💿El Ascenso de Skywalker🖨

El ascenso de Skywalker’ es un avance de nuestro futuro distópico alimentado por DRM

La galaxia de la Guerra de las Galaxias podría haber usado desesperadamente las leyes del derecho a reparar.

feo

*Este post contiene spoilers de Star Wars: El ascenso de Skywalker*

El emperador Palpatine ha vuelto con una flota de Destructores de Estrellas asesinos de planetas, las masas tienen miedo de luchar contra el Orden Final, y el último resquicio de esperanza de la rebelión está casi eliminado por… ¿el DRM autoritario? El ascenso de Skywalker es una alegoría de la pesadilla distópica hacia la que nos precipitamos rápidamente, en la que no somos dueños de nuestros droides (ni de ninguna de nuestras otras cosas), su utilidad se ve obstaculizada por decisiones arbitrarias y bloqueos de software por parte de corporaciones monopolistas que no quieren que reparemos nuestras cosas.

En Skywalker, C3PO, experto en las relaciones ciber-humanas, habla seis millones de idiomas incluyendo el Sith (hablado por el Lado Oscuro), pero un bloqueo de software de código duro (llamado Gestión de Derechos Digitales aquí en la Tierra) en su circuitería le impide traducir Sith en voz alta a sus usuarios humanos. Presumiblemente, esto es para evitar que el droide sea usado por los Sith, pero tiene muy poco sentido en el contexto de una guerra galáctica que ha dependido tanto de agentes dobles, espías y planes y documentos filtrados. La única explicación que tiene sentido es un codicioso fabricante de 3PO que vende el paquete lingüístico de los Sith como una microtransacción y un Congreso galáctico que no ha aprobado una legislación fuerte sobre el derecho a reparar para los comerciantes de cachivaches, mecánicos de droides y usuarios de droides de la galaxia.

El bloqueo del software de C3PO es un punto importante en la trama de Skywalker ya que es incapaz de traducir un pasaje Sith que podría llevar a nuestros héroes al planeta Sith en el que pasa su tiempo el mencionado Palpatine. Al final, la rebelión pasa de contrabando C3PO al planeta Kijimi, donde un mecánico de droide llamado Babu Frik rompe la limitación del droide, evitando el arbitrario bloqueo del software y permitiéndole traducir el importante pasaje Sith. Esto tiene un gran costo personal para C3PO, a quien se le borra la memoria. Pero es mucho peor para el pueblo de Kijimi, que se vaporiza después de que los Sith se enteran de que los rebeldes han estado allí. En la Guerra de las Galaxias, el DRM lleva literalmente a la destrucción de todo un planeta.

Tal vez porque no pudieron conseguir que estos derechos básicos de los consumidores se consagraran hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana. Cada vez más nos encontramos con este problema aquí en la Tierra. Nuestras cafeteras e impresoras tienen bloqueos artificiales de software y DRM que impiden la reparación básica y la funcionalidad básica de los artículos que usamos a diario. Nuestras máquinas sólo usan vainas “autorizadas”, nuestras impresoras sólo usan tinta “autorizada”, y cada MacBook tiene un interruptor de apagado remoto que impide el uso de ciertas piezas de reparación no autorizadas por Apple. John Deere utiliza DRM no sólo para evitar que los agricultores arreglen sus propios tractores, sino también para hacer diferenciación de precios en algunos modelos de tractores que son literalmente iguales, excepto por el software que limita los caballos de fuerza de los más baratos.

Como en La Guerra de las Galaxias, aquí también se está gestando una rebelión: Los granjeros han empezado a hackear sus tractores para repararlos por su cuenta, un puñado de talleres de reparación de iPhone están realizando reparaciones complicadas que ni siquiera la propia Apple haría, y una pequeña pero creciente coalición de mecánicos de reparación, propietarios de pequeños negocios y fugitivos están presionando por unas leyes sobre el derecho a reparar en todo el país que harían que los bloqueos de software que impiden la reparación sean ilegales, y facilitarían mucho más que los consumidores pudieran arreglar sus cosas.

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Lo que está en juego aquí no es la vaporización del planeta o una amenaza galáctica existencial, al menos no todavía, pero las leyes sobre el derecho a la reparación son buenas para el medio ambiente, buenas para los consumidores y buenas para nuestra libertad personal. El DRM es antidemocrático y un mecanismo de control. Ciertamente algo usado por el Lado Oscuro.

Violencia de género, violencia machista.

¿Qué sucedió en 1975 en el Sahara?

Juan Carlos I, el espía de Washington

rebelion

🤼‍♂️La competición entre Irán y Estados Unidos por Irak🤼‍♂️

Este artículo fue escrito el 1 del presente, antes de los últimos actos sucedidos en dicha zona, no sé si desvirtuará algo el artículo o no. Su procedencia es zaherbaher.com.

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El 27 de diciembre, una base estadounidense cerca de Kirkuk fue atacada, matando a un contratista estadounidense e hiriendo a soldados estadounidenses e iraquíes. Estados Unidos afirmó que el ataque fue lanzado por un grupo de milicianos chiítas, Kata’ib Hizbullah (KH) pro-iraní.

El domingo 29 de diciembre, los Estados Unidos tomaron represalias con un ataque aéreo contra cinco bases del KH, tres de ellas en Irak y el resto en Siria. El KH confirmó que 19 de sus combatientes murieron y 35 más resultaron heridos. El jefe de Hashd al-Shaabi, (Fuerzas de Movilización Popular) anunció poco después “La sangre de los mártires no será en vano y nuestra respuesta será muy dura para las fuerzas estadounidenses en Irak“.

