ūüēƬŅEs una Mezquita Catedral?‚õ™ÔłŹ

somos un pueblo muy rico y que se dedica a regalarle a la Multinacional M√°s Antigua del Mundo, y una de las m√°s potentes, dinero.¬† Es que somos muy rumbosos y encima, cuando queremos visitar monumentos que ¬ęles hemos regalado¬Ľ, les pagamos 8 euros por entrar. Dinero, que junto a otros muchos, por ejemplo:

  • del cole subvencionado
  • del parking que hay debajo de dicho cole
  • del dinero que pagan los padres por sus hijos, aunque este subvencionado,
  • De la residencia que hay a la derecha del Cole, tambi√©n encima del macroparking
  • De los apartamentos de lujo en alquiler que hay a la izquierda del Cole.
  • De los bajos comerciales que cubren todo ese emporio. (No se si la espantosa Libreria Religiosa que hay en uno de los bajos pagar√° menos) Chi lo sa?

No declaran a Hacienda. Si alguien considera que exagero con este ejemplo, a los hechos me remito:

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Va a sus arcas, no declaran nada. Tienen a la mitad de la plantilla m√°s corrompida que los militantes del PP y PSOE juntos. Sus pederastas no son juzgados pues sus causas prescriben m√°s r√°pida que las de los borbones. Encima tienen una colecci√≥n de ONGs que baten records, y si no miras bien la declaraci√≥n de Hacienda, le escupes dinero por la cara. Ponzo√Īa pura.

Esta es una introducci√≥n plena de amor, para eso estamos en esos d√≠as que hay que amar a todo el mundo, ya sabes, el solsticio de invierno. Dec√≠a que es para presentar un edificio situado en C√≥rdoba, y que no ha mucho le hemos regalado por 1 Euro. ¬ŅQue nos dice una p√°gina de la Junta sobre dicho edificio?

mezquitaja

Pero nos nos quedamos satisfechos con dicha información, puramente enfocada al turismo y nos vamos a otros sitio, buscando más rigor histórico:

mezquitaPero esta versi√≥n tampoco me convence mucho, est√° plagada de posibles errores hist√≥ricos que resultan ¬ępecaminoso¬Ľ reconocer.

La que a mi me convence m√°s es, la que sigue:

LA MEZQUITA DE C√ďRDOBA

Una cultura est√° constituida por un conjunto de ideas-fuerza que componen su estructura profunda. Que la distingue de otras que con las que pueden ser afines. Es el fruto producido por sus propios elementos, aut√≥ctonos y herederos de una genuina tradici√≥n, los cuales son diariamente recreados por la actividad de una sociedad que vive en un cuadro geogr√°fico determinado. En la gran mayor√≠a de los casos pertenece a una construcci√≥n superior, una civilizaci√≥n, a la que est√° ligada por ideas generales de mayor envergadura que las florecidas en su ambiente local. As√≠, la cultura ar√°bigo-andaluza ha producido manifestaciones art√≠sticas que le son peculiares, una literatura que goza de un sello especial, una aportaci√≥n considerable de descubrimientos y de trabajos cient√≠ficos, una filosof√≠a cuyo rasgo sobresaliente podr√≠a ser su racionalismo. Mas, por la lengua, por la religi√≥n, por un gran n√ļmero de otras concepciones, pertenece a la civilizaci√≥n ar√°biga. Al mismo tiempo se han desarrollado en otras regiones estructuras similares, encuadradas en el mismo principio dominante, en Mesopotamia, en Ir√°n, m√°s all√° del Indo. Componen este grupo de culturas, troqueladas todas ellas por un mismo sello caracter√≠stico, la civilizaci√≥n ar√°biga.

Si no está equivocada nuestra concepción, se encuentran entre ellas emparentadas todas las actividades de una sociedad en su esfuerzo de diaria creación, cuyo resultado más tarde incluirá el historiador en una cultura y en una civilización. Pues están en función las unas de las otras. Por consiguiente, la aparición de manifestaciones artísticas no podrá aislarse como tal hecho de la evolución de las ideas generales, que componen una estructura superior. Será entonces posible, cuando los testimonios conservados de una época sean suficientes, establecer una concordancia entre las más diversas ideas-fuerza. En una palabra, el arte y la evolución de una cultura se hallan tan íntimamente ligados, que debe ser factible, apoyándose en esta relación, reconstituir un eslabón histórico para llenar una laguna en los textos. Puede ser este método de gran utilidad en los tiempos oscuros como el siglo VIII, cuando en razón de una gigantesca subversión faltan los escritos literarios y escasean los testimonios arqueológicos.

En el curso de la competición que ha dividido en la Edad Media a los partidarios del unitarismo y de la Trinidad, después de una larga confusión que alcanza en el siglo VIII su punto culminante, se endurecen los dos partidos rivales en posiciones extremas y, por lo que ahora nos interesa, a propósito de ciertos principios estéticos. Se vuelven ferozmente inoclastas los primeros; después de un momento de indecisión se convierten los segundos en los animadores de la figuración sacra.

Era la iconoclastia la consecuencia del esfuerzo de los unitarios para destruir los antiguos panteones griegos y latinos y para vencer la oposici√≥n de los id√≥latras en general. En ellos inclu√≠an a los trite√≠stas, es decir, a los cristianos partidarios de la Trinidad. Defend√≠an √©stos la figuraci√≥n sacra, pues supon√≠an que era m√°s f√°cil impresionar a las masas con obras de arte, como lo ense√Īaban una experiencia y una tradici√≥n milenaria en los pueblos indoeuropeos. Desde un punto de vista art√≠stico, eran en aquellos tiempos conservadores los trinitarios, mientras que los unitarios forjadores de una nueva civilizaci√≥n eran entonces considerados como verdaderos revolucionarios. Esto explica por qu√© las manifestaciones art√≠sticas en Espa√Īa como en otras partes no pod√≠an emanciparse de la evoluci√≥n general de las ideas. Por consiguiente, consiste el problema para nosotros en averiguar si es posible discernir su impacto en el solo monumento del siglo VIII que ha llegado hasta nosotros sin ser desfigurado: la Mezquita de C√≥rdoba.

1-primera

En otros t√©rminos, se plantea la cuesti√≥n de la manera siguiente: Si constituye la Mezquita de C√≥rdoba un factor de transici√≥n entre la escuela ibero-andaluza y la ar√°bigo-andaluza, en una palabra, si se convierte en la piedra clave de la evoluci√≥n del arte andaluz entre el siglo VI y el X, ¬Ņno se podr√≠a apreciar en virtud de la concordancia existente entre todos los elementos componentes de una cultura, el papel desempe√Īado por este monumento como testigo de la evoluci√≥n de las ideas religiosas? Si fuera posible reconocer en su configuraci√≥n los diversos puntos de la curva evolutiva existente entre el sincretismo arriano, un estado de opini√≥n premusulm√°n y una verdadera concepci√≥n del Islam, se esclarecer√≠a inmediatamente el enigma de la Mezquita de C√≥rdoba.

Para adelantar en esta v√≠a se impone una condici√≥n. Es menester, de acuerdo con los trabajos y los descubrimientos m√°s recientes, conocer su historia, por otra parte muy oscura, nebulosidad que se explica con facilidad; pues ha sido transformado este monumento en el siglo VIII, en una √©poca en que nuestros conocimientos acerca de los acontecimientos ocurridos son escas√≠simos. Como si fuera esto poco, los testimonios literarios que se conservan acerca de la historia de su construcci√≥n pertenecen a los siglos X y XI. Pocas o ninguna noticia dan acerca del templo primitivo que forma el n√ļcleo de la mezquita. Reflejan simplemente y con la ingenuidad propia de aquellos anos el complejo que hab√≠a permitido la transici√≥n de las ideas. Los muros de esta extraordinaria casa de oraciones hab√≠an pues conocido con todo su realismo la larga peripecia del drama religioso; mas inmovilizados por el estupor mudos se hab√≠an quedado. Bastaba, sin embargo, con acariciarles e interrogarles con objetividad para que acabaran por confesar algunos recuerdos de tan lejanos tiempos.

En el estado actual de los conocimientos se puede reducir la historia de la mezquita a los datos siguientes:

  1. Contrariamente a la tradición, no parece que haya existido sobre su emplazamiento una construcción importante antigua, sea un templo romano, sea una iglesia paleocristíana.
  2. En el siglo VI, √©poca en que el sur de Espa√Īa y Levante pertenecen al imperio de Justiniano, se edifica sobre el actual emplazamiento de la mezquita una iglesia. Sus dimensiones son las mismas que las del templo primitivo cuya edificaci√≥n ha sido atribuida a Abd al Ram√°n 1. Seg√ļn los cronistas √°rabes muy posteriores a estas fechas estaba la iglesia dedicada a San Vicente.
  3. Seg√ļn estos mismos autores, Abd al Ram√°n, el Emigrado, hab√≠a construido hacia 786 la mezquita primitiva, compuesta por nueve naves, separadas por ocho filas de columnas dispuestas de cuatro en cuatro en una profundidad de doce traves√≠as. La nave central es m√°s ancha que las otras. ¬ŅHab√≠a pose√≠do esta primitiva mezquita un patio? Un√°nimes son los autores: La mezquita se ha construido en un a√Īo, de 785 a 786.
  4. Al final del siglo VIII erige Hixem 1 el primer minarete.
  5. Abd al Ram√°n II emprende en 833 la ampliaci√≥n de la mezquita. sin modificar su disposici√≥n interna; es decir, sin estropear el esbozo del bosque de columnas ya existente. Lo ensanch√≥ a√Īadiendo dos naves suplementarias a las extremidades este y oeste del templo primitivo. Profundiz√≥ el conjunto prolongando naves Lis hacia el sur con ocho nuevas traves√≠as. Levant√≥ un mirhab al final de la nave principal cuyas columnas se conservan y engrandeci√≥ el patio o lo fabric√≥ de nueva planta.
  6. Murió Abd al Ramán II sin haber visto el fin de las obras emprendidas. Fueron terminadas por su hijo en 855.
  7. Ensancha Abd al Ramán III hasta el actual límite norte el Patio de los Naranjos. Construye un minarete más suntuoso que el elegido por su predecesor Hixem I, cuya mayor parte de acuerdo con las investigaciones efectuadas por Félix Hernández se encuentran en su interior, actualmente dedicado a campanile cristiano.
  8. En 961, empieza Al Hak√°n la segunda ampliaci√≥n de la sala hip√≥stila. Se prolong√≥ en 95 codos, o sea poco m√°s o menos 50 metros en la direcci√≥n sureste, en donde fue edificado un nuevo mirhab al final de la nave central. Emprendi√≥ el Califa una gran innovaci√≥n. Fueron construidas c√ļpulas nervadas en la nave principal y en las dos laterales anteriores al mirhab. Se revistieron sus muros con lienzos de m√°rmol esculpidos y con mosaicos. Fueron enviados √©stos desde Constantinopla por Nic√©foro Focas con los art√≠fices requeridos para su montaje.
  9. En 977, por razones de prestigio Almanzor agrandó de nuevo la sala hipóstila. Se construyeron ocho nuevas naves en la parte este. De este modo adquirió la mezquita su disposición definitiva.
  10. El 29 de junio de 1236 entró en Córdoba Fernando III, rey de Castilla. La mezquita se transformó en iglesia cristiana sin graves mutilaciones.
  11. En el siglo XIV se adapta una traves√≠a para que sirviera de coro a los can√≥nigos. Es la capilla de Villaviciosa, cuyo estilo ¬ęmud√©jar¬Ľ representa el punto final de la evoluci√≥n del arte andaluz.
  12. En 1523, Carlos V, (Estaba tan ocupado sembrando de cadáveres Europa que nunca estaba informado de lo que pasaba en este rincón, lo mismo le pasó (también dicen) con el Palacio que lleva su nombre en la Alhambra) mal informado, mandó desfigurar la mezquita haciendo construir en medio del bosque de columnas una iglesia gótica.

2-segunda

Se ha establecido este esquema de la historia de la mezquita de acuerdo con las noticias que nos han transmitido los escritores √°rabes del siglo X, el m√°s importante de los cuales ha sido Al Rasis. Mas no poseemos los textos originales. Tenemos conocimiento de los mismos por citas hechas por historiadores posteriores. En esas condiciones lo que se nos dice suscita grandes recelos. Concordantes con las empresas llevadas a cabo por los califas y Almanzor, despiertan desconfianza en cuanto tratan de los or√≠genes del monumento, pues no se conservan escritos contempor√°neos para confrontar estas fuentes diversas. Ha confirmado la arqueolog√≠a los datos que nos han suministrado acerca de la obra de Abd al Ram√°n II. Mas las noticias referentes al siglo VIII que se pueden espigar en estos manuscritos son en su mayor parte legendarias. Cuentan, por ejemplo, los cronistas √°rabes que despu√©s de la conquista de Espa√Īa se hab√≠a dividido la iglesia principal de C√≥rdoba en dos partes para que pudieran albergar los dos cultos, el cristiano y el musulm√°n. Algo parecido hab√≠a sido anteriormente contado de la iglesia de Damasco, m√°s tarde convertida en mezquita. No sabemos con certeza lo que all√≠ ocurri√≥, mas traspuesto el modelo a C√≥rdoba en otras circunstancias de tiempo y de lugar, no pod√≠a el hecho resultar m√°s inveros√≠mil. Mal se conciben unos cristianos recientemente conquistados y aherrojados por un enemigo extranjero y ex√≥tico que estuvieran dispuestos a o√≠r misa en un edificio en que pared por en medio pod√≠an o√≠r los loores a Mahoma y viceversa. ¬ŅPuede imaginarse una torre en donde se mezclaran las llamadas de las campanas con las voces de los almu√©danos? Si hubiera sido as√≠, tan violento contraste hubiera impresionado a los autores de la Escuela de C√≥rdoba. Hubieran referido el hecho en sus obras, escritas precisamente para refutar la herej√≠a, que no era otra que el Islam. Nada en ellas recuerda esta tolerante promiscuidad. Esta ¬ęhistorieta¬Ľ, como las llamaba Dozy, pertenece al ramillete de los an√©cdotas que han sido difundidas en Espa√Īa en el siglo IX y cuyo origen es egipcio.

Tan oscura y enigm√°tica es la historia de la Mezquita de C√≥rdoba en los siglos anteriores como los acontecimientos pol√≠ticos que ocurrieron en el VIII. No pod√≠a ser de otra manera dada la pantalla que se interpon√≠a entre la mentalidad revolucionaria de estos tiempos revueltos y la del X en que hab√≠an sido escritos los textos mencionados. En estas condiciones s√≥lo nos aportan los manuscritos √°rabes un concurso muy secundario; pues son precisamente los or√≠genes del templo primitivo y su transformaci√≥n en mezquita lo que interesa a nuestra s√≠ntesis. Por fortuna los trabajos de los arque√≥logos son mucho m√°s interesantes; en particular los estudios de G√≥mez Moreno sobre la iglesia primitiva y las b√ļsquedas emprendidas bajo el suelo de la mezquita por su conservador F√©lix Hern√°ndez. Nos facilitan estas ense√Īanzas unos datos seguros y precisos que podemos ahora encuadrar en el contexto hist√≥rico establecido en las p√°ginas anteriores.

Sin embargo, antes de emprender el análisis de la historia del templo primitivo, conviene destacar en los textos árabes del siglo X dos noticias. Son producto de la tradición existente en esta época acerca de los orígenes de la mezquita. Como en otros casos análogos han sido deformados estos recuerdos por la erosión de los tiempos y las habladurías de las gentes. Desde luego habían oído los cronistas un mismo son. Para alcanzar la pureza del original, había que despojarlo de cualquier resonancia posterior.

A. Afirman los autores √°rabes que destrozaron los invasores todas las iglesias cristianas, cuando fue asaltada la ciudad de C√≥rdoba en 711. Se salv√≥ una sola: la bas√≠lica dedicada a San Vicente en cuyas paredes fue proclamado emir Abd al Ram√°n, el Emigrado, en 756. Mas conocemos los nombres de siete iglesias cristianas que en la primera parte del siglo IX estaban destinadas en C√≥rdoba al culto cristiano. ¬ŅHab√≠an sido construidas posteriormente? No es probable. Nos describe en estos a√Īos Alvaro el abandono en que se encontraban los templos de esta ciudad. Este hecho era el resultado de un proceso que arrancaba desde a√Īos muy anteriores y que estaba en funci√≥n de la expansi√≥n de la herej√≠a y del retroceso sufrido por el cristianismo trinitario en el esp√≠ritu de las poblaciones. En estas condiciones parece improbable que hubieran sido edificadas nuevas iglesias, cuando era adversa la opini√≥n mayoritaria y no gozar√≠an los cristianos de los medios materiales requeridos. Eran pues m√°s antiguas y la fecha de sus construcciones oscilar√≠a entre los siglos VI y VII. Demuestra esta confrontaci√≥n de textos la inexactitud de la tradici√≥n recogida por los cronistas que escribieron en √°rabe. Como ha ocurrido tantas veces hab√≠an o√≠do campanas. Por una parte, no hab√≠an sido destruidas todas las iglesias en el curso de la invasi√≥n y de las guerras civiles posteriores, pues un cierto n√ļmero con oratorios y monasterios exist√≠an en C√≥rdoba y en sus alrededores a mediados del siglo IX(373). Es posible que desaparecieran en el siglo X, mas no puede afirmarse el hecho de modo documental. De haber sido as√≠, era la consecuencia de la agon√≠a del cristianismo que acabar√≠a por desaparecer en un medio hostil. Por otra parte, el acto de intolerancia que hab√≠a derruido las iglesias cordobesas en el VIII, supon√≠a un contraste por dem√°s violento con la tolerancia manifestada en los mismos d√≠as en virtud de la cual se manten√≠an ambos cultos en un mismo monumento.

abderraman1Si se descarta el car√°cter legendario de estos relatos, sobresale un hecho con claridad meridiana: Se hab√≠a requerido un tiempo considerable ‚ÄĒsetenta y cinco a√Īos‚ÄĒ para que la bas√≠lica de San Vicente hubiera sido definitivamente transformada en mezquita. De acuerdo con una tradici√≥n oscura se hab√≠a llevado a cabo este acto en una fecha muy posterior a la de la pretendida invasi√≥n, contrariamente a lo que era l√≥gico suponer. Parecer√≠a natural que hubieran convertido la bas√≠lica en mezquita los invasores, desde los primeros d√≠as de su entrada en la dudad. As√≠ lo hicieron en sentido Contrario los cristianos en 1236 y Femando III no esper√≥ setenta y cinco a√Īos para establecer en el templo una verbena de peque√Īas capillas. El error de los cronistas no era de fondo sino de forma; pues la verdadera transformaci√≥n de la mezquita, como lo expondremos m√°s adelante, tuvo lugar unos cincuenta a√Īos a√ļn m√°s tarde de lo que hab√≠an supuesto. Como no hab√≠an comprendido lo que exactamente hab√≠a ocurrido dos siglos antes del d√≠a en que escrib√≠an sus cr√≥nicas, hab√≠an confundido la evoluci√≥n de las ideas religiosas que para ellos se presentaban formando bloques monol√≠ticos, con el desfase de los a√Īos requeridos para que hubiera podido ser edificada la mezquita. Mas se desprend√≠a con facilidad el sentido hist√≥rico de estos errores. La tradici√≥n recogida con un criterio muy general y sin precisi√≥n alguna concordaba sensu lato con nuestras tesis: La verdadera Mezquita de C√≥rdoba hab√≠a sido edificada despu√©s de un lapso de tiempo considerable transcurrido desde la toma de la ciudad por unos pretendidos invasores mahometarios.

