enfrentamiento se conocía de antemano. Pero quienes nos apoyaron con la esperanza de un resultado mejor no deben sentirse responsables de que hayamos acabado siendo víctimas de represalias. Hicimos lo que pudimos juntos.

Pero lo principal aquí es la esencia de nuestra unidad, que consiste no sólo en la dirección común de nuestras ideas y sueños, sino también en la ayuda mutua y la solidaridad prácticas. La CNA es un brillante ejemplo de por qué debe existir el movimiento anarquista. Cuando alguien vuelva a iniciar otra diatriba sobre lo utópico de nuestras ideas, recuerda lo importante que puede ser a veces darse cuenta de que el amor y el apoyo mutuo se abren paso hasta ti a través de los muros. Al fin y al cabo, esto fue lo que inició la ola que salvó a muchos de más torturas, abrió los ojos a muchos y unió a diferentes personas. ¡Nuestra fuerza en la solidaridad! Libertad a todos los presos políticos“.

🏴43 años del Caso Scala

Movilizaciones por la Derogación de la Reforma Laboral

⬛️🟥Sin fascistas, sin policía, y todo vuelve a ser normal

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🏴Algunos lugares comunes sobre cultura y anarquismo🏴

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Pretendo reflexionar sobre la relevancia de la cultura en el anarquismo, pasado y presente. El hilo conductor serán algunos lugares comunes, conceptos compartidos y frecuentados a lo largo de generaciones, hasta el punto de volverse convencionales. Me aproximo al tema a través de tres facetas que, como se verá, no son estancas, sino que están íntimamente entrelazadas.

JESÚS RUIZ PÉREZ Historiador de lo libertario.

«La base de su revolución social es la voluntad y no las condiciones económicas».Karl Marx, Glosas marginales sobre la obra de Bakunin «El estatismo y la anarquía», edición de Alfredo Velarde (México, 2013), p. 35

I. La cultura como conocimiento (saber)

1. Semilla roja

aA sí se llamaba un semanario anarquista que se publicó en La Rioja –región agraria por excelencia- en 1922. Hay otras cabeceras de periódico en las que encontramos esta imagen, como El sembrador o Germinal –el último, nombre que persiste en nuestros días1.

El cambio de mentalidad, la formación no sólo de «obreros conscientes» sino, en última instancia, de hombres libres, se consideraba condición de cualquier cambio posterior. Los ingentes esfuerzos dedicados a la propaganda denotan la importancia que tenía (y tiene) para los anarquistas: medios periodísticos sostenidos gracias a las contribuciones de los propios trabajadores, edición de libros, mítines. Así como el empeño paralelo en dar vida a organizaciones educativas, fueran ateneos culturales o escuelas racionalistas. Se trata de un trabajo paciente; cuando menos, a medio plazo. Requiere esperar a que la semilla germine y la mies crezca. Pero implica confianza en que el esfuerzo fructificará.

2. Apóstoles de la idea

london1Por este nombre se conoció a los primeros propagadores del anarquismo. La imagen está emparentada con la anterior: con sus prédicas, producen una conversión. El fervor con que el pueblo acogía las ideas anarquistas, en particular entre el campesinado andaluz, llegó a interpretarse en clave religiosa por observadores externos como Gerald Brenan2.

No se puede impulsar una revolución, al menos de forma sincera, sin tener fe en ella. Lo que en el caso de los anarquistas va unido a otra convicción íntima: el poder transformador de las propias ideas. La certeza de que, por muchas penalidades que ofrezca el camino, aun en momentos en que parece que todo está en contra, acabará triunfando «el Ideal». Un ejemplo conmovedor es la declaración que hace Joseph Déjacque en el El humanisferio (1858):

  • «Como el grumete de la Salamandra [en la novela de Eugéne Sue], no pudiendo, en mi debilidad, derribar todo lo que, sobre el navío del orden legal, me domina y me maltrata -cuando mi jornada ha concluido en el taller, cuando mi guardia sobre el puente ha terminado-, desciendo de noche al fondo de la cala, tomo posesión de mi rincón solitario, y allí, con dientes y uñas, como una rata en la sombra, araño y socavo las paredes apolilladas de la viejo sociedad. Durante el día, utilizando aún mis horas de ocio, me armo de una pluma como de un barreno, la sumerjo en hiel, a guisa de grasa y, poco a poco, voy abriendo un boquete, cada vez más grande, al torrente innovador, perforo sin descanso la carena de la Civilización»3.

En sus palabras hay rencor, como cabría esperar de alguien que participó en la insurrección obrera de París en junio de 1848 y, de acuerdo con Max Nettlau, «vio la masacre del pueblo vencido, fue arrastrado de prisión en prisión durante un año y salió de ellas anarquista revolucionario»4. Pero sobre todo con confianza en la difusión de ideas y su lenta pero inexorable zapa del orden establecido.

3. Eclecticismo

ortoEn las bibliotecas de los libertarios tenían cabida autores de otras tendencias políticas. No se atenían a sus libros sagrados (por seguir con la metáfora del apartado anterior), reconocían valor a las obras de autores anticlericales, republicanos o marxistas. Esta mezcla peculiar recibió el nombre de eclecticismo, y demuestra que los anarquistas tenían un genuino afán por estudiar y entender las cuestiones sociales, reconociendo las aportaciones de pensadores ajenos. El eclecticismo también estaba presente en los ateneos culturales, en particular aquellos concebidos como espacio de encuentro y contraste entre distintas ideologías, donde los libertarios confluían con otras corriente políticas, siendo el principal modelo el Ateneu Enciclopèdic Popular de Barcelona. El mismo talante los encontramos en un tipo especial de charla, la controversia con militantes de otras tendencias, y en la práctica de ceder la palabra al público al final de los mítines, sin eludir o ahogar la polémica. Por último, algunas publicaciones libertarias nacieron con una explícita vocación ecléctica. Entre ellas ocupó un lugar destacado la revista Orto (1932-1934), dirigida por Marín Civera, cuyas páginas, ilustradas por los fotomontajes del comunista Josep Renau, estaban abiertas a la colaboración de notorios marxistas extranjeros y nacionales, entre ellos el disidente Andreu Nin. El fenómeno del eclecticismo, la negativa a encerrar la cultura en los márgenes estrechos de la propia capilla, resulta significativo. Sin embargo tenemos que tener en cuenta que coexistió con el dogmatismo, y el diálogo enriquecedor que Civera pretendía entablar topó con la incomprensión de algunos militantes, que declararon un boicot a la revista5.Tal vez no sea ocioso recordar aquí un rasgo del «neo-marxismo» de Marín Civera (nombre que usaba para referirse a sus propios planteamientos), si, de acuerdo con la cita que encabeza este artículo, consideramos que un rasgo distintivo del anarquismo es hacer depender la revolución social de la voluntad de los seres humanos, y no de las condiciones económicas. Civera diagnosticó la bancarrota del capitalismo utilizando elementos de análisis marxistas –entonces se sentían las consecuencias de la crisis mundial que siguió al crack del 29. Pero su conclusión fue que la crisis económica amenazaba con conducir al fascismo, recurso de fuerza con el que el sistema intentaría salvarse de la quiebra, y lo único que podía frenarlo era la determinación de los obreros6.

II. La cultura como aprendizaje práctico (saber hacer)

4. Cultura y acción

soliOtro título de periódico, en este caso el órgano de la Regional de la CNT de Navarra, Aragón y Rioja durante la Segunda República y la Guerra Civil. La cultura y la acción, más que complementarias, son indisolubles.

El ejemplo procede del anarcosindicalismo, el que puso más énfasis en la organización. A menudo en su prensa trasluce el orgullo de sostener sindicatos sólidos, herramienta para la emancipación de los obreros construida por los obreros mismos. En el sindicato los trabajadores se capacitaban en la autogestión, de modo práctico, participando en las asambleas o aceptando responsabilidades en los comités, y también aplicando la acción directa para obtener sus reivindicaciones.

Encontramos aquí una noción amplia de cultura, que abarca no sólo conceptos y sistemas de pensamiento más o menos articulados, sino también técnicas, rutinas, costumbres, actitudes, sentimientos y, en suma, lo que E. P. Thompson denominó experiencia, y por tanto comprende todos los ámbitos de la vida, de la forma de estar en el mundo7. Tal vez la función más importante del sindicato fuera que contribuía al aprendizaje de la solidaridad, ingrediente básico para este autor británico en el surgimiento del movimiento obrero. No en vano Solidaridad Obrera ha sido, desde su fundación, el nombre del portavoz de la CNT.

Salvador Seguí se distinguió por su énfasis en que la revolución no podría emprenderse hasta que concluyera una etapa previa dedicada a desarrollar la estructura orgánica sindical y a capacitar a los obreros por medio de la experiencia y la formación adquiridas en los sindicatos8. Y esta línea tuvo su continuidad en la mantenida por aquel sector de la CNT dispuesto a aceptar la convivencia (siempre conflictiva) con la Segunda República hasta tanto se fortalecieran los sindicatos, siendo uno de los factores que originó la escisión treintista, sobre la que volveremos un poco más adelante. En esta actitud subyacía no sólo el deseo de poner en pie en el presente las estructuras que se encargarían de gestionar la economía en el futuro, sino también la voluntad de fabricar el propio sujeto revolucionario.

5. Antes de destruir hay que construir

El sindicalismo revolucionario tenía la creencia de estar edificando ya, en el seno de la sociedad capitalista, aquello que sería la base de la sociedad futura. Esta sería otro de los rasgos definitorios del anarquismo: si se distingue por la coherencia entre medios y fines –en particular, no servirse de la autoridad cuando pretende destruirla- también forma parte de su esencia vivir conforme a las propias ideas, anticipar en el presente las formas de convivencia del porvenir. El ejemplo más claro son las comunas libertarias, pero aquí podríamos incluir un sinfín de proyectos colectivos, desde un centro social okupado hasta una cooperativa de consumo, y cualquier forma de experimentación vital, también la artística, desde la bohemia y el dadaísmo hasta el situacionismo y la contracultura. O más recientemente, incorporando las potencialidades de internet, la creación de «zonas temporalmente autónomas» propuesta por Hakim Bey9.

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Estos ensayos exitosos (de forma temporal o duradera) no sólo hacen real el fruto, además llevan en su interior, en tanto demostraciones prácticas, semillas del cambio venidero. Generan innovación. Construyen comunidad. Conceptos nuevos relacionados con esta práctica antigua son los de red y espacio de sociabilidad, que ahora se utilizan tanto para reelaborar el estudio del pasado como para interpretar el presente.

En la actualidad, el entramado cultural libertario se percibe como un ámbito unido a la acción, un ingrediente imprescindible de la experiencia, de lo que depende su potencial transformador. Valga citar, a modo de muestra, las palabras del Profesor Arkadio en el programa 400 de “La linterna de Diógenes” (abril de 2020):

  • «Vuelvo a recordar lo del tejido, las redes y los ámbitos, la acción, experiencia y conocimiento de esa acción y difusión para volver a conectar con la acción colectiva. Si no hay algún tipo de relación entre esos ámbitos esto no pasa de ser un simple ejercicio masturbatorio. Ya sabéis, te quedas bien pero, una vez terminado, todo sigue igual»10

III. La cultura como medio para hacer la revolución

6. Cultura versus violencia

Hasta tiempos muy recientes esta oposición sólo era una disyuntiva en los extremos: entre el tolstoiano pacifista y el terrorista. Pero para la gran mayoría el dilema no se situaba entre cultura y violencia, sino en la mayor o menor relevancia que una tenía frente a la otra en el proceso revolucionario. Se daba por descontado que la violencia sería necesaria para destruir el Estado y, casi de modo inevitable, para defender la nueva sociedad de sus enemigos declarados.

Las diferencias en la peso atribuido a uno u otro elemento no eran menores, y puede servir para ilustrarlas el momento que mejor conozco, la Segunda República, cuando provocaron una profunda división.

De un lado, una parte significativa de la FAI y de la CNT promovió la insurrección armada. Y esta llegó a ponerse en práctica de modo repetido, aunque sólo en localidades aisladas. Del otro lado, otra parte significativa de la CNT, la representada por el treintismo, confiaba en una acción de masas, metódica, que requería un periodo de preparación para, como se ha dicho más arriba, fabricar el sujeto de la revolución -es decir, un trabajo cultural previo a la destrucción del capitalismo y del Estado, la suma de voluntades-.

7. El mito de la huelga general

Debemos al francés George Sorel la interpretación de la huelga general como mito y, lo que es más interesan-te, la puesta en valor de los mitos compartidos en tanto motor de la acción revolucionaria. Precisamente en su obra más célebre, Reflexiones sobre la violencia (1908), con la que Sorel se convirtió en uno de los principales ideólogos del sindicalismo revolucionario, al que había llegado desde una revisión crítica del pensamiento de Marx. Para Sorel el mito integra ideología y sentimiento, lógica y pasión, es un producto cultural en el sentido amplio, y su resultado es la confianza en la victoria:

  • «Los hombres que participan en los grandes movimientos sociales imaginan su más inmediata actuación bajo la forma de imágenes de batallas que aseguran el triunfo de su causa. Yo propuse denominar mitos a esas concepciones cuyo conocimiento es de tanta importancia para el historiador: la huelga general de los sindicalistas y la revolución catastrófica de Marx son mitos» .

Volviendo al debate entre Bakunin y Marx, Sorel toma partido por el anarquista al privilegiar el mito de la huelga general, capaz de movilizar la voluntad colectiva, algo que considera imprescindible para emprender la revolución.

  • «Se puede hablar indefinidamente de revueltas sin provocar jamás ningún movimiento revolucionario, mientras tanto no haya mitos aceptados por las masas».

Dentro del repertorio de la lucha de clases, la huelga general queda más cerca de los medios pacíficos que de los violentos, por más que para Sorel constituyera la máxima expresión de la violencia. Para entender esta aparente contradicción en su justa medida hay que tener en cuenta que Sorel oponía la violencia, propia de los obreros, esencialmente antiautoritaria, a la fuerza, la coerción ejercida por los burgueses desde la maquinaria estatal. La huelga general es violencia por cuanto destruye el Estado y no consiente en usar la fuerza y erigir uno nuevo. Al margen de la retórica bélica soreliana, es posible imaginar una huelga general similar a la descrita por Jack London en su relato «El sueño de Debs» (1909), donde fantasea con un disciplinado movimiento de desobediencia y no cooperación que acaba por doblegar a los burgueses.