El 31 de diciembre, una gran protesta organizada por la milicia pro-iraní y sus partidarios irrumpe violentamente en el recinto americano y corea las consignas “No, no, América“, “No, no, Trump” y “Muerte a América“. Las protestas continúan y la seguridad iraquí permitió que algunos de los manifestantes entraran en la altamente protegida Zona Verde. La misma seguridad que ha reprimido brutalmente a los manifestantes en la Plaza Tahrir de Bagdad y otras ciudades, ahora permitió que los manifestantes y los partidarios de las milicias pro-iraníes se quedaran parados y observaran los cócteles molotov lanzados contra la embajada de Estados Unidos. Los medios de comunicación kurdos afirmaron que no había nadie dentro del recinto, que todo el personal había sido evacuado la noche anterior a la ciudad de Erbil, la capital del Gobierno Regional de Kurdistán (KRG). Pero los Estados Unidos denunciaron esta noticia como un rumor.

Lo que está sucediendo ahora entre Irán y Estados Unidos, no es una guerra, creo que hay una pequeña posibilidad de que ocurra una guerra entre estos dos.

El conflicto entre Irán y Estados Unidos es el fracaso de la política exterior estadounidense que ha fracasado en relación al régimen iraní en la región del Medio Oriente. Se ha demostrado que la política de los Estados Unidos no sólo en Siria e Irak, sino que en toda la región en su conjunto ha fracasado; así como en Afganistán y Libia.

Lo que está sucediendo ahora puede continuar mientras siga el actual régimen en Irán, es difícil para los EE.UU. lograr sus objetivos en la región, especialmente en Siria e Irak. Irán sabe cómo jugar el juego de los Estados Unidos.

La política belicista de Donald Trump con Irán, Corea del Norte y Rusia sobre países o intereses en disputa no están sobre la mesa. Trump no es tan ingenuo como los medios de comunicación occidentales lo presentan. Es inteligente y franco con su enfoque. Considera al menos tres factores en la guerra con Irán:

  1. Primero, la guerra contra Afganistán, Irak y Libia no tuvo éxito, costó a los EE.UU. una enorme cantidad de dinero; resultando en un gran número de soldados estadounidenses muertos en acción, heridos e inválidos. También sabe que su guerra con Irán no se puede ganar; será aún más difícil que la guerra contra Afganistán e Irak. Además, hay una gran posibilidad de que la guerra se extienda por toda la región. No está seguro de poder ganar la guerra.
  2. En segundo lugar, sabe bien que el pueblo estadounidense todavía tiene malos recuerdos de las guerras y no quiere otra guerra.
  3. Tercero, las elecciones presidenciales se acercan este año, mientras que hay posibilidad de que gane; no es tan estúpido como para estropear sus posibilidades.

En cuanto a los iraníes, estudiaron inteligentemente la mentalidad de Trump y su política exterior. Saben que Trump no quiere una guerra con ellos, pero tampoco quieren que Irak sea dominado por Estados Unidos por temor a que Irak esté fuera de su control. Esta es la razón por la que Irán de vez en cuando lanza directa o indirectamente una especie de operación militar contra los EE.UU. o sus aliados. Mientras tanto, Irán está dispuesto a proteger al régimen iraquí a cualquier precio.

  1. Lo que está sucediendo en Irak ahora, interesa más a Irán que a los Estados Unidos. Pero al final es el pueblo iraquí el que paga el precio. Irán sabe que las manos de los Estados Unidos están atadas hasta cierto punto. Esto dificulta a los Estados Unidos el obligar a Irán a ejecutar ciertas condiciones establecidas por ellos. En realidad, los EE.UU. no pueden detener la forma de actuar de Irán. Irán también sabe que en este conflicto hay un par de cuestiones importantes. Primero, ampliar la brecha entre el régimen iraquí y los Estados Unidos cada vez mayor. Al mismo tiempo, Irán está poniendo a prueba su poder e influencias entre sus pro-milicias y otros simpatizantes. Si esta situación continúa, se puede agudizar la disputa entre Irak y los EE.UU., se convertiría en un verdadero problema. Irak no puede permanecer neutral indefinidamente entre Irán y los EE.UU. como afirma ahora. Los Estados Unidos no se sentirán felices al ver que las fuerzas de seguridad iraquíes permiten a los pro-iraníes y a sus partidarios en las calles y en el parlamento iraquí y en su entorno hacer lo que están haciendo contra la embajada estadounidense. Por lo tanto, Irak no tiene otra opción que aclarar su posición de permanecer con Irán o apoyar a los Estados Unidos. En mi opinión, si la situación llega a ese nivel, Irak apoyará a Irán contra Estados Unidos.
  2. Si esta situación continúa, afectará a los manifestantes de Bagdad y otras ciudades que ya han pagado un precio muy alto hasta ahora. Más de 552 personas han sido asesinadas, 21.000 heridas, 25.000 detenidas; además, muchos más activistas han sido secuestrados.
  3. Ante esta situación los manifestantes no tendrán otra opción ya que no quieren ser parte de ninguno de los dos bandos, sino dejar sus trincheras y los lugares que ya ocuparon.

zaherEsta competencia entre Irán y Estados Unidos por Irak no puede continuar, debe resolverse tarde o temprano, pero por el momento es difícil para nosotros predecir cuándo y cómo.

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Los datos del empleo del SEPE en el 2019 

“Ante un mercado de trabajo, absolutamente mercantilizado y ausente de derechos laborales para las personas trabajadoras, ¿quién cambiará este modelo?”

⚖️Año nuevo “judicial”

En el país de los “hombres libres”⚖️.

manningSegún publica “The Guardian”, periódico nada sospechoso de estar contra el sistema.

Un alto funcionario de la ONU acusa a los EE.UU. de torturar a Chelsea Manning

La ex analista de inteligencia del ejército encarcelado por negarse a testificar contra Wikileaks, supuestamente está siendo sometida a “severas medidas de coerción“. Manning se encuentra actualmente encarcelada en los Estados Unidos por su negativa a testificar contra Wikileaks.