B. Un√°nimes son los textos: Empezaron los trabajos ordenados por Abd al Ram√°n I en 775 y acabaron en el a√Īo siguiente, en 776. Tambi√©n esto es inexacto. Han malentendido los cronistas los datos que pose√≠an acerca de la historia de la mezquita. Desde un punto de vista arquitect√≥nico era imposible echar abajo la antigua iglesia, despejar el terreno de sus escombros y reconstruir el nuevo monumento ¬°todas estas obras hechas en s√≥lo doce meses!

Posee el templo primitivo nueve naves y doce travesías; o sea 54 metros de profundidad por 80 de largo. El esbozo del bosque está compuesto por un centenar de columnas con sus arcos correspondientes. Para desescombrar el emplazamiento de estos 3.600 metros cuadrados a fin de permitir la edificación de nuevas construcciones, era necesario derribar enteramente o en parte la antigua fábrica y sus dependencias que se encontraban en el centro de la ciudad. En estos tiempos en que no se disponía de grandes medios, se hubiera requerido para echar abajo las paredes y transportar en retahílas de burros los escombros fuera de las murallas un tiempo considerable.

Por otra parte, el nuevo templo en raz√≥n de la disposici√≥n tan singular de su interior ha sin duda alguna requerido varios a√Īos para ser alzado. Se trataba de un trabajo minucioso, pues el bosque de las columnas es una verdadera obra de orfebrer√≠a. Para realzar la altura de la sala hip√≥stila ha construido el arquitecto por encima de los fustes sobre los cuales descansa la primera hilera de arcos de herradura unos anchos almohadones. Arrancan de los mismos unos pilares ligeros que se elevan entre los estrados. Sostienen una segunda arquer√≠a de arcos de medio punto sobre los cuales se apoyan las vigas del techo. Pero los arcos de herradura nada sostienen. Refuerzan simplemente las columnatas. En C√≥rdoba, contrariamente a lo que ocurre en Ka√≠ru√°n, la doble hilera de arcos goza de una ligereza impresionante. De acuerdo con nuestros actuales conocimientos, en ninguna parte, ni en tiempos de los reyes godos, se encuentra nada que se parezca a este encruzamiento de arcos de herradura, los cuales aunque su finalidad fuera distinta parecen dispuestos de tal modo para crear con la multiplicidad de las columnas huyendo por todas partes una sensaci√≥n de infinito que conmueve al visitante.

Se volv√≠a el trabajo emprendido todav√≠a m√°s enrevesado por la labor delicada que ha sido menester realizar para establecer el dovelaje de los arcos. La alternativa de la piedra blanca con el rojo ladrillo aumentaba con sus tonos distintos el juego de la luz en la penumbra y enriquec√≠a el bosque con colores como si fuera obra de la misma naturaleza. Ha requerido esta filigrana una atenci√≥n minuciosa que aumentaban las dificultades que tuvieron que vencer los maestros alba√Īiles. Por consiguiente no ha podido llevarse a cabo esta operaci√≥n en s√≥lo un a√Īo. Testimonio de ello lo tenemos en el tiempo que ha sido necesario emplear para edificar las posteriores ampliaciones de la mezquita; noticias que tambi√©n nos han sido transmitidas por los cronistas musulmanes. En la √©poca de Abd al Ram√°n II se requiri√≥ mis de quince a√Īos para alargar la sala hip√≥stila en una profundidad menor que la pretendidamente construida por su antepasado. Resulta esta labor tanto m√°s impresionante cuanto que no han sido despachados estos trabajos delicados de cualquier modo. Han resistido la erosi√≥n de los siglos hasta nuestros d√≠as. Se puede pues concluir que la construcci√≥n del templo primitivo no se ha realizado en un a√Īo. Se presentan entonces dos hip√≥tesis:

Es Abd al Ram√°n el verdadero constructor del monumento y se ha equivocado el cronista en el n√ļmero de a√Īos que han sido requeridos para edificarlo.

O bien estaba bien informado el cronista; es decir, los autores diversos que nos relatan los hechos. En este caso había encontrado el emir el templo con la interna disposición que posteriormente ha conservado. Se había contentado en 785 con emprender algunas modificaciones de escasa importancia.

Apreciaremos en el curso de este estudio que la segunda hipótesis parece ser la más verosímil. Ahora bien, no hacemos en este momento la historia de la Mezquita de Córdoba. Para los fines de esta obra nos basta con saber que a fines del siglo VIII existía en esta ciudad un templo, la mezquita llamada del Emigrado, cuya sala hipóstila estaba compuesta por 108 columnas dispuestas de cuatro en cuatro, componiendo naves y travesías.

El templo primitivo

La existencia de la iglesia cristiana en el emplazamiento de la actual mezquita est√° confirmada por testimonios hist√≥ricos y arqueol√≥gicos. El autor de Ajbar Machmua nos informa que en una guerra de las tantas que tuvieron lugar en el valle del Guadalquivir, entre el 13 de agosto de 748 y el 19 de este mismo mes del a√Īo siguiente, un personaje cuyo nombre ha sido arabizado en As-Somail (¬Ņacaso Samail ibn Fat√≠m, uno de los jefes que se opusieron al partido de Abd al Ram√°n?) ¬ęhace entrar a sus prisioneros en una iglesia que est√° situada en el interior de C√≥rdoba en donde se baila hoy d√≠a la gran mezquita y decapita a sesenta de ellos¬Ľ. Distingue bien el cronista bereber el templo cristiano del musulm√°n. Por consiguiente, seg√ļn este autor, a mediados de siglo no hab√≠a sido a√ļn la iglesia de San Vicente transformada en mezquita.

2-alhakenTenemos los testimonios arqueológicos suficientes para reconstruir las grandes líneas de su edificación progresiva:

1. Seg√ļn G√≥mez Moreno que ha estudiado detenidamente la cuesti√≥n, ten√≠a la iglesia las mismas dimensiones que las de la mezquita de Abd al Ram√°n. En sus investigaciones hechas en el subsuelo no ha encontrado F√©lix Hern√°ndez nada que pudiera atribuirse a un monumento mis antiguo. Como en la Alta Edad Media era C√≥rdoba con Toledo la ciudad mis importante de Espa√Īa, es probable que su bas√≠lica no tuviera menores dimensiones que las de una villa de menor importancia como Seg√≥briga. En el siglo XVIII se ha levantado el plano de su bas√≠lica. Coincide en tama√Īo con la de la sala hip√≥stila de C√≥rdoba.

2. Los muros principales de la bas√≠lica cristiana han sido destruidos en los diversos agrandamientos de la mezquita: o sea, hacia el sur por Abd al Ram√°n II, por el norte por Abd al Ram√°n III y por el este por Almanzor. S√≥lo la fachada oeste ha sido conservada. Posee caracteres particulares que la distinguen de las otras construcciones posteriores y que demuestran su antig√ľedad.

