En respuesta al europarlamento

Tras su canalla aprobación de los artículos 15 y 17, antes 11 y 13.

El modo de producción P2P:

Manifiesto Indiano

Información sobre este libro.

Reconocimientos:

  • Este libro fue escrito originalmente en esperanto y traducido luego al español por Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte, miembros del Grupo Cooperativo de las Indias, quienes hacen devolución de él al dominio público.
  • Sin el debate y la discusión entre los indianos, nuestros lectores e importantes teóricos de todo el mundo como Juan Urrutia, Michel Bauwens o Kevin Carson, este libro no habría sido posible. A ellos dedicamos este trabajo.

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1. Introducción

La crisis actual, la más profunda y larga en la historia del capitalismo, ha abierto la discusión en todo el mundo sobre aquello que, día tras días, aparece más claramente como la destrucción simultánea de las dos principales instituciones de la vida social y económica: el estado y el mercado. Nunca antes en la memoria de las generaciones presentes, el sistema económico había sido tan universalmente cuestionado.

Por otro lado, nunca antes, las capacidades técnicas habían sido tan potentes y, lo que es más importante, habían sido tan accesibles para las personas y las pequeñas organizaciones. De hecho, nunca antes, un número tan grande de pequeñas empresas había tomado parte en el mercado mundial. Tecnologías de comunicación p2p casi gratuitas les permitieron crear las mayores redes comerciales de la Historia. La emergencia del software libre  que por si mismo representa la mayor transferencia de valor recibida nunca por la periferia económica- les empoderó con inesperada independencia. Millones de pequeñas empresas en todo el mundo, especialmente en Asia, pudieron así coordinarse entre si y sofisticar sus productos en el preciso momento en que se les abrían nuevos mercados. Es la «globalización de los pequeños». No es un fenómeno marginal, nunca antes tantas personas en todo el mundo habían salido de la pobreza.

Si miramos de cerca estas tendencias contrarias, encontraremos interesantes contradicciones: la crisis tiene su origen en las industrias de gran escala y de hecho es la mayor de ellas, la industria financiera, quien le sirve de detonante y empuja el proceso. Sin embargo, las nuevas tecnologías emergentes son de alcance, no de escala: la industria del software libre no se sustenta sobre grandes empresas globales monopolistas con redes mundiales de subsidiarias comerciales, sino sobre un nuevo «comunal de conocimiento libre» que puede ser descargado, modificado y e incluso vendido por cualquiera. Las relaciones en la construcción de este nuevo comunal no tienen una jefatura central ni jerarquía sino que se basan en la libre concurrencia de proyectos y en relaciones entre iguales. Las empresas en esta industria no ganan fama e ingresos creando escasez. Su nombre se construye sobre aportes innovadores al comunal y sus beneficios nacen sencillamente de la venta de horas de trabajo.

El software libre fue la primera industria basada sobre un sistema completamente distinto de propiedad y producción: el modo de producción p2p. Más adelante, en medio de la crisis, aparecerían nuevas herramientas, desde las impresoras tridimensionales hasta metodologías de diseño industrial, y nuevos sectores explorarán nuevas ramas del comunal.

El objetivo de este libro es mostrar como la crisis económica es, en realidad, la crisis de las grandes escalas, pero sobre todo, mostrar cómo tenemos todavía la oportunidad de impulsar el paso hacia un nuevo modo de producir que se fundamente sobre una nueva forma cooperativa de competir, una nueva ética del trabajo y, sobre todo, sobre la construcción de un nuevo comunal, un procomún de conocimiento abierto a todos.


2. La emergencia de las redes distribuidas de comunicación

Bajo toda arquitectura de comunicación se esconde una estructura de poder. Por eso la tecnología de comunicación está intimamente ligada a los movimientos sociales, las formas estatales y, por otro lado limita la amplitud de las relaciones sociales de cada época (Véase «El poder de las redes», David de Ugarte, 2005, diversas ediciones en español, gallego, portugués e inglés.)

El mundo de la comunicación centralizada, el mundo de los correos de postas, define la monarquía absoluta e incluso a la república jacobina nacida de la revolución francesa: estado centralista, diarios capitalinos, sometimiento al centro y a su identidad en todas las relaciones sociales. De hecho, no fue la revolución francesa sino la extensión del telégrafo creado por Morse, el que hará posible las estructuras descentralizadas que caracterizan la democracia representativa y las relaciones internacionales: desde el sistema mediático basado en la relación entre agencias internacionales y periódicos nacionales hasta la organización piramidal basada en grupos locales con una estructura de coordinación regional, nacional e internacional por encima. No exageramos si afirmamos que el sufragio universal, el pluralismo -y también la empresa multinacional y el imperialismo- no habrían sido posibles sin la universalización de la comunicación descentralizada.

redes

Pero descentralizado no es distribuido. Las estructuras descentralizadas definen jerarquías: cuanto más arriba estemos en la pirámide informacional, tanto más independientes seremos para acceder a la información y más facilmente podremos difundirla después. La comunicación entre los nodos básicos -a los que pertenecen la mayoría de las personas en estados, partidos o empresas- depende de sus representantes y coordinadores territoriales, que tienen poder para filtrar y decidir qué difundir hacia abajo y qué enviar arriba. El mundo descentralizado es, en cada subred local, centralizado. Solamente cuando aparezca la comunicación distribuida, una nueva lógica de las relaciones sociales se hará posible.

Si extraemos el nodo central de una red centralizada, la red misma desaparece. Si extraemos uno de los nodos localmente centralizadores en una red descentralizada, la red se romperá en diversas subredes no comunicadas entre si. Lo que define a una red distribuida es poder extraer cualquier nodo sin incomunicar a ningún otro y por tanto ningún nodo puede filtrar en solitario. Si cualquier grupo de nodos centralizador produce necesariamente escasez -democrática o autoritariamente- las redes distribuidas convierten el pluralismo descentralizado en diversidad distribuida. La comunicación entre iguales tienen su propia lógica.

La primera muestra de las consecuencias sociales de Internet sería el nacimiento y ascenso de la blogsfera, el primer medio de comunicación distribuido. No es ningún secreto que los movimientos espontáneos de Manila (2000), Madrid (2004), Francia (2005), Atenas (2007) o la «primavera árabe» tuvieron su origen en la capacidad de la blogsfera para promover nuevos consensos sociales. Además, los activistas de grandes movimientos democráticos como «las revoluciones de colores» en los estados excomunistas, supieron aprovechar la comunicación distribuida para construir nuevas mayorías sociales incluso sin libertad de prensa ni de reunión.

Pero aunque las consecuencias políticas de la comunicación distribuida eran las más visibles, no eran las únicas.

Tras la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la URSS, las empresas de gran escala de Occidente presionaron a los gobiernos para conseguir la apertura de mercados exteriores. Pronto encontraron oportunidades dividiendo internacionalmente sus cadenas productivas entre muchas empresas autónomas y más pequeñas. El fenómeno se llamó «globalización» y generó globalmente preocupación. Pero tuvo lugar una evolución no calculada de los emprendedores de la periferia que cambiaría el horizonte del «nuevo orden mundial». En 1.999, el mismo año en que los medios cuentan al mundo las masivas manifestaciones del «movimiento antiglobalización» en Seattle, aparece el primer gran bazar chino online: Alibaba.com. Es sólo la primera manifestación de un gran movimiento subterráneo. Pronto en todos los sectores, redes globales de comerciantes e industriales se dan cuenta de la posibilidad de coordinarse por si mismos y competir con las grandes empresas que acumulaban la mayor parte del valor de la división internacional del trabajo. Arranca la «globalización de los pequeños».

Al mismo tiempo, durante la segunda mitad de los noventa, el «movimiento hacker» explota con el crecimiento del uso de Internet. Cambia profundamente y pronto nace su primer gran aporte, Linux, y con él el mundo del software libre se convierte en la base de la primera industria p2p.

3. El drama de las escalas y la crisis mundial

La Teoría Económica nos dice que la empresa alcanza su dimensión óptima cuando los costes de producción a largo plazo llegan a su mínimo. Pasado este punto, si aumentamos todos los factores en el mismo porcentaje, los costes medios de producción crecerán. Tendremos entonces «deseconomías de escala».

La escala óptima de producción se fundamenta en la productividad de los factores, que depende a su vez de cuál sea la mejor tecnología disponible en ese sector y en ese momento. Nuevas tecnologías necesitarán menos cantidad de factores para producir la misma cantidad de producto final y lo que es más importante, alcanzarán antes el coste mínimo de producción y por tanto «rendimientos negativos de escala». De este modo, tecnologías más productivas reducen el tamaño medio de las organizaciones.

Sin embargo, el crecimiento constante de la productividad desde el fin de la segunda guerra mundial, aunque redujo la dimensión media de las empresas no pareció influir en el tamaño de las grandes empresas. Por el contrario, crecieron constantemente hasta hoy. En los años noventa, cuando tuvo lugar la mayor ola de fusionesadquisiciones de la Historia, los nuevos gigantes invocaron por lo general «rendimientos positivos de escala» tecnicamente difíciles de creer pues, paralelamente las mismas empresas dividían sus procesos de producción y presionaban a los reguladores para firmar acuerdos de libre comercio que les permitieran «romper las cadenas de valor» entre subcontratistas de todo el mundo. Si la concencentración empresarial era necesaria para alcanzar nuevos y mayores escalas óptimas, ¿por qué vaciar las estructuras propias y convertirse de hecho en el coordinador jefe de muchas empresitas autónomas de pequeña escala de todo el mundo?

Dos fuerzas están en el origen de esta contradicción: las «rentas» -beneficios extramercado- producidas por la posibilidad de condicionar estados y mercados, y la necesidad de los grandes capitales financieros.

Las tres principales políticas «neoliberales» impulsadas a partir de los años ochenta -financiarización y securización, apertura de mercados periféricos y endurecimiento de la legislación sobre la «propiedad intelectual»- son herramientas para dar sentido a escalas de capital mayores, la escala que el sistema financiero necesitaba para «dar lugar» a las crecientes bolsas de capitales inactivos.  Ironicamente, los capitales no se ponían en activo para escalas de negocio menores porque el propio sector financiero era la principal industria sobredimensionada… y también la principal beneficiaria de las rentas originadas por el poder político ganado con la dimensión.

Simbolicamente, la presión de la industria financiera consiguió en 1996 la abolición de la «Glass-Stegall Act», aprobada en EEUU tras el crack del año 29 para evitar la infección del sistema financiero con los cracks especulativos. Esta ley prohibía a los bancos de inversión comprar bancos comerciales. Pero las escalas demasiado grandes llaman a escalas aún mayores. Los nuevos monstruos fueron pronto «demasiado grandes para dejarles caer», permitiendo a los capitales financieros poseer la más valiosa de las rentas: asegurarse gratis su supervivencia futura a través del estado mismo.

Pero la mayor ironía llegó al final de la década, cuando uno de los más claros resultados de la caída de las escalas óptimas, el naciente sector de Internet, se convirtió en una burbuja financiera. Era inevitable. El número de proyectos rentables y las necesidades de capital del primer sector p2p no eran suficientes para la dimensión de las bolsas de capitales buscando lugar en el que entrar. Los planes de negocio se inflaron, el capital fluyó… y la primera gran crisis sectorial del siglo XXI llegó.

Ciertamente no muchos años después el sector de Internet volvió a ser atractivo de nuevo para los grandes inversores. Nuevas empresas se hicieron gigantescas: Google, Facebook, Twitter… parecían diseñadas para dar la razón a la utilidad de poseer grandes infraestructuras… construidas sobre tecnologías cuyo mayor aporte era, precisamente, hacer innecesarias grandes inversiones gracias a la comunicación entre pares. Desgraciadamente, para hacer eso debían recentralizar la red, o al menos intentarlo. Pero grandes infraestructras precisan grandes capitales y además, los grandes grupos de comunicación -ellos mismos negocios de gran escala- conocen bien como capturar rentas en estructuras centralizadas. Las nuevas empresas globales, aunque verdaderas aberraciones tecnológicas e históricas, serán saludadas esperanzadamente tanto por los grandes diarios como por los mercados financieros.