Nils Melzer, el relator especial de la ONU para la tortura, hizo la acusación en una carta enviada en noviembre, pero no fue publicada hasta el martes 31 de diciembre.

En la misiva, Melzer dice que Manning está siendo sometido a “medidas de coerción abierta y progresivamente severas que cumplen con todos los elementos constitutivos de la tortura u otros tratos o castigos crueles, inhumanos o degradantes“.

Manning, que fue detenido el 16 de mayo por negarse a testificar ante un gran jurado, está actualmente recluido en el centro de detención de Alexandria, en Virginia, hasta que acepte prestar declaración o hasta que el mandato del gran jurado expire en noviembre del año próximo. También se enfrenta a multas que actualmente ascienden a 1.000 dólares diarios.

En la carta, Melzer escribe: “La práctica de la privación coercitiva de la libertad por desacato civil… implica la imposición intencional de sufrimiento mental y emocional progresivamente severo con el propósito de coerción e intimidación por orden de las autoridades judiciales“.

Advirtiendo que “las víctimas de confinamiento coercitivo prolongado han demostrado síntomas postraumáticos y otras consecuencias graves y persistentes para la salud mental y física“, Melzer dijo que la detención de Manning “no es una sanción legal sino una medida coercitiva abierta y progresivamente severa que equivale a la tortura y que debe ser interrumpida y abolida sin demora“.

Los abogados de Mannings han argumentado que su detención “por negarse a cumplir con un gran jurado es inútil, punitiva y cruel” y advirtieron que no es probable que cambie de opinión.

En una carta publicada en marzo, cuando Manning volvió a la cárcel, sus abogados advirtieron: “Chelsea ha declarado claramente su objeción moral al secreto y opresivo proceso del gran jurado. Somos amigos y compañeros de organización de Chelsea, y la conocemos como una persona totalmente comprometida con sus principios“.

Advirtieron a las autoridades estadounidenses que si “creen que someter a Chelsea a más castigos hará que cambie de opinión, están muy equivocados“.

Los fiscales de Virginia están decididos a obligar a Manning a testificar en lo que esperan sea un eventual juicio a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks.

Assange ha sido acusado de conspirar con Manning para irrumpir en los ordenadores militares y ayudarle a transmitir una gran cantidad de secretos de estado de los EE.UU. a WikiLeaks que luego publicó, causando un alboroto internacional.

Manning fue posteriormente condenada a 35 años de prisión militar en 2011. Manning pasó siete años tras las rejas antes de que Barack Obama conmutara su sentencia en 2017.

“Aquí me estoy muriendo lentamente”: Assange logra hablar con un amigo desde la prisión Belmarsh

EEUU mata a un poderoso general y hombre fuerte del régimen iraní en medio de la escalada de tensión en la región

 

 

Trump y el “patio trasero”

Grupo de Trabajo
Estudios sobre Estados Unidos de CLACSO

Trump y la reconfiguración imperial

Gabriel E. Merino (CONICET-UNLP, Argentina)

tupetroleoEl sistema mundial se encuentra en plena transición histórica. La crisis de hegemonía se refleja en la multiplicación de conflictos que tiene como protagonistas a las principales potencias mundiales, en el cambio de jerarquías del sistema interestatal y en las profundas transformaciones de la economía mundial: transnacionalización productiva, revolución científico-técnica, financiarización, sobreacumulación de capital, etc. Este proceso modifica el lugar de los Estados Unidos y de Occidente, así como del capital transnacional del Norte global en el sistema mundial.

Frente a esta situación, en los Estados Unidos y en el polo de poder angloamericano (Reino Unido, Canadá, Australia, Israel) surgen distintas respuestas imperiales y se profundiza la polarización entre proyectos políticos estratégicos, al calor de una fractura en lo que se considera su establishment y una creciente crisis de legitimidad del sistema en las clases populares. Cualquiera de las respuestas imperiales en pugna ponen en crisis el orden mundial creado por Estados Unidos y el llamado Occidente.

Con la asunción de Donald Trump se realiza un cambio de las correlaciones de fuerzas en Estados Unidos a favor de lo que definimos como fuerzas americanistas y nacionalistas (con solapamientos y contradicciones) en detrimento de las fuerzas globalistas.  Obviamente que se mantiene cierta unidad estratégica condensada en el estado, pero claramente se observan cambios en las políticas estatales y en las geoestrategias desarrolladas para la persecución de intereses geopolíticos (por ejemplo, en relación a Cuba, a Irán, la OMC, el G-20, etc.).

La estrategia nacionalista-americanista, resumida en el eslogan “Estados Unidos primero”, es el producto de un conjunto de actores que ven como una amenaza la pérdida de la capacidad de decisión nacional-estatal y la pérdida de la primacía mundial a partir de la subordinación a instituciones “globales”, acuerdos y tratados multilaterales, respeto por las alianzas tradicionales, emergencia de potencias desafiantes, etc.

Converge en el nacionalismo-americanismo un conjunto de capitales retrasados y/o con menor grado de transnacionalización, más dependientes del mercado interno estadounidense y del hardpower gubernamental. Hay un dato clave en tal sentido: mientras los sectores de punta, núcleo orgánico del capitalismo transnacional, mostraron entre 2009 y 2016 un aumento de la productividad de 3,5% anual, las empresas más atrasadas, que significan un 70% de las compañías estadounidenses, tuvieron un aumento de sólo 0,3% por año. Ello quiere decir que la mayor parte del entramado empresarial quedó estancado, produciendo una fractura económica, que se tradujo sin lugar a dudas en presiones para la adopción de políticas “proteccionistas” y nacionalistas como las que expresa el trumpismo. Robert Lighthizer, actual representante comercial de Estados Unidos y viejo batallador de los intereses siderúrgicos de su país, expresa con claridad estos intereses.