  1. Ha sido levantado el muro de acuerdo con un procedimiento llamado en Espa√Īa de soga y tiz√≥n, cuyo uso remonta a la √©poca romana. Ha sido empleado con frecuencia en los tiempos de los reyes godos.
  2. Se ha abierto en el muro primitivo una puerta llamada hoy d√≠a: Postigo de San Esteban. Era anta√Īo la entrada principal de la iglesia y de la mezquita, antes de que se practicara la que da al Patio de los Naranjos. Ha sido reformada esta puerta en el a√Īo 855, seg√ļn una inscripci√≥n puesta en el dintel que analizaremos m√°s adelante. Quedan en la fachada testimonios para reconocerla como parte integrante de la iglesia; o sea, que constituyen los trazos que han quedado de su puerta principal. Encima de la misma est√°n colocados tres peque√Īos arcos de herradura, que a√ļn se distinguen incluso en las fotograf√≠as. Por los costados aparecen los restos de una importante decoraci√≥n vegetal de estilo bizantino que destaca en particular sobre las impostas. Su extra√Īa disposici√≥n en forma de tau es notable. ¬ęCosa jam√°s vista y rar√≠sima¬Ľ, apunta G√≥mez Moreno. De acuerdo con los estudios emprendidos por este eminente arque√≥logo, no cabe duda que el Postigo de San Esteban, tal como exist√≠a en su tiempo, era una obra de excepcional originalidad.
  3. En los tiempos de su edificación estaba la basílica orientada del noroeste al sureste. La parte que da al norte poseía un nartex compuesto por un pórtico de arcos de herradura similar al de San Miguel de la Escalada, construido de acuerdo con sus modelos cordobeses. Es difícil apreciar si las naves se abrían directamente sobre el nartex o estaban separadas por un muro; pues más tarde, cuando la iglesia fue transformada en mezquita, se puso en comunicación directa la sala hipóstila con el patio. Luego en el siglo X, como esta parte amenazaba ruina, fue reforzada en 957 por Abd al Ramán III. La vieja construcción se encontró de este modo absorbida por la nueva.
  4. Ha sido construido el Postigo de San Esteban con una caliza deleznable, pero que facilitaba el trabajo del cincel. Adem√°s por el hecho de su orientaci√≥n hacia el oeste, por donde vienen las lluvias en Andaluc√≠a, se ha disgregado en parte la piedra. Han sido de este modo corro√≠dos los bajorrelieves; como deb√≠an presentar a principio del siglo IX un aspecto lamentable y por otra parte esta puerta, por una costumbre centenaria, era la m√°s empleada por los cordobeses en su √©poca cristiana o musulmana, la hizo reconstruir Abd al Ram√°n II. Ahora bien, nos demuestran estos testimonios su antig√ľedad y por tanto la del templo primitivo a la que la puerta daba entrada. A pesar de su escasa consistencia no ha podido la piedra disgregarse en unos cincuenta a√Īos, como seria el caso si el monumento hubiera sido edificado por el Emigrado. Ha sido preciso un tiempo considerable, algunos siglos, antes de que quedaran lastimados la caliza y los relieves. Por esta raz√≥n nos adherimos a la tesis de G√≥mez Moreno que estima a pesar de sus dudas que por su ornamentaci√≥n helen√≠stica debe fecharse la obra en el siglo VI, en los tiempos en que Andaluc√≠a y Levante en parte por lo menos estaban gobernados por los bizantinos. Queda as√≠ asentada una orientaci√≥n en cuanto a su antig√ľedad.
  5. Los muros exteriores est√°n dominados por unas almenas que forman una decoraci√≥n. Tienen todas la misma hechura que las primitivas que pertenec√≠an a la iglesia cristiana. Son √©stas similares a las que se constru√≠an en tiempos de los godos. Ocurre lo mismo con las ventanas del Postigo, cuyas celos√≠as son de m√°rmol blanco tallado en encaje. G√≥mez Moreno ha notado su parecido con las que adornan las iglesias visig√≥ticas. Cita un modelo similar al de C√≥rdoba en Santa Comba de Bande. Existe otra ventana parecida en San Juan de Ba√Īos.
  6. Muestra el interior varios elementos y detalles arquitectónicos que demuestran haber pertenecido a la iglesia primitiva. El enraízamiento de los arcos en los almohadones tiene un origen romano indiscutible. Ha sido empleado este método en los medio-puntos del acueducto de los Milagros, en Mérida. Están construidos los arcos con ladrillos, pero los pilares que los sostienen están hechos con unos pisos de ladrillos alternando con otros de piedra. Ha inspirado probablemente esta disposición al arquitecto que ha dibujado las dovelas abigarradas de los arcos de herradura de Córdoba. Ocurre lo mismo con los modillones existentes en el templo primitivo. Romano es el modelo y adornos similares se encuentran en las construcciones de los tiempos godos.
  7. F√©lix Hern√°ndez ha descubierto en el suelo de la mezquita restos de arcos cuya decoraci√≥n es similar a la del Postigo de San Esteban. Convergiendo hacia el centro, componen una suerte de nicho de escasa hondura; as√≠ se encuentran en Espa√Īa en los monumentos cristianos del VI y del VII. ¬ęAunque no haya sido muy bien definido su objeto, escribe Helmuth Schlunk, es bastante probable que sirvieran estos nichos de soporte central a la mesa de un altar, pues conocemos piezas similares que tuvieron esta finalidad en varias iglesias del VI en Ravena¬Ľ. Visto el lugar en donde han sido encontrado estos restos de nicho, se puede suponer con G√≥mez Moreno que deb√≠a de estar colocado en la extremidad de la nave central.

El emplazamiento del hallazgo confirma la hip√≥tesis seg√ļn la cual el altar mayor de la iglesia se encontraba en el mismo sitio, lugar adem√°s el m√°s adecuado para tal finalidad vista la configuraci√≥n del monumento. Por todas estas razones se debe concluir que exist√≠a una iglesia en fecha anterior al siglo VIII. Por la disposici√≥n de las columnas apreciaremos m√°s adelante que el esbozo del bosque no ha sido construido por los trinitarios. La existencia de un altar en la nave principal, en la direcci√≥n de la quibla en cuyos finales se construir√≠an los mirhabs de Abd al Ram√°n II y de Al Hak√°n II, demostraba que este lugar estrat√©gico hab√≠a sido aprovechado por los cristianos, como m√°s tarde lo har√≠an los musulmanes, en √ļltimo recurso para no echar abajo las columnas.

Si los testimonios arqueol√≥gicos confirman la existencia de un templo primitivo anterior al siglo VIII y a la pretendida invasi√≥n, no existe raz√≥n alguna para suponer que no pertenece el bosque a la misma √©poca. ¬ŅC√≥mo explicar la mayor antig√ľedad de los modillones y del arranque de los arcos, si la disposici√≥n general de las columnas hab√≠a sido concebida y levantada en fecha posterior, en tiempos del Emigrado…? Pues los fustes, los modillones, los arcos y los dem√°s elementos requeridos forman un conjunto que no se puede desbaratar. Constituyen un todo, el alma del monumento: el bosque. No solamente no hab√≠a podido Abd al Ram√°n erigir tan magno y sorprendente alarde en s√≥lo un a√Īo. Basta con admirar la unidad de estilo que le caracteriza de modo tan extraordinario, para comprender que no hab√≠an podido ser construidas sus distintas partes en √©pocas diferentes, el bosque en el VIII, el Postigo en el VI.

Puede adelantarse tambi√©n otro argumento. No es definitivo, pero a√Īade peso a la masa de los anteriores. Se trata de las 108 columnas y otros tantos capiteles que componen el bosque original del templo primitivo. No han sido construidos como los posteriores que figuran en las diversas ampliaciones de la mezquita para esta finalidad. En su mayor parte son de reempleo, de √©poca romana y de estilos diversos. En general fustes y columnas tienen or√≠genes diferentes. Son f√°ciles de comprender las dificultades que tendr√≠a el arquitecto para reunir estos materiales, si no los tuviera al alcance de la mano, por as√≠ decir. En el siglo VIII la mayor parte de los monumentos romanos en Espa√Īa estaban en ruinas o hab√≠an desaparecido. Para orillar la dificultad se ha dicho que hab√≠an sido tra√≠dos de los lugares m√°s alejados, de Italia y de √Āfrica. Nos parece esta sugesti√≥n tra√≠da por los cabellos si se piensa en las dificultades de los transportes existentes en la antig√ľedad y en los a√Īos de la Alta Edad Media. Pod√≠ase en aquellos tiempos transportar una estatua, pero no un n√ļmero tan grande de fustes con sus correspondientes capiteles.

3-almanzorSi el bosque ha sido edificado en el siglo VI los entorpecimientos de acarreo son menores que si hubiera sido construido en el VIII. En los d√≠as de Justiniano abundar√≠an m√°s los monumentos romanos abandonados en el sur de Espa√Īa, que en los del VIII. No hab√≠an sido todos destrozados por la rabia de los guerreros o para satisfacer las necesidades de las poblaciones. Tuvo que disponer el arquitecto de una gran cantidad de material en donde pudo elegir lo que le conven√≠a, para conseguir la perspectiva a√©rea del bosque con gastos m√°s bien reducidos(384). Mas ahora, si nuestra argumentaci√≥n no est√° equivocada, poseemos la clave que nos va a permitir dilucidar el misterio de la Mezquita de C√≥rdoba.

Su arquitecto, fuera quien fuere y fuera cualquiera la época en que construyó el templo primitivo, había concebido y conseguido una obra maestra de tal grandeza que poseía una vida y un genio propios. Se concibe entonces que su original belleza y la impresionante atracción que producía, se convirtieran en los más fervientes defensores que tuvo el monumento contra los numerosos peligros que lo amenazaron en el curso de los siglos. Varias veces transformado para servir al culto de religiones distintas, han siempre respetado los arquitectos y sus mandantes el principio del bosque de columnas. Era la gloria de la ciudad. Tanto se identificaron los cordobeses con el genio de su mezquita que en 1520, cuando los canónigos desearon y consiguieron construir una iglesia en mitad del pétreo boscaje, amenazó el ayuntamiento con la pena de muerte a todo obrero que se atreviera a derribar las columnas. Fue Carlos V, educado en la entonces intransigencia flamenca y como siempre mal informado, quien mandó desfigurarla. Se dio cuenta más tarde del disparate, es justo reconocerlo, pero cuando el mal estaba hecho.

El principio de la mezquita, numen misterioso que varias veces la hab√≠a salvado del salvajismo humano, pod√≠a explicarnos el escas√≠simo tiempo empleado por el Emigrado en su transformaci√≥n. ¬ŅAcaso, como sus sucesores, subyugado por la belleza del monumento tan s√≥lo hab√≠a realizado trabajos secundarios? Por lo cual hab√≠an durado un a√Īo. Mas, en verdad, ¬Ņhab√≠a experimentado el af√°n de modificar su interna disposici√≥n?