Pero, ¿nadie necesitaba cabalmente grandes capitales? De hecho, si. En Africa, América, Asia y en general en grandes partes del mundo subdesarrollado, estaban por construir grandes infraestructuras y eran necesarias inversiones masivas. Pero, como escribía el economista Juan Urrutia en 2005, nunca recibieron capitales pues la burbuja inmobiliaria junto a complejas herramientas financieras restaban atractivo a invertir en grandes cantidades fuera de los mergados financieros de gran escala.

La gran máquina de hacer burbujas finalmente, aunque también parcialmente, quebró en 2007. Grandes olas de capitales especulativos fluyeron de golpe, otras destruyeron mercados de materias primas, otras se colgaron de los estados convirtiendo la crisis especulativa en crisis soberana… La inadaptación del capital financiero a la nueva y menor escala óptima, no sólo es el origen de la crisis, está presente en todos y cada uno de los aspectos de su desarrollo.

Cuando la tecnología redujo drásticamente la escala de producción óptima, el capital, en vez de adaptarse, huyó hacia la opacidad de la financiarización y los movimientos a corto plazo. Mientras las preferencias de riesgo no sean modificadas permitiendo reintegrar el capital en la producción real (cada vez de menor escala), la causa de fondo de la crisis seguirá operando. Por desgracia estas gigantescas bolsas de capital tienen una mejor salida a corto: apoyarse sobre la captura del estado por las macrocorporaciones y la deuda… azuzando la descomposicióny la destrucción de capacidades productivas.

4. El nuevo modelo del software libre y la ética hacker

La ética hacker no es una verdadera novedad en la Historia, podemos reconocerla en los momentos originales de la ciencia, en los primeros ingenieros de la revolución industrial, en los grandes personajes de la Física, la Economía, la Medicina… pero los nuevos hackers aparecieron no mucho antes del preciso momento en el que la información, la tecnología y la creatividad se convertían en la parte mayoritaria del valor producido. El momento en el que la gran escala comienza a revelar «rendimientos negativos de escala» en la gestión del capital intelectual.

Nacido originalmente en medios cercanos a la universidad y ligados al activismo por la privacidad electrónica, el movimiento hacker evolucionó rapidamente hacia un sistema alternativo de organización para investigadores autoorganizados en diversos campos.

Hackear es utilizar el conocimiento que tenemos sobre un sistema de cualquier tipo para desarrollar funcionalidades para las que no había sido diseñado originalmente o hacerle funcionar de acuerdo con nuevos objetivos. En la prensa aparecerán nombrados como «genios informáticos» o incluso como «piratas», pero los nuevos hackers son, de hecho, mucho más. El sociólogo Pekka Himanen mostró en un famoso libro («The hacker ethics and the spririt of the information age» «La ética hacker y el espíritu de la era de la información»), Pekka Himanen, 2001, distintas ediciones en inglés, finés, español, etc.) como los hackers, para crear valor, necesitan libre acceso al conocimiento y a sus pares.

Para los hackers el conocimiento es un motivo en si mismo para la producción y en general para la vida y el trabajo en comunidad. No aprenden para producir más o mejor, producen para saber más. Como aprender es su móvil, su vida no puede ser dividida entre tiempo de trabajo y tiempo «libre». Todo el tiempo es libre y por tanto productivo, ya que el hacker defiende el pluriespecialismo como modo de vida. La libertad es el valor principal, materialización de la autonomía personal y comunitaria. El hacer no reclama a otros -gobiernos o instituciones- que hagan lo que considera debe hacerse, lo hace por si mismo directamente. Si reclama algo es que sean retiradas las trabas de cualquier tipo (monopolios, propiedad intelectual, etc.) que le impiden a él o su comunidad hacerlo.

En este marco de valores nació la primera gran victoria del software libre: construir un sistema operativo libre completo, Linux. Nunca más el movimiento hacker sería ya parte del undergruound. Un nuevo comunal electrónico aparecía ante los ojos de millones de personas. Pronto, profunda pero rapidamente, esto cambiaría para siempre a la industria estrella de la década anterior. Pasaría de unas pocas empresas de gran escala a un sistema de gran alcance con muchos pequeños grupos, proyectos y empresas que reposaban sobre un único, pero multiforme, diverso y dinámico procomún.

No mucho después el ciclo y la estructura de producción del software libre, aparecería en otro campos. No por casualidad, la producción de objetos culturales inmateriales -música, literatura y creación audiovisual- había aprovechado la tecnología p2p antes que otros. Pero por lo mismo había sufrido también el ataque de las nuevas legislaciones sobre propiedad intelectual azuzadas por la industria cultural de gran escala.

Y tras no muchos años, cuando la crisis del sistema de gran escala ya se hacía demasiado pesada, el mismo ciclo, la misma estructura para la producción p2p, dió sus primeros pasos en la fabricación de objetos físicos. Hoy podemos construir coches más eficientes, baratos y bellos, libres de propiedad intelectual, en cualquier pequeño taller gracias a proyectos como Wikispeed.

En los últimos tres años se multiplicaron los proyectos de fabricación industrial basados en la posibilidad de alta productividad a pequeña escala basados en el comunal de conocimientos técnicos. Sólo el proyecto «Open Source Ecology» trabaja ya en el diseño de cuarenta máquinas industriales básicas: desde un generador eólico a un tractor pasando por una máquina de hacer ladrillos.

Pero, ¿qué es el modo de producción p2p? ¿qué es el ciclo de producción p2p?

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El centro del ciclo es el comunal de conocimiento: inmaterial, gratuito y de libre uso por todos. Es la forma característica del capital en la producción entre pares. De este punto de partida nacen nuevos proyectos. Como no hay autoridad central, pueden ser evoluciones de anteriores proyectos del comunal -incluso personalizaciones para necesidades concretas- o pretender distintos, verdaderamente nuevos, objetivos. De esta manera se produce nuevo conocimiento en el proceso de su materialización y desarrollo.

Cada nuevo saber se incorpora directamente al comunal, centro de la acumulación p2p, pero también salen al mercado donde posiblemente aparezca incorporado a servicios de personalización, producción y mantenimiento vendidos por empresas de pequeña escala.

Es importante señalar de qué modo mercado y capital se definen en el modo de producción p2p de modo fundamentalmente distinto al sistema actual. La clave para compernderlo es el concepto de «renta». Renta es todo beneficio extraordinario, generado fuera del mercado, a causa del lugar ocupado por la empresa. Monopolios «naturales» -normalmente generados por la «sobre-escala»-, monopolios legales (como la propiedad intelectual) y favores estatales son los orígenes más comunes de rentas empresariales. Y también, como vimos antes, el principal motivo para el sobre-escalado de las organizaciones y el argumento más común sobre la «necesidad» de gigantescos capitales para las nuevas industrias.

Todas estas rentas desaparecen en el sistema de producción p2p. Sólo una renta permanece: la producida temporalmente por la innovación. Quien crea nuevas tecnologías o productos tiene un breve tiempo para aprovecharse de su soledad en el mercado antes de que el paso de los nuevos conocimientos al procomún permitan a otros ofrecerlo, «disipando» las rentas de innovación para sus creadores…  comenzando de nuevo el ciclo.

Como en el límite el mercado solo paga el valor del trabajo contenido en los servicios, las empresas necesitan innovar constantemente para ganar las cortas rentas temporales de las sucesivas innovaciones. Por eso el modo de producción p2p es una verdadera máquina de producir abundancia, que acumula bajo la forma de un siempre creciente y universalmente utilizable comunal de conocimiento. Todo ello sin necesitar un control central, una jerarquía ni organizaciones de gran escala.

5. La nueva revolución industrial

Si representamos las distintas escalas posibles sobre un eje, en el origen pondríamos el todavía utópico- horizonte de la producción individual. Un mundo en el que cualquier persona puede, por si misma, producir cualquier cosa. En el punto contrario encontraremos a la difunta URSS: donde una única empresa -el estado- planifica y produce para todo el mercado. La escala óptima actual está en un punto intermedio, dependiendo de la productividad y de la tecnología.

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Así, la creciente incompetencia de la economía soviética desde los años cincuenta a los noventa, sería, al menos en parte, consecuencia de la ampliación de la distancia entre la escala estatal y la óptima, que estaba cada año más a la izquierda en nuestro eje.

La crisis de hoy, que fuera primero occidental y luego global, muestra claramente la no adaptación del capital financiero a las menores escalas óptimas de producción creadas por la evolución tecnológicas. La economía occidental está sobre un punto a la izquierda de la escala media de las grandes empresas de Europa y Norteamérica.

No es la primera vez. En los años setenta Europa sufrió una inadaptación similar y las grandes industrias europeas se rediseñaron. Pero ahora, se está en un punto crítico. Un momento en el que cambios cuantitativos en la productividad producen cambios cualitativos en la organización industrial, que por otro lado requieren transformar a las estructuras financieras, comerciales e institucionales.

En este punto, gran parte de las viejas posibilidades no funcionaran y las nuevas llevarán a la economía y a la estructura de poder a un lugar muy diferente.

La tradicional economía de grandes escalas no puede ni superar, ni siquiera resistir, la crisis actual. La gran escala no permite innovar, gestionar el conocimiento creado en su interior ni contribuir con valor social. Su propia naturaleza se lo impide. La parálisis de los grandes monstruos empresariales les impide innovar cuando sería más necesario. Y ya quedó atrás el momento en el que la estandarización de servicios les tornó incapaces de satisfacer a sus clientes. Las macroempresas occidentales no están lejos de la erosión de la calidad que vimos en las empresas soviéticas durante los años setenta.

Por el contrario, nunca como hoy el conocimiento fue tan importante, de hecho más importante que el capital monetario, y nunca la producción personal estuvo tan cerca. Las impresoras 3D progresaron increiblemente sin recibir ni una millonésima parte de las ayudas estatales que recibieron las grandes empresas, las «incubadoras de emprendedores» y las asociaciones de organizaciones de gran escala para crecer, internacionalizarse y sobrevivir.

La ampliación del comunal al mundo de la maquinaria industrial de bajo coste y el diseño de casas o automóviles para su producción local esboza nuevos límites de posibilidad pero también muestra ya un sistema alternativo funcionando sin rentistas, sin la vieja y nociva lógica de las escalas. Como asegura la nada sospechosa revista «The Economist», vivimos, en paralelo a la crisis, una verdadera «nueva revolución industrial». Estas tecnologías, incluso un poco inmaduras, pueden ser una base válida para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera en el tejido productivo local, en los de la microempresa industrial y en el de la PYME, del taller de barrio a la fábrica de componentes.

Y es que según todo lo que hemos estudiado en las páginas anteriores, la fórmula de la nueva revolución industrial estaría clara:

Procomún de conocimiento + redes distribuidas + alta productividad a pequeña escala = macroespacios virtuales de abundancia + micromercados de producción y servicios = reindustrialización local

6. El sistema de aprendizaje P2P y la producción de conocimientos teóricos

Mientras tanto, en paralelo al crecimiento del comunal, otra evolución importante en el modo de producción P2P es la aparición de un verdadero «sistema de aprendizaje P2P» y un «sistema P2P de investigación teórica».

Cuando, alrededor de 2008, las más reconocidas universidades americanas comenzaron a publicar gratuitamente sus cursos en vídeo en Internet, los otros centros americanos y el modelo universitario europeo se vieron cuestionados. Si el aprendizaje con los medios más modernos en los más famosos centros se volvía gratuito, ¿qué estaban comprando sus estudiantes? ¿Solo la certificación que pronto podrían comprar en el MIT o en otras grandes universidades?

Los hackers, tradicionalmente autodidactas, mantenían otra reflexión: estaba naciendo un nuevo conjunto libreherramientas de aprendizaje y ya se podía aspirar a un sistema de aprendizaje P2P. Pronto los proyectos se multiplican.

Desde la perspectiva de la ética hacker, la universidad, fundamentalmente la europea continental, es parte de un sistema de enseñanza. Para todo sistema de enseñanza el resultado más importante es la certificación de los estudiantes para el estado y la señalización de sus conocimientos para las empresas de gran escala. El sistema de enseñanza es parte del sistema de rentas. Los hackers no quieren que se les enseñe, quieren aprender. Señalización y certificación es inutil para ellos. Como la ética hacker es una ética de la acción, ĺa única señalización útil del conocimiento en el modo de producción P2P  son los aportes que se hacen al comunal.