Un mito compartido por una cantidad suficiente de personas puede destruir el Estado, porque es una convicción igual de mítica, aunque conservadora, la que lo sostiene. Recientemente el historiador Yuval Noah Harari, que goza de gran predicamento, ha contribuido a propagar la idea de que el Estado, en sus distintas modalidades (desde Sumer hasta nuestros días) constituye un «orden imaginado». La jerarquía y la explotación se perpetúan sostenidas, en última instancia, en un mito, principios sin validez objetiva, pero compartidos de buena fe por grandes segmentos de la población, en particular entre las élites y las fuerzas de seguridad. Y esto las hace sumamente estables, porque «para cambiar un orden imaginado existente, hemos de creer primero en un orden imaginado alternativo».

IV. Recapitulación

Todos los lugares comunes que concurrieron en el anarquismo de forma histórica persisten en la actualidad, y tejen una continuidad entre pasado y presente. Quizás el que más se haya clarificado, y también el más importante, sea el de la cultura como medio para hacer la revolución, en detrimento de la lucha armada y otras formas de violencia, cada vez más minoritarias e improbables. Hoy en día está ampliamente aceptado que cualquier revolución con perspectiva de éxito requiere contar previamente con el respaldo de una amplia red de comunidades y colectivos, una masa crítica de personas unidas por la cultura libertaria.

La producción cultural libertaria goza de gran vitalidad, y cuenta con numerosos espacios web, editoriales, publicaciones periódicas y programas de radio dedicados a la difusión de sus ideas. Es también considerable la presencia y la influencia de los libertarios en movimientos sociales más amplios, como el antiglobalización, el ecologista, el feminista, el antimilitarista, el de okupación, o, hace ya casi una década, las asambleas populares del 15M. Y, en suma, continúa ofreciendo perspectivas prometedoras la apuesta por dar vida a múltiples y diversos espacios de autonomía autogestionados y desmercantilizados. Son triunfos parciales, pero podrían ser síntoma de que la idea va calando, y permiten conservar la esperanza de que la semilla roja dará fruto.

notas

🐃Una carta abierta en apoyo de Richard M. Stallman

🇸🇳Senegal en su segunda primavera. La indignación por los métodos de Macky Sall genera una unidad transversal que podría suponer un punto de inflexión en la política senegalesa. Por Sarah Babiker.

☮️La voz de la mujer🏴

el pe­rió­di­co La Voz de la Mu­jer que hoy edi­ta la Editorial de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Quil­mes tuvo un des­ti­no com­par­ti­do con bue­na par­te de las fuen­tes pa­ra el es­tu­dio de la his­to­ria obre­ra, en un país que no ha si­do es­pe­cial­men­te cui­da­do­so en la con­ser­va­ción de su pa­sa­do y en el que es­ta con­ ser­va­ción depen­dió, en mu­chos ca­sos, de los es­fuer­zos ais­la­dos y per­so­na­les de gru­pos y mi­li­tan­tes dis­per­sos. Pu­bli­ca­do en el año 1897, en el con­tex­to de la olea­da de li­te­ra­tu­ra so­cia­lis­ta y anar­quis­ta del fin de si­glo, de­sa­pa­re­ció por com­ple­to de los re­po­si­to­rios na­cio­na­les y de la me­mo­ria co­lec­ti­va. Rea­pa­re­ce fu­gaz­men­te en la pro­li­ja re­co­pi­la­ción que, en oca­sión del con­cur­so con­vo­ca­do con mo­ti­vo de cum­plir­se el cin­cuen­te­na­rio de la apa­ri­ción de La Pro­tes­ta, se rea­li­zó en Bue­nos Ai­res en el año 1927, y que se co­noce co­mo el Cer­ta­men In­ter­na­cio­nal de La Pro­tes­ta. En di­cha pu­bli­ca­ción es Max Net­tlau quien con­sig­na su exis­ten­cia en la po­nen­cia de­no­mi­na­ da “Contri­bu­ción a la bi­blio­gra­fía anar­quis­ta de la Amé­ri­ca La­ti­na has­ta 1914”, incluyén­do­lo en el ci­clo de los pe­rió­di­cos de pro­pa­gan­da ge­ne­ral apa­re­ci­dos en­tre 1890 y 1904 en la Ar­gen­tina. Sin dis­po­ner de los mis­mos en el mo­men­to de la ela­bo­ra­ción de la no­ta, Net­tlau brin­da un con­se­jo – aún vá­li­do fren­te a nues­tra or­fan­dad en ma­te­ria de fuen­tes–:
  • He vis­to y a me­nu­do leí­do, los pe­rió­di­cos de los que voy a dar la lis­ta, pe­ro ya ha­ce mu­cho tiem­po de es­to, y aun­que con­ser­vo mu­chas im­pre­sio­nes, és­tas ca­re­cen de fres­cu­ra, son in­com­ple­tas y no va­le la pe­na de re­car­gar con ellas es­tas lis­tas. Son los mi­li­tan­tes que tie­nen un re­cuer­do vi­vo de ca­da pe­rió­di­co, los que ha­rán bien –si quie­ren ser­vir a la his­to­ria– en per­fi­lar en po­cas pa­la­bras la fi­so­no­mía de ca­da pe­rió­di­co y de los de­ta­lles dig­nos de ser con­ser­va­dos que a ellos se re­fie­ren, y los es­tu­dio­sos de es­pí­ri­tu crí­ti­co, al ho­jear esas co­lec­cio­nes, sa­ca­rán a la luz las ideas, crí­ti­cas, des­crip­cio­nes so­cia­les y otros ma­te­ria­les vi­vien­tes que duer­men en los vie­jos pe­rió­di­cos.
es sólo en 1978 cuan­do el li­bro de Iaä­cov Oved, El mo­vi­mien­to anar­quis­ta en la Ar­gen­ti­na, en su bien do­cu­men­ta­do ane­xo, así co­mo en el tex­to, rei­te­ra la re­fe­ren­cia a La Voz de la Mu­jer, res­guar­da­do en la bi­blio­te­ca del Ins­ti­tu­te of So­cial His­tory de Ams­ter­dam, jun­to con otras tan­tas fuen­tes in­dis­pen­sa­bles pa­ra la ta­rea de re­cons­truir las vo­ces ol­vi­da­das y es­con­di­das de los sec­to­res po­pu­la­res. Es­te res­ca­te fa­ci­li­ta la con­so­li­da­ción de una nue­va ma­ne­ra de abor­dar la his­to­ria, a la luz de nue­vas fuen­tes y tes­ti­mo­nios que bri­llan por sí mis­mos pe­ro que, a la vez, obli­gan a la re­lec­tu­ra de lo que ya se co­no­cía. Por ejem­plo, a la bús­que­da de una lec­tu­ra de la his­toria que in­ter­sec­te la con­di­ción de cla­se con la con­di­ción de gé­ne­ro. Por úl­ti­mo, en el año 1986 el ar­tí­cu­lo de Maxy­ne Moly­neux, tam­bién in­clui­do en es­ta edi­ción, abor­da sis­te­má­ti­ca­men­te la des­crip­ción y el aná­li­sis del cor­pus del pe­rió­di­co.
al pu­bli­car aho­ra la fuen­te, jun­to con el men­cio­na­do ar­tí­cu­lo, se po­ne al al­can­ce del pú­bli­co in­te­re­sa­do en la his­to­ria fe­mi­nis­ta y en la de los sec­to­res su­bal­ter­nos un ma­te­rial cu­ya ri­que­za po­drá ex­plo­rar­se en pro­fun­di­dad, co­mo un tex­to es­pe­cí­fi­co y en tér­mi­nos de sus cru­ces con la ideo­lo­gía y las prác­ti­cas or­ga­ni­za­ti­vas del pe­río­do. Al pu­bli­car­la, tam­bién, la Edi­to­rial de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Quil­mes rea­li­za una con­tri­bu­ción pa­ra la re­cu­pe­ra­ción de la me­mo­ria co­lec­ti­va y, co­mo lo que­ría Max Net­tlau, cum­ple con el man­da­to de “ser­vir a la his­to­ria”.
Ma­ría del Car­men Fei­joó

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La voz de la Mujer. Periódico comunista anárquico 1896-1897 [Universidad Nacional de Quilmes. Bernal, 2018]

🎥Ni dios, ni patrón, ni marido (Laura Mañá, 2007)

🏴Capítulo V — La fortaleza — La fuga🏴

I

Esta era, pues, la terrible fortaleza donde tanta de la verdadera vitalidad de Rusia habla perecido durante los últimos dos siglos y cuyo nombre se pronuncia siempre a media voz en Petersburgo.

Aquí, Pedro I atormentó a su hijo Alexis y lo mató con su propia mano; aquí, la princesa Tarakánova estuvo encerrada en una celda de tal modo invadida por el agua durante una inundación, que las ratas se subían sobre ella para librarse de una muerte segura; aquí también el terrible Minij martirizaba a sus enemigos, y Catalina II enterraba vivos a los que no aprobaban que hubiera asesinado a su marido. Y desde los tiempos de Pedro I, durante ciento setenta años, los anales de esta masa de piedra que, al surgir del Neva, se levanta frente al Palacio de Invierno, lo fueron de asesinato y tortura; de hombres enterrados vivos, condenados a una muerte lenta o arrastrados a la demencia en la soledad de obscuras y húmedas mazmorras.

Aquí, los decembristas, que fueron los primeros en desplegar la bandera de la República y de la abolición de la servidumbre, sufrieron sus primeros martirios, pudiendo aún encontrarse sus huellas en la Bastilla rusa. Aquí, igualmente, estuvieron presos los poetas Rylévev, Shevchenko, Dostoievski, Bakunin, Chernishevski, Pisarev y tantos otros de nuestros mejores escritores contemporáneos. Aquí, Karakózov fue atormentado y murió en la horca.

Aquí, en cierta parte del revellín de Alexis, aun se halla aprisionado Niechaiev, entregado por Suiza a Rusia como un criminal cualquiera, siendo después tratado como preso político peligroso, y no volverá más a ver la luz. En el mismo revellin hay dos o tres hombres a quienes, según rumores, por saber más de lo conveniente respecto a cierto misterio palatino, Alejandro II condenó a prisión perpetua. Uno de ellos, adornado con larga barba gris, fue visto últimamente por un conocido mio en la misteriosa fortaleza.

Todas estas sombras se levantaban ante mi imaginación; pero mi pensamiento se fijó especialmente en Bakunin, quien, a pesar de haber estado después del 48 sujeto con cadena al muro de un castillo austriaco durante dos años, y entregado después a Nicolás I, que lo tuvo encerrado en la fortaleza seis años más, salió, sin embargo, cuando la muerte del zar de hierro le devolvió la libertad, más fresco y más lleno de vigor que sus compañeros que habían permanecido libres. El ha podido soportar la prisión —me dije de un modo resuelto—, y yo también lo haré; ¡no sucumbiré aquí! Mi primer movimiento fue aproximarme a la ventana, colocada tan alta, que apenas podía alcanzarla con el brazo levantado. Era una abertura larga y estrecha, tallada en un muro de metro y medio de espesor, protegida por fuertes rejas y enrejado metálico. A la distancia de doce metros de esta ventana pude ver la muralla exterior de la fortaleza, de una anchura enorme, sobre la cual vi una garita de color gris; sólo mirando hacia arriba se lograba divisar un pedacito de cielo.

Hice un minucioso reconocimiento de la habitación, en la que ahora tendría que pasar quién sabe cuántos años. Por la posición de la alta chimenea de la Casa de la Moneda deduje que me encontraba en la parte sureste del castillo, en un bastión que domina el Neva. El edificio, sin embargo, en que yo estaba encarcelado no era el bastión propiamente dicho, sino lo que se llama en fortificación un reducto; esto es, una construcción interna de dos pisos y forma pentagonal, que se eleva un poco sobre los muros del bastión, y está destinada en sus dos terceras partes a contener cañones. El local donde me hallaba era una casamata y la ventana una tronera. Los rayos del sol no podían penetrar a través de esta última; aun en verano se perdían en el espesor del muro. Había allí una cama de hierro, una pequeña mesa de roble y un banco de la misma madera. El suelo estaba cubierto de fieltro estampado y las paredes de papel amarillo. Sin embargo, a fin de amortiguar el sonido, el papel no estaba fijado directamente sobre aquéllas, sino en lienzo, tras el cual descubrí una alambrera y más allá una capa de fieltro; sólo después de ésta fue cuando pude llegar a la piedra del muro. En el fondo de la habitación había un lavabo y una gruesa puerta de roble, en la que noté un postigo cerrado por fuera, destinado al paso de los alimentos, y un agujero pequeño, con un cristal y una tapa que podía levantarse desde el exterior; éste era el judas, a través del cual el preso podía ser espiado a cada momento. El centinela que estaba en el pasadizo levantaba con frecuencia la corredera y miraba al interior, oyéndose el crujir de sus botas cuando se acercaba a la puerta. Traté de hablarle; pero entonces el ojo que se veía al otro lado del cristal tomó una expresión de terror y aquélla se cerró al momento, abriéndose furtivamente un par de minutos después; pero no fue posible obtener de él ni una palabra.

El silencio más absoluto reinaba a mi alrededor. Arrimé el banco a la ventana y miré a la pequeña parte de cielo que era posible ver; procuré recoger algún sonido del Neva o de la parte de la ciudad que está al otro lado del río; pero no pude conseguirlo. Este silencio sepulcral empezó a entristecerme y traté de cantar, primero en voz baja y más alto después.

¿He de despedirme entonces del amor para siempre? —me encontré cantando, de mi ópera favorita Ruslan y Ludmila, de Glinka …

Señor, haga el favor de no cantar —dijo una voz algo apagada que se oía a través de la ventanilla.

Quiero cantar.

Está prohibido.

Pues sin embargo, cantaré.

Entonces vino el gobernador, quien intentó persuadirme de que no debía hacerlo, porque tendría que dar parte al jefe de la fortaleza, haciendo además observaciones encaminadas al mismo fin.Pero se me cerrará la garganta y perderán su fuerza los pulmones si no puedo hablar ni cantar —traté de contestar.Lo mejor será que procuréis cantar en un tono más bajo, que se sienta lo menos posible —dijo el viejo gobernador de un modo suplicante.