Ha llegado el momento de dirimir la discusi√≥n. Importa ante todo enfrentarse con el problema que suscita la misma existencia del bosque. ¬ŅHa sido construido para un desempe√Īo lit√ļrgico? ¬ŅPosee un s√≠mbolo desconocido? Para resolver este enigma impresionante tenemos que volver a la exposici√≥n que hicimos en la introducci√≥n de esta obra. ¬ŅHa sido construido el templo primitivo para el culto cristiano o para el musulm√°n? Si no ha sido as√≠, ¬Ņqu√© secta ha dado a la piedra tal soplo que a√ļn no se ha apagado en nuestros d√≠as, como puede apreciarlo el visitante que se pierde en medio de sus arquer√≠as? De acuerdo pues con la evoluci√≥n de las ideas de la que tenemos un suficiente conocimiento y en raz√≥n de la nueva concepci√≥n que hemos expuesto en las p√°ginas anteriores, podemos ahora enfrentarnos con las tres hip√≥tesis que se pueden concebir para resolver el enigma. Ellas solas permiten dar una interpretaci√≥n a la extra√Īa y genial concepci√≥n que hab√≠a hecho de la tierra brotar tan misterioso bosque de m√°rmol.

Hipótesis cristiana

¬ŅHa sido construido el templo primitivo para la celebraci√≥n del culto cristiano? Posee la estructura de una bas√≠lica romana, como todas las iglesias cristianas de la Alta Edad Media en Occidente; es decir, una sala rectangular cuyo prototipo es anterior al cristianismo. M√°s tarde aparecer√° la bas√≠lica cruciforme a imitaci√≥n de las de Oriente. Ambas, sin embargo, han sido concebidas para permitir a los fieles seguir con sus ojos el sacrificio de la misa, consumado por el oficiante. Por esta raz√≥n hab√≠an sido construidas sobre el modelo de las amplias salas en las que el basileus hacia justicia ante el pueblo reunido. De donde la denominaci√≥n de bas√≠lica. Ahora bien, una sala hip√≥stila como la de C√≥rdoba, en cuyo interior se hab√≠a reunido un centenar de columnas, evidentemente no hab√≠a sido edificada para desempe√Īar esta funci√≥n. Perdidos en el bosque no percib√≠an los fieles ni el altar, ni el sacerdote. El cordob√©s que penetraba en el templo por el Postigo de San Esteban chocaba con una masa de fustes que le cerraban el horizonte. En realidad, no ha impedido este inconveniente la celebraci√≥n del culto cristiano y m√°s tarde del musulm√°n. Mas es justo reconocer que la disposici√≥n interior del monumento no hab√≠a sido discurrida para la prestaci√≥n de esta funci√≥n. El l√°piz del arquitecto que hab√≠a dibujado el bosque no pertenec√≠a a la mentalidad de un cristiano trinitario. El esp√≠ritu que le hab√≠a inspirado no hab√≠a discurrido su proyecto para la liturgia cristiana, cuya finalidad principal es el sacrificio de la misa en la que est√°n asociados en √≠ntima comuni√≥n el pastor y el reba√Īo.

Hipótesis musulmana

¬ŅHa sido construido el templo primitivo para el culto musulm√°n? Para contestar a esta pregunta conviene precisar los caracteres imprescindibles requeridos por una mezquita: Se podr√° entonces apreciar si esta antigua edificaci√≥n reun√≠a estos rasgos necesarios para el desempe√Īo del culto mahometano.

¬ęEs esencialmente una mezquita una casa dispuesta para el rezo. El plano del edificio est√° adaptado al culto. Para orar se colocan los musulmanes en filas horizontales, el uno al lado del otro, formando un frente extendido. Detr√°s de esta primera fila se ordenan otras con la mismas disposici√≥n. El director de la oraci√≥n, el im√°n, se coloca delante de la asamblea a la que da la espalda. Su orientaci√≥n y la de los fieles que hacen los mismos gestos que √©l y pronuncian las mismas f√≥rmulas, es la ¬ęquibla¬Ľ, la direcci√≥n de la Meca y del santuario de la Kaaba, polo del Islam, la casa de Dios en la tierra. As√≠ hab√≠a sido en tiempos de Mahoma en su propia casa de Medina, el primer oratorio de la nueva religi√≥n, m√°s precisamente bajo una cubierta que hab√≠a hecho establecer a lo largo de uno de los lados del patio, simple techo de ramas y de tierra sostenido por troncos de palmeras. Estaba sin duda desprovista esta construcci√≥n rudimentaria de cualquier car√°cter arquitect√≥nico. Pero no dejaba de fijar el esquema de la mezquita futura con sus partes esenciales: un patio muy amplio y la sala hip√≥stila que le orilla y le prolonga en la direcci√≥n de la ¬ęquibla¬Ľ, sala muy larga y poco profunda cuya proporci√≥n est√° l√≥gicamente determinada por la ordenanza de la oraci√≥n colectiva¬Ľ (Georges Mar√ßais).

Por consiguiente, se compone una mezquita de los siguientes elementos:

  1. Un patio grande prolongado en uno de sus costados por una sala rectangular, m√°s larga que profunda, para que los creyentes puedan alinearse en filas.
  2. La profundidad de la sala debe orientarse en dirección de la Meca (quibla).
  3. En esta dirección se halla un lugar sagrado, el mirhab, en donde se guarda el Corán.
  4. Existen en el patio aljibes y fuentes para las abluciones.
  5. Domina la mezquita un minarete desde lo alto del cual cinco veces al día llama el almuédano a la oración.

Si se observa el plano del templo primitivo, se da uno cuenta de que no re√ļne los caracteres que acabamos de enumerar. Nos advierte la arqueolog√≠a que el muro occidental, construido por el procedimiento de la soga y tiz√≥n, no parece prolongarse en la direcci√≥n del patio. Sabemos por los textos que ha sido edificado en fecha posterior a la del templo primitivo. Hasta los trabajos y las ampliaciones hechas por Abd al Ram√°n II, no pose√≠a la sala nada que se pareciera a un mirhab. A pesar de las b√ļsquedas de F√©lix Hern√°ndez no han aparecido bajo el suelo de la parte antigua los restos de sus posibles fundamentos; cuando las construidas por el Emir han sido perfectamente reconocidas(386). El hecho no admite recurso: una mezquita sin mirhab no es una mezquita.

Posee el templo primitivo la misma orientación que la quibla. La nave central que es más ancha que los laterales y la misma sala hipóstila están dirigidas hacia Oriente con una ligera diferencia en los grados del cuadrante sur-este-sur. No significa este hecho nada importante, pues en la Alta Edad Media presentaban las iglesias cristianas aproximadamente esta misma orientación, ya que Jerusalén se encontraba poco más o menos en la misma dirección que la Meca para un observador situado en Occidente. Por otra parte, está compuesto el templo primitivo por una sala rectangular que dispone de la anchura suficiente para la alineación de los creyentes; pero su profundidad, trece travesías, sobrepasa las dimensiones de las mezquitas anteriormente construidas o que le son contemporáneas.

La gran Mezquita de Damasco, que s√≥lo tiene tres, ha servido de modelo a la gran mayor√≠a. Alineados los creyentes pueden seguir perfectamente el ritual se√Īalado por el im√°n. Forman un bloque compacto. No ocurr√≠a lo mismo en C√≥rdoba. Aqu√≠ ha sido edificada la sala hip√≥stila en profundidad. Alcanza los cuarenta y cinco metros. Demuestra este solo hecho que al dibujar los planos ignoraba el arquitecto las caracter√≠sticas esenciales del rito musulm√°n: el papel desempe√Īado por el director de la oraci√≥n; luego la concordancia entre el patio y la sala cubierta. En C√≥rdoba son tan estrechas las naves y las traves√≠as tan numerosas que las columnas colocadas de cuatro en cuatro gozan de una tal disposici√≥n que tapan el horizonte. Desaparece el im√°n tras el bosque. Tan extra√Īa contextura, acentuada por las ampliaciones posteriores, no ha impedido la celebraci√≥n del culto musulm√°n, como tampoco la del cristiano, en fechas anteriores y posteriores a la mezquita. Est√° el problema en otra coyuntura: Se trata de saber si el arquitecto que ha dibujado los planos del templo, los ha concebido para la oraci√≥n colectiva de la religi√≥n musulmana, de acuerdo con los deseos de una comunidad que le hab√≠a encargado el pedido y se lo hab√≠a pagado.

La ordenaci√≥n interior del templo coincid√≠a con lo que sabemos de la historia de las ideas religiosas. En el VIII no hab√≠a en C√≥rdoba una poblaci√≥n mahometana suficiente ‚ÄĒde haber existido‚ÄĒ para ofrecerse el lujo de una obra maestra tan singular. No hab√≠a sido construido el templo para sus necesidades religiosas. Lo contrario implicar√≠a una grave contradicci√≥n entre los textos y los testimonios arquitect√≥nicos y arqueol√≥gicos. Si el culto musulm√°n hab√≠a sido celebrado en el templo primitivo desde los principios del siglo VIII, como nos lo asegura la historia cl√°sica, hubieran tenido los autores de la Escuela de C√≥rdoba todo el tiempo requerido para estudiarlo y saber de sus principios que ignoraban a√ļn a mediados del siglo IX. Hubieran o√≠do algo de las ense√Īanzas del Cor√°n y las hubieran comentado o combatido en sus obras. Hubieran sabido por boca de los almu√©danos la existencia de Mahoma antes de 850. Confirma as√≠ el contexto hist√≥rico, tal como lo hemos establecido en el curso de esta obra, los testimonios de la piedra cordobesa.