Sin embargo, la universidad mantiene otra función tradicionalmente ligada a los propios hackers: es el lugar para la producción de teoría y conocimiento científico básico. Pero la atmósfera de la investigación en la universidad ya no es hacker. De hecho es casi feudal y cada vez más cerrada y dependiente de la orientación dada por las instituciones y las grandes empresas que controlan las rentas. Por consiguiente, el modo de producción P2P necesita su propia estructura para ello.

Instituciones como la «Fundación P2P» (Más conocida por su nombre en inglés, «P2P Foundation».) que apareció alrededor de la primera década del siglo, crecieron y ganaron peso en el nuevo contexto, volviéndose verdaderas «escuelas de estudio del comunal». La discusión sobre la necesidad de una institución que sirva de lugar de encuentro en el debate entre las distintas escuelas y proyectos, finalmente clarifica el mapa de todo el sistema de aprendizaje e investigación P2P.

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El modo de producción P2P supera la división entre la acción y el conocimiento. Las comunidades de desarrollo de los diversos proyectos (OSE, WikiSpeed, Mozilla, etc.) generan productos pero también la investigación e innovación ligadas a ellos. El desarrollo del conocimiento aplicado ya tiene su lugar ahí. Pero el lugar de la investigación teórica está en las «escuelas del comunal», que animan la investigación libre sobre teoría social y ciéncia básica. No ofrecen enseñanza ni títulos, pero producen materiales pedagógicos mediante grupos de trabajo especializados. Grupos de aprendizaje local usan esos materiales junto con los materiales generados por las comunidades de desarrollo para convertirse en los activadores de la cultura P2P local. En este momento, mientras escribimos este capítulo, se están creando decenas de grupos de aprendizaje local bajo distintos nombres y estructuras legales: asociaciones, cooperativas, talleres locales…

7. El reflejo político: comunales, confederalismo asimétrico y principio de subsidiaridad

La progresiva reducción de la escala óptima de producción es el origen de la crisis, pero también de la posibilidad de que el modo de producción P2P sea una realidad. Pero si la escala se reduce en la producción, ¿no sería lógico pensar que la administración pública también se ha de reducir? Los grandes estados descentralizados tienen muchos de los problemas de las grandes empresas y además son el gran objetivo de los captores de rentas. Como el pensamiento libertario y anarquista defiende de Proudhon a Hayek, administraciones de pequeña escala con lazos confederales entre si serían una defensa contra la captura de rentas del poder público.

Por otro lado se generan inevitables tensiones entre la naturaleza universal del comunal y la naturaleza local de una parte creciente de la producción y su distribución física. La tentación autárquica, incluso insularista, aparece rapidamente, dejando de lado uno de los elementos más esperanzadores de la emergencia de las redes distribuidas: la erosión de las viejas identidades del estado nacional y la aparición de nuevas identidades transnacionales y anacionales. Pero realmente, la evolución de la transición hacia el modo de producción P2P, ha ido mano a mano con la emergencia de nuevas comunidades transnacionales, muchas de ellas, de China a Senegal, han exprimentado diversas formas de autonomía económica 4 . Su papel en el futuro no es pequeño. La sociedad P2P conocerá el comercio y la movilidad de larga distancia. No podría no conocerlos sin poner en peligro su capacidad para crear bienestar y cohesión social.

Ciertamente escalas más pequeñas significan más producción local, pero los transportes mercantes intercontinentales de bajo coste -posiblemente basados en energías renovables- continuarán. La revalorización de la producción local, liberada del sometimiento a las escalas gigantescas, no significa en absoluto un nuevo autarquismo localista.

No es lógico pensar el fenómeno transnacional limitado a los procesos deliberativos que generan el comunal de conocimiento. Si el nacimiento de identidades transnacionales continúa y confluye con el desarrollo general del modo de producción P2P, lo transnacional empoderará lo local a través de comunidades identitarias que bien podrían dar lugar a un «continuo de libertades y bienestar» por encima de las herencias de los diferentes niveles de desarrollo y los estados nacionales en descomposición. Las filés seguramente sean vectores de comunicación, comercio y transnacionalización de la ciudadanía. El modo de producción P2P no rechaza la globalización, la redefine desde lo local y lo comuninario.

Distintas propuestas traducen este horizonte, pero posiblemente la más clara sea la redefinición de confederalismo de Juan Urrutia, quien trabaja el concepto de «confederalismo asimétrico» (Véase «Nuevos territorios», Juan Urrutia, 2012, Basques 2.0 Fundazioa). Confederalismo en el sentido cantonalista clásico: gobiernos democráticos autónomos locales que voluntariamente comparten partes de su presupuesto con otras administraciones del mismo nivel a través de organizaciones supraterritoriales. Asimetria pues no solo contrata con gobiernos territoriales sino también con organizaciones transterritoriales.

Por otro lado, la definición del cuerpo electoral -quién tiene derecho a voto- aparece cada vez en más lugares en el centro del debate político. Por ejemplo, las elecciones locales en muchas ciudades de Europa se deciden por el «voto emigrante», que es, muchas veces, el de los nietos de los que emigraron… y apenas conservan relaciones «culturales» con el origen de sus abuelos.

El fenómeno es interesante. Por un lado los estados en descomposición tienden a priorizar el principio de nacionalidad sobre el de ciudadanía, liberándose de la idea contractual que sostiene al segundo en favor de la afirmación identitaria que define a la primera. Pero por otro lado, la definición misma de la comunidad nacional imaginada, basada en los orígenes, pone en cuestión la posibilidad misma del caracter nacional del estado por la creciente transnacionalización de los grupos lingüísticos y culturales: por muy nacional que se quiera el aparato administrativo, ni son todos los que están ni están todos los que son. De hecho podemos también recordar el debate isralí entre los defensores de un estado étnico como el actual -que da ciudadanía a cualquier judío étnico del mundo- y los defensores de una reforma hacia el estado nacional.

La salida nacionalista autoritaria pasa por la homogeneización y la xenofobia hacia dentro y el expansionismo del censo hacia fuera. Es decir, a una parte de los vecinos no se les quiere dejar votar y sin embargo se le otorga el derecho al voto a personas que nunca vivieron en el lugar. El resultado inevitable es que son muchos los que en Galicia, Asturias o Israel no entienden por qué el alcalde de su pueblo acaba siendo decidido por un grupo de personas a las que sólo vieron un par de veces durante unas vacaciones, por cierto generalmente pagadas con dineros en teoría dedicados a la cooperación al desarrollo.

La idea del confederalismo asimétrico se presenta aquí como algo sensato y aplicable a corto plazo sin mayores dramas. La idea es que si existe un procomún cultural a ser mantenido debería desarrollar sus propias estructuras transnacionales. Estas serían algo diferentes del W3C o la Mozilla Foundation: sus miembros tendrían una cierta autonomía cultural reconocida globalmente para definir sus propias políticas culturales y lingüísticas entre sus miembros, entre los que podrían desarrollar también políticas de cohesión y solidaridad económicas propias. Pero la administración de lo que es local se decidiría por un censo basado exclusivamente en la vecindad, atendiendo tan sólo al principio de ciudadanía.

Actualmente algunos estados como el austriaco o el español, incluyen en sus formularios de impuestos campos que permiten al contribuyente decidir si entrega un porcentaje de lo que paga a la confesión religiosa a la que se adscribre o a «otros fines de interes social» definidos por el estado mismo. Podemos imaginar una manera semejante de incluir la dimensión transnacional y comunal en un sistema confederal con soberanía fiscal como el suizo: votan en cada lugar los vecinos pero cuando van a pagar sus impuestos, pueden elegir que una parte se destine a una organización transnacional que le represente en la identidad a la que se adscriban, sea cultural basada en un procomún identificado con un «orígen» (gibraltareña, brasileña, vasca o judía por ejemplo) o una comunidad transnacional sintética (indiana, muridí, focolara, esperantista, etc.) u otras comunidades productivas del comunal (Linux, cuidado de los océanos, etc.), todas ellas organizadas sobre distintas fundaciones u organizaciones internacionales.

Es de destacar que todo esto sólo es realmente aplicable si existe una soberanía fiscal cantonal que, por cierto y no por casualidad, es la base de la democracia directa. Y todavía, es necesaria una aclaración más: la coherencia de todo el sistema lleva a redefinir el principio de subsidiearidad para incluir también la relación entre la propiedad pública y la comunal. De hecho, todo confederalismo asimétrico necesariamente defiende la supremacía de la administración en comunal: los gobiernos no deberían administrar nada que pudiera ser gestionado como procomún.


8. Conclusiones

Desde la segunda guerra mundial la productividad se multiplicó, lo que redujo drásticamente la escala óptima de producción, dejando fuera de juego en primer lugar al capitalismo de estado de los países orientales, pero también poniendo bajo amenaza a las grandes empresas de EEUU y Europa.

Durante ese tiempo también se transformó la estructura de comunicación: estamos en la transición de un mundo descentralizado, el mundo del telégrafo y las naciones, al modelo de comunicación distribuida, el mundo de la comunicación P2P.

La unión de ambos cambios con la apertura de las barreras comerciales de los noventa dio como resultado un crecimiento constante del comercio basado principalmente sobre la emergencia de nuevos agentes de la periferia con menor escala y menos intensivos en capital. La consecuencia directa fue la mayor reducción de la pobreza de la Historia humana, pero también un remarcable aumento de la desigualdad y de la inestabilidad económica.

El causante principal de esta contratendencia fue el capital financiero, que no se adaptó a la reducción de escala sino que por el contrario aún las aumentó, ayudándose de la «financiarización» y la «securización», apartándose del sistema productivo e instigando regularmente burbujas especulativas. Su estrategia de escala incluyó el endurecimiento de la legislación sobre propiedad intelectual, redefinir innecesariamente Internet mediante estructuras recentralizadoras (Google, Facebook, etc.) y fundamentalmente redoblar las presiones para capturar a los estados.

Esta estrategia sólo puede conducir a la destrucción simultánea del mercado y el estado, el fenómeno que llamamos «descomposición» y que se desarrolla en paralelo a la destrucción de capacidades productivas que traen consigo la crisis y la guerra, a las que la anteceden y acompañan.

Pero en paralelo, con el nacimiento y desarrollo del software libre, aparecía una nueva manera de producir y distribuir cuyo centro no era la acumulación de capital sino la acumulación de un nuevo comunal, el «procomún», es decir, de abundancia, en el que el mercado elimina las rentas -de propiedad intelectual, de posición, etc.- para basarse en el pago del trabajo y premiar la innovación y la adaptación que enriquecen a su vez el comunal.

Es esto lo que llamamos el modo de producción p2p y funciona tanto para producir software como objetos físicos y todo tipo de servicios. Acumula abundancia bajo la forma de comunal de conocimiento y disipa las rentas sin precisar control central, jerarquía u organizaciones de gran escala.

Estas tecnologías, incluso si todavía son un poco inmaduras, pueden ser una base válida para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera en el tejido productivo local, tanto en el de las microempresas industriales como entre las PYMEs, del taller de barrio a la fábrica de componentes.

Mientras tanto, en paralelo al crecimiento del comunal, otra importante evolución en el modo de producción p2p es la aparición de un verdadero «sistema de aprendizaje p2p» y un «sistema de investigación teórica» propio. Si el conocimiento aplicado ya tiene su lugar en las comunidades de desarrollo de los diversos proyectos (OSE, WikiSpeed, Mozilla, etc.), la teoría social del modo de producción p2p encuentra sus propias instituciones en fundaciones y escuelas del comunal. Y están creándose decenas de grupos de aprendizaje local bajo distintas denominaciones y estructuras legales.

Finalmente, están apareciendo las primeras propuestas políticas que muestran el reflejo en la estructura de la administración. El centro de estas propuestas es el concepto de «confederalismo asimétrico», que a su vez, necesariamente postula la supremacía del comunal. Para los nuevos confederalistas, los gobiernos no deben gestionar nada que pueda ser administrado como procomún.

Concluyendo, todos estos fenómenos diversos que emergen ante nuestros ojos, desde la crisis financiera hasta los automóviles de producción local, pasando por las impresoras 3D, el movimiento hacker o el software libre, son parte real de una crisis mayor, la crisis del capitalismo como lo hemos conocido: basado en grandes escalas, descentralizado, jerárquico y rentista.