Pero todo esto resultó estéril, porque algunos días después se me quitó por completo el deseo del canto. Intenté hacerlo como esfuerzo por mantener lo afirmado, pero no me fue posible. "Lo principal" — me dije— "es conservar mi vigor físico; no quiero caer enfermo. Me imaginaré obligado a pasar un par de años en una cabaña en el extremo norte, durante una expedición ártica. Haré bastante ejercicio, me dedicaré a la gimnasia y no me dejaré dominar por lo que me rodea. Diez pasos desde un ángulo a otro de la habitación es ya algo; si los repito ciento cincuenta veces habré recorrido una versta (unos mil metros)". Decidí andar todos los días siete verstas (sobre ocho kilómetros): dos por la mañana, dos antes de comer, dos después y uno antes de acostarme. Si pongo sobre la mesa diez cigarrillos y muevo uno cada vez que pase ante ella, contaré fácilmente las trescientas veces que tengo que caminar arriba y abajo. Debo marchar con rapidez, pero moderarme en las vueltas para evitar el mareo y girar cada vez en sentido contrario. Además, haré gimnasia dos veces al día, sirviéndome del banco, que es pesado. Y en efecto, lo levanté por un pie, sosteniéndolo con el brazo extendido; hice con él un molinete y pronto aprendí a tirarlo de una mano a otra, por encima de la cabeza, por la espalda y bajo la pierna.

Algunas horas después de mi ingreso en la prisión, vino el gobernador a ofrecerme algunos libros, entre los cuales estaba un antiguo conocido y amigo mío, el primer tomo de la Fisiología de George Lewis, traducida al ruso; pero faltaba el segundo, que era precisamente el que yo deseaba volver a leer. Pedí, como es natural, que me permitieran tener pluma, papel y tinta, pero me lo negaron. Para poderlo obtener se necesita un permiso especial del propio emperador. Esta inacción forzosa me hizo sufrir extraordinariamente, y empecé a componer en mi imaginación una serie de novelas de carácter popular, inspiradas en la historia de Rusia, algo así como Mistéres du Peuple, de Eugenio Sué. Hice el argumento, las descripciones, los diálogos, y procuré retenerlo todo en la memoria, desde el principio al fin. Puede imaginarse fácilmente lo exhausto que me hubiera dejado este trabajo si hubiese tenido que continuarlo más allá de dos o tres meses.

Pero mi hermano Alejandro obtuvo pluma y tinta para mí. Un día me dijeron que subiera a un coche de cuatro ruedas, en compañía del mismo oficial de gendarmes circasiano de quien he hablado anteriormente. Me llevaron a la Sección Tercera, donde se me permitió comunicar con mi hermano en presencia de dos oficiales de gendarmes.

Alejandro estaba en Zurich cuando me arrestaron. Desde su primera juventud había anhelado ir a otros países donde los hombres piensan como quieren, leen lo que les gusta y expresan francamente sus ideas. La vida rusa le resultaba repulsiva. La verdad —la verdad absoluta— y una franqueza ilimitada eran los rasgos más sobresalientes de su carácter. No podía tolerar el engaño ni la doblez, bajo ninguna forma. La falta de libertad de palabra en Rusia, la predisposición de sus habitantes a someterse a la opresión y las formas veladas a que tenían que recurrir nuestros escritores, repugnaban por completo a su franca y expansiva naturaleza. Poco después de mi regreso de la Europa occidental, se trasladó a Suiza, decidiendo establecerse allí. Desde que perdió dos hijos —uno atacado por el cólera, en pocas horas, y otro de consunción—, San Petersburgo se le hizo doblemente insoportable.

Mi hermano no había tomado parte en nuestra propaganda. No creía en la posibilidad de un alzamiento popular, y no concebía la revolución sino como obra de un cuerpo representativo, semejante a la Asamblea nacional francesa de 1789. En cuanto a la agitación socialista, sólo la conocía por los discursos que se pronunciaban en las reuniones públicas, no teniendo idea de la propaganda secreta que estábamos a punto de realizar. En Inglaterra habría sido partidario de John Bright o de los cartistas. Si se hubiese encontrado en París cuando la revolución de junio del 48, seguramente se habría batido en las barricadas al lado del último puñado de trabajadores; pero en el periodo preparatorio hubiera seguido a Ledru-Rollin o a Luis Blanc.

Cuando fue a Suiza, fijó su residencia en Zurich, simpatizando allí con un grupo moderado de la Internacional. Socialista en principio, sus ideas influían naturalmente en su género de vida, por demás frugal y laboriosa; trabajó con pasión en su gran obra científica —el objetivo principal de su existencia—, obra que había de hacer digno pendant en el presente siglo, con los famosos Cuadros de la Naturaleza de los enciclopedistas. Llegó a ser gran amigo personal del antiguo emigrado coronel Pedro Lavrov, siendo ambos partidarios de las ideas filosóficas de Kant.

En cuanto Alejandro se enteró de mi detención, lo abandonó todo —la obra de su vida, su vida misma de libertad, que le era tan necesaria como el aire a la existencia del ave—, y volvió a Petersburgo, que detestaba, con el solo propósito de tratar de endulzar mi cautiverio.

Nuestra entrevista fue conmovedora. Mi hermano estaba muy excitado. La vista sólo del uniforme azul de los gendarmes —los verdugos de todo pensamiento libre en Rusia— le era odiosa, y francamente manifestó ese sentimiento delante de ellos. En cuanto a mí, su presencia en la capital me inspiraba la más viva inquietud. Me sentía feliz al ver su rostro querido, sus ojos llenos de ternura, y saber que me permitirían comunicar con él una vez al mes; no obstante, hubiera preferido verlo a centenares de leguas de aquel lugar, al que había llegado en plena libertad, pero a donde podía volver en cualquier momento escoltado por los gendarmes. ¿Por qué has venido a meterte en la boca del lobo? Parte en seguida — pensaba yo para mí; pero también comprendía que mientras durara mi cautiverio él permanecería en San Petersburgo.

Como sabia mejor que nadie que el ocio seria capaz de matarme, hizo en el acto gestiones para que me permitieran trabajar. La Sociedad Geográfica deseaba que finalizara mi Memoria sobre el periodo glacial, y mi hermano había interesado al mundo científico de San Petersburgo, comprometiendo a todos sus miembros para que apoyaran la petición. La Academia de Ciencias se interesó también en el asunto; y finalmente, a los dos o tres meses de estar preso, el gobernador entró en mi celda y me anunció que el emperador me permitía completar mi informe para la Sociedad Geográfica, pudiendo disponer con tal motivo de pluma y tinta, pero sólo hasta la puesta del sol, añadió. Durante el invierno el sol se pone a las tres de la tarde en San Petersburgo; pero no había más remedio que conformarse. Hasta la puesta del sol — fueron las palabras que pronunció Alejandro II al conceder el permiso.


*** II

¡Ya podía trabajar!

Me sería imposible expresar ahora el inmenso consuelo que entonces sentí al saber que podía volver a escribir. Hubiera preferido vivir sólo de pan y agua en el más infecto de los calabozos, con tal de poder ocuparme de algo.

Yo era, sin embargo, el único preso que gozaba de ese permiso. Varios de mis compañeros que estuvieron encarcelados tres o más años, antes de la vista del famoso proceso de los cuatrocientos noventa y tres, sólo pudieron obtener una simple pizarra. Naturalmente, a falta de cosa mejor, en medio de su lúgubre soledad, aquélla era bien recibida. Empleábanla para escribir los temas de los idiomas que estudiaban, o para resolver problemas de matemáticas; pero todo lo que en ella fijaban desaparecía al cabo de algunas horas.

Desde aquel instante, mi vida de cautivo se adaptó a una forma más regular, teniendo ya un objetivo inmediato. A las nueve de la mañana tenia ya casi completados los trescientos pasos a través de mi celda, y esperaba los lapiceros y plumas que debían traerme. El trabajo que preparaba para la Sociedad Geográfica contenía, además del informe sobre las exploraciones en Finlandia, una exposición de principios sobre los cuales debe reposar la hipótesis glacial.

Sabiendo que podía disponer de tiempo ilimitado, me decidí a escribir de nuevo y ampliar esta parte de mi trabajo. La Academia de Ciencias puso su admirable biblioteca a mi disposición, y pronto se llenó un rincón de mi celda de libros y mapas, incluyendo el total de las Investigaciones Geológicas Suecas, una colección casi completa de Memorias de todas las expediciones árticas, y toda la colección del Quarterly Journal de la Sociedad Geológica Londinense. Mi obra llegó a formar dos gruesos volúmenes. El primero se imprimió, debido a los cuidados de mi hermano y de Polakov (en las Memorias de la Sociedad Geográfica), en tanto que el segundo, que no había terminado por completo cuando mi evasión, quedó en poder de la Sección Tercera. El manuscrito no pudo hallarse hasta 1895, en que fue entregado a la Sociedad Geográfica, la cual, a su vez, me lo remitió a Londres.

A las cinco de la tarde —a las tres en invierno—, al mismo tiempo que me traían una pequeña lámpara, se incautaban de los lapiceros y plumas, viéndome obligado a suspender el trabajo. Entonces leía generalmente libros de Historia. En la fortaleza se había llegado a formar una biblioteca completa durante la sucesión de presos políticos que en ella fueron confinados. Me permitieron agregar a aquélla algunos libros de texto sobre la historia de mi país, y junto con los que me llevaban mis parientes, pude leer la mayor parte de las obras y de las colecciones de actas y documentos que se refieren al periodo moscovita de la historia de Rusia.

Dedicábame con gusto, no sólo a la lectura de los anales rusos, particularmente los verdaderamente admirables de la democrática república medieval de Pskov —la mejor quizás de Europa en la historia de las ciudades de esa época—, sino también a la de toda clase de documentos antiguos, y a la de las Vidas de los Santos, que a veces contienen hechos de la vida real de las masas que no se pueden encontrar en otra parte. Leí también durante dicho periodo de tiempo gran número de novelas, como igualmente los Cuentos de Navidad, de Dickens, que me mandó mi familia, precisamente en esos días del año, y que me hizo pasar dicha fiesta riendo y llorando con las soberbias creaciones del gran novelista.


*** III

Lo que más me entristecía era el silencio sepulcral que reinaba en torno mio. En vano golpeaba en el muro y en el suelo con la esperanza de obtener alguna ligera respuesta. El silencio era completo. Un mes, dos meses, quince meses pasaron sin que nadie contestara a mi llamamiento. Entonces no éramos más que seis, repartidos entre las treinta y seis casamatas, hallándose los demás compañeros detenidos en la prisión de la Litovsky Zámok.

Cuando el oficial de guardia entraba en mi celda para acompañarme al paseo, y yo le preguntaba: ¿Qué tiempo hace? ¿Está lloviendo? — mirábame él con desconfianza, y sin pronunciar palabra, retrocedía hacia la puerta donde estaban el centinela y otro oficial que lo vigilaban. El solo ser viviente cuya voz podía oír era el gobernador. Venía todas las mañanas, me daba los buenos días y me preguntaba si tenía necesidad de comprar tabaco o papel. Intentaba conversar con él; pero con una mirada furtiva que lanzaba a los oficiales que se hallaban cerca de la puerta entreabierta, parecía querer decirme: Ya veis que a mí también me espían. Sólo las palomas no temían aproximarse a mí. Todas las mañanas y las tardes venían a mi ventana a recibir su comida a través de la reja. No se percibían otros ruidos que el crujir de las botas del centinela, el casi imperceptible que éste hacía al abrir y cerrar el ventanuco y el tañido de las campanas de la catedral de la fortaleza. Tocaban un ¡Señor, sálvame! (Gospodi pomilui), una, dos, tres y cuatro veces cada cuarto de hora, doblando después la gran campana al terminar aquélla, a la que seguía una especie de canto lúgubre ejecutado por las campanas, que los cambios rápidos de temperatura desentonaban sin cesar, produciendo una horrible cacofonía que recordaba el toque de campanas de los entierros.

A media noche, después del referido cántico, oíanse las notas discordantes de Dios salve al zar. Esto duraba un cuarto de hora, y apenas finalizaba, un nuevo Señor, sálvame, anunciaba al desvelado prisionero que había pasado otro cuarto de hora de su inútil vida, y que otros muchos cuartos, horas, días y meses de su vegetativa existencia se sucederían antes de que lo soltaran sus carceleros o lo rescatara la muerte.

Todas las mañanas me sacaban a pasear durante media hora por el patio de la prisión. Este patio tenía la forma de un reducido pentágono, con una acera estrecha a su alrededor, y en el centro un pequeño edificio destinado a cuarto de baño; pero, así y todo, esos paseos me agradaban. La necesidad de nuevas impresiones se hace sentir tanto en la prisión, que cuando me paseaba por tan estrecho sitio, fijaba constantemente la vista en la flecha dorada de la catedral de la fortaleza. De entre todos los objetos que me rodeaban era el único que cambiaba de aspecto, y me gustaba verla deslumbrante como el oro cuando el sol brillaba en un cielo claro y despejado, tomando un aspecto fantástico cuando una gasa de azulada neblina envolvía la ciudad, o adquiriendo el color gris del acero si espesas nubes obscurecían el firmamento.
Durante estos paseos solía ver algunas veces a la hija del gobernador, muchacha de diez y ocho a diez y nueve años, cuando salla del pabellón de su padre y tenia que cruzar nuestro patio para dirigirse a la puerta de entrada, única salida del edificio. Siempre lo hacía rápidamente y con los ojos bajos, como si se sintiera avergonzada de ser hija de un carcelero. Su hermano menor, por el contrario, que era un cadete a quien vi una o dos veces en dicho lugar, siempre me miraba tan fijamente a la cara con tan franca expresión de simpatía, que no pudo menos de llamar mi atención, y hasta llegar a mencionárselo a alguno después de mi salida. Cuatro o cinco años después, cuando ya era oficial, fue desterrado a Siberia. Había ingresado en el partido Narodnaia Volia y supongo había ayudado a que se comunicaran los amigos con los presos de la fortaleza.

El invierno es triste y sombrío en San Petersburgo para los que no pueden pasear por las calles brillantemente iluminadas; pero lo es todavía más para el que está en el fondo de una casamata. La humedad era peor que la obscuridad. Para preservarme de ella, calentaban el local hasta un grado tan alto que llegaba a sentir verdadera sofocación; pero, en cambio, cuando pude conseguir que bajara un poco la temperatura, la humedad traspasó los muros, corriendo el agua a lo largo del papel, y bien pronto fui presa de agudos dolores reumáticos. A pesar de todo, mi espíritu no decaía, y continuaba escribiendo y trazando cartas geográficas en la obscuridad, afilando los lapiceros con un pedazo de vidrio que había podido recoger en el patio. Caminaba regularmente mis ocho kilómetros al día, y continuaba los ejercicios gimnásticos con el banquillo. El tiempo se pasaba; pero de pronto aconteció una terrible desgracia que estuvo a punto de anonadarme.