4-primeroComo se han convertido los cordobeses al Islam a pasos contados, han tambi√©n adaptado poco a poco el templo primitivo a las necesidades de una mezquita, de acuerdo con las nuevas ense√Īanzas, que tambi√©n se extender√≠an muy lentamente. Se hab√≠a realizado la transformaci√≥n del templo de modo tan imperceptible como la evoluci√≥n de las ideas. Por esto, la brutal intervenci√≥n llevada a cabo en Damasco, de ser cierta, no coincid√≠a con lo ocurrido en C√≥rdoba. No se prestaba a ello la disposici√≥n interna del templo primitivo, aun en el caso de haberse querido emprender una acci√≥n parecida. Se adaptaba mejor la bas√≠lica siriaca al culto musulm√°n. Bastaba con echar abajo el lienzo norte del edificio para que se abriera la sala sobre el patio, adquiriendo as√≠ los requisitos requeridos. No era esto posible en C√≥rdoba, en donde la sala hip√≥stila del templo primitivo pose√≠a otra disposici√≥n interior. No pod√≠a aqu√≠ escamotearse la profundidad a menos de derruir las columnas. Era esta operaci√≥n imposible, no s√≥lo por el cari√Īo de la poblaci√≥n por su monumento, sino tambi√©n por razones hist√≥ricas. Como la adaptaci√≥n del templo a nuevas necesidades se hab√≠a realizado muy lentamente, no hab√≠a padecido brutales mutilaciones. Para convertirlo en mezquita en raz√≥n de una orden impuesta hubiera sido necesario emprender una nueva construcci√≥n. As√≠ hab√≠a ocurrido con la Mezquita de Kairu√°n.

Seg√ļn la tradici√≥n hab√≠a tenido por origen un santuario modesto edificado por Sidi Ocba en 670. Mas, por dos veces hab√≠a sido derruido y reconstruido. A pesar de estas modificaciones posteriores, hab√≠a sido su configuraci√≥n definitiva la obra de los emires aglabidas que le dieron el √ļltimo toque en el siglo IX. Ignoramos pues la interna disposici√≥n del oratorio primitivo y el proceso de sus transformaciones, tanto arquitect√≥nicas como religiosas; pues ha podido ser adaptado a cultos diversos. Queda patente la similitud de los dos monumentos, el de Kairu√°n y el de C√≥rdoba: la ordenaci√≥n en profundidad y la multiplicidad de sus naves. Apreciaremos m√°s adelante que han tenido el mismo origen y acaso un modelo hoy d√≠a desaparecido. Por el instante nos basta con anotar que a pesar del empleo de un mismo estilo y t√©cnica ‚ÄĒla profusi√≥n de las columnas de reempleo con sus arcos de herradura‚ÄĒ el efecto producido en C√≥rdoba por la espesura del bosque ha desaparecido en Kairu√°n. ¬ŅPor qu√©?

Para adaptar la ordenaci√≥n en profundidad al culto musulm√°n, es decir, la tradici√≥n heredada a las necesidades de un nuevo culto, ha dado el arquitecto tunecino m√°s anchura a las naves y a las traves√≠as. Para extender m√°s el espacio, ha edificado un transepto delante del mirhab, que compone con la nave principal una especie de tau, como la letra griega. De este modo puede abarcar la vista un mayor horizonte. No se trata entonces de un bosque como a orillas del Guadalquivir, sino de una oquedad en donde pueden ser percibidos a cierta distancia los objetos y las personas. En una palabra, para realizar una adaptaci√≥n m√°s ortodoxa del monumento, los ¬Ņos primeros oratorios de Kairu√°n han sido derruidos y reconstruidos por dos veces, habiendo fracasado por lo visto las dos primeras tentativas. Hay que suponer en estas condiciones que el arquitecto tunecino gozaba de una libertad de movimiento que no hab√≠an tenido los arquitectos andaluces. Mas, en verdad, ¬Ņla hab√≠an necesitado?

Nos ilustra la historia del arte la evoluci√≥n de las ideas de un modo mucho m√°s preciso que los textos defectuosos llegados hasta nosotros. Se encuentra Berber√≠a m√°s cercana de Oriente, centro neur√°lgico y creador del Islam, que Andaluc√≠a. Por su situaci√≥n geogr√°fica experimentaba la tierra africana una imposici√≥n mayor. De ah√≠ una mayor rapidez en la cristalizaci√≥n dogm√°tica de la doctrina del Profeta. Europa gozaba de una mayor independencia, lo que le permit√≠a dar riendas sueltas a su genio. Esto se trasluce en el lenguaje de la piedra. Por ello hay un mayor contraste cuando se comparan ambos monumentos. En Kairu√°n, el Oriente oculta a Occidente. Por su estilo, por sus diversas edificaciones en las que destacan sus c√ļpulas mesopotamicas y su minarete siriaco, por su fachada general, pertenece la Mezquita de Kairu√°n a Oriente, a pesar de sus columnatas, de sus arcos de herradura y de la profundidad rectificada de su sala hip√≥stila. Como no han tenido los arquitectos andaluces la obligaci√≥n de trastornar de arriba abajo el templo primitivo, han agrandado el monumento en el sentido de la quibla, cuya orientaci√≥n perteneciente a la iglesia cristiana estaba ya determinada por la anchura mayor de la nave principal. Se ha convertido as√≠ la Mezquita de C√≥rdoba en un monumento √ļnico en su g√©nero, pues han sabido adaptar sus constructores la herencia recibida a las nuevas necesidades, conservando en un principio la tradici√≥n ibero-andaluza y adapt√°ndola al genio decorativo de Bizancio. Como era la capital de Espa√Īa una de las ciudades en su tiempo m√°s importantes de la tierra ‚ÄĒacaso alcanzar√≠a su poblaci√≥n al mill√≥n de habitantes‚ÄĒ fue su mezquita el modelo que en lo sucesivo imitaron los arquitectos del Magreb. Con su extraordinaria originalidad ha contribuido al florecimiento del arte ar√°bigo-andaluz y se convirti√≥ en la obra maestra del arte musulm√°n occidental.

Hipótesis herética

Si no ha sido construido el templo primitivo para las necesidades, ni del culto cristiano trinitario ni del musulm√°n, no cabe duda de que lo ha sido para una finalidad religiosa precisa.

Como se trata de un oratorio, por eliminación ha sido edificado para los requerimientos de un movimiento suficientemente poderoso para contar con los medios para emprender una obra de tales dimensiones. Por nuestros estudios anteriores sólo gozaban de estas posibilidades dos comunidades: las que se adherían al judaísmo, las que pertenecían al cristianismo unitario o sea al arrianismo.

Hab√≠a adquirido el juda√≠smo en la pen√≠nsula una importancia extraordinaria. No se debe, pues, menospreciar esta sugesti√≥n, tanto m√°s que el templo de C√≥rdoba posee una disposici√≥n arquitect√≥nica que se ajusta perfectamente a las necesidades de la sinagoga. No se requiere el √≥rgano de la vista para seguir las ceremonias judaicas. Es el canto el que une a los fieles en sus oraciones al Todopoderoso. Ha dado este car√°cter probablemente su raz√≥n de ser al bosque primitivo. Sin embargo no creemos pueda mantenerse la hip√≥tesis seg√ļn la cual hubiera sido construido el templo para el culto jud√≠o. Esto por dos razones:

1. No coincide con los textos de los autores musulmanes.

2. Envuelve al templo de Córdoba un ambiente que está emparentado no sólo con el judaísmo, sino también con la filosofía alejandrina, dominada por el genio de Israel.

Volveremos m√°s adelante sobre este segundo punto. Por ahora nos basta con precisar que poseemos los testimonios de varios autores musulmanes de fines del siglo X o del XI que nos aseguran la existencia de una iglesia cristiana, dedicada a San Vicente, situada en el siglo VIII en el mismo emplazamiento de la gran Mezquita.

Tenemos pruebas m√ļltiples para acusar a los historiadores o cronistas musulmanes de imprecisi√≥n patente. Es muy posible ‚ÄĒy en la pr√°ctica el hecho es indiscutible‚ÄĒ que un escritor ar√°bigo en aquellos tiempos confundiese a un cristiano trinitario con un cristiano unitario, fuera o no arriano. Tal era la consecuencia del gigantesco trastorno ocurrido en los conceptos. Pero tienen ciertos l√≠mites estas equivocaciones. Un hombre de cultura no pod√≠a equivocarse, confundiendo un jud√≠o con un cristiano, una iglesia con una sinagoga.

En nuestro entender otra hipótesis, directamente emparentada con el segundo punto que hemos establecido líneas anteriores, merece ser considerada: Ha sido construida la basílica para el culto cristiano unitario, o sea para el culto arriano y luego dedicada al trinitario con la conversión de Recaredo. Con la victoria del partido unitario en la guerra civil, volvió otra vez al culto arriano e insensiblemente fue transformada la basílica en mezquita. Puede ser apoyada esta hipótesis con los siguientes testimonios arqueológicos e históricos:

No puede discutirse la existencia de un culto arriano en Andaluc√≠a en fecha tan tard√≠a como el siglo IX. Hemos trascrito en un cap√≠tulo anterior una ant√≠fona que se cantaba en las ceremonias de esta comunidad religiosa. Conocemos la pol√©mica que ha enfrentado al abate Sans√≥n de C√≥rdoba con Hostegesis, obispo de M√°laga. Pero no sabemos nada m√°s. Ignoramos las modalidades de esta liturgia de tal manera que somos incapaces de distinguir los signos exteriores arqueol√≥gicos de sus templos; lo que diferenciaba en estos a√Īos una iglesia arriana de una iglesia trinitaria, ense√Īanza que nos impedir√≠a confundirla con una mezquita. Nos encontramos as√≠, con tal ausencia de datos, en la situaci√≥n del paleont√≥logo que ha de reconstruir de modo abstracto el eslab√≥n anat√≥mico de una especie que le es desconocida, pero que ha existido; pues constituye un elemento esencial en la evoluci√≥n de un filum, del cual se poseen los estados sucesivos desde su nacimiento hasta su extinci√≥n.