Por contra, investigamos las características fundamentales del nuevo modo de producción, basado sobre pequeñas esclas productivas, relaciones entre iguales, nueva ética hacker del trabajo y, sobre todo, procomunes de conocimiento. Parece una buena base para la necesaria transición hacia un nuevo sistema social y económico. Y, lo que es más importante, está ya aquí, funciona, no es un relato moral, una receta mágica o un activismo bienintencionado.

El modo de producción P2P no es el plan de futuro de ningún ideólogo. No es cosa de partidarios ni el sueño de un grupo de correligionarios. Es una alternativa real,  aunque joven, para la organización y la reconstrucción del tejido productivo sobre nuevas bases. No necesita de jefaturas ni gobiernos para desarrollarse, sino del trabajo de todos aquellos que quieran ganar resiliencia para sus comunidades desde la competencia sin rentas y el trabajo colaborativo.

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Dos libros, two books, две книги

Ya que entramos en el solsticio de invierno, que menos que hablar de dos libros, dos. Es muy pobre hacerlo de uno solo.

portada_web_rusos_1Como introducción decir que siempre es interesante, a mi me lo parece, ir a una librería o biblioteca y visitar las secciones que no frecuentamos mucho. Teniendo a dos pasos la biblioteca de Granada, planta alta y la de Andalucía, planta baja. Más de una vez paso la tarde visitando estanterías. Hace algunos años que dejé de visitar las de escritores españoles, franceses e ingleses. Ahora ando por los eslavos y helenos (están en el mismo área geográfico de la biblioteca). En el de los rusos ya he descubierto unos cuantos autores (de los que he mencionado algunos y otros me los reservo) de ahora y de los últimos años de la URSS,. Lecturas interesantes y, como dice Enrique López Viejo, en su magnífico libro “Tres rusos muy rusos“, todos ellos son “rusos muy rusos”.

Pero no me voy a referir a este entretenido libro. Empezaré por mi admirado Piotr Kropotkin. Persona bastante multidisciplinar (se dice ahora), polifacética (de hace algunos años) o renacentista (es la que me gusta), filósofo, geógrafo, teórico del anarcocomunismo, redactor de la Enciclopedia Británica, fugado de la fortaleza Pedro y Pablo, expresidiario, buena persona… y príncipe. Lo he leído mucho, sus libros “principales” forman parte de mi biblioteca de cabecera (durante algún tiempo creí que tenía todos sus libros, ingenuo), con el tiempo fue descubriendo que es imposible tener sus completas, y para mi sorpresa, el otro día descubrí una faceta que me era totalmente desconocida, la crítica literaria (por llamarla de alguna manera).

literaturaPiotr Kropotkin.
Editorial: La Linterna Sorda Ediciones. Colección Guardianes de Sueño.
384 páginas. Madrid, 2017

La edición en cuestión es del año 2014, reeditado en 2017 y es una preciosa edición de la editorial “la linterna sorda“, edición a la antigua usanza, es decir, el libro se puede abrir perfectamente y leer con comodidad, los grabados tienen un sabor a viejo, magníficos. La traducción es buena, hay algunos errores, pero creo que son más bien erratas de edición.

Comienza con una presentación, donde nos cuentan algo sobre Kropotkin, una carta inédita del mismo en la que habla de literatura. Siguen dos artículos introductorios sobre la literatura rusa, dos prefacios y por fin entramos en materia. Desde el primer capítulo introductorio, el autor intentan que comprendamos la historia de dicha literatura,  que, por cuestiones represivas, es más tardía que la del resto de Europa. Nos habla del folclore que da origen a la literatura. La lucha entre la literatura rusa cien por cien y la literatura con fuertes influencias extranjeras. Y para poder entender todo el proceso de creación, nos presenta a los diferentes movimientos que hicieron posible la aparición de la misma: los masones y los decembristas.

Por sus páginas desfilan –a través de un magnífico estudio en que se alían la historia, la biografía y la crítica literaria– la vida y las obras de las grandes figuras de las letras rusas: Pushkin y Gógol, creadores de la literatura moderna, Lérmontov, Turguénev, Tolstói, Dostoievski, Goncharov, Nekrásov, Bakunin, Korolenko, Herzen, la triste ironía de Chéjov, la airada rebelión de Gorki, la importancia de las primeras novelistas del pueblo: Khvoshchinskaia y Marko Vovchók, el satírico Shchedrin, los grandes críticos: Chernishevski, Belinski, Dobroliúbóv y Pisarev… la vida de cada uno de los escritores aquí relatada, encierra, por sí sola, una emocionante experiencia vital y humana.

A lo largo de la lectura vamos a ir comprendiendo la razón que hace que no tengan mucha literatura humorística, irónica, graciosa… Se suele hablar del “alma rusa”, él más bien lo adjudica al sistema polìtico feudal y muy represivo. Es una lectura que aconsejo vivamente, por supuesto a los kropotkianos no hace falta dicha recomendación, pero a los que no tengan nada que ver con el mundo libertario, también se lo aconsejo, es más, doblemente. Pues es una excelente historia de dicha literatura y permite un alto nivel de comprensión de porque es, o ha sido.

El libro nació como fruto de la compilación de una serie de conferencias sobre la Edad de Oro (siglo XIX) de la literatura rusa, pronunciadas por Kropotkin en el Instituto Lowell de Boston, en 1901

Cambio de tercio (detesto la tauromaquia pero me encanta su terminología para el lenguaje cotidiano) y de estilo. Nos vamos a Londres y a conocer algo sobre Geoff Emerick, que fuera ingeniero de sonido de EMI en Abbey Road y, por extensión, ingeniero de sonido en varios discos de los Beatles, entre ellos Revolver y Sgt Peppers y Abbey Road.

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Geoff Emerick & Howard Massey

Editorial: Indicios

412 páginas Barcelona 2011.

La traducción del título es un poco despropósito, seguramente buscando ventas y se transforma el británico: Here, There and Everywhere en un “El sonido de los Beatles“, con la escusa de que su autor fue ingeniero de sonido de dicho grupo entre 1966 y 1969 (incorrecto, no lo fue, era ingeniero de la EMI y está se los asignó). Motivo por el que vivió el giro copernicano que fue Revolver, la consagración del Pepper, y como corolario el desastre del Long and Winding Road junto a las disputas del Album Blanco y la rúbrica del Abbey Road, siendo un observador de todo lo que se estaba pergeñando a las larguísimas sesiones de grabación.

Pero el libro no es un anecdotario, sólo, de los Beatles en el estudio. Es una historia de las técnicas de grabación.  La mirada de Emerick es nostálgica, como si quisiera reflejar un tiempo perdido que nunca volverá. Cuando el autor ingresó en EMI todos sus empleados debían vestir acorde con los requisitos de la cadena laboral. Camisa blanca y pantalón negro para perpetuar un orden de falso comunismo en la pirámide capitalista de la música. Los discos se vendían con otra intencionalidad. Los artistas eran estrellas con limitaciones horarias y profesionales. Los Beatles en 1962 eran unos pipiolos que sólo ostentaban frescura a raudales, sin más. El trato que recibían era el propio de quien es contratado para desarrollar su empeño estipulado en la cadena de producción musical. Tocar, grabar y a casa. Gracias.

Las cosas cambiaron por la dinámica de los acontecimientos. Los Fab Four se transformaron en una máquina de ingresar dinero que merecía privilegios absolutos. Lo aprovecharon para imponer su criterio artístico aliados con George Martin, quien supo ver el talento de los chicos y llevarlo hasta el paroxismo con los métodos de otrora, una verdadera proeza en la que colaboró Geoff Emerick. Lennon pide que su voz suene como mil monjes tibetanos en la cima de una montaña. Primero te quedas en blanco. Luego activas el cerebro y ofreces una solución. Así fue el debut del ingeniero en Tomorrow Never Knows, al que seguirían varios frenesíes heroicos que además le sirvieron para comprender la personalidad de esos extraños individuos que dominaban el mundo con guitarras, bajos y baterías, pregonando paz y amor mientras en su fuero interno luchaban por asimilar la vorágine, mediática y creativa. Sin ese combate no se entendería el porqué desde Revolver al Album Blanco se va del éxtasis del primero a los reproches, peleas y Yoko Ono, culpable de la ruptura hasta cierto punto, que es el Blanco.

Los Beatles eran una familia forjada en la adolescencia, donde los sueños compartidos son un acicate que el progresar de la existencia reforzó y diluyó. Harrison se interesó por la cultura india. La fama les llevó a encerrarse cada uno en su propio yo. Doscientas canciones no pasan en balde. Nadie, absolutamente nadie había generado tanto dinero en tan breve período cronológico, lo que significa transcurrir muchos días con las mismas caras al lado, sin tener otra opción por confianza en la alquimia y la inercia de saberse en el paraíso. Hasta decir basta, lo que Emerick anticipó en el doble blanco al no soportar la tensión existente en el estudio y abandonar la sesiones de grabación para preservar su salud mental y tomarse un respiro ante tanta tensión.

A mediados de 1969 fue nuevamente solicitado para aportar su granito de arena a lo que sería el último disco del conjunto, Abbey Road, título nacido del hastío pero que simbolizaba el fin de una época y la importancia de esas cuatro paredes. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo eran las relaciones entre los dos líderes de la banda? ¿Cuál era la actitud de Harrison en los meses del adiós? El cuadro deparaba síntomas de descomposición que quedaron, en parte, relegados por la entrega de Paul, George y Ringo en completar una obra que se equiparara al resto de sus perlas. Lennon remaba en otra dirección más egocéntrica, preocupándose sólo por sus canciones mientras desquiciaba a los demás con una cama para Yoko y caprichos de divo enloquecido, salvo cuando se hacía su voluntad o las sesiones devenían un juego infantil, como acaeció con The End y su serie de solos de guitarra.

En algún que otro instante parece que el núcleo de la narración sea Paul McCartney. A lo largo de la lectura, podemos apreciar como Emerick se va decantando por Paul. Es un hombre de Paul, y a la hora de hablar de los cuatro tiene un trato de favor  fruto de lo intenso de su relación. El bajista es visto desde los primeros compases con un sutil bastón de mando al ostentar mayores dotes musicales. Lennon era la exuberancia y el descaro, pero quien manejaba los intangibles era el compositor de Eleanor Rigby, siempre atento al detalle melódico, siempre presente en su tesón por mantener al grupo unido y propulsarlo a latitudes desconocidas desde un afán perfeccionista inaudito y que la posteridad valorará en su justa medida, multiplicándose en varios ámbitos, dejándose los dedos con su instrumento y gestionando al monstruo de cuatro cabezas para que no se hundiera. Lo único que podía destruir al acorazado Beatle era su propia grandeza. Así terminó una aventura a la que siguieron carreras en solitario. El ingeniero pasó a ser productor, y gracias a ese progreso decisivo podemos deleitarnos con su relato nigeriano de la grabación de Band on The Run en Lagos, cuando Paul sufrió lo que no está escrito entre desastres sin precedentes, robos de letras y un colapso respiratorio que hizo temer por su aún joven singladura. El pánico cedió a un renacimiento y el disco fue uno de los más celebrados de los setenta, cuando la alegría del decenio anterior era un miraje y la música popular viraba hacia espectros con otras tonalidades.

emrick

12 de octubre, 12

Una año más llegó el 12 de octubre y yo publicando las tonterías que se le ocurren a un tal Tim no se cuento sobre el control y la libertad de internet. Un día tan preclaro, tan magnífico, en el cual sucedió aquel Gran Suceso que no había sucedido antes, ni volverá a suceder después: un tal Colón chocó con todo un continente.