Habían detenido a mi hermano Alejandro.

A fines de Noviembre de 1874, me permitieron tener una entrevista con él y con nuestra hermana Elena en la fortaleza, en presencia de un oficial de gendarmes. Esas entrevistas, autorizadas a grandes intervalos, producen siempre cierta excitación en el preso y su familia. Contémplanse rostros queridos, óyense voces amadas, y se sabe que la visión sólo durará breves instantes. Se siente uno alejado de los suyos, a pesar de la momentánea aproximación, con tanto más motivo cuanto que no se puede tener una conversación intima ante un extraño, un enemigo, un espía. Mis hermanos se mostraban preocupados respecto de mi salud, sobre la cual los obscuros y tristes días de invierno y la humedad habían impreso ya sus primeras huellas. Nos separamos con el corazón oprimido.

Una semana después de nuestra entrevista, en vez de la carta que esperaba de mi hermano respecto a la publicación de mi libro, recibí una breve nota de Polakov, informándome que en lo sucesivo leería él las pruebas y que a él me dirigiera para todo lo concerniente a la imprenta. Del tono de la nota deduje que algo desagradable había ocurrido a mi hermano, pues si sólo se hubiese tratado de su salud, dicho amigo me lo hubiera dicho. Una terrible ansiedad se apoderó de mí. “Alejandro” —pensé— “ha debido ser arrestado, y lo ha sido por mi causa. La vida dejó en el acto de tener el menor atractivo para mí; mis paseos, mi gimnasia y mi trabajo perdieron todo su interés. Pasaba todo el día paseando por la celda, sin pensar en otra cosa que en la detención de mi hermano. Para mí, hombre soltero, la prisión no era más que una molestia personal; pero mi hermano era casado, adoraba a su esposa y ambos habían reconcentrado en su último hijo todo el amor que antes tuvieron a los dos primeros.

Lo peor era la incertidumbre. ¿Qué podía haber hecho? ¿Por qué le habían arrestado? ¿Qué iba a suceder?

Pasaron algunas semanas, siendo cada día mayor y más profunda mi ansiedad, sin que recibiera la menor noticia, hasta que al fin llegué a saber de un modo indirecto que lo habían arrestado por una carta escrita a P. L. Lavrov.

Los detalles no los supe hasta mucho después. Con posterioridad a nuestra última entrevista, había escrito a su antiguo amigo, que en aquella época dirigía en Londres una revista socialista rusa, titulada Vperíód. En dicha carta expresaba sus temores acerca de mi salud; hablaba de los numerosos arrestos que en aquellos días se efectuaban y exponía con franqueza su desprecio por el régimen despótico. La carta fue interceptada en correos por la Sección Tercera, y en la noche de Navidad fueron a registrar su casa, lo que efectuaron de modo más brutal aún que de ordinario. Después de media noche, varios hombres hicieron una irrupción en su departamento, revolviéndolo todo. Hasta las paredes fueron reconocidas; el niño enfermo fue sacado de la cama, a fin de inspeccionar las ropas y colchones; mas como nada había, nada pudieron encontrar.

Este registro irritó a mi hermano, quien con su acostumbrada franqueza, dijo al oficial de gendarmes que lo dirigía: “Contra vos, capitán, no siento rencor. Vuestra educación ha sido limitada y casi no comprendéis lo que estáis haciendo. En cuanto a vos —continuó dirigiéndose al procurador—, debo deciros que no ignoráis el papel que representáis en todo esto; habéis recibido una educación universitaria, conocéis la ley y sabéis que la estáis arrastrando por el suelo, dando con vuestra presencia una apariencia de legalidad al acto arbitrario que cometen esos esbirros; sois, pues, un miserable”.

Aquellos hombres le juraron un odio mortal. Lo tuvieron encerrado en la Sección Tercera hasta mayo. El hijo de mi hermano —un niño encantador, a quien la enfermedad había vuelto más afectuoso e inteligente todavía— estaba atacado de una fiebre consultiva, y los médicos habían declarado que no tenia remedio. Alejandro, que jamás había pedido el menor favor a sus enemigos, les suplicó entonces que le permitieran ver a su hijo por última vez. Les rogó que lo dejaran ir, bajo palabra de honor, durante una hora a su casa, o que lo condujeran convenientemente custodiado. Pero le rehusaron este favor; no quisieron privarse del placer de la venganza.

El niño murió, y poco después la desgraciada madre, casi enloquecida de dolor, recibió la noticia de que su esposo había sido desterrado por tiempo indefinido a Minusinsk, pequeño pueblo de la Siberia oriental, a donde tuvo que hacer el viaje en carreta entre dos gendarmes. Ella estaba autorizada para seguirlo, pero sólo después, porque no se les permitía hacer el viaje juntos.Decidme, al menos, cuál es mi crimen” — preguntaba mi hermano. Pero ninguna acusación pesaba sobre él, aparte de la carta mencionada. Su deportación apareció como un acto arbitrario, como una venganza tan evidente de la Sección Tercera, que toda nuestra familia creyó que no se prolongaría más allá de algunos meses. Mi hermano dirigió una carta al ministro del interior, el cual respondió que no podía intervenir en las decisiones del jefe de la gendarmería; otra fue enviada al Senado, con resultado idéntico. Todo resultó inútil.

Dos años más tarde, nuestra hermana Elena, obrando por su propia iniciativa, escribió una petición al zar. Nuestro primo Dimitri, gobernador general de Járkov, Ayudante de Campo del Emperador y gran favorito de la Corte, indignado del proceder de la Sección Tercera, entregó el documento personalmente al zar, apoyándolo con algunas palabras. Pero el rencor de los Romanov es un rasgo característico de la familia, que estaba fuertemente desarrollado en Alejandro II, y como consecuencia de ello, escribió en la petición подожди еще (que espere todavía).

Mi hermano permaneció en Siberia doce años, y no volvió jamás a Rusiia.

*** IV

Las numerosas prisiones que se verificaron durante el verano de 1874, y las salvajes persecuciones de que fueron objeto nuestros partidarios, produjeron un cambio notable en el espíritu de la juventud moscovita. Hasta entonces se había hecho propaganda en los centros obreros, introduciendo en ellos individuos capaces de ser agitadores socialistas; pero como los talleres se inundaron de espías, se corría el peligro de que fueran enviados a Siberia obreros y propagandistas. Entonces se empezó a producir un movimiento popular de un orden completamente nuevo; centenares de jóvenes de ambos sexos se esparcieron por todas partes, y sin tomar precauciones, predicaron la revolución, repartiendo folletos, canciones y manifiestos. En nuestros círculos este verano recibió el nombre de verano delirante.

La gendarmería estaba desconcertada, porque era tal el número de propagandistas, que no se disponía del tiempo material necesario para detenerlos a todos. Más de mil quinientos fueron los arrestados, muchos de los cuales sufrieron largos años de cautiverio.

Un día de verano de 1875, oí distintamente en la celda inmediata a la mía pasos ligeros y tacones que me parecieron de mujer, y algunos minutos después pude escuchar fragmentos de una conversación. Una voz femenina hablaba desde la celda, y otra recia —indudablemente la del centinela— decía algo en contestación. Después reconocí el sonido de las espuelas del coronel, sus pasos precipitados, sus reprimendas a aquél y el ruido que hacía la llave al girar en la cerradura. El dijo algo que no pude entender, y una voz de mujer le contestó en tono elevado: No hablábamos; yo no hice más que rogarle que llamara al oficial de guardia, cerrándose la puerta a continuación, y volviendo de nuevo el gobernador a reprender al centinela a media voz.

Yo no estaba, pues, solo; tenia una vecina que, desde el primer momento, había logrado quebrantar la severa disciplina que hasta entonces reinara en la fortaleza.

Desde aquel día las paredes de la prisión, que habían permanecido mudas durante los últimos quince meses, adquirieron animación. De todas partes se oían golpes que daban con el pie en el suelo; uno, dos, tres, cuatro... once, veinticuatro, quince golpes; después una pausa seguida de tres y más y una larga sucesión de treinta y tres. Lo cual se repetía en el mismo orden, hasta que el vecino llegaba a comprender que esto quería decir: Кто ты? (¿Quién sois?) siendo la letra v la tercera de nuestro alfabeto. De este modo se entablaba la conversación, que por lo general se mantenía sirviéndose del alfabeto abreviado, inventado por el decembrista Bestuyev, esto es, se le divide en seis hileras de cinco letras cada una, mareándose cada letra por su hilera y el lugar que ocupa en la misma.

Con gran satisfacción descubrí que tenía a mi izquierda a mi amigo Serdiukov, con quien pronto podría hablar de todo, particularmente usando nuestra clave. Pero esta comunicación con mis semejantes produjo penas lo mismo que alegrías. Mi amigo entablaba casi todos los días conversación, por el procedimiento indicado, con un campesino a quien no conocía, que se encontraba en una celda situada bajo la que yo ocupaba, y muchas veces, aun sin querer, seguía, mientras trabajaba, su diálogo. También yo hablé con él. Si el aislamiento absoluto, sin ninguna clase de trabajo, es duro para hombres que tengan instrucción, lo es infinitamente más para un campesino, acostumbrado a la labor física, que no es posible que pase años enteros dedicados a la lectura. La situación de este pobre amigo era bien lamentable, pues habiendo pasado cerca de dos años en otra prisión antes de traerlo a la fortaleza, su ánimo se hallaba profundamente quebrantado. Su delito consistía en haber oído propagar el socialismo. Pronto empecé a notar con terror que de tiempo en tiempo su razón divagaba; gradualmente sus pensamientos se fueron haciendo cada vez más confusos, y los dos percibimos, paso a paso, día por día, señales evidentes de que su razón se obscurecía, hasta que al fin en su conversación se reveló su estado. Ruidos espantosos y gritos terribles nos llegaban desde su celda; el infeliz estaba loco, y sin embargo, tuvo que pasar varios meses en tal estado en la casamata, antes de que lo trasladaran a un manicomio, del que ya no salió más. Es terrible tener que ser testigo de tan dramáticos sucesos, que yo creo influyeron de tal manera en el ánimo de mi verdadero y buen amigo Serdiukov que, cuando después de cuatro años de prisión preventiva fue absuelto por el tribunal y recobró la libertad, se pegó un tiro.

Un día recibí una visita inesperada. El gran duque Nicolás, hermano de Alejandro II, que pasaba una visita de inspección a la fortaleza, entró en mi celda, seguido sólo de su ayudante, cerrándose la puerta tras él. Inmediatamente se acercó a mí, dándome los buenos días, pues me conocía personalmente, y me hablaba en tono amable y familiar, como se hace a un antiguo amigo:¿Es posible que vos, un antiguo paje de cámara, un sargento del Cuerpo de pajes, os halléis envuelto en semejantes asuntos y encerrado actualmente en esta horrible casamata?Cada uno tiene su manera de pensar —repliqué.En este caso, ¿creéis que era necesario provocar una revolución?

¿Qué debía yo contestar? Si respondía que sí, daría lugar a que dijeran que yo, que me había negado a manifestar nada a los gendarmes, lo declaraba todo al hermano del zar. Me parecía el jefe de una escuela militar cuando trata de hacer cantar a un cadete. Y sin embargo, tampoco podía decir no, porque hubiera sido una mentira. No sabiendo, pues, qué contestar, opté por no decir nada.Lo veis; os avergonzáis ahora de vuestro proceder.

Esta frase me irritó y en el acto le repliqué con viveza:Ya he contestado al juez instructor y no tengo que añadir nada nuevo.Me extraña que no comprendáis —me dijo en un tono familiar— que no os hablo como un juez, sino como simple particular, completamente como tal —agregó bajando la voz.

En aquel momento invadió mi mente una multitud de pensamientos. ¿Tenia que proceder como el marqués de Posa? ¿Debí decir al emperador, por conducto de su hermano, que Rusia estaba desolada, que los campesinos se hallaban arruinados, que los funcionarios públicos cometían toda clase de crímenes, que en perspectiva se presentaba terrible y amenazador el espectro del hambre? ¿Habría de manifestar que lo que nos proponíamos era ayudar a los campesinos a salir de su desesperada situación, hacer que levantaran la cabeza, y procurar así, por todos los medios posibles, influir en el ánimo de Alejandro II?

Estos pensamientos pasaron rápida y sucesivamente por mi imaginación, hasta que al fin dije para mi:  — ¡Jamás! ¡Qué tontería! Todo eso lo saben ellos demasiado; pero son enemigos del pueblo, y semejantes palabras no les harían cambiar. - Le contesté, pues, que para mí siempre sería una persona oficial, y que no podía considerarlo de otra forma.

Entonces empezó a hacerme preguntas, al parecer indiferentes.¿No fue en Siberia, con los decembristas, donde comenzasteis a sustentar tales ideas?No; sólo conocí a uno de ellos, y no hablé con él nada de particular.¿Fue acaso en San Petersburgo donde las adquiristeis?Siempre he pensado de igual modo.¡Cómo! ¿Teníais semejantes ideas cuando estabais en el Cuerpo de pajes? —me preguntó con asombro.Allí era un niño, y lo que se encuentra indefinido en la juventud toma forma y carácter en la edad adulta.

Después me hizo otras preguntas de la misma índole, y a medida que hablaba me parecía leer en su pensamiento su intención. Era indudable que se proponía sacar de mí algo concreto, para poder decir a su hermano: Los jueces son unos imbéciles; a ellos nada ha contestado, y yo, en menos de diez minutos, he logrado hacerle confesar. Esto empezaba ya a molestarme, lo cual hizo que, al preguntarme:¿Qué queríais hacer con esos campesinos y gente desconocida? —le respondiera secamente:Ya os he dicho que he contestado al juez de instrucción.

Entonces el gran duque salió bruscamente de mi celda.

Los soldados de la guardia forjaron una leyenda sobre la citada visita. Por parecerse ligeramente al gran duque Nicolás la persona que vino en carruaje a recogerme en el momento de mi fuga, llevar como aquél gorra militar y tener también barba rubia, supusieron que había sido el gran duque en persona quien me había prestado tal servicio. Así se crean las leyendas, hasta en esta época de periódicos y diccionarios biográficos.