Sin embargo, la situación del historiador es más confortable que la del paleontólogo; pues, en realidad, si poseemos este eslabón ausente. Está presente ante nosotros. Es la sala hipóstila del templo primitivo de Córdoba con la original disposición de sus columnas; en modo alguno se puede eludir la significación de su presencia. Nos faltan solamente los testimonios precisos que nos permitirían sin error posible dar un sentido a su espiritualidad. Mas, a falta de esta prueba que se ha perdido en el torbellino de los siglos, podemos discurrir unos razonamientos adecuados. Nos darán tales presunciones que el argumento abstracto será suficiente para sustituir al documento ausente.

Por las noticias que nos da la arqueolog√≠a tenemos buenas razones para suponer que el templo primitivo y su misterioso bosque han sido construidos en el siglo V o en el VI. Hecho indiscutible, exist√≠a en el siglo VIII, mucho antes de la reforma que hizo el Emigrado para convertirlo en mezquita, seg√ļn nos lo sugiere la historia cl√°sica. Pose√≠a entonces tal notoriedad que el pretendido Omeya demostr√≥ el mayor inter√©s para hacerse proclamar emir en sus muros; lo que tuvo lugar en 756, much√≠simo antes de su transformaci√≥n. Con otras palabras, recibi√≥ en este templo una investidura real con car√°cter religioso que le permiti√≥ emprender en contra de sus otros competidores una lucha de treinta a√Īos que acabar√≠a haci√©ndole due√Īo de Espa√Īa. Entonces, se pregunta uno si esta unci√≥n divina, arto determinante en su carrera, la hubiera podido recibir en un modesto oratorio como lo hubiera sido la sala de oraci√≥n de que nos habla la historia cl√°sica, parte de una iglesia dividida en dos para la celebraci√≥n de dos cultos. Descartada esta ¬ęhistorieta¬Ľ egipcia, es m√°s l√≥gico suponer que el templo primitivo, tal como lo admiramos hoy d√≠a, exist√≠a ya con todo su esplendor. Era entonces tan importante su irradiaci√≥n espiritual sobre las poblaciones, que se empe√Ī√≥ nuestro ambicioso guerrero en hacerse en el mismo coronar; de id√©ntica manera y en virtud de la misma tradici√≥n por la que hab√≠an recibido el √≥leo sagrado en la catedral de Toledo los reyes godos, fueran trinitarios o arrianos.

Con esta consagraci√≥n del Emir en el templo de C√≥rdoba se convierte esta ciudad en la capital de Espa√Īa, en detrimento de Toledo cuya poblaci√≥n y por consiguiente catedral conservaban un car√°cter ortodoxo-trinitario m√°s acentuado; como nos lo indica el An√≥nimo latino(387). En la segunda parte del siglo VIII, nos parece que Elipando, arzobispo de Toledo, est√° m√°s cerca de la ortodoxia trinitaria a pesar de su adopcionismo, que del unitarismo predicado por los arrianos. A pesar de sus elucubraciones es un cristiano en el sentido estricto de la palabra. Discute con Alcuino y los obispos reunidos en Aquisgr√°n. Se interesa por la disciplina com√ļn, no es un premusulm√°n. ¬ŅLo era el que bac√≠a sus veces en C√≥rdoba? En el curso de la competici√≥n de ideas religiosas que tuvo lugar en el siglo VIII, hab√≠a alcanzado la bas√≠lica de C√≥rdoba una notoriedad y una autoridad que suplantaba a la que hab√≠a gozado en los tiempos anteriores la catedral de Toledo. ¬ŅPor qu√©? Se funda la contestaci√≥n que se podr√≠a dar a esta pregunta en un movimiento de ideas emparentado con la ceremonia que hab√≠a dado tanto prestigio al Emir. ¬ŅCu√°l era la naturaleza de la unci√≥n divina que le hab√≠a sido impuesta…? No era cristiana; sus descendientes en este caso no se hubieran apresurado a transformar al paso de los a√Īos el templo en mezquita.

La ceremonia de la investidura pose√≠a por consiguiente un car√°cter espiritual que no deb√≠a ser contradicho por el Islam. Dada la situaci√≥n religiosa entonces existente en la pen√≠nsula, no pod√≠a ser otro que una idea af√≠n al arrianismo; por lo cual hab√≠a buscado nuestro guerrero el prestigio del templo de C√≥rdoba que por lo visto despuntaba por el unitarismo de sus rectores, en oposici√≥n al de Toledo que conservaba la tradici√≥n ortodoxa. Poseemos pruebas, escasas pero precisas, que apuntan a una mayor evoluci√≥n de las ideas religiosas en el sur de Espa√Īa hacia un estado de opini√≥n que podr√≠amos llamar: premusulm√°n. Abd al Ram√°n hab√≠a recibido una autoridad facultada por la divinidad que se realzaba a los ojos de sus conciudadanos. As√≠ se explica la oposici√≥n de los dem√°s y los largu√≠simos pormenores de la guerra civil. Ahora bien ¬Ņpor qu√© el templo de C√≥rdoba y no cualquiera de los otros entonces famosos, los de M√©rida, de Sevilla, de Seg√≥briga? La elecci√≥n de C√≥rdoba no ha sido fortuita. Es de suponer que una parte de su clero hab√≠a secundado la gesta de los vencedores del partido de Roderico, si no la hab√≠an ellos mismos encauzado. Mas esta situaci√≥n se imbricaba con la misma historia del templo y con la lejana tradici√≥n que representaba, enigma que s√≥lo la arqueolog√≠a era capaz de dilucidar.

La clave del problema se halla en los or√≠genes del bosque, pues es esta ordenaci√≥n interior la que se opone a la concepci√≥n de un templo concebido para el culto cristiano o musulm√°n. Por otra parte, hay que admitir, vistas las dimensiones y la disposici√≥n general de la sala, que su extra√Īa construcci√≥n no hab√≠a sido impuesta por un problema t√©cnico cualquiera. Hac√≠a tiempo que sab√≠an edificar los antiguos amplios espacios cubiertos, sea con columnas, sea con c√ļpulas gigantescas como en Santa Sof√≠a. Los romanos, los bizantinos, los Omeyas de Asia, los Abasides, han erigido templos, iglesias y mezquitas, sin que fuera necesario hacer surgir de tierra un bosque de columnas. Ha sido pues buscada esta disposici√≥n original que tanto extra√Īa a todo aquel que penetra en la mezquita… y esto para un fin particular.

Si es as√≠, se plantea una pregunta: ¬ŅHa sido el principio del bosque una genial concepci√≥n del primer arquitecto del templo o la imitaci√≥n de un modelo anterior? En este caso ser√≠a menester reconocer que la copia y el modelo pertenec√≠an a una misma idea religiosa o pose√≠an un origen com√ļn. Hemos averiguado que la sala rectangular del templo primitivo se parece a un g√©nero de construcciones de las que s√≥lo se han conservado algunas ruinas situadas en √Āfrica del Norte. Se trata de un tipo de bas√≠lica denominado: latino-africano. Las m√°s importantes se encuentran en T√ļnez; son los restos de Damus el Karita y de San Cipriano, que fueron edificadas en el siglo IV o V. Se supone que fueron muy numerosas estas iglesias en tiempos de Justiniano. M√°s tarde fueron destruidas en las guerras civiles posteriores o transformadas en mezquitas. Despu√©s de las modificaciones que sufrieron es imposible reconocerlas. Sin embargo, las ruinas de Danius el Karita son suficientemente expl√≠citas, para que el padre Delattre haya podido levantar el plano de su bas√≠lica y dem√°s dependencias. Se sorprende entonces el historiador. Las dos salas hip√≥stilas en Berber√≠a y en C√≥rdoba, si no similares, son muy parecidas.

Damus el Karita es un monasterio situado cerca de Cartago, cuya basílica es más profunda que la de Córdoba; o sea, 65 metros de largo por 54; pero tenía menos columnas: 86 por 108. Las afinidades entre ambas son indiscutibles, como se aprecia al comparar sus planos. Sin embargo, posee el templo africano un carácter que le distingue del andaluz. Dos largas naves de anchura doble que las demás se cruzan componiendo un transepto. Si se admiten las conclusiones de Elie Lambert sobre la Mezquita de Córdoba, existían en el templo primitivo, en las extremidades del rectángulo, dos largas naves que han sido dobladas cuando la reforma y ampliación de Abd al Ramán II. Con la nave central eran más anchas que las demás. En una palabra, si es verdad que existe en estos dos monumentos el esbozo de un bosque de columnas, se halla este carácter más acentuado en Córdoba en donde la masa de los fustes compone un conjunto más compacto.

Se ignora c√≥mo era la disposici√≥n arquitect√≥nica de Damus el Karita. ¬ŅExist√≠an en la bas√≠lica arcos de herradura? Misterio. Lo que importa es averiguar el esp√≠ritu que ha imperado en su construcci√≥n.

Hasta ahora no hab√≠a surgido en las mentes duda alguna. Se hab√≠an contentado los especialistas con reconocer el car√°cter cristiano de las ruinas del monasterio. Para nosotros el problema es algo m√°s complejo. ¬ŅQu√© cristianismo? ¬ŅEl trinitario o el de una fracci√≥n del unitarismo? Si no se compara su reconstrucci√≥n imaginaria con la realidad del templo de C√≥rdoba, si no se ha asimilado su ambiente, es imposible apreciar en el plano el sentido m√≠stico que se desprende de una sala hip√≥stila con columnatas m√ļltiples.