Hace rato que no dedico el blog a ningún libro. Así que me he dicho, hoy 15 de octubre lo vamos a dedicar al 12 de octubre ¿por qué no? Y la mejor manera, creo, es hacer que Eduardo Galeano, el Gran Eduardo Galeano, nos hable un poco del asunto, esto es, reproducción de un capítulo de su libro “Las Venas Abiertas de América Latina“, libro que considero fundamental para saber algo de ese continente. Aunque parece que Galeano, años después, no le pareció tan lindo como me lo sigue pareciendo. En eso no coincido con él. Lo leí por primera vez hace muchos años, préstamo de una amiga borinqueña, lo discutimos, los hablamos y luego cuando Eduardo vino a España, cuando pudimos lo escuchamos. A posteriori lo he revuelto a leer. Pero él, como autor, tiene derecho a ver sus libros de forma distinta al cabo de los años, por supuesto que me parece distinto, pero me sigue pareciendo un gran, gran libro. Ahora dejaré que hable Galeano y el vínculo del libro (para bajarlo) se dirige a La Historia del Día, en la que estaba seguro que se encontraría, como así ha sido. Pero al ir a buscarlo he descubierto un artículo escrito por Eduardo y dedicado a Julio Cortazar, artículo que no conocía, pero espero conocer ahora mismo.

venasNos cuenta Eduardo:

RETORNABAN LOS DIOSES CON LAS ARMAS SECRETAS

A su paso por Tenerife, durante su primer viaje, había presenciado Colón una formidable erupción volcánica. Fue como un presagio de todo lo que vendría después en las inmensas tierras nuevas que iban a interrumpir la ruta occidental hacia el Asia. América estaba allí, adivinada desde sus costas infinitas; la conquista se extendió, en oleadas, como una marea furiosa. Los adelantados sucedían a los almirantes y las tripulaciones se convertían en huestes invasoras. Las bulas del Papa habían hecho apostólica concesión del África a la corona de Portugal, y a la corona de Castilla habían otorgado las tierras «desconocidas como las hasta aquí descubiertas por vuestros enviados y las que se han de descubrir en lo futuro…»: América había sido donada a la reina Isabel. En 1508, una nueva bula concedió a la corona española, a perpetuidad, todos los diezmos recaudados en América: el codiciado patronato universal sobre la Iglesia del Nuevo Mundo incluía el derecho de presentación real de todos los beneficios eclesiásticos (Guillermo Vázquez Franco, La conquista justificada, Montevideo, 1968, y J. H. Elliott, op. cit.).

El Tratado de Tordesillas, suscrito en 1494, permitió a Portugal ocupar territorios americanos más allá de la línea divisoria trazada por el Papa, y en 1530 Martim Alfonso de Sousa fundó las primeras poblaciones portuguesas en Brasil, expulsando a los franceses. Ya para entonces los españoles, atravesando selvas infernales y desiertos infinitos, habían avanzado mucho en el proceso de la exploración y la conquista. En 1513, el Pacífico resplandecía ante los ojos de Vasco Núñez de Balboa; en el otoño de 1522, retornaban a España los sobrevivientes de la expedición de Hernando de Magallanes que habían unido por vez primera ambos océanos y habían verificado que el mundo era redondo al darle la vuelta completa; tres años antes hablan partido de la isla de Cuba, en dirección a México, las diez naves de Hernán Cortés, y en 1523 Pedro de Alvarado se lanzó a la conquista de Centroamérica; Francisco Pizarro entró triunfante en el Cuzco, en 1533, apoderándose del corazón del imperio de los incas; en 1540, Pedro de Valdivia atravesaba el desierto de Atacama y fundaba Santiago de Chile. Los conquistadores penetraban el Chaco y revelaban el Nuevo Mundo desde el Perú hasta las bocas del río más caudaloso del planeta.

Había de todo entre los indígenas de América: astrónomos y caníbales, ingenieros y salvajes de la Edad de Piedra. Pero ninguna de las culturas nativas conocía el hierro ni el arado, ni el vidrio ni la pólvora, ni empleaba la rueda. La civilización que se abatió sobre estas tierras desde el otro lado del mar vivía la explosión creadora del Renacimiento: América aparecía como una invención más, incorporada junto con la pólvora, la imprenta, el papel y la brújula al bullente nacimiento de la Edad Moderna. El desnivel de desarrollo de ambos mundos explica en gran medida la relativa facilidad con que sucumbieron las civilizaciones nativas. Hernán Cortés desembarcó en Veracruz acompañado por no más de cien marineros y 508 soldados; traía 16 caballos, 32 ballestas, diez cañones de bronce y algunos arcabuces, mosquetes y pistolones. Y sin embargo, la capital de los aztecas, Tenochtitlán, era por entonces cinco veces mayor que Madrid y duplicaba la población de Sevilla, la mayor de las ciudades españolas. Francisco Pizarro entró en Cajamarca con 180 soldados y 37 caballos.

Los indígenas fueron, al principio, derrotados por el asombro. El emperador Moctezuma recibió, en su palacio, las primeras noticias: un cerro grande andaba moviéndose por el mar. Otros mensajeros llegaron después: «…mucho espanto le causó el oír cómo estalla el cañón, cómo retumba su estrépito, y cómo se desmaya uno; se le aturden a uno los oídos. Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego…». Los extranjeros traían «venados» que los soportaban «tan alto como los techos». Por todas partes venían envueltos sus cuerpos, «solamente aparecen sus caras. Son blancas, son como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es …» (Según los informantes indígenas de fray Bernardino de Sahagún, en el Códice Florentino. Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos, México, 1967.). Moctezuma creyó que era el dios Quetzalcóatl quien volvía. Ocho presagios habían anunciado, poco antes, su retorno. Los cazadores le habían traído un ave que tenía en la cabeza una diadema redonda con la forma de un espejo, donde se reflejaba el cielo con el sol hacia el poniente. En ese espejo Moctezuma vio marchar sobre México los escuadrones de los guerreros. El dios Quetzalcóatl había venido por el este y por el este se había ido: era blanco y barbudo. También blanco y barbudo era Huiracocha, el dios bisexual de los incas. Y el oriente era la cuna de los antepasados heroicos de los mayas (Estas asombrosas coincidencias han estimulado la hipótesis de que los dioses de las religiones indígenas habían sido en realidad europeos llegados a estas tierras mucho antes que Colón. Rafael Pineda Yáñez, La isla y Colón, Buenos Aires, 1955.).

Los dioses vengativos que ahora regresaban para saldar cuentas con sus pueblos traían armaduras y cotas de malla, lustrosos caparazones que devolvían los dardos y las piedras; sus armas despedían rayos mortíferos y oscurecían la atmósfera con humos irrespirables. Los conquistadores practicaban también, con habilidad política, la técnica de la traición y la intriga. Supieron explotar, por ejemplo, el rencor de los pueblos sometidos al dominio imperial de los aztecas y las divisiones que desgarraban el poder de los incas. Los tlaxcaltecas fueron aliados de Cortés, y Pizarro usó en su provecho la guerra entre los herederos del imperio incaico, Huáscar y Atahualpa, los hermanos enemigos. Los conquistadores ganaron cómplices entre las castas dominantes intermedias, sacerdotes, funcionarios, militares, una vez abatidas, por el crimen, las jefaturas indígenas más altas. Pero además usaron otras armas o, si se prefiere, otros factores trabajaron objetivamente por la victoria de los invasores. Los caballos y las bacterias, por ejemplo.

Los caballos habían sido, como los camellos, originarios de América (Buenos Aires, 1955. Jacquetta Hawkes, Prehistoria, en la Historia de la Humanidad, de la UNESCO, Buenos Aires, 1966.) , pero se habían extinguido en estas tierras. Introducidos en Europa por los jinetes árabes, habían prestado en el Viejo Mundo una inmensa utilidad militar y económica. Cuando reaparecieron en América a través de la conquista, contribuyeron a dar fuerzas mágicas a los invasores ante los ojos atónitos de los indígenas. Según una versión, cuando el inca Atahualpa vio llegar a los primeros soldados españoles, montados en briosos caballos ornamentados con cascabeles y penachos, que corrían desencadenando truenos y polvaredas con sus cascos veloces, se cayó de espaldas (Buenos Aires, 1966. Miguel León-Portilla, El reverso de la conquista. Relaciones aztecas, mayas e incas, México, 1964.). El cacique Tecum, al frente de los herederos de los mayas, descabezó con su lanza el caballo de Pedro de Alvarado, convencido de que formaba parte del conquistador: Alvarado se levantó y lo mató (Miguel León-Portilla, op. cit.). Contados caballos, cubiertos con arreos de guerra, dispersaban las masas indígenas y sembraban el terror y la muerte. «Los curas y misioneros esparcieron ante la fantasía vernácula», durante el proceso colonizador, «que los caballos eran de origen sagrado, ya que Santiago, el Patrón de España, montaba en un potro blanco, que había ganado valiosas batallas contra los moros y judíos, con ayuda de la Divina Providencia» (Miguel León-Portilla, op. cit. Gustavo Adolfo Otero, Vida social en el coloniaje, La Paz, 1958.).

Las bacterias y los virus fueron los aliados más eficaces. Los europeos traían consigo, como plagas bíblicas, la viruela y el tétanos, varias enfermedades pulmonares, intestinales y venéreas, el tracoma, el tifus, la lepra, la fiebre amarilla, las caries que pudrían las bocas. La viruela fue la primera en aparecer. ¿No sería un castigo sobrenatural aquella epidemia desconocida y repugnante que encendía la fiebre y descomponía las carnes? «Ya se fueron a meter en Tlaxcala. Entonces se difundió la epidemia: tos, granos ardientes, que queman», dice un testimonio indígena, y otro: «A muchos dio muerte la pegajosa, apelmazada, dura enfermedad de granos» (Autores anónimos de Tlatelolco e informantes de Sahagún, en Miguel León-Portilla, op. cit.). Los indios morían como moscas; sus organismos no oponían defensas ante las enfermedades nuevas. Y los que sobrevivían quedaban debilitados e inútiles. El antropólogo brasileño Darcy Ribeiro estima (Portilla, op. Cit. Darcy Ribeiro, Las Américas y la civilización, tomo I: La civilización occidental y nosotros. Los pueblos testimonio, Buenos Aires, 1969.) que más de la mitad de la población aborigen de América, Australia y las islas oceánicas murió contaminada luego del primer contacto con los hombres blancos.

refugiados

“Mi estómago se revolvió.

Algo había salido mal …”

cristieEl 6 de agosto de 1964, todo estaba listo para la misión. Me habían reservado billete en el tren nocturno París – Toulouse. Me encontré con Bernardo y Salvador, mis contactos anarquistas españoles de Londres, en la Place d’Italie, y desde allí caminamos por la rue Bobilot y entramos en una calle lateral angosta y descuidada con gruesos edificios grises.

Nos aseguramos de que no nos habían seguido, Salva golpeó de una manera concreta una ventana con cortinas de la planta baja del piso y, cuando se abrió la puerta, entramos rápidamente por un pasillo oscuro y estrecho y entramos en la sala principal. Era el almacen del responsable, donde podían guardarse las armas, explosivos y documentos falsos con cierto grado de seguridad.

En la habitación había tres personas. Dos estaban sentados, uno de los cuales reconocí como Octavio Alberola, el carismático coordinador del grupo anarquista Defensa Interior, y sobre cuyos hombros caía la responsabilidad de matar a Franco. El tercer hombre, conocido como “el químico“, estaba de pie junto al fregadero con guantes de goma, midiendo y vertiendo productos químicos.

Tenía sed, fui al lavabo a buscar agua y estaba acercándo un vaso a mis labios cuando el químico se giró y vio lo que estaba haciendo. Me gritó que me detuviera y se precipitó, quitándome el vaso de las manos con cuidado, explicando que se había utilizado para medir ácido sulfúrico puro.

Sobrecogido, retrocedí para apoyarme en el aparador y fui a encender un cigarrillo. Esto provocó otra reacción igualmente volcánica por parte del químico cuando explicó que el cajón del aparador estaba lleno de detonadores. Me retiré a la mesa, y fui muy cuidadoso después de eso.

El químico colocó sobre la mesa cinco tabletas de lo que parecían barras extragrandes de la tableta que hacía mi abuela (un caramelo hecho con leche condensada), cada una con 200 gramos de explosivo plástico, junto con detonadores.

stuartAlberola repasó los detalles de la operación mientras Salva traducía. Mi trabajo consistiría en entregar los explosivos al contacto, junto con una carta dirigida a mí, que debía recoger en las oficinas de American Express en Madrid. Luego, en una cita en la plaza de Moncloa, el contacto me identificaría por un pañuelo que envolvería  una de mis manos. Se acercaría y me diría: “¿Qué tal?” (“How are you?)”, A lo que respondería, “Me duele la mano” (“I’ve a sore hand”).

No hablaba español, por lo que para evitar la vergüenza de olvidar mis líneas y darle un kilo de potentes explosivos al primer español amigable que se acercara, Octavio escribió las palabras, junto con todas las instrucciones. (Esto fue, a posteriori, una estupidez). Una vez que el contacto se identificara, tenía que entregar el paquete, junto con la carta, e irme inmediatamente.