*** V

Habían transcurrido dos años; varios de mis compañeros perdieron durante ese tiempo la vida, otros la razón, y, sin embargo, aun no sabíamos cuándo se vería nuestra causa en la Audiencia. Mi salud empezó a quebrantarse hacia el fin del segundo año. El banco de roble se me hizo más pesado, y los ocho kilómetros me parecieron interminables. Como éramos unos sesenta los que estábamos en la fortaleza, y los días de invierno son cortos, sólo nos sacaban a pasear veinte minutos por el patio, una vez cada tres días. Hice todo lo posible por mantener mis energías; pero tan prolongado invierno ártico, sin tener descanso alguno en el verano, me causó un daño atroz. De mis excursiones siberianas había traído como recuerdo ligeros síntomas de escorbuto, que ahora, en la obscura y húmeda casamata, tomaba caracteres más distintos. Esta calamidad que tanto abunda en las prisiones, se había apoderado de mí.
memorias
Salvador Puig Antich, compañero militante del Mil fue asesinado “legalmente” por el estado, a garrote vil, hoy hace 47 años el 2 de marzo del 1974 ¡¡¡Ni olvidó ni perdón!!!

 🟥⬛️CGT muestra su desacuerdo con una nueva decisión judicial en relación al archivo de la causa de la fosa de los maestros en Soria

📢La lucha por la Sanidad Pública y Universal es también la lucha antifascista⬛️

 

 
 

 

⚫️Contra la amnesia histórica (Un libro sobre Facerías y sus grupos de acción)🏴

El pasado 18 de diciembre se presentó en el Ateneu Popular 9 Barris, de Barcelona, el libro «Josep Lluís Facerías y sus grupos de acción» editado por Descontrol Editorial. Una obra colectiva, coordinada por Ricard de Vargas Galorons y Roger Costa Puyal, para «recuperar la historia resistente» ocultada por la Transición  y todos los promovedores de la «memoria histórica» amnésica sobre la guerra civil y los cuarenta años de dictadura franquista. 

Editada en el centenario del nacimiento de este guerrillero urbano anarquista, el objetivo de esta obra es también denunciar la incomprensión y la insolidaridad de que fueron víctimas Facerías y los otros combatientes libertarios que en aquellos años tomaron las armas para combatir al franquismo. Una incomprensión e insolidaridad que les obligó -como lo denunció Antonio Téllez- a «combatir, casi permanentemente contra dos frentes. El del enemigo, visible, muy real con sus fusiles, ametralladoras, morteros, tribunales sumarísimos y sus abundantes prisiones. Y el otro fue el de la incomprensión general, el del abandono, hasta la agresión descarada de sus propios compañeros de ideas» que dirigían los comités del MLE y la CNT del exilio español en Francia. 

Incomprensión y abandono que se transformaron en un silencio  vergonzoso después de caer Facerías acribillado a balazos en las calles de Barcelona el día 40 de agosto de 1957. Un silencio motivado por el miedo -como lo documenta Carles Sanz en este libro- a las medidas administrativas que las autoridades francesas pudieran tomar en aquel momento contra las organizaciones del MLE. Miedo a su ilegalización, que amenazaría la continuidad del funcionamiento burocrático de estas organizaciones, y de ahí el celo de estos comités en «salvar su status quo sacrificando lo que fuera». 

¿Cómo no reconocer pues la pertinencia de la publicación de este libro, que, además de rescatar la lucha «desconocida, olvidada y menospreciada» de los combatientes libertarios de los años cincuenta, muestra -como lo declaran sus coordinadores- «la verdadera personalidad de compromiso libertario contra la dictadura» de Facerías frente a la de esos Comités centrados en su devenir burocrático? Dos formas muy distintas de entender ese compromiso que es necesario evidenciar al abordar ese pasado. Y más en estos momentos en los que tanto se habla de la necesidad y el deber de recuperar la «memoria histórica». 

Este libro es pues una valiosa contribución a esta necesidad y deber de recuperar la «memoria histórica». No solo por recordar las difíciles condiciones en las que se desenvolvió la lucha antifranquista en aquellos años tan cruciales para el futuro del antifascismo español -olvidado por las Potencias que pretendían defender la Democracia en el mundo- sino también por aportar opiniones y testimonios sobre la pertinencia del combate antifranquista y el sentido de responsabilidad de los que lo asumieron en condiciones tan adversas. Una necesidad y un deber, rescatar la trayectoria de Facerías, por haber asumido conscientemente y consecuentemente tal responsabilidad y por «su firmeza y convicción revolucionaria que le llevó, al igual que a muchos de sus compañeros, a luchar y enfrentarse contra la nueva tiranía fascista hasta la muerte, durante los años cuarenta y cincuenta».  

Una contribución valiosa además por aportar mucha información sobre la lucha libertaria antifranquista de los años cincuenta y además 54 biografías (resumidas y algunas insuficientemente contrastadas) de los combatiente libertarios que participaron en esa lucha.      

Octavio Alberola

🟡CC.OO. y UGT firmaron un acuerdo para evitar el pago de las horas extras ilegales

😷 Como Altsasu… pero en Linares

🏴Piotr Kropotkin. Centenario de la muerte del abuelo del anarquismo y del apoyo mutuo🏴

Kropotkin_1-800x445«Somos ricos, muchísimo más de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; aún más ricos por lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamente más ricos por lo que pudiéramos obtener de nuestro suelo, de nuestra ciencia y de nuestra habilidad técnica, si se aplicasen a procurar el bienestar de todos«

 

Hace cien años que nos dejó para siempre el abuelo del anarquismo, uno de los principales pensadores de esta filosofía entre los siglos XIX y XX. Además, geógrafo y naturalista, que nació en el seno de una familia aristocrática rusa, por lo que se le conoció como el Príncipe, título otorgado a un noble emparentado con la familia imperial zarista.

Kropotkin debe ser analizado como hijo del siglo XIX, racionalista e ilustrado, heredero político de la Revolución Francesa, influido profundamente por pensadores como Jean-Jacques Rousseau y sus ideas sobre la sociedad igualitaria, o François Babeuf y su Conjura de los Iguales. De la misma manera, le inspiraron las acciones revolucionarias de finales del siglo XIX, con la facción política de los enragés. Por lo tanto, debe entenderse el pensamiento de Kropotkin como un aporte determinante al desarrollo de las ideas socialistas y libertarias, desde su origen en la filosofía europea que aspiraba al universalismo.

Considerado uno de los grandes propagandistas del anarquismo en el siglo XIX, éste aventuraba una sociedad sin violencia estructural ni autoritarismo estatal. Su concepción de la sociedad se basaba en la cooperación voluntaria de personas libres. Escribió muchos libros, folletos y artículos, siendo el más destacado La conquista del pan y Campos, fábricas y talleres; y su principal obra científico-social, El apoyo mutuo. También contribuyó con el artículo sobre anarquismo en la edición de 1911 de la Encyclopædia Britannica y dejó un trabajo inacabado sobre filosofía ética anarquista. Ha influido notablemente sobre otros pensadores del siglo XX como Daniel Guerin, Emma Goldman, Murray Bookchin o Noam Chomsky.

volonta

Artículo extraido de:

Kropotin: Ciencia y anarquía

Nico Berti

La búsqueda de un fundamento “antropológico” de la anarquía como explicación y justificación esencial de sus valores encuentra su punto más alto y problemático en la disposición doctrinaria de Kropotkin. Punto más alto y problemático por la complejidad de la yuxtaposición casi antinómica entre naturaleza y cultura, o entre la explicación de la libertad y la igualdad dadas como dimensiones auténticamente naturales de la acción humana y la justificación de la libertad y la igualdad dadas como valores éticos generales y exhaustivos de la socialidad del hombre. En definitiva, como un intento de justificar los valores de libertad e igualdad a través de una explicación de tipo natural. La yuxtaposición parece antinómica y problemática porque mientras la justificación pertenece al campo de la ética, la explicación se resuelve en el campo de la ciencia. Por lo tanto, he aquí el teorema de Kropotkin: dar la justificación de la ética a través de la explicación de la naturaleza. Pero, ¿cómo resolver la naturaleza en la cultura, la ciencia en los valores? Es decir, una explicación que es el fundamento de la justificación como expresión lógica de la ecuación: la ética es igual a la autenticidad natural? La respuesta que da Kropotkin puede resumirse en esta articulación progresiva: la explicación de la naturaleza pone de relieve el sentido de su lógica interna como necesidad cuyo valor más maduro, sin embargo, se da a su vez como espontaneidad, es decir, la explicación de la necesidad natural se traduce en la justificación de su espontaneidad. A su vez, la valencia inmediata de la espontaneidad sólo puede captarse bajo el significado de la libertad. Naturaleza, espontaneidad, libertad: estos son los términos de la secuencia progresiva inherente a la respuesta de Kropotkin. La única apropiación posible de las investigaciones humanas contribuye a hacerlas evidentes en su lógica intrínseca: la ciencia. La ciencia, como desarrollo de las explicaciones de la naturaleza, toma conciencia del doble valor de las leyes naturales: por un lado son, como necesidad, fundamento “objetivo“, por otro lado son, como explicación de esta misma necesidad, espontaneidad reconocida. La ciencia, como explicación de la naturaleza, se resuelve en la justificación de la espontaneidad natural, cuyo sentido da la ciencia como conciencia se resuelve a su vez como libertad. Intentemos dar una razón a todos estos pasajes.

Kropotkin escribe: “La anarquía es el resultado inevitable del movimiento intelectual de las ciencias naturales que se inició a finales del siglo XVIII“. La identificación kropotkiniana entre ciencia y progreso social y entre ciencia y anarquismo, establece así la primacía absoluta del conocimiento y la razón en el proceso de emancipación humana, proceso por tanto estrechamente condicionado por el desarrollo científico. En concreto, la identificación es entre el método de la anarquía y el método inductivo de las ciencias naturales. El propósito es destacar, en el enfoque metodológico, la analogía sustancial entre la naturaleza y la anarquía. De hecho, Kropotkin escribe: “estudiando los recientes progresos de las ciencias naturales y reconociendo en cada nuevo descubrimiento una nueva aplicación del método inductivo, vi al mismo tiempo, cómo las ideas anarquistas, formuladas por Godwin y Proudhon y desarrolladas por sus continuadores, representaban también la aplicación de este mismo método a las ciencias que estudian la vida de las sociedades humanas“. Sin embargo, Kropotkin no se limita a una identificación perteneciente al campo metodológico, sino que amplía esta identificación al campo más amplio de la concepción anarquista y de la concepción de la naturaleza, fusionando así Ciencia y Anarquía en una weltanschauung de fuerte significado: “La anarquía es una concepción del universo, basada en la interpretación mecánica de los fenómenos, que abarca toda la naturaleza, sin excluir la vida de la sociedad“. En efecto, se perfila como un instrumento general de comprensión científica capaz de “elaborar la filosofía sintética, es decir, la comprensión del universo como un todo“. Para Kropotkin, por lo tanto, se puede asignar a la ciencia no sólo una función ideológica en un sentido progresista y libertario, sino también, a la inversa, asignar al anarquismo la tarea de comprensión científica que se identifica con la de las ciencias naturales. Naturaleza, espontaneidad, libertad, son los tres términos esbozados aquí unidos por el hilo de la explicación científica como justificación de su doble secuencia progresiva, porque si se puede llegar a la anarquía partiendo de la naturaleza, se puede volver a explicar ésta partiendo de la anarquía. Y esto se debe a la particular importancia que Kropotkin asigna a las ciencias naturales, aquellas ciencias, de hecho, capaces de unir naturaleza y cultura, ciencia y valores.

La yuxtaposición es explicada por Kropotkin de esta manera. Después de la revolución copernicana -que asestó un golpe mortal al geocentrismo- cada descubrimiento científico confirmaría el hecho de que la estructura del universo no tiene un centro de fuerza y una dirección de fuerza específicos. Empujando en esta dirección, es posible encontrar pruebas objetivas que confirman que la estructura objetiva de la naturaleza, de la materia y del universo entero es constitutivamente no jerárquica: “el centro, el origen de la fuerza, antes transferido de la tierra al sol, se encuentra ahora disperso, diseminado: está en todas partes y en ninguna“. Por tanto, la estructura del universo es constitutivamente no jerárquica porque se basa en una “armonía que es el resultado de los innumerables enjambres de materia, cada uno de los cuales se mueve por delante, manteniéndose en equilibrio“. El sentido ideológico que Kropotkin da a este descubrimiento científico es evidente: se trata de una explicación descriptiva destinada a justificar un valor normativo. Basta pensar en el concepto de federalismo anarquista tal y como lo definió, por ejemplo, Proudhon: “el centro político está en todas partes, la circunferencia en ninguna“. El paso de las ciencias naturales a las ciencias humanas no encuentra, pues, ningún obstáculo para Kropotkin, ya que esta no jerarquía constitucional de la materia está confirmada no sólo por la astronomía, sino por “todas las ciencias sin excepción las que tratan de la naturaleza, … las que tratan de las relaciones humanas“. Se basan en el criterio de que no hay leyes naturales preestablecidas, que la armonía de la naturaleza es el resultado fortuito y temporal de un proceso de choques y encuentros dentro de la estructura material. Lo que él llama ley no es más que una relación entre determinados fenómenos, que tienen un carácter condicional de causalidad: si un determinado fenómeno se produce bajo ciertas condiciones, le seguirá otro, y así sucesivamente. Si un fenómeno de este tipo dura siglos, “es porque ha tardado siglos en establecerse; otro no durará más que un instante, si su forma de equilibrio nació en un momento“. Por lo tanto, “no hay ley, sino el fenómeno: cada fenómeno gobierna lo que le sucede, no la ley“. También podemos observar aquí una continuidad entre el pensamiento kropotkiniano y el anarquista en esta interpretación antijerárquica de la naturaleza. Bakunin había escrito que en ella “no hay gobierno y lo que se llama leyes naturales no son más que el normal desenvolvimiento de los fenómenos y las cosas que se producen de un modo desconocido para nosotros en el seno de la causalidad universal“.

museoLa supuesta analogía sustancial entre la antijerarquía de la naturaleza y la antijerarquía de la sociedad humana debe realizarse, es para Kropotkin impuesta por el desarrollo científico, precisamente por su metodología que tiende a construirse no a través de sistemas generales preconstituidos, sino según un análisis continuo de división de la materia en células autónomas cada vez más pequeñas e interdependientes. Así, si antes “la ciencia estudiaba los grandes resultados y las grandes sumas (las integrales, diría el matemático), hoy estudia lo infinitamente pequeño, los individuos que componen las sumas y cuya independencia e individualidad ha llegado a reconocer, al mismo tiempo que su propia agregación íntima“.