También importantes sectores militares ven como una amenaza para la seguridad nacional la desindustrialización de los Estados Unidos y vienen presionando para una política contraria al globalismo. En este sentido, de cara a las elecciones de 2016 que consagraron a Trump, 88 generales y almirantes retirados escribieron una carta pública para apoyarlo.

En Estados Unidos están en lucha dos grandes estrategias imperiales. Aunque es mucho más complejo, el esquema binario resulta esclarecedor. Por un lado, el unipolarismo multilateral – practicado en la administración Obama y sostenido por la mayor parte de las transnacionales, las redes financieras globales y el establishment liberal— que se centra en el fortalecimiento de instituciones “globales” hechas a su imagen y semejanza, mega acuerdos comerciales (TPP y TTIP), expansión y centralización político-militar de Occidente y guerras híbridas con apoyos multilaterales del Norte Global para disciplinar actores desafiantes. Como afirmaba Obama, se deben imponer ‘las reglas de juego del siglo XXI’. Para estas fuerzas globalistas Estados Unidos quedó “chico” como recipiente central de la acumulación y político-militar central del sistema interestatal. El problema, entonces, es cómo construir suficiente poder e imponer una nueva institucionalidad transnacional para garantizar una nueva fase hegemónica y contener/subordinar a los poderes emergentes.

En frente a esta posición, aunque hay muchos grises en el medio, observamos el unipolarismo unilateral americano que, con la presidencia de Trump, contiene elementos más nacionalistas e industrialistas emergentes (como expresa Stephen Bannon por “derecha”), matizando el predominio del establishment neoconservador que tuvo el unilateralismo practicado durante el gobierno de George W. Bush.

El nacionalismo-americanismo de Trump, busca “recuperar” la hegemonía yankee en el sistema mundial como Estado-nación y fortalecer unilateralmente el polo anglo americano con vértice en Washington para, desde ahí, librar las luchas contra los polos de poder desafiantes y disciplinar a los aliados. Para ello, resulta fundamental recuperar la hegemonía en el continente americano, desde el cual proyectarse a nivel mundial. Y en tal sentido se profundizan las políticas de seguridad hemisférica enmarcadas en la doctrina Monroe, exacerbando el intervencionismo en la región frente a cualquier alternativa que ose desafiar los intereses de Washington.

Keynesianismo militar

tio-samUno de los elementos centrales de la estrategia nacionalista-americanista es profundizar el keynesianismo militar: déficit y endeudamiento público para financiar la expansión superlativa del presupuesto de Defensa y, de esta manera, impulsar el complejo industrial-tecnológico-financiero-militar del Pentágono, núcleo central de la economía nacional estadounidense. Ello explica, en parte, el aumento anual de 13,1% en las erogaciones de Defensa entre 2017-2018. Además, sostener la supremacía militar se vuelve crucial y, para ello, es necesario invertir enormes sumas en actualización armamentística, especialmente cuando potencias como Rusia y China muestran grandes avances.

Por otro lado, la creación de una Fuerza Espacial como una nueva rama de las Fuerzas Armadas no sólo busca desarrollar capacidades en ese plano del enfrentamiento bélico sino también impulsar desde allí la tecnología aeroespacial, junto con las grandes corporaciones privadas, en el momento en que China está planeando desafiar a Estados Unidos en esa rama tecnológica-industrial. La asunción del ingeniero y ex directivo de Boeing, Patrick Shanahan, primero como subsecretario de Defensa en 2017 y más tarde como Secretario de Defensa en lugar de James Mattis, parece tener este sentido. Ello se aprecia también con la asunción de Mike Pompeo, estrechamente ligado a Koch Industries (conglomerado industrial ligado a manufacturas, refinación y distribución de petróleo, química, etc., cuyos ingresos provienen en un 50% del mercado yankee) y miembro del movimiento conservador radical Tea Party. Pompeo desarrolló la firma aeroespacial Thayer Aeroespace, ligada al complejo industrialilitar del Pentágono y fue presidente Sentry International, un fabricante de equipos para campos petroleros donde también fue socio de Koch Industries. Por otro lado, la salida de Mattis, junto con la de Rex Tillerson y la de John Kelly indican un debilitamiento del ala conservadora tradicional y un fortalecimiento del nacionalismo conservador más radical e industrialista.

En cuanto a sus aliados tradicionales de Europa y Japón, Estados Unidos exige, con mayor moderación en el caso de los globalistas y con agresividad los nacionalistas-americanistas, el aumento sus gastos militares gran parte de los cuales deben fluir hacia el complejo industrial-militar estadounidense mediante la compra de armamentos.  Trump además reclama no sólo que llegue a 2% del PIB el gasto militar de los países miembro de la OTAN, sino que debería ser de 4% del PIB el tributo imperial de protección.

Washington también busca obligar a sus aliados a negociaciones comerciales en detrimento de sus intereses (como por ejemplo la exigencia para que Alemania renuncie al gasoducto Nord Stream 2 para proveerse de mayor cantidad de gas ruso) y a alinearse unilateralmente a los intereses geopolíticos y a la geoestrategia de la nueva administración estadounidense.

Con esta presión, el nacionalismo-americanista pone en crisis la propia OTAN, crisis que se corresponde en el plano político militar a lo que sucede en otras cuestiones a causa del unilateralismo: la crisis en la OMC, la retirada del Acuerdo de París, la ruptura del acuerdo sobre el plan nuclear de Irán, el retiro de la UNESCO, etc. Tanto en lo comercial como en lo político militar, exalta el bilateralismo en las negociaciones, en las cuales Estados Unidos puede imponer su enorme poderío relativo y, por lo tanto, imponerse de manera unilateral.