Mi tren se detuvo en la estación de Toulouse poco antes del amanecer del viernes 7 de agosto, después de una noche húmeda e incómoda. Tras un café y un croissant apresurados tomé un tren a Perpignan. Aquí, me preparé para cruzar la frontera; Haría autostop el resto del camino a Madrid.

La mejor manera de llevar los explosivos, pensé, era pegados al cuerpo, no en la mochila, en caso de que fuera inspeccionado por un oficial de aduanas puntilloso. En Perpignan, encontré unos baños públicos y pagué por un cubículo. Después de un baño caliente, y todavía desnudo, desempaqueté las placas de plástico y las pegué en mi pecho y estómago con celofán y cinta adhesiva. Los detonadores los envolví en algodón y los escondí en el forro de la chaqueta.

Con el explosivo plástico pegado, mi cuerpo estaba increiblemente deformado. La única forma de disimularlo era con el holgado jersey de lana que mi abuela había tejido para protegerme de los vientos del Clydeside. Sin ninguna sutileza, en agosto estaba fuera de lugar en la costa mediterránea.

Caminé por las afueras de Perpignan hasta que llegué a un cruce con una señal de tráfico que señalaba a España. Tras lo que me parecieron horas, se detuvo un auto. Lo conducía un comerciante inglés de mediana edad de Dagenham. Iba a Barcelona.

Pronto se hizo evidente que la caridad estaba impulsada en gran medida por su propio interés. Cada pocos kilómetros, el viejo cacharro se detenía y tenía que salir a pleno sol de agosto en el Mediterráneo para empujar el puñetero coche hasta la colina donde lo arrancábamos. Entre empujar un auto cuesta arriba y el jersey de la abuela, el sudor comenzó bañarme. La cinta impermeable aún no se había inventado, y los paquetes de plástico envueltos en celofán comenzaron a deslizarse por mi cuerpo. Tenía que empujarlos con mis antebrazos.

condena

El tráfico era intenso cuando llegamos a Le Pérthus, el puerto de montaña más transitado de la frontera de española. Aquí era donde tendríamos que pasar un control de aduanas. En el otro lado estaba la España fascista.

Después de hacer cola durante una eternidad que estremecía, tuve que empujar el auto hacia la rampa mientras mi compañero lo conducía. Tiré de mi jersey con fuerza y ​​esperé con el corazón en la boca mientras dos Guardias Civiles de rostro severo con tricornios de charol brillante y ametralladoras listas me miraban de arriba abajo. Le entregué mi pasaporte a la guardia de fronteras mientras los oficiales de aduanas examinaban el maletero y buscaban debajo de los asientos del auto.

¿Motivos del viaje a España?

“¡Turista!” Respondí, esperando que mi acento no lo hiciera sonar como “terrorista”.

Un par de ojos oscuros me miraron con suspicacia durante un momento antes de poner el sello finalmente en el pasaporte.

El auto llegó hasta la plaza principal de Gerona, donde se averió nuevamente, esta vez en plena hora punta. Finalmente, nos pusimos en marcha de nuevo y, antes de darme cuenta, estábamos en las destartaladas afueras de la zona industrial de Barcelona.

Nunca pensé que lo lograríamos“, dijo mi compañero.

Yo tampoco“, fue mi respuesta.

Nos despedimos y nos separamos.

Las fechas posibles para mi cita en Madrid eran entre el martes 11 y el viernes 14 de agosto. Salí de Barcelona el lunes, esta vez con los explosivos en la mochila. Podía haber volado o tomado el tren, pero disfrutaba haciendo autostop y también ahorraría un poco más de dinero para cualquier emergencia.

Mi destino en la capital era la oficina de American Express. En lugar de ir a la estación de tren a buscarme una taquilla para dejar la mochila, que es lo que habría hecho un anarquista más experimentado, me la coloqué en las espaldas y recorrí la carrera de San Jerónimo para recoger la carta de mi contacto.

Era la hora de la siesta y las calles estaban tranquilas. Al doblar la esquina para entrar en la oficina de American Express, inmediatamente me di cuenta de que había tres hombres elegantemente vestidos y con los labios apretados y gafas de sol de borde grueso, de pie junto a la entrada, murmurando entre ellos. Respiré hondo y traté de controlar mi ansiedad. Al pasar junto a este grupo, fui a la oficina de American Express, donde pregunté por el mostrador de correos. Un empleado me señaló un escritorio en el extremo más alejado de la habitación.

Al entregar mi pasaporte a la recepcionista, le pregunté si tenía alguna carta. En este  momento noté por el rabillo del ojo a dos hombres y una mujer sentados en un nicho a mi derecha. Una vez más, supe de inmediato que eran policías. La sangre se me subió a la cabeza y el corazón se me disparó. Mi estómago se revolvió. Algo había salido muy mal.

La chica con mi pasaporte encontró la carta entre las bandejas bien apretadas a su espalda y la sacó. Mientras lo hacía, noté que había sido marcada con una hoja de papel rosa del tamaño de un resguardo de una casa de apuestas. La mujer del nicho, una supervisora, se acercó a la muchacha y me trajo la carta, le dijo unas palabras y le quitó la hoja.

¿Qué había en la carta? ¿Cuánto sabían ellos? ¿Me arrestarían allí o esperarían hasta que me hubiera encontrado con mi contacto? Pero si sabían lo de la recogida de Amex, probablemente también conocerían los detalles de mi cita.

La supervisora le entregó la hoja a la muchacha, indicando que debía llevarla a los dos hombres en el nicho. La supervisora me entregó la carta y mi pasaporte. Me volví para ver a los dos hombres del nicho saliendo rápidamente. Tomé nota mental de largarme de American Express a la más mínima oportunidad, si es que alguna vez la tenía.

Mi diafragma se apretó aún más y mi corazón latía como un apretado tambor Lambeg. Sin embargo, me sentía curiosamente distante cuando respiré hondo y salí de la oficina, tratando de mantener el rostro sin expresión. Reuniendo toda la confianza que pude, me detuve en la puerta para mirar al grupo de cinco hombres que ahora estaban de pie a un lado de la entrada. Hasta que aparecí en la puerta, habían conversado profundamente. Se detuvieron brevemente, intercambiaron miradas de complicidad y continuaron.

Intentando aparentar el aire alegre de un turista adinerado que acababa de cobrar sus cartas de crédito, volví por donde había venido, y tan lentamente como pude. Solo había avanzado unos pocos metros cuando el grupo de hombres comenzó a seguirme por la calle, todavía hablando entre ellos. Mis ojos se movían por todas partes, buscando desesperadamente cualquier oportunidad de escapar. Continué por la carrera de San Jerónimo, parándome para mirar por los escaparates de las tiendas que pasaba, como si estuviera mirando escaparates, pero de hecho, para ver qué tan lejos estaban. Me dejaron unos 18 metros antes de salir en mi persecución, y se mantuvieron a esa distancia.

Un taxi vacío se detuvo en la acera a mi lado. Pero cuando el conductor parecía que me invitaba a entrar, supe que era un coche policial camuflado. Me estaban acorralando.

Para entonces ya había llegado a la esquina de la concurrida calle Cedaceros. Mientras me armaba de valor para perderme entre la multitud, de repente me agarraron de los brazos por detrás, mi cara contra la pared y un cañón de pistola clavado en la espalda. Intenté volver la cabeza, pero me esposaron antes de darme cuenta de lo que había sucedido. Todo había terminado en cuestión de momentos.

· Este es un extracto de Granny Made Me An Anarchist, por Stuart Christie, publicado por Sribner.

gustazo

Dinero, poder y corrupción:

Artículo extraído de:

aurora

De la irresistible atracción del anarquismo por la novela negra

Dolors Marín Silvestre

Una aparente contradicción: los anarquistas suelen ser voraces lectores de novela negra. Y la pregunta es ¿Por qué existe esta pasión lectora hacia un universo plagado de policías, delatores, detectives y aparato policial que, además, la mayoría de las veces resultan triunfantes y atrapan al anti-héroe, es decir al ladrón o al asesino?

negraEn los últimos años, la pasión por Andrea Camilleri, Petros Márkaris o Donna Leon ha sustituido a la fascinación de nuestros mayores por Leonardo Sciascia, D. Hammett o Highsmith. Por no hablar de clásicos como Chandler y los obligados Agatha Christie, Simenon y Conan Doyle, que hicieron de sus protagonistas los héroes de la inducción-deducción darwinista, sosiego de lectores bajo la España oscurantista y fanática nacional-católica. La contradicción se nos ofrece en bandeja, ya que podemos preguntarnos qué hay de especial en adentrarse en barrios marginales, dinero negro, chantajes, prostitución, drogas y demás lindezas para un lector que está en contra de la sociedad autoritaria y además desconfía de la justicia y el aparato represor-policial.

El sitio de honor de varios de estos autores en nuestra particular y personal cosmogonía libertaria se debe sobre todo los temas tratados: la novela negra se centra en la denuncia social. Al entorno del hecho cruento se desarrolla el trasfondo de la marginalidad, y sobre todo de la desigualdad, porque la novela negra se convierte en algunos autores en una forma de narrar lo inexplicable en tiempos de censura y dictadura. La novela se convierte en algo más que la narración de un crimen intrascendente hecho con mayor o menor acierto: es un crisol donde se recogen las biografías de personas que se mueven en un ambiente real y cercano a nosotros, disfrazadas de personajes de ficción. Y aquí reside la grandeza de este tipo de narraciones: acercarnos a estas otras realidades, mostrarlas en su crudeza, evidenciar aquello complejo que no aparece en los grandes medios de comunicación o que aparece descrito como marginalidad o caso aislado.

Es en estos márgenes en los que Petros Márkaris describe en Balkan Blues el drama del asesinato de personas que no tienen papeles, donde Camilleri explica cómo se esconden aquéllos que llegan a las costas en cayucos o cómo las jóvenes del Este son obligadas a robar por pseudoONGs cristianas. Realidad explicada a través de la ficción, porque la realidad es increíble, no se puede documentar, o porque no llega a ser noticia de primera página. Aparecen obreros sin papeles y sin sindicatos que los defiendan, accidentes laborales encubiertos bajo ardides burocráticos, abogados corruptos y protagonistas vencidos antes de empezar a luchar, mujeres obligadas a venderlo todo, como en las clásicas novelas de la serie negra del siglo XX. No han cambiado ni los temas, y quizás tan solo el color de piel de los protagonistas. Hemos pasado de la ambientación exótica y colonial de las novelas de Christie o Doyle a las costas de Sicilia, Grecia o Marsella. Pero en todas, antiguas y actuales, se muestra la injusticia como telón real del drama. Una muestra en las antiguas: los ayudantes de Holmes eran un grupo de chiquillos dickensianos de la calle; las amigas de Mrs. Marple, un grupo de mujeres adultas emancipadas e incomodas para la misógina sociedad de su tiempo; el viejo Poirot, solo, exiliado y con visos de ambigüedad sexual poco explícitos para su época, se encuentra desorientado en un país que lo percibe siempre como extranjero. Y junto a ellos, ambientando la escena, los nihilistas rusos, editores marginales, emigrantes griegos o albaneses, cantantes de cabaret e ilusionistas, falsificadores de moneda, vividores, bígamos, farsantes, ladrones y, en definitiva, la vida misma narrada sin tapujos, sin romanticismo.

Y en todas las novelas, un fondo común latente y constante: la denuncia social imbricada en la vida de la comunidad. La desigualdad es narrada con una gran impudicia, con violencia, gracias a los crímenes descritos: en eso reside la fuerza de la novela negra. Y cómo no, con una chispa de humor para conjurar la pura desesperación del propio autor. Autores que son en su mayoría personajes disconformes con la sociedad que les ha tocado vivir. La mayoría de ellos murieron sin alcanzar la notoriedad mediática de los actuales. Sobrevivieron merced a otros trabajos que van desde el artículo periodístico a la peligrosa vida en el alambre del creador nato. La mayoría además fueron personajes controvertidos y molestos en su contexto social.