En este punto la interpretación antijerárquica se generaliza invadiendo el campo de las ciencias humanas. Así, por ejemplo, la historia después de haber sido “la historia de los reinos, tiende a convertirse en la historia de los pueblos, y luego en el estudio de los individuos” . Del mismo modo, “la economía política, que en sus inicios era un estudio de la riqueza de los Estados, se convierte ahora en un estudio de la riqueza de los individuos“. Para Kropotkin, por tanto, el desarrollo científico condiciona el desarrollo social, la “democratización” de la ciencia empuja y acompaña la “democratización” de las conciencias. La ciencia desarrolla la ética, la explicación refuerza la justificación, la información cuantitativa se traduce en conciencia cualitativa. El progreso de la ciencia en sus métodos y resultados es objetivamente libertario y progresista (si no anarquista). En efecto, así como la armonía de la naturaleza es el resultado de una resultante y un equilibrio temporal que encuentra su razón en la independencia y la autonomía de todas las fuerzas que contribuyen a ella (aunque estén “íntimamente agregadas“), porque ninguna ley eterna y preconstituida la preside, ningún gobierno, en definitiva, administra la naturaleza, la nueva sociedad humana sólo puede conducir a la anarquía. “La sociedad humana también tiende naturalmente, espontáneamente, a rechazar las formas preestablecidas y cristalizadas de la ley, (buscando) la armonía en el equilibrio siempre cambiante y fugaz entre la multitud de fuerzas e influencias diferentes de todo tipo” .

En virtud de esta supuesta coincidencia objetiva entre las estructuras generales de la realidad y la ideología anarquista, el pensamiento de Kropotkin se desliza inevitablemente hacia una concepción determinista del desarrollo histórico y científico. Bajo el nombre de anarquía, de hecho, dice Kropotkin, surge “una interpretación de la vida pasada y presente y, al mismo tiempo, una predicción de su futuro, cada una concebida en el mismo espíritu de la concepción de la naturaleza“. En este marco global, se legitima la fundamentación de una ética basada en las ciencias naturales. Así, el progreso de la ciencia y la filosofía en los últimos cien años se fundamenta en la “ley general y universal de la evolución orgánica que actúa de tal manera que el apoyo mutuo, la justicia y la moral (pueden basarse) en una ética científica con los elementos adquiridos para ello de la investigación moderna basada en la teoría de la evolución“.

Así, en la afirmada comparación objetiva entre progreso científico y progreso social, emerge uno de los puntos controvertidos de su pensamiento, pues en el mismo momento en que perfila la dimensión de la libertad como objetivo y consecuencia cierta de la evolución, también reitera que el paso del sistema de explotación a la liberación de la necesidad sólo puede lograrse mediante un salto revolucionario. Uno se pregunta entonces por qué las dimensiones revolucionaria y evolutiva coexisten en su concepción, creando una fuerte, por no decir irremediable contradicción. La ética y la libertad, que implican esfuerzo, conciencia y voluntad, se dan como resultado de una evolución orgánica universal que trasciende el ámbito de la realización individual. El apoyo mutuo, la justicia y la moralidad, afirma Kropotkin textualmente, “son los grados de la serie ascendente de estados psíquicos que se nos han dado a conocer a partir del estudio del mundo animal y del hombre. Son una necesidad orgánica, que lleva consigo su propia justificación”. La revolución se convierte así en una variable evolutiva según el concepto – también presente en Reclus  – que ve el salto revolucionario como una aceleración rápida, una fase concentrada de evolución general. Por tanto, debemos dar respuesta a esta pregunta decisiva sobre la coexistencia contradictoria, o en todo caso presencia problemática, entre evolución y revolución, entre ciencia y ética, entre naturaleza y cultura. En nuestra opinión hay que buscarlo en el salto lógico entre afirmaciones y prescripciones, en la no infecibilidad de directivas y valores a partir de descripciones y pronósticos. Ese salto lógico denunciado claramente por la demarcación de Malatesta entre anarquía y ciencia: “La anarquía es … una aspiración humana, que no se funda en ninguna necesidad natural real o supuesta, y que puede realizarse según la voluntad humana. Aprovecha los medios que la ciencia proporciona al hombre en la lucha contra la naturaleza y contra las voluntades …, pero no puede confundirse, sin caer en el absurdo, ni con la ciencia ni con ningún sistema filosófico”. Ahora bien, la explicación que da Kropotkin de esta inferabilidad, de esta traducción entre el sentido de predicción, es decir, la evolución, y el de realización, es decir, la ética, se basa en el significado atribuido a la ciencia. Y este significado es evidentemente para Kropotkin solo uno, que se puede resumir de la siguiente manera: la ciencia es un valor. De hecho, es el máximo valor posible desarrollado por el hombre. Esto se debe al carácter propio de la ciencia, es decir, a su universalidad: la ciencia, escribe, “ignora los límites artificiales de la política“. La ciencia, como expresión suprema de la cultura humana, supera, por tanto, toda particularidad histórica, social y económica, destacando, en la rama de las ciencias naturales, el elemento común y universal presente en todo hombre: su naturalidad humana. Retomando de lleno la gran tradición ilustrada -lo que le hace afirmar que las raíces de la anarquía “están en la filosofía naturalista del siglo XVIII” – Kropotkin llega a perfilar la sociedad anarquista como una sociedad natural que se reconoce a sí misma como auténtica. Y este reconocimiento de la socialidad natural del hombre, de la solidaridad espontánea de la acción humana, de su inmediata significación anarquista, todo esto, de hecho, se debe a la comprensión científica entendida en su sentido más amplio, como concepción general, de esa relación. entre el hombre y la naturaleza que está objetivamente desprovista de soluciones de continuidad.

La tarea de la ciencia es, por tanto, ayudar a la humanidad a educar esta conciencia de las relaciones necesarias, objetivas y materiales que regulan la vida natural y social de cada individuo. La ciencia, liberando al hombre de cualquier fantasía metafísica y religiosa, al mismo tiempo lo educa a reconocer el valor de su naturalidad y materialidad, favoreciendo así el establecimiento de una relación auténtica con la naturaleza y por tanto el fundamento de su humanidad original. Esta es la única forma de que el paso de la animalidad a la humanidad se convierta en un paso único, sin retorno. La disolución de toda la teología y la metafísica – implica el paso de la moral religiosa a la moral material, humana y libertaria – tiene su referencia teórica en la ciencia. Sólo ella puede resaltar la reciprocidad entre sentimiento moral y sentimiento natural, mostrándonos “dónde actúan las fuerzas capaces de llevar este sentimiento moral a una altura cada vez mayor, haciéndolo cada vez más puro“. Es decir, sólo ella puede subrayar “la importancia del apoyo mutuo como ley de la naturaleza y principal factor de la evolución progresiva“. Esta capacidad de la ciencia para estimular indirectamente la solidaridad humana y, por tanto, promover una auténtica formación moral de la comunidad se debe, como hemos dicho, a su universalidad. Por tanto, en la concepción de Kropotkin, se convierte en una poderosa palanca capaz de romper el peso parasitario de la estructura jerárquica de la realidad histórico-social. La concepción profundamente ilustrada que Kropotkin tiene de la ciencia, de su dimensión revolucionaria objetiva e inequívoca, nos da en este punto la explicación de la conexión que hizo entre la ética y la ciencia. El salto lógico que da Kropotkin entre juicios de hecho y juicios de valor, que no tiene en cuenta la famosa distinción weberiana, se debe a la concepción filosófica particular de la naturaleza, concepción que la sitúa de manera contradictoria con respecto al significado. de la revolución anarquista. El determinismo de Kropotkin, en efecto, no tiene en su base la certeza de la realización de un fin inherente a la historia, para lo cual es necesario descubrir las leyes de ésta adaptándolas a la praxis política (Marx), sino la certeza de los objetos. Es una función revolucionaria de la ciencia – y del progreso científico en general – como instrumento capaz de tender un puente sobre una fractura irremediable entre historia y naturaleza. En otras palabras, la concepción determinista de Kropotkin del progreso científico se transforma en una herramienta revolucionaria cuando esta misma concepción determinista se materializa. La ciencia, entendida en su sentido ilustrado de la razón, opera efectivamente una ruptura revolucionaria entre la naturaleza y la historia al disolver todo legado metafísico y autoritario con su “principio de verificación“. Esto nos permite comprender la complejidad de la visión de Kropotkin encaminada a hacer que los dictados del naturalismo objetivista sean complementarios e interdependientes de los que surgen de la praxis voluntarista de las masas, grupos e individuos en expansión en el nivel histórico social. Sin embargo, la visión de la ciencia como una herramienta objetivamente libertaria y revolucionaria no puede considerarse actual y utilizable en la actualidad. La teoría de una evolución determinada como un progreso indefinido de formas cada vez más humanas y civiles y, por tanto, implícitamente libertarias e igualitarias, es invertida por la experiencia histórica. Sin embargo, el significado revolucionario que Kropotkin asigna a la ciencia debe ser considerado, por otro lado, de una manera más crítica, en el sentido de que la yuxtaposición de Kropotkin entre anarquismo y ciencia tiene un significado que va mucho más allá de la falacia del determinismo naturalista. Como es bien sabido, se trata del sentido a reconectar con el sentido auténtico del carácter fundamentalmente experimental de la metodología científica que aquí se puede conjugar con algunas implicaciones ideológicas del anarquismo. Ciertamente, la metodología de avance por inducción-deducción de Kropotkin se considera hoy, como todo inductivismo y el principio de verificación, insuficiente para proporcionar una base científica válida. Sin embargo, el problema no nos parece estrictamente epistemológico, aunque sepamos cuánta distancia hay entre el método inductivo-deductivo y el método popperiano de “falsabilidad“. En otras palabras, creemos que además de una cuestión estrictamente epistemológica, también debemos enfatizar la cuestión más propiamente ideológica que es la demarcación entre el método totalizador y el método pluralista. En este sentido, la crítica de Kropotkin al método dialéctico hegeliano es esclarecedora. De hecho, la une con cualquier otra pretensión “esencialista“, es decir, con cualquier otra concepción que pretenda el descubrimiento de la verdad total y definitiva. A este “escolástico medieval resucitado por Hegel (…) que los socialdemócratas recomiendan“.

Desde este ángulo, hay que explicar el carácter particular que Kropotkin le dio a la delimitación de la “sociedad futura“. La utopía de Kropotkin no es la representación de una realidad estática, uniforme y cerrada, de una realidad “totalmente diferente” del presente, sino de ésta la representación compleja de sus posibilidades latentes y potenciales, desplegadas en toda su multiforme e inagotable riqueza. Los “manojos” que se pueden superponer al infinito de la realidad, un universo pluralista que se puede componer y descomponer continuamente según los plazos impuestos por un devenir incesante y emergente, según Kropotkin, no son otro que el resultado necesario “del continuo aumento de las necesidades del hombre civilizado“. Ciertamente hay en Kropotkin un excesivo optimismo que a veces lo lleva a una “selección” inconsciente de los datos adquiridos por la investigación. Su visión evolutiva se superpone, por tanto, a la revolucionaria, y así lo que son simples tendencias se convierten en leyes a sus ojos. Sin embargo, esta superposición entre ciencia y cientificismo, entre explicación y justificación, nunca asume el carácter imperativo de “totalidad“. Precisamente, el método experimental de verificación continua como garantía contra cualquier forma de totalitarismo planificador lo impide.

Es interesante al respecto observar cómo en Kropotkin el método científico responde y se subordina a la metodología anarquista fundada en la relación de la necesaria y central coherencia entre medios y fines. Si consideramos cómo en esta metodología se destaca la dimensión más revolucionaria del anarquismo, es posible en este punto ver cómo el propio Kropotkin supera su concepción determinista de la identificación entre ciencia y anarquía. La relación de coherencia entre medios y fines nos dice de hecho que los fines solo pueden lograrse mediante la adaptación de los medios a la naturaleza de los fines mismos. Esto significa, evidentemente, una intervención voluntaria, consciente y “artificial” de la mano revolucionaria en la continua modificación de los medios, una intervención que no hace más que referirse a una consideración fundamental: es decir, que los fines son, aunque extrapolados de tendencias latentes de el presente – establecido voluntariamente por la práctica revolucionaria. En otras palabras, se colocan en el proceso histórico como un objetivo consciente y voluntario: en el análisis final, los fines no están dados, sino establecidos. Ahora, escribe Kropotkin, “la investigación científica sólo es fructífera a condición de que tenga un propósito específico: es decir, se emprenda con la intención de encontrar una respuesta a una pregunta clara y bien definida“. Para ello es necesario, por tanto, adecuar los medios: “Pues bien, la cuestión que el anarquismo se propone resolver podría materializarse de la siguiente manera: ¿qué formas sociales aseguran más efectivamente, en determinadas sociedades, y por amplificación, en la humanidad en general, una mayor suma de bienestar y, en consecuencia, una fuente más copiosa de vitalidad?“.

La adaptación de medios a fines a través de una metodología científica no podría ser más clara: aquí la ciencia está completamente al servicio de una voluntad, una idea, una ética. En la interpretación de una ciencia social como “fisiología de la sociedad“, es decir, como “el estudio de la suma de las necesidades cada vez mayores de la sociedad y los diferentes medios empleados para satisfacerlas” se revela plenamente, completamente negar el carácter ancestral de un prejuicio “sociológico” – la posibilidad teórica de una conjugación entre experimentalismo y revolucionarismo: el experimentalismo no es, es decir, una dimensión propia y sólo del reformismo. Y esta posibilidad, esta demostración teórica, parece que se nos da gracias una vez más a un concepto ideológico, a saber, en este caso, la voluntad de empezar desde abajo y no desde arriba para entender la sociedad. Así, desde la perspectiva “objetiva” de la economía clásica, también adoptada por Marx (las leyes de la producción gobiernan las del consumo, su valor objetivo se impone al subjetivo de la libertad de elección), pasamos a la revolucionaria del subversión de estructuras por irrupción, surgimiento de lo “social“. Del mismo modo, de acuerdo con la supuesta continuidad entre el hombre y el medio ambiente, la naturaleza y la sociedad, esa integración del trabajo entre la ciudad y el campo, el trabajo manual y el trabajo intelectual se puede lograr sobre la base de un “comunismo del conocimiento” que responde a los procesos orgánicos de la vida “tomados en su totalidad“. En otras palabras, universalizando la práctica de la ciencia, se puede llegar, a través de ensayos y errores, a través de “aproximaciones continuas” , a la libertad y la igualdad sin planes completos y verdades totales. La utopía se puede alcanzar a través de la ciencia: esto es lo que nos enseñó Kropotkin.