Además, el nuevo gobierno estadounidense anuncia una redefinición de la geoestrategia frente a las potencias re-emergentes (China y Rusia), dejando de lado las grandes alianzas comerciales en las periferias Euroasiáticas, junto a la centralidad de las guerras “híbridas”, la expansión de la OTAN y una alianza militar similar promovida para Asia Pacífico e Índico. Ahora se ubica a China y a Rusia explícitamente como principales rivales (aunque algunas líneas del gobierno y el propio Trump busquen un acercamiento con Rusia para enfrentar a China). Con ello, vuelve a ubicar a la lucha entre estados en primer lugar, dejando de lado los enemigos difusos que se correspondían con la borrosidad globalista de las fronteras estatales. Además, vuelve a identificar a la región del Medio Oriente como escenario principal de la disputa mundial (en lugar del giro hacia Asia-Pacífico de Obama), y a enfocarse especialmente en el enfrentamiento con Irán y sus aliados. A ello se le suma la apuesta a un “gran Israel” que desequilibre la ecuación de poder en dicha región y retomar los formatos más convencionales de la guerra (lo que no implica abandonar los otros). Luego del primer año de gobierno de Trump, el déficit comercial subió entre 2016 a 2017. Con China fue de 375.100 millones de dólares. Frente a ello, el gobierno de Trump demandó a China una reducción de 100.000 millones de dólares en sus exportaciones, tratando de imitar al gobierno de Reagan en los ochenta cuando se “obligó” a ello a Japón y a financiar al Tesoro norteamericano. El problema es que China no es un protectorado político-militar como Japón, su escala es mucho mayor (ya superó a Estados Unidos en PIB a paridad de poder adquisitivo) y la alianza con Rusia fortalece su posición político-estratégica en Eurasia.

Trump y la guerra comercial

calentamiento.jpegTrump ha declarado la guerra comercial al mundo. Con ello, se puso en marcha una profundización de la política proteccionista de Estados Unidos y un bilateralismo comercial que busca proteger a las fracciones de capital y ramas retrasadas en la economía global y fortalecer la producción industrial de Estados Unidos frente a China, pero también frente a aliados como Alemania, Japón o México. Los objetivos son reequilibrar el déficit comercial (agravado por las políticas de hiperestímulos de la administración Trump y el keynesianismo militar) y, sobre todo, reforzar la “seguridad nacional” (ya que la industria es la base de la defensa) y asegurar los monopolios tecnológicos estadounidenses frente a sus rivales. En el último discurso del Estado de la Unión, Trump fue particularmente enfático en la promesa sobre importantes inversiones en las próximas industrias tecnológicas de importancia estratégica.

Luego del primer año de gobierno de Trump, el déficit comercial subió entre 2016 a 2017. Con China fue de 375.100 millones de dólares. Frente a ello, el gobierno de Trump demandó a China una reducción de 100.000 millones de dólares en sus exportaciones, tratando de imitar al gobierno de Reagan en los ochenta cuando se “obligó” a ello a Japón y a financiar al Tesoro norteamericano. El problema es que China no es un protectorado político-militar como Japón, su escala es mucho mayor (ya superó a Estados Unidos en PIB a paridad de poder adquisitivo) y la alianza con Rusia fortalece su posición político-estratégica en Eurasia.

La razón central del enfrentamiento comercial con China es detener su drástico ascenso global. Para ello, el trumpismo considera que debe frenar el “alarmante” plan de  desarrollo tecnológico Made in China 2025, que tiene entre sus principales objetivos solucionar el retraso relativo en algunas ramas tecnológicas fundamentales, como robótica, semiconductores e industria aeroespacial, y ampliar el liderazgo en otras, como inteligencia artificial y autos eléctricos. De concretarse el plan, aunque sea de forma parcial, se terminaría de quebrar la relación centro-periferia del gigante asiático con el Norte Global, poniendo en crisis la división internacional del trabajo y las jerarquías en la economía capitalista mundial y planteando un desafío sistémico: que un país con más del 20% de la población planetaria se convierta en centro desarrollado.

Lo que está en juego para el trumpismo es la primacía geopolítica a largo plazo de Estados Unidos. Así lo expresa el intelectual y funcionario de la administración Trump, Peter Navarro, en su libro del año 2011 Death by China: Confronting the Dragon – A Global Call to Action. La primacía estadounidense sólo puede lograrse a través de un equivalente del siglo XXI del Informe sobre Manufacturas de Alexander Hamilton de 1791, en donde se decidan qué industrias son esenciales para la seguridad nacional, junto con una política tecnológica-industrial planificada para asegurar de que esas industrias vitales permanezcan en el país, complementadas por un fuerte  proteccionismo y una guerra económica con los rivales.

La guerra comercial tiene como trasfondo la creciente “guerra” económica, en la cual se agudizan las luchas entre capitales mediadas por los estados. El contexto de bajo crecimiento en el Norte Global desde la crisis financiera global de 2007-2008, profundiza esta situación y su perspectiva. Al haber bajo crecimiento la acumulación de los capitales particulares se da en detrimento de los más retrasados y de los trabajadores. Los  capitales globales acumulan en los territorios emergentes que crecen (particularmente China), posibilidad que no tienen los capitales dependientes de la economía nacional estadounidense. Pero a su vez, el proceso conocido como globalización económica, por el cual el comercio mundial se expandió al doble del PIB mundial y la inversión extranjera directa al triple durante casi 30 años, se detuvo con la crisis que estalló en 2008, poniéndose de manifiesto un límite estructural.