¿Cuáles de entre estos autores se aproximaron a las filas de los anarquistas y escribieron textos de ladrones y policías? ¿O quiénes esbozaron personajes que se puedan identificar con los antiautoritarios o los desobedientes de todas las épocas? De entre los primeros destacamos a Georges Darien o Leo Malet, lectura obligada de los anarquistas francófonos, o Xavier Benguerel y Manuel de Pedrolo, militantes de la CNT-FAI en 1936. Sobre los segundos cabe destacar que el hecho real, actual, es que los anarquistas han pasado en nuestros días de ser invisibles o vencidos en todas las batallas a formar parte de la literatura de ficción. Una ficción novelada que toma modelos reales de una historia vejada y escondida, de la que solo rescata el héroe/antihéroe y lo despoja de sus reivindicaciones más netas. El peligro es quedarse en el estereotipo fácil. Porque, indudablemente, estos héroes del pueblo permanecen en el imaginario colectivo y no hay nada más tentador que insertarlos en una narración y convertirlos en protagonistas o teloneros. Pocos autores escapan airosos a esta tentación de reconvertir la realidad en narración, o de hacerla didáctica, además de lúdica. Uno de ellos es Andréu Martín, que trata con respeto a los personajes anarquistas de sus narraciones, que se desarrollan primordialmente en un contexto conocido por el autor: Barcelona y sus ambientes bohemios. Sus escenarios abarcan desde los barricadistas de la Semana Trágica a los pistoleros de los años veinte o los últimos maquis urbanos. Grupos de afinidad conviven con ambientes obreros o los escenarios populares de La Torrassa o la Barceloneta. Escenarios de tensión y lucha donde el crimen adquiere distintas tonalidades. Unos ambientes que recuerdan al pionero Xavier Benguerel, que en sus novelas recreó autobiográficamente parte de la vida de los anarquistas del Pueblo Nuevo barcelonés.

Trabajo honesto y bien documentado, que encuentra pocos equivalentes en la tentación de describir a los anarquistas en el contexto marginal-criminal. Una de las muchas muestras de estos trabajos es la que recientemente ha puesto en el candelero las figuras de Manuel Escorza y Dionís Eroles, polémicos hombres de acción del anarquismo barcelonés. Un autor contemporáneo los adentra en una paranoica narración que pasa de la crónica negra a la ciencia ficción clásica aliñada con retazos de santurronería cristiana muy del agrado de las nuevas visiones burgeso-nacionalistas sobre los anarquistas catalanes.

Volviendo a los clásicos: Martín y Benguerel encuentran un buen homologo en Manuel de Pedrolo, un excelente narrador de historias sórdidas que escapaban, con no muy buena fortuna, a las tijeras censoras del franquismo. Pedrolo es uno de los primeros en nuestro país en escribir páginas de denuncia social encubiertas en novelas de serie negra, seguidor del francés Simenon y que puso en marcha la primera colección de novela negra: La Cua de Palla. Y junto a él, el prolífico Jordi Sierra i Fabra, que desde sus narraciones acerca las descripciones de los anarquistas a un público juvenil.

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01 - Mirlowe

Más libros, por favor

Soy un lector insaciable de Novela Negra. Creo que en alguna que otra entrega me he referido a la misma. Durante mucho tiempo he estado ¿frenado?/¿empantanado? en los clásicos. Con la excepción del tandem BorgesBioy Casares. Cuando abrí un poco la vista seguí en los EE.UU.

Fue Vázquez Montalbán el que me abrió los ojos, había y se podía hacer más allá de los EE.UU. Sin in ir muy lejos de dicho país ¿qué decir del excelente Padura?

padura

Recomendable desde todos los puntos de vista.

En los países del centro-norte de Europa también hay un gran plantel de escritores, y muchos de ellos tienen series en tv sobre sus novelas. Pero encuentro que la novela del norte de Europa tiene un ramalazo sensacionalista que no me agrada nada. Me quedo en el Sur, Por supuesto el primero que me encandiló fue Montalvano, nombre que homenajea al citado Vázquez Montalbán. Sigo encandilado por sus novelas.

A partir de él, y con la sin par colaboración de la Biblioteca de Andalucía, cuya sede central se encuentra a escasos metros de donde vivo, he ido conociendo a otros autores, no puedo dejar de citar a Petros Markaris y su comisario Jaritos. Una excelente  descripción de la situación de la Grecia actual, masacrada y expoliada por la E.U., con los refugiados allí apiñados, con los sueldos que no dan para llegar a final de mes. Muy aconsejable su lectura.

jaritos

La lectura de Markaris, me llevó a la reflexión de la mucha lectura que hacía y tenía sobre los “clásicos griegos” y el desconocimiento total de los escritores actuales, entendiendo por actuales los existentes desde su independencia de Turquía, tras la caída del Imperio Turco tras la P.G.M. A romper con ese muro me ha ayudado la citada biblioteca, encontré un excelente libro que abarcaba relatos cortos de autores y autoras actuales, desde los 40 hasta ahora.

Casi todos ellos me han gustado, no recuerdo ninguno que me resultara cansado, aburrido o sin interés. Pero he decidido reproducir este, de Rhea Galanki , por motivos varios que se explican solos:

rheaRhea Galanki nace en Heraclio, capital de Creta en 1947. Publica sus primeros textos en revistas contrarias al régimen. Vive entre Patras y Atenas. Ha publicado poemarios, libros de ensayo, relatos y novelas

El eje central de su narrativa es la identidad cultural europea tal y como se ha configurado a través de las múltiples peripecias sociales y nacionales del siglo XIX. Construida siempre sobre una trama sólida e interesante, basadas en un rico material histórico, sus novelas combinan hecho y ficción, historia y tradición, poesía y prosa.

Memoria humana, olvido humano

A Vasilis Ladás

Ninguno de ellos acercó los labios a aquella fuente que en la antigüedad predecía la evolución de una enfermedad mediante un espejo sumergido en el agua. El rostro del enfermo querido se perfilaba, vivo o muerto, un instante sobre el espejo. De esta manera, en la época en que el tiempo aún no se medía, las mujeres trataban de adivinar su destino

Pero en el año 2002, nadie rozó aquel cuenco que pendía de una cadena sobre la boca de mármol de la fuente. El hogar era conocido como el Pozo de San Andrés y nunca se agotaba, según sostenían ciertos expertos, el lagrimeo de la fuente – refirièndose naturalmente a las antiguas aguas vaticinadoras-. El apóstol había sido martirizado allí sobre dos maderos clavados en forma de cruz; o crucificado, como cuenta otra tradición, sobre el abultado tronco de un olivo situado junto a la corriente. Dicen también que quien bebe del agua sagrada de la fuente consigue vivir los suficiente como para regresar a Patras.

Pero los kurdos no quieren regresar a Patras. Por eso no bebieron. Lo que quieren es marcharse en esos enormes ferrys blancos. Alejarse todo lo posible de las escaleras de la iglesia del apóstol, que se yergue ufana junto al manantial subterráneo. Era una fría noche del mes de diciembre cuando se sentaron implorantes en la escalinata del templo, tras una increíble manifestación. La víspera había muerto uno de ellos. Se había ocultado en un remolque para salir del país – dicen – pero fue descubierto y golpeado; corrió a ponerse a salvo pero se cayó desde lo alto. Apenas tenía dieciocho años, un hombre-niño. No llegó a la Noche vieja del tercer año del nuevo milenio, que se celebraba pocos días después. Pero ojalá hubiese alcanzado a vivir, como hombre-niño, una vida en miniatura. En el interior del hombre que había salido de Kurdistán, de la zona perteneciente al temible Irak, para llegar a Patras – la ciudad que volvía a ser proclamada Puerta de Occidente para su humilde persona-, seguro que se ocultaba la semilla de una adolescencia cercenada, asfixiante, si no martirizada y por ello santificada. En su interior, ese sueño adolescente de “una vida más justa” – sueño de los siete colores del arco iris, en el que cada pie ocupa un lugar diferente- albergaba la proyección del adolescente en la figura del hombre que algún día conseguiría regresar a su lugar de nacimiento. Del hombre que al volver caminaría sobre esa curvatura del arco iris que une lugares diferentes, con paso orgulloso, con la alegría de una estampa popular dibujada en su rostro. Y para entonces tendría ya su propia patria.

Los kurdos dieron comienzo a su marcha al oscurecer. Mientras tanto, su compatriota los esperaba en la morgue del hospital universitario, sobre esas colinas que desde la lejanía contemplan un mar de papel. Él también estaba esperando sus papeles para viajar, pues èse era el deseo de su familia; que fuera enterrado junto a ellos, y no como aquellos otros kurdos que nos años antes fueron quemados en el furgón en el que viajaban clandestinamente a Italia. A aquéllos los habían enterrado apresuradamente, casi a escondidas, como a criminales famosos o a pobres suicidas, en un pequeño cementerio de la ciudad. De este modo, se quedaron para siempre en una ciudad puerta, aunque fuese la puerta hacia su último viaje. Por eso los parientes del difunto querían que regresara como hombre-niño, para que retoñase en los cuerpos de sus sobrinos aún no nacidos. Para que se convirtiese en uno de los jóvenes que llegan al paraíso musulmán con una camiseta de algodón que lleva la figura del Che. ¡Ojalá se lo encontrara allí arriba, pensaría durante el viaje, y se lo llevase de guerrillero a las cárdenas selvas del Hades y poder así vengarse!

La manifestación partió de su barriada, en la parte norte del puerto. Allí vivía la mayoría de ellos, junto a la zona del muelle, agitada por las idas y venidas de aquellos enormes barcos que zarpaban a diario para Italia, la Tierra Prometida de estos refugiados. Vivían en aquel lugar para estar más cerca de los barcos, para observar sus movimientos y así poder introducirse en ellos como emigrantes clandestinos, aun pagando verdaderas fortunas por esa infamia en la que a menudo perdían el dinero y la vida; pero si no lo conseguían, para poder creer al menos, al ver alejarse los blancos buques, que habían logrado llegar a este puerto, al lugar donde terminaba su oriente y en el que tal vez comenzase su occidente. Les bastaba con alargar su mano cobriza para alcanzar el barco de su redención, el reluciente arcángel de los cristianos. Aunque luego se malograsen. Ellos, que también provenían de antiquísimas civilizaciones, tenían como los griegos una clara noción del peligro que conllevan las decisiones extremas, las situaciones límite. Pero el peligro merecía la pena. Había otra razón por la que este deseado viaje no era un asunto sencillo: al conductor del camión que sorprendiesen transportando emigrantes clandestinos, le retiraban el carné. Por eso intervenían esas bandas que operan con dinero negro ensombreciendo el nombre de Patras, que ante todo forjan el olvido del hombre por el hombre.

Presionados por todo esto, los kurdos, refugiados políticos en su mayoría, montañeses altivos, vivían en los callejones posteriores al puerto. A veces ocupaban las casas o edificios en ruinas que había alrededor. Colgaban sacos vacíos para delimitar el espacio vital de cada uno, la superficie de una miserable tumba. Así vivían, es decir, malvivían. Aunque la ciudad, despreocupada, estuviera celebrando el carnaval unas manzanas más abajo, o festejase cualquier otra cosa; aunque estuviera orgullosa de su belle époque y pregonase su nombre europeo. Tenía todo el derecho a hacerlo, ahí estaban también las raíces de sus mitos y de su historia, y de todo tipo de interpretaciones y fantasías sobre lo pasado y lo por venir. Pero Patras debía mirar de soslayo a su espejo, ese espejo que acababa de sumergir en su antigua fuente, para tratar de vaticinar si permitiría algún día regresar de las cárdenas selvas del Hades a un nombre-niño. A un vengador llamado Memoria de la Humanidad.

La manifestación partió de la estación de autobuses interurbana, que marcaba el límite de una de las partes de su barriada. En la otra parte, estaba la frontera invisible de los caros edificios costeros, recientemente construidos sobre los antiquísimos pantanos, cuyos retazos se veían todavía a lo largo del litoral. Estos pantanos, y no sólo ellos, dieron a Patras el nombre de Maremma en la mente de uno de sus más queridos hijos, un revolucionario romántico que se suicidó hace un siglo, en la tenebrosa y gélida noche de otro mes de diciembre. Pero en este diciembre de 2002, la olvidadiza ciudad apartó la vista del frío y sombrío mar para navegar hacia otros mares más luminosos y lejanos, dado que era Navidad. En esos días de invierno pronto se hacía de noche, pero sus calles céntricas, alumbradas, habían olvidado la oscuridad. Por todas partes se encendían y apagaban guirnaldas u que imitaban cometas de colores, velas encendidas, Papás Noel en trineos arrastrados por ciervos, ángeles con trompetas doradas, corderos arrodillados, magos con camellos, o simplemente unos grandes lazos rojos, hasta llegar al corazón de la ciudad, donde estaba la plaza del teatro con las dos fuentes en las que se había instalado un enorme belén. Las desnudas ramas de los árboles que lo rodeaban habían sido adornados con unas bombillitas eléctricas en forma de llama. Algunas fachadas de los edificios estaban engalanadas de extremo a extremo con barquitos luminosos, velas, nacimientos y todo tipo de ornatos festivos. La ciudad navegaba, pues, envuelta en olas de luz y melodías navideñas a todo volumen, algo distorsionadas por los megáfonos del ayuntamiento.