🏴💉Pensamiento y prácticas libertarias después de la Covid-19

💉🦠URGENTE Vacuna COVID19: Una vacuna para las personas, no para el beneficio privado

🇬🇷Grecia, aquí y ahora🏴

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 Yannis Youlountas – 11/01/2021

Estamos siendo testigos de un cambio en la extrema derecha griega de la misma manera que en muchos otros países europeos. No sólo un nuevo partido nacionalista ligeramente menos radical (“La solución griega“) se ha tragado una gran parte del electorado de Amanecer Dorado, sino que sobre todo el Primer Ministro de derecha, Kyriakos Mitsotakis, refuerza constantemente la presencia de la extrema derecha en sus sucesivos gobiernos. Esto lleva a una política cada vez más violenta hacia el movimiento social, los precarios y los migrantes.

¿Cómo se ve esto en la práctica, en nuestra vida diaria en Grecia? Un Estado cada vez más brutal, autoritario y racista. Aquí hay algunos ejemplos de los últimos 18 meses:

  • La represión es feroz contra los anarquistas y otros revolucionarios, los primeros objetivos del nuevo gobierno, como anunció en julio de 2019 cuando llegó al poder;
  • El barrio libertario de Exarcheia está estrangulado y muchas de las viviendas ocupadas en Grecia han sido violentamente evacuadas en los últimos meses;
  • El asilo universitario y otras fuertes medidas simbólicas tomadas tras la caída de la dictadura de los Coroneles en 1974 han sido abolidas;
  • Las iniciativas de solidaridad autogestionadas se ven acosadas cuando se niegan a colaborar con las autoridades e instituciones;
  • La situación en las prisiones es catastrófica, tanto que el Comité para la Prevención de la Tortura y los Tratos Inhumanos (CPT) del Consejo de Europa publicó un informe alarmante el 9 de abril de 2020 en el que pide al Gobierno griego que ponga fin a los “persistentes malos tratos a los detenidos“, que son “una práctica común en toda Grecia“.
  • Sin embargo, la Unión Europea es cómplice en lo que respecta a los campos de refugiados que cofinancia en Grecia, que resultan ser peores que los anteriores, sobre todo en lo que respecta a la censura y el aislamiento, como es el caso de Kara Tepe (Lesbos), donde se prohíbe a los miembros de las ONG revelar lo que ven, desde el decreto de 30 de noviembre de 2020.
  • El Comité Internacional de Rescate (CRI) anunció el 17 de diciembre un aumento significativo de los casos de automutilación (+66%) y de problemas de salud mental (+71%) en los campamentos de Grecia, situación dramática que afectaría a “tres cuartas partes” de los exiliados que se encuentran en Lesbos, Samos y Quíos.
  • Al negarse a remediar este sufrimiento, el Primer Ministro griego ha optado en cambio por apoyar a los guardias de los campamentos de migrantes y a los guardacostas del Mar Egeo, que son notorios por hacer caso omiso de las normas básicas para ayudar a las personas en apuros (por ejemplo, ahogando a los migrantes desesperados enviándolos de vuelta con pistolas y palos o dañando sus embarcaciones).
  • Contrariamente a los falsos rumores, los ataques a los refugiados no se han detenido en Grecia, por desgracia, a menudo lo hacen. Por ejemplo, el sábado 26 de diciembre de 2020, docenas de fascistas armados con cuchillos, palos y barras de hierro atacaron un refugio para menores no acompañados (de 12 a 15 años) cerca de Salónica. Derribaron la puerta principal, entraron en el recinto y golpearon a los niños gritando consignas racistas. Uno de los 4 jóvenes refugiados heridos fue llevado al hospital con graves problemas respiratorios debido a los golpes en el pecho. Esta información fue publicada sólo por una parte de la prensa griega y ningún medio de comunicación occidental, excepto Infomigrantes.
  • En los alrededores de los campamentos del Mar Egeo, los ataques racistas también son comunes. El 12 de diciembre de 2020, un policía y tres guardias fronterizos fueron acusados de golpear a los migrantes unos días antes cerca del campamento de Kara Tepe en Lesbos. Un vídeo difundido en las redes sociales mostraba a los cuatro fascistas uniformados golpeando a dos solicitantes de asilo que volvían de un supermercado y luego continuaban golpeándolos largamente después de esposarlos. Fueron suspendidos de sus funciones pero dejados en libertad hasta su juicio donde serán juzgados por “abuso” y “tortura“.

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Como hemos entendido, el hecho de que los principales dirigentes de un partido fascista terminaran en prisión (después de diez años de agresiones y crímenes, cada uno más atroz que el anterior, y por lo tanto extremadamente tarde) no significa que el fascismo haya desaparecido en Grecia. No sólo continúan los ataques, sino que, sobre todo, el Estado griego acaba de reforzar la presencia de la extrema derecha en la cúpula del ejecutivo.

Para decirlo de otra manera: que Amanecer Dorado finalmente desaparezca es obviamente algo bueno. Pero para los antifascistas en Grecia, luchar contra un pequeño grupo fascista durante todos estos años y luchar contra un gobierno de extrema derecha no es lo mismo. La normalización de la extrema derecha, cada vez más presente en los nuevos gobiernos sucesivos, es un problema de otra escala, porque de esta manera toma el control directo de la Ley, del poder y de las herramientas de represión, aún más que en el pasado. La semana pasada se llevó a cabo una nueva reestructuración que confirma esta tendencia particularmente preocupante. El nuevo Ministro del Interior, el primer policía del país, es ahora una de las figuras históricas del fascismo en Grecia, después de haber hecho una larga campaña para la liberación del Coronel Papadopoulos y la restauración de la dictadura. Su nombre es Makis Voridis.

En las elecciones de 1984 y 1988, los discursos de Voridis pedían el regreso a la dictadura. Su lema era: “La liberación del país vendrá de la prisión de Korydallos” (donde el Coronel Papadopoulos estaba encerrado).

Cuando era estudiante, Voridis fue apodado “El Hacha” porque lideraba un grupo fascista que perseguía a estudiantes de izquierda con bates de béisbol y su famosa hacha, como se muestra en esta foto tomada en 1985 en la Universidad de Derecho de Atenas (a la derecha, una de sus víctimas). Fue expulsado de la universidad ese año por sus violentos ataques.

helades3En 1986, el siniestro comité de apoyo a Papadopoulos recibió la visita de Jean-Marie Le Pen, que vino a pedir la liberación del ex dictador y el regreso de la junta.

En el decenio de 1990, Makis Voridis participó en la estructura paneuropea creada por Bruno Gollnisch en nombre del Front National.

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En 2005, Voridis se unió a un nuevo partido nacionalista griego: LAOS. Habló en el congreso fundador del Partido de Francia el 8 de noviembre de 2009, por invitación de su amigo Carl Lang. En 2012, después de 30 años de servicio en la extrema derecha griega y europea, se unirá al ala derecha del partido Nueva Democracia, con un pedazo del pastel del poder.

Tras ser nombrado Ministro de Agricultura en el primer gobierno de Mitsotakis, este es el hombre quien la semana pasada tomó el control del Ministerio del Interior y quien dará las órdenes a la policía.

Otra elección particularmente irónica de Mitsotakis es que una diputada notoriamente anti-inmigrante ha sido promovida al cargo de Ministra Adjunta de Integración de Refugiados. Sofía Voultepsi declaró, entre otras cosas, que los migrantes son “invasores desarmados“. En otra ocasión, se atrevió a decir: “hay humanos viviendo en el barrio de los gitanos“.

Mitsotakis no lo hizo peor al declararse satisfecho con las condiciones de vida de los migrantes en el campamento de Kara Tepe el 31 de diciembre de 2020.

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🏴El poder de la fascistocracia. Estados Unidos se atraganta en la Fiesta de la Democracia🏴

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El mundo entero: “2021 no puede ser peor que 2020”
Estados Unidos: “Sujétame el cubata”

Principio y fin del siglo americano

En 1941, Henry Luce, propietario de la revista Time, se refirió al siglo XX como el “American Century” (“siglo estadounidense”), un periodo marcado por el dominio político y económico del gigante norteamericano en el mundo entero. Según Luce, un derechista ultrarreligioso, Estados Unidos (EEUU) es una nación elegida con un claro “destino manifiesto”, que es expandirse e imponer su autoridad en el mundo entero para lograr la Pax Americana, un periodo de paz duradera tras la Segunda Guerra Mundial a través del control total de la economía mundial.

Este tipo de pensamiento claramente imperialista ha sido el que ha modulado la política exterior de EEUU durante la segunda mitad del siglo XX. Considerándose superior al resto de naciones, su Secretaría de Estado se ha permitido el lujo de intervenir en elecciones extranjeras, organizar golpes de Estado e, incluso, invadir otros países, con independencia de la afiliación política de sus presidentes.

Según el historiador Dov Levin, EEUU habría intervenido en 81 elecciones entre 1946 y 2000 en sitios como Irán (1952), Indonesia (1955), Italia (1948), Mongolia (1996), etc. Por otro lado, entre los golpes de Estado organizados por EEUU los más sonados son los del Congo (donde se depuso y asesinó a Patrice Lumumba y se le colocó al dictador Mobutu Sese Seko), Nicaragua (donde se financió a la guerrilla para derrocar al gobierno sandinista), Cuba (donde se colocó al dictador Fulgencio Batista), Brasil (donde se impuso una dictadura militar) y Chile (que culminó con el asesinato de Salvador Allende y la dictadura de Augusto Pinochet). Entre los países invadidos por EEUU se encuentran Vietnam, Panamá, Irak, Afganistán, entre otros.

Según Luce y el resto de teóricos sobre el “American Century” éste habría comenzado en 1917, año en el que EEUU entró en la Primera Guerra Mundial. Resulta muy apropiado que el fin de este siglo de dominio llegara en 2017, año en que Donald Trump (quien, a diferencia de sus predecesores, nunca ha fingido preocuparse por la democracia y los derechos humanos) juró el cargo de presidente en el mes de enero. El nombramiento de Trump – que ganó las elecciones en base a un programa de endurecimiento de fronteras y defensa de los combustibles fósiles – coincidió con que el presidente chino, Xi Jingping, pronunció un discurso dos días antes, en el cual se autoproclamó el líder mundial en materia de comercio y de lucha contra el cambio climático.

“Trump nos ha empoderado. Damos gracias al presidente por decir la verdad” – David Duke, antiguo gran mago del KKK

Sin duda, la victoria de Trump en 2016 (y su nombramiento en 2017) ha debilitado la imagen del país en el exterior. El tío es un payaso malcriado que no se sabe comportar, actúa por impulsos, es caprichoso, racista, machista y tiene tics autoritarios que le acercan demasiado al fascismo. Ha sido el hazmerreír de líderes de Estado en cumbres mundiales, se le han conocido exabruptos racistas como referirse a países africanos como “estercoleros de mierda” y a los mexicanos como “violadores, traficantes y criminales” y retiró a EEUU del (ya de por sí insuficiente) Acuerdo de París por el Clima. Es curioso que su presidencia ha hecho más daño a la imagen exterior del país por su falta de formas e indisimulada autocracia que el intervencionismo – en muchos casos asesino – de sus predecesores.

Lo que nadie veía venir era hasta qué punto su presidencia iba a desestabilizar el país por dentro. Pero así ha sido. Trump ha recibido el apoyo de grupos de ultraderecha y supremacistas blancos como el KKK y los Proud Boys; se ha negado a condenar la violencia del fascista que atropelló a antifascistas en Charlottesville y mató a una mujer; existen grabaciones en las que explica que metía mano a mujeres que trabajaban para él y no podían hacer nada; dijo en un discurso que echaba de menos los tiempos en los que la policía podía pegarle palizas a manifestantes; ha flexibilizado la legislación que protege el medioambiente y especies animales; ha endurecido la política migratoria, separado familias extranjeras y encerrado a niños; ha promovido teorías de la conspiración y se ha negado a desmentir las locuras de QAnon (una teoría conspiranoica que afirma que fue reclutado por generales del ejército para convertirse en presidente para derrocar a un gobierno de pederastas que beben sangre de bebés para rejuvenecerse); no ha condenado la violencia policial contra afroamericanos y ha indultado a aliados políticos que han sido condenados por corrupción o por crímenes racistas. Y, por último, su negativa a reconocer los resultados electorales – los cuales proclaman al demócrata Joe Biden como el vencedor de los comicios – ha provocado la mayor tensión social en años.

“Creo que nos vienen a la cabeza todos esos famosos fragmentos del 18 de Brumario de Marx. El gobierno de Trump empezó como una farsa, con su descenso de las escaleras mecánicas de su Trump Tower. Siguió como tragedia, mediante la represión y asesinato de ciudadanos afroamericanos, la persecución de migrantes, el enjaulamiento de niños, la criminalizacion de manifestantes, el cotidiano toque de un tambor de angustia. Trump termina ahora en un tercer acto, que vuelve a la farsa (espero que no nos aguarde un ultimo giro trágico)” dice Vicente Rubio-Pueyo en un artículo de El Salto.

Su política doméstica ha provocado movilizaciones antirracistas y feministas sin precedentes y ha activado a movimientos sociales con una enorme fortaleza (Black Lives Matter, Fight for 15, Me Too, Prison Abolition Movement, etc.) pero también ha envalentonado a grupos fascistas y a supremacistas que se habían sentido desmoralizados durante la presidencia de Obama. Y es que no se puede entender la victoria de Trump sin entender el odio que provocó en muchos blancos el hecho de que un negro ocupara el cargo.