El poco crecimiento que hubo en el Norte global en los últimos años se produjo gracias a las políticas hiper-expansivas de los Bancos Centrales. Esa política está encontrando sus límites, creando una enorme burbuja en los bonos públicos, que posiblemente estalle en uno o dos años. Se observa una crisis próxima, que puede desplegarse sobre un ciclo de crisis mucho más profundo debido al agotamiento del ciclo expansivo (A) de Kondatriev iniciado en 1994 y a las tendencias estructurales de la economía capitalista. Ello pronostica una agudización de las luchas económicas que, de acuerdo a como se desarrolle y se “resuelva”, va a alimentar la grieta en los Estados Unidos, la guerra económica a nivel mundial y la lucha entre polos de poder en todos los planos.

El declive estadounidense no es ni será pacífico y promete agudizar el caos sistémico. Uno de los peligros más acuciantes es que el imperialismo nacionalista-americano convierta a América Latina, a partir del conflicto con Venezuela, en un nuevo Medio Oriente.

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EFF se suma a organizaciones de América Latina que se oponen a la acusación de Ola Bini

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Padura: mi visita a Lula en Curitiba

Sabra y Shatila 1982

Estados Unidos fue el responsable de la masacre palestina de 1982 en Beirut.

Washington había garantizado explícitamente su seguridad, y documentos recientemente desclasificados revelan que los israelíes les dijeron a los diplomáticos lo que ellos y sus aliados le harían a los refugiados.

Di Rashid Khalidi

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En la noche del 16 de septiembre de 1982, mi hermano menor y yo estábamos desconcertados mientras observábamos docenas de bengalas israelíes flotando en completo silencio sobre el sur de Beirut, por lo que pareció una eternidad. Sabíamos que el ejército israelí había ocupado rápidamente la parte occidental de la ciudad dos días antes. Pero las bengalas las usan los ejércitos para iluminar un campo de batalla, y como todos los muyaidines de la OLP que se habían enfrentado al ejército israelí durante el asedio de meses de la ciudad que ya habían sido evacuados de Beirut, nos fuimos a la cama perplejos, preguntándonos qué enemigo le quedaba al ejército invasor por cazar.

Esto sucedía poco más de un mes después del alto el fuego del 12 de agosto que supuestamente había terminado la guerra, y fue seguido por la partida de las fuerzas militares, los cuadros y dirigentes de la OLP de la ciudad. El desencadenante de la ocupación israelí de Beirut occidental fue el asesinato, el 14 de septiembre, del aliado cercano de Israel y del presidente electo libanés Bashir Gemayel, jefe de la milicia del Frente libanés y un alto líder del partido falangista de modelo fascista.

Lo que vimos la noche anterior quedó claro cuando nos encontramos con dos periodistas estadounidenses el 17 de septiembre. Acababan de visitar la escena de las masacres en curso en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila, hogar de decenas de miles de palestinos desplazados y de muchos libaneses. Se llevaron con ellos a los campos a un joven diplomático estadounidense, Ryan Crocker, que fue el primer funcionario del gobierno de EE. UU. en presentar un informe sobre lo que habían visto. Supimos por ellos que el ejército israelí había utilizado bengalas la noche anterior para alumbrar el camino de las milicias libanesas de derecha enviadas por los israelíes a Sabra y Shatila. Del 16 al 18 de septiembre, según la historia autorizada del historiador Bayan al-Hout sobre estos hechos, estos milicianos masacraron a más de 1.300 civiles palestinos y libaneses (para más información sobre estos actos, consulta la edición revisada de 2014 de Under Siege: toma de decisiones de la OLP (Durante la Guerra de 1982).

Documentos recientemente desclasificados de los Archivos del Estado de Israel nos dicen que el gobierno de los EE. UU. Se sentía incómodo con respecto a lo que podrían hacer los israelíes y sus aliados. El enviado especial Morris Draper, instruido para obtener una retirada del ejército israelí de Beirut occidental, se reunió con funcionarios israelíes en Jerusalén el 17 de septiembre. Allí, el ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir afirmó que 2.000 “terroristas” armados permanecieron en Beirut occidental. El ministro de Defensa, Ariel Sharon, infló más el asunto. “Hay miles de terroristas en Beirut“, le dijo al enviado de los EE. UU., Desafiando su demanda de que las fuerzas israelíes se retiraran: “¿Te interesa que se queden allí?”. Según las transcripciones, Draper no pudo contrarrestar la falsa afirmación de Sharon sobre el presencia de miles de “terroristas”, pero cuando discrepó levemente con otra de sus afirmaciones, el ministro de Defensa fue aún más taciturno al decir: “Entonces los mataremos. No los dejen allí. Nadie los vas a salvar. No vas a salvar a estos grupos terroristas internacionales [sic] “. Una vez más, Draper no respondió a estas escalofriantes palabras basadas en una falsedad.

Cuando el exasperado enviado de los EE. UU. finalmente dijo a los funcionarios israelíes reunidos: “Creemos que no debieran haber venido [a Beirut occidental]. Deberían haber permanecido afuera”, el tono de Sharon se hizo aún más imperioso:”No pensasteis o lo pensasteis. Cuando se trata de nuestra seguridad, nunca hemos pedido. Nunca preguntaremos. Cuando se trata de la existencia y la seguridad, es nuestra responsabilidad y nunca se la daremos a nadie para que decida por nosotros“.

En el mismo momento en que se estaba llevando a cabo esta conversación, las milicias libanesas que las fuerzas de Sharon habían enviado a los campos de refugiados, donde, huelga decirlo, no había miles de guerreros veteranos bien armados para proteger a su población civil Estaban ocupados llevando a cabo su trabajo macabro. Sharon no podría haber sido más brutalmente explícito cuando dijo a sus interlocutores estadounidenses sobre los llamados terroristas “los mataremos“. El hecho de que la matanza real de civiles desarmados fue llevada a cabo por representantes israelíes que las fuerzas de Sharon habían armado, entrenado, y enviado para hacer el trabajo (en lugar de soldados israelíes) no cambió demasiado el cálculo moral general con respecto a este crimen. Al año siguiente, una comisión de investigación israelí determinó que Sharon, como ministro de defensa, asumió “responsabilidad personal” por la masacre y recomendó que fuera destituido de su cargo ministerial.