Los kurdos fueron dejando el mar, dieron la vuelta y entraron en la ciudad. Comenzaron a atravesar la calle comercial más importante. Caminaban en silencio. Sin hablar, casi sin respirar. Todos llevaban en la mano una vela encendida de la iglesia cercana a su barriada. Entonces la gente, que no hacía más que comprar regalos, se detuvo de repente estupefacta sobre las anchas e iluminadas aceras, abrazando toda clase de paquetes, como si éstos le transmitieran ánimos. Se preguntaban de dónde habían salido todos esos parias cobrizos, esas ratas de puerto. ¿Quien ha permitido que su negra tristeza, o su ira ensordecida, recaigan sobre los dorados adornos navideños? ¿Y por qué se han apagado todas las luces de repente?

Eso era lo que había ocurrido. Mientras pasaban los kurdos, durante unos segundos, se apagaron las luces de las guirnaldas, de los escaparates, de las ramas de los árboles, de los edificios; también las del recuerdo de la iluminación festiva de sus habitantes, las de los fuegos artificiales. El rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul cielo, el azul marino, el violeta; los siete colores del arco iris. También se apagaron los faros de los automóviles de las calles perpendiculares que estaban esperando a que pasaran los kurdos. Incluso los estridentes altavoces se callaron por un momento. Reinó el silencio, aunque se oía – hubiera podido oírse – el sonido del negro y espumoso mar de todos los inviernos. Una total oscuridad, en la que relucían, como la estrella sobre el nacimiento, las llamas de las velas de los kurdos. A pesar de su intensa luz, la llama vacilante brillaba de derecha a izquierda, hacia el lado de la memoria o del olvido.

Los kurdos se alejaron y la ciudad recuperó enseguida su ritmo festivo. Hubo quienes se tranquilizaron pensando que ese oscuro paréntesis que acababa de cerrarse no era una manifestación de los kurdos sino una comitiva, o tal vez una de sus procesiones. Los kurdos naturalmente, eran musulmanes en su mayoría, pero quién sabe cómo, cuándo y qué celebra exactamente cada religión. ¿Se atreverían a decir “cada civilización”? No obstante, esa comitiva era semejante a las procesiones ortodoxas. Ojalá ellos también estuviesen celebrando una pacífica tradición religiosa, así como los habitantes de la ciudad iban a celebrar en breve la Navidad. Pero aún así, era tan pobre la procesión de estos pobres que ni siquiera disponían del cuerpo de un dios al que sacar de noche por las calles. Algunos pensaron un instante en el joven difunto que solo, allá en las colinas, estaban esperando sus papeles en el depósito de cadáveres, pero se trataba solamente de unos cuantos.

La manifestación de los kurdos confluyó en la plaza de San Andrés, más arboleda que plaza, que daba al mar. Un mar a menudo reflexivo por encontrarse lejos del ajetreo del puerto, de los enormes buques que anunciaban Italia. Tenían sed a causa de la marcha, pero ninguno de ellos acercó sus labios a aquella fuente que en la antigüedad predecía la evolución de una enfermedad a través de un espejo. Un trago de sus aguas podía absorber todo el mar que se extendía ante ellos, y entonces no podrían marcharse. Sólo se sentaron en los escalones de mármol del templo cristiano, con sus velas encendidas. Mudos. Un buen rato. Con la mirada vuelta hacia el mar. Sin verlo. Estaba oscuro y no se distinguía del cielo. Parecía como si hubiese caído ante ellos un enorme sudario. Ocultos tras él lloraban ocultando sus lágrimas de los habitantes de esta ciudad. Después volvieron a soñar con el archa que los transportaría a la salvación escondidos en sus entrañas. Porque en medio de la oscuridad, a través de las lágrimas, uno da rienda suelta a sus sueños más profundos.

Extracto

Capítulo 12 del libro “La otra historia de los Estados Unidos”, Howard Zinn

  • Es el año de 1897; Theodore Roosvelt, escribe a un amigo: “en estricta reserva. yo debería acoger cualquier tipo de guerra, pues, según pienso, este país necesita una.”

images.duckduckgo.comEl año de la masacre de Wounded Knee, 1890, la Oficina del Censo declaró oficialmente que la frontera interna había sido cerrada. También el sistema de ganancias, con su tendencia natural a la expansión, había comenzado a mirar más allá de las fronteras. Efectivamente, la grave depresión que había comenzado en 1893 fortalecía una idea que empezaba a desarrollarse en el seno de la élite política y financiera del país; la colocación de productos americanos en el extranjero podría aliviar el problema del bajo consumo interno y evitar una crisis económica capaz de atraer luchas de clases como en los que se habían dado en los años noventa.

¿Podría acaso una aventura en el extranjero desviar parte de la rebeldía de las huelgas y movimientos de protesta hacia un enemigo externo? ¿Serviría ésto acaso para unir a la gente con el gobierno y las fuerzas armadas en vez de ponerlos en contra? No se puede asegurar que éste fuera el plan de toda una élite; pero, sí, la consecuencia natural de la simbiosis entre capitalismo y nacionalismo.

La expansión allende los mares no era una idea nueva. En efecto, aún antes de que la guerra contra México empujara a los Estados Unidos hacia el Pacífico, la Doctrina Monroe dirigía su mirada hacia el sur, hacia el Caribe y más allá de éste. Aprobada en 1823, cuando América Latina comenzaba a liberarse del control de España, la Doctrina Monroe dejaría claro a Europa que los Estados Unidos consideraban a América Latina su esfera de influencia. Poco tiempo después algunos norteamericanos comenzaban a pensar en el Pacífico; en Hawai, Japón y los grandes mercados de China.

sambombasPero pensar no lo fue todo, pues las Fuerzas Armadas norteamericanas ya habían cometido saqueos en el exterior, como se observa en una lista del Departamento de Estado encabezada: “Instancias de Uso de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el extranjero, de 1798 a 1945”, la cual fue presentada por el Secretario de Estado Dean Rusk a un comité del Senado en 1962, como argumento para el uso de la fuerza armada contra Cuba. El documento presenta 103 intervenciones en los asuntos de otros países entre 1798 y 1895. He aquí algunos ejemplos:

  • 1852 – 53 – Argentina. Los marines llegaron a tierra y se mantuvieron en Buenos Aires para proteger los intereses de los Estados Unidos durante la revolución.
    1853 – Nicaragua. Para proteger la vida y los intereses de los norteamericanos mientras duren los disturbios políticos
  • 1853 – 54 – Japón. La “Apertura de Japón” y la “Expedición Perry”. (Anque el Departamento de Estado no proporciona otros detalles, se sabe que esta operación comprendía el uso de embarcaciones de guerra para obligar a Japón a abrir sus puertos a los Estados Unidos).
  • 1853 – 54 – Ryukyu y las islas Bonin – Antes de ir a Japón y mientras esperaba una respuesta de este país, el Comodoro Perry realizó maniobras navales, desembarcando marines en dos oportunidades y asegurando una concesión de carbón otorgada por el Gobernador de Naha en Okinawa. También realizó maniobras en las Islas Bonin, con el pretexto de asegurar las instalaciones para el comercio.
  • samsalton1854 – Nicaragua – San Juan del Norte (la localidad de Greytown fue destruida para vengar un insulto hecho al Cónsul Norteamericano en Nicaragua).
  • 1855 – Uruguay – Fuerzas navales norteamericanas y europeas desembarcaron en Montevideo para proteger los intereses de los Estados Unidos durante una revolución.
  • 1859 – China – Para proteger los intereses de los Estados Unidos en Shangai.
  • 1860 – Angola – Para proteger la vida de los norteamericanos y sus propiedades en Kissembo porque los nativos se habían vuelto belicosos.
  • 1893 – Hawai – Supuestamente para proteger la vida de los norteamericanos y sus propiedades; en realidad, para promover un gobierno provisional dirigido por Sandfor B. Dole. Esta acción no fue aprobada por los Estados Unidos.
  • 1894 – Nicaragua – Para proteger los intereses norteamericanos en Bluefield después de la revolución.

tiosamgragonAsí, pues, alrededor de 1890 ya los Estados Unidos tenía bastante experiencia en tanteos e intervenciones militares. La ideología de la expansión se había diseminado por las cúpulas militares, políticas y de negocios e, incluso, entre algunos líderes de movimientos campesinos que pensaban que las ventas en el extranjero los beneficiarían.
Un popular propagandista de la expansión, el Capitán A. T. Mahan de la marina norteamericana que tuvo una gran influencia sobre Theodore Roosvelt y otros líderes de Norteamérica, decía que los países que ostentasen las fuerzas navales más grandes heredarían la tierra. Por la misma época, el Senador Henry Cabot Lodge de Massachussets escribía el siguiente artículo:

En provecho de nuestro comercio.deberíamos construir el canal de Nicaragua y, para protegerlo y por el bien de nuestra supremacía comercial en el Pacífico, deberíamos controlar las islas hawaianas y mantener nuestra influencia en Samoa. y cuando el canal de Nicaragua sea construido, iremos por Cuba. porque las grandes naciones absorben los territorios desechados para su futura expansión y defensa. Este movimiento favorece la civilización y el avance de la raza, y los Estados Unidos, como una de las más grandes naciones del mundo, no debería abandonar esta marcha.”

En un editorial del Washington Post, publicado la víspera de la Guerra entre España y Estados Unidos se puede leer lo siguiente:

Una nueva conciencia parece haberse despertado entre nosotros; la conciencia de nuestro poder, y con ella, un nuevo apetito: la ansiedad por mostrar nuestra fuerza. Ambición, interés, hambre de tierras, orgullo, el placer de luchar, no importa, por lo que sea, estamos animados por una nueva sensación. Estamos, cara a cara, con un nuevo destino. El sabor del imperio está en la boca de la gente tal como, en la jungla, el sabor de la sangre.”

Pero ¿era ese sabor el producto de algún instinto de agresión o parte de un interés individual urgente, o más bien, un sabor (si es que existía) creado, estimulado, promovido y exagerado por la prensa millonaria, los militares, el gobierno, y los académicos adulantes de la época? Según el científico John Burgess de la Universidad de Columbia, los teutones y los anglo sajones estaban particularmente “dotados con la capacidad para establecer naciones estado. se les ha encomendado. la misión de dirigir la civilización política del mundo moderno.”

intervenVarios años antes de ser elegido como presidente, William McKinley decía: “Queremos un mercado extranjero para nuestros excedentes.” A principios de 1897, el senador Albert Beverigde de Indiana declaraba que “Las fábricas norteamericanas están produciendo más de lo que los norteamericanos podemos usar y nuestro suelo, más de lo que podemos consumir. El destino ya ha trazado nuestro curso; el comercio del mundo debe ser y será nuestro.” Luego, en 1898, el Departamento de Estado daba la siguiente explicación:
Parece que cada año debemos confrontar un incremento en los excedentes de manufactura de bienes para la venta en los mercados extranjeros en la medida en que las fábricas norteamericanas y los artesanos tienen que estar empleados todo el año. A consecuencia de esto, la ampliación del mercado externo de productos de nuestros molinos y fábricas se ha vuelto una materia de estado así como un problema de comercio.”

Estos militares y políticos expansionistas estaban todos en contacto. Según uno de los biógrafos de Theodore Roosevelt, para 1890, Lodge, Roosevelt y Mahan ya habían comenzado a intercambiar impresiones, pero éstos trataban de echar a Mahan a un lado para poder “dedicarse a tiempo completo a la propaganda por la expansión”. Una vez, Roosevelt le envió una copia de un poema de Rudyard Kippling a Cabot Lodge, diciendo que esta “poesía barata, tiene sentido desde un punto de vista expansionista”.

Traducción libre: Andrés Algara

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