El poder de la fascitocracia se hace notar en el asalto al Capitolio

martinez“Cuando el fascismo llegue a Estados Unidos, lo hará envuelto en la bandera estadounidense y portando una cruz” – Sinclair Lewis

El pasado 6 de enero, una turba de ultraderechistas irrumpió en el Capitolio de los Estados Unidos. Usaron la violencia física para detener la corroboración del voto del Colegio Electoral que encumbraría a Joe Biden a la presidencia. Los Estados Unidos disparándose en el pie una ocasión más, atacando la sede del gobierno estadounidense en un intento de golpe disparatado impulsado por el propio presidente Donald Trump.

Trump se había dirigido horas antes a miles de sus seguidores, a poca distancia del Capitolio, diciendo que había que dirigirse a ese lugar y que “nunca recuperaréis nuestro país con debilidad, tenéis que mostrar vuestra fortaleza y ser fuertes”. Su hijo Donald Trump Jr. le siguió, diciendo que había llegado su momento en convertirse en héroes. La congresista republicana Mary Miller también dio un discurso en el que citó al que nunca se debe citar: “Hitler tenía razón en una cosa: quien tenga a la juventud, tendrá el futuro”. Por último, el abogado Rudy Giuliani exclamó que había llegado el momento de “un juicio por combate”. Estaba claro que incitaban a que se hiciera algo drástico ante un edificio en el que no había cuerpos de seguridad desplegados por decisión del propio Ejecutivo. “Cuando le dices a gente disfrazada de militar que están en una misión, se lo creen. Eso es lo que he visto hoy en Washington”, tuiteó el periodista y humorista Jordan Klepper poco después.

Después del discurso del Presidente y sus secuaces, un tumulto de miles de fascistas ataviados incluso con banderas confederadas (un símbolo de reminiscencia racista de la Guerra Civil estadounidense del siglo XIX) traspasaron unos tibios cordones policiales que no ofrecieron ninguna resistencia y rompieron ventanas para acceder al interior del parlamento. La seguridad del Capitolio en Washington ese día era ridícula en comparación con otras movilizaciones como la de Black Lives Matter del verano y el otoño pasado.

La condescendencia policial con la ultraderecha fue la tónica en esa jornada, hasta que se les fue de las manos completamente. A propósito de las imágenes de la policía dejándoles entrar Mark Bray (autor del ensayo Antifa) tuiteó “el argumento de ‘ignora a la extrema derecha’ se sustenta sobre el mito de que la policía parará el fascismo si crece demasiado… ¿cómo va eso hoy?”.

Una vez dentro del Congreso, las imágenes que nos llegan parecen de coña. Hombres blancos haciéndose selfies en los escaños de la Cámara, saqueos de despachos más entusiasmados por llevarse una placa con un nombre como Nancy Pelosi que por encontrar información útil, un notas que parece que va puesto de ketamina portando una piel de bisonte (resulta que es Jake Angeli, conocido como el QAnon Shaman), personajes de cómics, paletos que parecen sacados de Los Simpsons, etc. Dan tanta vergüenza ajena que llamarlo “golpe de Estado” se les queda un poco grande. Aunque sin duda se creían héroes salvapatrias en aquel momento.

“Las imágenes de la entrada trumpista en el Capitolio son un testimonio de paranoia, estupidez, de puro miedo, sin máscaras ni barbijos, pero ataviados con confusos tatuajes, parafernalia militar, camisetas nazis, simbología vikinga. E incluso pieles de lobo, como la que portaba un manifestante subido al estrado del Senado, en una foto que quedará para la historia (bufa). Banderas confederadas se paseaban por los pasillos del Capitolio. Horcas y cruces, al mas puro estilo Ku Klux Klan, se levantaban en las calles. Disfraces ─de nuevo Marx─ prestados del pasado. El inconsciente, el ‘ello’ brutal de un país, que aflora y se pasea, entre todo el ruido y furia de cabezas de idiotas corriendo por pasillos desiertos, vociferando¿Dónde están?” nos dice Vicente Rubio-Pueyo.

Pese al esperpento que hemos visto, no hay que olvidar que se requisaron varias armas de fuego y al menos dos artefactos explosivos caseros. Los EEUU como impulsores de una sociedad del espectáculo dan su particular show internacional, las reacciones humorísticas y los memes ante este esperpento no tardaron en salir. Sin embargo, lo que nos jugamos por otro lado es la banalización del fascismo como movimiento con potencial de causar estragos y colapsarnos.

Las imágenes del asalto son, además, la confirmación gráfica del privilegio blanco. Charles M. Blow (autor de The Black Power Manifesto) tuiteó “si personas negras asaltaran el Capitolio…”, dejando bien claro que si un grupo de afroamericanos hubiera hecho lo mismo les habrían cosido a tiros.

asalto-4-1024x693-1-300x203Los medios de comunicación posteriormente se encargan de blanquear el fascismo apuntando a fanáticos estrambóticos e incidentes aislados y, sin embargo, la lección de todo esto es que el fascismo es una organización criminal que actúa conscientemente a nivel global. “La CNN habla de los seguidores de Trump como si fueran lemmings siguiendo a su líder sin analizar la existencia de un movimiento de extrema derecha más amplio (que situó a Trump donde está), grupos autocatalogados como fascistas y el supremacismo blanco”, tuiteó Mark Bray.

Pero nadie lo blanqueó como Trump. Se negó a comparecer ante los medios, por miedo a las preguntas que le podrían hacer, pero publicó un vídeo en Twitter durante el asalto pidiendo a los asaltantes que volvieran a casa, no sin antes darles la razón y afirmar que le habían robado las elecciones. «Os quiero, sois especiales, sé cómo os sentís», se despidió.

Poco después, los SWAT del FBI entraron en el edificio, redujeron sin demasiada dificultad a los asaltantes, detuvieron a sus cabecillas (dejando a cientos de personas marcharse tranquilamente) y desalojaron el edificio. La confirmación de Biden se reanudó horas más tarde, mientras miles de los asaltantes lo siguieron por televisión, abarrotados en lobbies de hoteles, sin mascarillas. En esta sesión, algunos republicanos recularon y votaron a favor de confirmar a Biden, pero muchos otros siguieron dando pábulo a las teorías de los asaltantes y votaron en contra, alegando que las elecciones habían sido fraudulentas.

Las consecuencias del intento de golpe de Estado

“Los demócratas no han entendido cómo funciona el poder. Pensaba que el protocolo institucional de la democracia conlleva un poder intrínseco. Pero ese poder es simplemente el resultado de una creencia colectiva que se ha colapsado, dejando espacio a la fuerza bruta”Colectivo por la acción colectiva CrimeThinc
«Los seguidores de Trump están rompiendo el contrato social: ‘o retengo mis privilegios, o empezamos una guerra civil’»CrimeThinc

Al día siguiente se confirmaban cinco muertes (una militar ultraderechista por disparos y otras cuatro personas por infartos), varias decenas de dimisiones en las filas del Partido Republicano tratando de desmarcarse de la incitación a la violencia de Donald Trump y la confirmación de la victoria de Joe Biden en las elecciones.

La gravedad de lo ocurrido, la unánime condena y un horizonte de procesos judiciales que podrían llevarle a la cárcel provocaron que Donald Trump se sumara al día siguiente a la condena al «atroz» asalto por parte de sus seguidores al Capitolio. En definitiva, dejó «vendidos» a sus acólitos, a los que el día anterior había dicho que les quería y les había llamado «especiales». Y es que ésa es la esencia del trumpismo: un conservadurismo cínico, carente de valores firmes, muy de derechas, que improvisa a diario sobre el mismo tema: la experiencia vivida de tener poder, verlo amenazado y tratar de mantenerlo.

La periodista negra Jemele Hill tuiteó en respuesta lo siguiente: “Este arrepentimiento de los republicanos es más insultante. No se merecen ningún reconocimiento ahora. Han sido cómplices durante 4 años, besándole el culo a Trump cada vez que podían. Solo una insurrección que ha provocado muertes les ha hecho replanteárselo. Que se vayan a la mierda”.

Captura-de-pantalla-2021-01-09-a-las-12.49.19Estos hechos no surgen de la nada, sino fruto de permitir meter al fascismo en las urnas, en el Parlamento y hasta en la propia Presidencia. Después de haber cumplido su función para el neoliberalismo se pillan su particular rabieta, se ponen sus mejores disfraces con caperuzas blancas y camisetas de apología del nazismo (un asaltante llevaba una camiseta de “Campamento Auschwitz” mientras otra portaba una bandera de Israel), y salen a la calle armados hasta los dientes.

Afirmar que el propio Presidente de los Estados Unidos impulsa un asalto de estas características suena tragicómico y ridículo. Sin embargo, la fuerza del fascismo a día de hoy es que tiene una indispensable función de carácter social y cultural, es el complemento al ultraliberalismo agresivo; genera unas estructuras de discurso, de confrontación y de protagonismo mediático pensadas para desbordar socialmente. Se sigue utilizando la misma estrategia criminal de los años 70 del siglo pasado en países latinoamericanos o del sur europeo, la tensión provocada deliberadamente por la extrema derecha, que ni es minoritaria, ni es insignificante.

El colectivo CrimeThinc acabó el 6 de enero con una advertencia: “Los hechos de hoy desacreditarán a Trump a los ojos de los centristas, pero también forzará el discurso de lo políticamente aceptable más a la derecha. Mientras tanto, la nueva derecha y el fascismo se armarán para intentar replicar lo sucedido. La represión estatal que seguirá a esto afectará a todo el mundo, como cuando Erdogan recortó libertades tras reprimir un golpe de derechas. La represión estatal incorporará a elementos de centro y buscará aislar a los ‘extremistas’. Y si la derecha es la única que presiona, se le harán concesiones”. Y añadió que «cuando la extrema derecha viene representada por neonazis rabiosos con camisetas de Auschwitz resulta más fácil para políticos de derechas que quieren deportar a millones de personas y desahuciar a decenas de millones más presentarse como la opción razonable y mainstream».

CrimeThinc, además, recordó que este asalto había sido posible porque los progresistas habían pedido que los movimientos sociales y de izquierdas no se acercaran al Capitolio, dejándolo libre para la derecha organizada. El antifascismo hizo un llamamiento a la autodefensa y a la resistencia. «Nadie viene a salvarnos. Organízate».

 

 

¿Se puede comprar a estos bárbaros con esto?: ⏩⏩

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El trumpismo en Europa

“La contra-ofensiva al fascismo que viene no puede ser de la mano del neoliberalismo. Redistribución de la riqueza y el trabajo, frenar el hambre y la pobreza para que los ultras no puedan crecer”Pastora Filigrana, abogada andaluza

Las teorías conspirativas y la manipulación a partir de calumnias han sido la línea seguida por Donald Trump y sus acólitos de la extrema derecha durante estos últimos cuatro años. Estas mismas tendencias se pueden ver en otros partidos o movimientos políticos de índole ultranacionalista y militarista en otras latitudes, como en Brasil con Jair Bolsonaro, o el ejemplo español de Vox. No obstante, no olvidemos que estos salen de las cloacas del propio neoliberalismo, que su existencia consolida discursos racistas, patriarcales y clasistas sin ninguna clase de máscara y que ayudan a invisibilizar las discriminaciones y crímenes cotidianos más sutiles que provoca el propio capitalismo.

Vox, por cierto, comparte asesor con Trump y el Frente Nacional francés. Se trata de Steve Bannon, el dueño de la web ultraderechista, racista, machista y antisemita Breitbart News.

La derecha española, europea y estadounidense se ha negado a responsabilizarse del asalto al Capitolio. En EEUU muchos republicanos dijeron, sin despeinarse, que el asalto lo había protagonizado el movimiento antifascista, infiltrado entre seguidores de Trump. El republicano Mo Brooks afirmó que los asaltantes al Capitolio fueron unos “antifas fascistas”. Y no sólo lo hicieron políticos, sino algunas personas del mundo de la cultura, como el actor Kevin Sorbo (el de la serie noventera de Hércules) y el canterano del Real Madrid Jesús Fernández.

Una investigación del FBI, la Fiscalía de Washington y varios medios de comunicación concluyó que el movimiento antifascista no tuvo ninguna implicación en el asalto al Capitolio. Al contrario, sus protagonistas son destacados líderes de grupos fascistas como QAnon (la teoría de la conspiración), Proud Boys (una organización fascista masculina, estéticamente hipster, violenta, antiinmigración, que defiende los derechos de los hombres blancos y está orgullosa de crear el mundo moderno), The Patriots (una organización supremacista blanca y conspiranoica contra el nuevo orden mundial), The Kek Flag (una organización filonazi cercana al KKK), The Three Percenters (organización patriota y antigubernamental que defiende que solo el 3% de los norteamericanos lucharon contra los británicos en la Guerra de la Independencia y tienen derecho a disfrutar del país), Stop the Steal (esta organización, llamada «Parad el Robo» se creó como respuesta a la victoria electoral de Joe Biden) y el National Anarchist Movement (pese a que se hacen llamar anarquistas, se trata de un grupo antisemita y conspiranoico que aboga por la segregación racial)

Captura-de-pantalla-2021-01-09-a-las-13.15.56En España, Abascal también culpó a la izquierda del asalto y representantes del PP, Vox y Ciudadanos lo compararon a acciones del 15-M como el “Rodea el Congreso” de 2012 o la protesta frente al Parlament de Catalunya de 2011, pese a que en ese momento no se intentó asaltar la Cámara, ni había armas de por medio, ni los lemas eran racistas. Sin embargo, no se les ocurrió compararlo con el «Rodea el Congreso» que promovió el «sindicato» policial de extrema derecha Jusapol en marzo de 2020, pese a que se parece mucho más a lo sucedido en Washington. En él, personas cercanas a la extrema derecha se manifestaron con disfraces y «símbolos» patrios (como sucedió en el Capitolio) y se consiguió traspasar el cordón de seguridad (algo que nunca hizo el 15-M).

Donald Trump y esta clase de movimientos abiertamente fascistas europeos dominan la agenda mediática. Esto no significa que no hacerles caso vaya a funcionar como medida antifascista. El antifascismo también debe tener una estrategia y coordinación global, una disposición a enfrentarse incluyendo a toda la sociedad en movimiento contra el fascismo y en todos los niveles políticos y sociales, como por ejemplo, nos han marcado el camino en Grecia y la desaparición del partido Amanecer Dorado. Y más ahora que el imperio ha empezado a caer y será otra potencia la que pugne por ocupar su lugar.

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🇧🇴 La vanguardia del golpe en Bolivia fueron los medios de comunicación

 

 

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