La responsabilidad de Estados Unidos por este y otros resultados de la invasión de Israel al Líbano es más amplia incluso que el hecho de que el Secretario de Estado Alexander Haig proporcionara luz verde para este ataque, como ahora sabemos que fue el caso. Y se relaciona no solo con el suministro de una gran cantidad de sistemas letales de armas estadounidenses que se usaron en manifiesta contravención de los propósitos exclusivamente defensivos establecidos por la ley de los EE. UU. Sharon advirtió explícitamente a los funcionarios estadounidenses que esto sucedería. Según Draper, Sharon le había dicho anteriormente a Haig y a otros estadounidenses que esperaran “que íbamos a ver cómo se arrojarían municiones fabricadas en Estados Unidos sobre el Líbano, y que los civiles serían asesinados“. Teniendo en cuenta todos estos factores, La responsabilidad estadounidense claramente se eleva muy por encima del nivel de mera complicidad, y equivale a colusión.

Esta responsabilidad se extiende aún más a la falta de protección de los más de 1.300 palestinos y libaneses víctimas de la masacre de septiembre en Sabra y Shatila. Los estadounidenses habían dado garantías explícitas para su seguridad, que la OLP había negociado minuciosamente con diplomáticos estadounidenses durante las conversaciones de alto el fuego. La matanza en Sabra y Shatila fue el resultado no solo de las acciones de las milicias libanesas de derecha antipalestinas que la llevaron a cabo, o de las decisiones de Sharon y otros de enviar a esas milicias a los campos de refugiados y brindarles apoyo. A la luz de los compromisos escritos que el gobierno de los EE. UU. hizo a la OLP para asegurar su evacuación de Beirut el mes anterior, estas muertes también fueron responsabilidad directa de la administración Reagan.

El enviado especial presidencial, Philip Habib, hizo estas solemnes promesas en memorandos mecanografiados, que fueron transmitidos a la OLP por el primer ministro libanés Shafik Wazzan. Posteriormente fueron consagrados en un intercambio de notas con el gobierno libanés. El primero de estos memorandos, del 4 de agosto de 1982, señaló “garantías de los Estados Unidos sobre la seguridad de … los campamentos“. El segundo, dos días después, decía: “También reafirmamos las garantías de los Estados Unidos en materia de seguridad y protección … para los campamentos en Beirut “. La nota estadounidense del 18 de agosto dirigida al ministro de Asuntos Exteriores libanés declaraba:

Los no combatientes palestinos respetuosos con la ley que permanecen en Beirut, incluidas las familias de los que han partido, estarán autorizados a vivir en paz y seguridad. Los gobiernos libanés y estadounidense proporcionarán garantías de seguridad adecuadas … sobre la base de las garantías recibidas del gobierno de Israel y de los líderes de ciertos grupos libaneses con los que ha estado en contacto.

Estas garantías demostraron ser completamente inútiles, ya que Washington no había estado dispuesto a proporcionar garantías internacionales multilaterales o el despliegue a largo plazo de fuerzas internacionales, los cuales habían sido exigidos por la OLP y rechazados por Habib, y que habrían sido necesarios para proteger estas personas inocentes.

Poco después de estas masacres, las tropas estadounidenses y francesas regresaron a Beirut con una misión mal definida, y Estados Unidos se vio envuelto en el sangriento conflicto en el Líbano. De esta vorágine creció Hezbollah, que se convirtió en un enemigo mortal de los Estados Unidos e Israel. Vale la pena recordar que muchos de los que fundaron este grupo habían luchado junto a la OLP en 1982, y se habían quedado atrás, solo para ver a sus compatriotas libaneses masacrados junto con los palestinos en Sabra y Shatila. Recordaban estos actos sombríos, incluso si los estadounidenses lo habían olvidado. Así, los muchos miembros del personal que murieron cuando la embajada de Estados Unidos fue destruida en la primavera de 1983, y los infantes de marina que murieron cuando sus cuarteles fueron volados ese año, y los muchos estadounidenses secuestrados o asesinados en Beirut en los años posteriores fueron víctimas de la colusión real y percibida entre los Estados Unidos y el ocupante israelí.

Esto fue solo una parte del inesperado rechazo de las decisiones mal pensadas y moralmente erróneas sobre la guerra de 1982 que fueron hechas por los políticos estadounidenses. Estados Unidos continúa repitiendo errores similares en el Medio Oriente décadas más tarde, con invasiones ilegales, intervenciones y ocupaciones que cuestan cientos de miles de vidas, y a través de su apoyo ciego y armamento de los regímenes más repugnantes de la región.

Rashid Khalidi is the Edward Said Professor of Arab Studies at Columbia University, a former advisor to Palestinian negotiators, and author of Brokers of Deceit: How the U.S. Has Undermined Peace in the Middle East (2013).

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La U.€. a la reconquista de África

La Unión Europea en plena conquista de neocolonias

por Manlio Dinucci

Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Laboratorio di geografia, Zanichelli 2014 ; Diario di viaggio, Zanichelli 2017 ; L’arte della guerra / Annali della strategia Usa/Nato 1990-2016, Zambon 2016.

«Todo tiene que cambiar para que nada cambie», decía el poeta siciliano. La Unión Europea ha anunciado un gran plan de ayuda al desarrollo durante su quinta cumbre conjunta con los países de la Unión Africana. El geógrafo italiano Manlio Dinucci estima que tras los “nobles sentimientos” anunciados se esconde realmente una voluntad neocolonialista.