Son las bas√≠licas latino-africanas los testigos tard√≠os de las primitivas iglesias cristianas que han sido edificadas en Oriente, siguiendo el modelo de la sinagoga. En los primeros tiempos del cristianismo hab√≠an probablemente revestido estos monumentos escasa importancia. Han desaparecido. Acaso se podr√≠a hallar un recuerdo de los mismos en el templo primitivo de la mezquita El Akza de Jerusal√©n, si se conociera mejor su historia y la interna disposici√≥n que hab√≠a tenido antes de haber sido transformado para el culto musulm√°n(388). M√°s tarde, los modelos de la bas√≠lica romana y de la bas√≠lica cruciforme se hab√≠an impuesto, no por motivo de una nueva moda art√≠stica, sino por comodidad. Pues sus diferencias con las m√°s primitivas ten√≠an una raz√≥n funcional. Estaban concebidas para la vista, para que los fieles pudieran seguir el sacrificio de la misa. Las latino-africanas y las m√°s primitivas en donde acaso la misa revest√≠a otra liturgia, descienden de la sinagoga en donde el canto de los salmos une a los fieles en los actos de la ceremonia colectiva. Si es as√≠ ¬Ņpor qu√© la supervivencia de esta concepci√≥n arquitect√≥nica pasada de moda ha podido mantenerse en ciertas regiones hasta fechas tan tard√≠as de la Alta Edad Media?

Estamos ahora en condiciones de explicar tan extra√Īo hecho. La supervivencia de este tipo anticuado de oratorio no ten√≠a otra raz√≥n de ser que su car√°cter funcional. En un principio hab√≠an sido construidos de acuerdo con la tradici√≥n jud√≠a, luego el principio de la bas√≠lica latino-africana se hab√≠a mantenido porque la ordenaci√≥n interior de sus salas rectangulares e hip√≥stilas se adaptaban mejor a las ceremonias heterodoxas y unitarias que en ellas se celebraban. Tanto que estaban estrechamente emparentadas con la filogenia espiritual del monumento: con la sinagoga y la filosof√≠a alejandrina. Ah√≠ est√° la clave del problema; pues la fecha de la construcci√≥n de Damus el Karita y del templo de C√≥rdoba coincid√≠a m√°s o menos con la expansi√≥n del arrianismo en estos lugares.

Divulgado en Berber√≠a, como en Espa√Īa, desde las primeras predicaciones de Arrio, de acuerdo acaso con una ense√Īanza anterior, hab√≠a reforzado el arrianismo su expansi√≥n en estos lugares con la llegada de Genseric y de sus v√°ndalos, que eran arrianos.

Desde entonces, evolucionando estas ideas hacia un sincretismo m√°s acentuado, se llegaba a comprender por qu√© la patria de San Agust√≠n se hab√≠a convertido tan repentinamente al Islam. Hab√≠a existido un truchim√°n que no era otro que la herej√≠a unitaria. Se advierte entonces la similitud en aquellos tiempos de los problemas religiosos en Espa√Īa y en Berber√≠a. Se trataba de un mismo proceso de evoluci√≥n de ideas-fuerza. Por haberlo ignorado hab√≠a honradamente confesado su impotencia Georges Mar√ßais para explicarlo.

¬ŅD√©bese concluir que Damus el Karita hab√≠a sido construido para una comunidad arriana o que su sala hip√≥stila hab√≠a sido m√°s tarde adaptada para ceremonias heterodoxas? Seria temerario afirmarlo en vista de una ausencia total de documentaci√≥n. Por el momento importa tan s√≥lo se√Īalar el car√°cter tan particular del modelo de las bas√≠licas latino-africanas y saber por qu√© su construcci√≥n hab√≠a sido abandonada por los cristianos, cuando era recogida por los unitarios(389). Pues leg√≠timo es suponer que hab√≠an edificado los arrianos iglesias para su culto o hab√≠an adaptado a sus necesidades monumentos edificados en la tradici√≥n cristiano-jud√≠a; tanto m√°s durante su mayor preponderancia pol√≠tica, sea bajo Genseric, sea con Leovigildo.

De esta discusión destaca un hecho evidente: el paralelismo existente entre Berbería y Andalucía debido a la existencia de una misma situación política que era función de una misma evolución de ideas religiosas, las cuales determinaban a su vez la evolución del arte. Si ha sido así, podemos deducir ciertos conceptos que esclarecerán nuestro problema con nueva luz.

1. Las relaciones entre los arrianos del norte de √Āfrica y de Espa√Īa ‚ÄĒdescontando las relaciones normales entre pueblos vecinos‚ÄĒ han debido de ser frecuentes en los d√≠as de la Alta Edad Media. Cuando gobernaron los germanos estas regiones, alcanz√≥ el arrianismo honda sedimentaci√≥n en los numerosos a√Īos de su dominaci√≥n. (Cerca de dos siglos en Espa√Īa.) La abjuraci√≥n de Recaredo posteriormente y la pol√≠tica de los gobernantes bizantinos fueron incapaces de reducir su acci√≥n, manifiesta o clandestina, como la demuestra la explosi√≥n final que se produjo.

2. Han sido construidas las iglesias arrianas en el estilo de las bas√≠licas latino-africanas. Las diferencias se√Īaladas entre Danius el Karita y C√≥rdoba se deben a que han sido erigidas en tiempos diferentes o acaso se deba al genio particular de sus arquitectos. El proceso de evoluci√≥n era el mismo. Por esto, la Mezquita de Kairu√°n en su edificaci√≥n definitiva conserva a√ļn el principio tradicional de la sala hip√≥stila, que heredaron posteriormente las mezquitas en profundidad del Magreb y de Espa√Īa.

3. Sabemos por lo que nos ense√Īa Ravena y por lo que se desprende del III Concilio de Toledo,

que aparentemente no se distingu√≠an las iglesias arrianas de las cristianas. Pero ¬Ņocurrir√≠a lo mismo con los templos latino-africanos de estructura tan diferente de las bas√≠licas occidentales? No hay que olvidar que los testigos que podemos estudiar como la Mezquita de C√≥rdoba revisten la forma que ten√≠an en el siglo VIII. Ignoramos de este modo si anteriormente estaban revestidos los lienzos de sus paredes con pinturas y mosaicos que los iconoclastas de la revoluci√≥n han hecho desaparecer(390).

Podemos concluir que el templo primitivo de C√≥rdoba ha sido construido para los fines de un culto que estaba en √≠ntima relaci√≥n con el sincretismo arriano. Para convencerse de ello basta con penetrar en el santuario maravilloso. ¬ŅPor qu√© esta extra√Īa sensaci√≥n que os invade cuando al adelantarnos por las columnatas parecen los fustes huir de vuestra vista? ¬ŅPor qu√© esta emoci√≥n que sorprende al esp√≠ritu sensible, estas conexiones metaf√≠sicas que afluyen a la conciencia del fil√≥sofo?

Generalmente queda sorprendido el visitante por un arte que le es desconocido. No puede el fil√≥sofo tropezar al contacto con los recuerdos que le llegan a borbotones. Pues las ideas que surgen ahora en su conciencia no le son desconocidas. Ha tenido trato con ellas desde los a√Īos de su iniciaci√≥n. Acostumbrado en nuestro Occidente y hasta en el Pr√≥ximo Oriente a manifestaciones art√≠sticas que traducen en las mezquitas y en las iglesias una concepci√≥n personal de la divinidad, se asombra en C√≥rdoba ante un encuentro que no esperaba: el mensaje de una concepci√≥n metaf√≠sica que le es familiar, el dios alejandrino de un Fil√≥n o de un Plotino. ¬° Qu√© complejidad si se compara C√≥rdoba con Santa Sofia, Santiago o Chartres!

Aquí es infinito el espacio, pues la vista se pierde por las columnas. El dios de Córdoba no es aquel que cuida y con amor se interesa por su hechura. Es un principio del intelecto. Por esto, en la evolución del pensamiento humano asimila el filósofo el ambiente que se desprende de frívolo, inadecuado. Por esta razón los restos del nicho helenístico habían sido enterrados. Era menester concluir que de acuerdo con el criterio de los contemporáneos la aportación ordenada por Mohamed constituía precisamente lo necesario. No era esto la ampliación de la sala hipostila, sino lo que hace que una mezquita sea una mezquita: el mirhab antes inexistente y otros accesorios secundarios. En otras palabras, confesaba la inscripción lo que nos hemos esforzado en demostrar en las páginas anteriores, que el templo primitivo no pertenecía al culto musulmán.

7. Confirma este documento epigr√°fico los textos que se conservan de la Escuela de C√≥rdoba. Toma el poder Mohamed en 852. Cuatro a√Īos antes hab√≠a emprendido Eulogio su viaje a Navarra, en donde lee la biograf√≠a de Mahoma. De vuelta a su tierra redacta en 851 su Memoriale martyrum, para contrarrestar su doctrina, que en realidad ignora. Es entonces cuando por su amigo el cordob√©s Alvaro tenemos noticia de la existencia en la capital de Espa√Īa de los almu√©danos. Nos lo anuncia en 854 en su Indiculur. Un a√Īo m√°s tarde, coloca Mohamed su inscripci√≥n en la entrada principal de la mezquita. Tenemos ya constancia del culto musulm√°n.

(Extraido de la-revolucion-islamica-en-occidente-(los-arabes-no-invadieron-jamas-espana)-3933.jpg)

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