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«Que el futuro de Europa también está en juego en África es algo que está, creo, muy claro, sobre todo para nosotros los italianos, por razones históricas y geográficas», declaró el primer ministro de Italia, Paolo Gentiloni, durante su gira por África, del 24 al 29 de noviembre, donde visitó Túnez, Angola, Ghana y Costa de Marfil.

Gentiloni dijo la verdad… sin querer: Italia y Europa consideran hoy muy importante a África por las mismas «razones históricas y geográficas» que en el pasado, o sea cuando África estaba bajo su dominación colonial.

África es un continente muy rico en materias primas: oro, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, manganeso, fosfatos, maderas preciosas, cacao, café, algodón y muchas más. Esos valiosos recursos, antes explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de tipo esclavista, hoy son explotados por el neocolonialismo europeo a través de grupos de poder y de gobernantes africanos corruptos, utilizando la fuerza trabajo local de bajo costo y aprovechando su propio control sobre los mercados internos e internacionales.

Eso es lo que confirma el viaje de negocios del primer ministro italiano Gentiloni, en calidad de viajante comercial de la ENI (Corporación Nacional de Hidrocarburos, siglas en italiano), que opera en países africanos como Argelia, Libia, Túnez, Egipto, Kenya, Liberia, Costa de Marfil, Nigeria, Ghana, la República del Congo, Angola, Mozambique y Sudáfrica.

Túnez, primera etapa de la gira de Gentiloni, es una importante base de la ENI, no sólo por el yacimiento de El-Borma sino también como vía de tránsito del gasoducto Transmed, que trae a Italia el gas argelino.

En Angola, Gentiloni asistió, con el presidente angolano Lourenco, a la firma de un lucrativo acuerdo que asigna a la ENI un 48% de los derechos sobre el gran yacimiento Cabinda North.

En Ghana, Gentiloni visitó la gigantesca plataforma flotante de la ENI para la producción y almacenamiento de yacimientos offshore de más de 40 000 millones de metros cúbicos de gas y 500 millones de barriles de petróleo.

En Costa de Marfil –donde la ENI compró un 30% de una gran área offshore rica en hidrocarburos, a través de su filial ENI Cote d’Ivoire Limited, que tiene su sede en Londres–, Gentiloni participó en la 5ª Cumbre Unión Europea-Unión Africana, junto con Mogherini, a cargo de las relaciones exteriores de la UE, el presidente francés Macron y la canciller alemana Merkel. El tema central de la Cumbre fueron nuevas inversiones europeas en África con el noble propósito de «aportar nuevas esperanzas a los jóvenes africanos». Pero esas inversiones generalmente acaban favoreciendo la formación de élites africanas al servicio de los intereses neocoloniales.

Hasta en los países que obtienen los mayores ingresos gracias a la exportación de materias primas, la mayoría de sus habitantes viven en la mayor pobreza. Según los datos de la ONU, más de 2 terceras partes de la población del África subsahariana vive en condiciones de pobreza y más de un 40% vive en condiciones de pobreza extrema.

Son emblemáticos los ejemplos de Costa de Marfil y Ghana, por donde pasó Gentiloni. No sólo cuentan con grandes recursos energéticos sino que además son los primeros productores mundiales de cacao (con casi el 60% de la producción mundial). El cacao lo cultivan mayormente pequeños campesinos, que viven en la pobreza porque se ven obligados a vender los granos de cacao a precios muy bajos. Y son las transnacionales que fabrican el chocolate quienes obtienen ganancias muy elevadas. Es esa la manera como, según dijo Gentiloni, «se ayuda a los africanos en sus predios».

Durante 5 años, de 2010 a 2015, los países que más invirtieron en África fueron Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China, Sudáfrica e Italia. Pero en 2016, China pasó a la cabeza, seguida por los Emiratos Árabes Unidos e Italia, que, según declaró con orgullo Gentiloni, fue el año pasado el mayor inversionista europeo en África, con unos 12 000 millones.

Estados Unidos y la Unión Europea ven peligrar su papel dominante en las economías africanas por causa de China, cuyas empresas ofrecen a los países africanos condiciones mucho más favorables y construyen las infraestructuras que esos países necesitan: hasta ahora alrededor de 2 300 kilómetros de líneas férreas y 3 300 kilómetros de carreteras.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y la Unión Europea ven sus intereses amenazados por movimientos armados, como los Niger Delta Avengers que atacan las instalaciones de Shell y de otras compañías petroleras, entre ellas la ENI, responsables del desastre ecológico y social en el delta del río Níger.

Al ver que están perdiendo terreno en el plano económico, Estados Unidos y las grandes potencias europeas arrojan la espada en el plato de la balanza. El AfriCom de Estados Unidos, oficialmente con el pretexto de luchar contra el terrorismo, está extendiendo en África su red militar y reforzando allí su poderío a través de operaciones de fuerzas especiales, del uso de drones armados y proporcionando entrenamiento y armamento a fuerzas especiales africanas.

Francia, que durante los 50 últimos años emprendió en África más de 50 intervenciones militares públicamente, además de muchas otras intervenciones secretas, está intensificando las operaciones en el oeste de África, así como en el centro y el este de ese continente, donde mantiene 7 000 soldados y varias bases militares, principalmente en Mali, Senegal, Gabón y Costa de Marfil.

Italia, con presencia militar en Libia, Mali, Somalia y Yibuti, está solicitando la intervención de la OTAN en África. Según el primer ministro italiano, «La OTAN debe mirar hacia el sur. Si la mayor alianza militar de la historia no lo hace, se arriesga hoy a no estar a la altura de los desafíos contemporáneos». Así que la OTAN se prepara para mirar de nuevo hacia el sur, como en 2011, cuando agredió y destruyó con su guerra el Estado libio.

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